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martes, 24 de enero de 2017

1931

Un texto inédito en papel de Jorge Nielsen sobre lo acontecido en 1931.




Un mundo en ebullición era el de 1931.

La crisis económica mundial desatada en 1929 con la caída de la Bolsa de Wall Street se expandió por todo el planeta, y la Argentina no fue ajena al fenómeno.

Los Estados Unidos de América, aun inmersos en una crisis económica y social sin precedentes, eran la fuerza dominante del capitalismo. Y desde 1917 la Unión Soviética, ya con el férreo dominio de José Stalin, la amenazante fuerza comunista, que decía representar a la dictadura del proletariado.

Durante 1931 cayó la monarquía de los Borbones y nació la República Española, presidida por Niceto Alcalá Zamora, con Manuel Azaña como primer ministro. Se construyeron escuelas, se legalizó el divorcio, se procedió a la separación de la Iglesia y del Estado (y se fueron incubando los elementos para la guerra civil de 1936).

Otro fenómeno incipiente, el nazismo, que conquista nuevas bancas en el Reichstag. En Alemania y en Austria se producen crisis financieras de envergadura, que culminarán con el gobierno de Hitler en 1933.

El comunista Mao Tse Tung preside la República Popular China en algunos sectores del centro y sur del país, mientras que el Japón ocupa Manchuria, al nordeste del inmenso país asiático.

Todavía imperando la ley seca, Al Capone es sentenciado en EUA a once años de prisión por evadir impuestos. Y un nuevo policía surge para combatir la delincuencia: Dick Tracy, el rudo y popular personaje de historietas.
Tras una década de sostenido crecimiento económico y con sucesivos gobiernos radicales (Yrigoyen, Alvear, nuevamente Yrigoyen), electos por voto universal (masculino, para el femenino habrá que esperar hasta 1951), gobierna el país desde el 6 de setiembre de 1930 la dictadura encabezada por el general Uriburu.

La difícil situación económica y su propia incapacidad política derivan en prontas elecciones. El 5 de abril los candidatos radicales Honorio Pueyrredón y Mario Guido triunfaron en la provincia de Buenos Aires sobre los conservadores (partidarios del gobierno); a los pocos días Uriburu anuló por decreto los comicios.

El 8 de noviembre se realizaron las elecciones nacionales, con la fórmula radical Alvear-Güemes proscripta. Por 600.000 votos contra 490.000 triunfó el general Agustín P. Justo (el ideólogo del golpe) acompañado por Julio A. Roca hijo, sobre De la Torre-Repetto, de la Alianza Demócrata Progresista-Socialista, que obtuvo la gobernación de Santa Fe (consagrando a Luciano Molinas) y ganó en la Capital Federal.

Conservadores, radicales antipersonalistas y socialistas independientes apoyaron al nuevo gobierno. El ex presidente radical Marcelo T. de Alvear se exilió.

En febrero, tras juicios sumarísimos fueron fusilados los anarquistas Severino Di Giovanni y Paulino Scarfó. Con la ley marcial vigente hasta junio, Leopoldo Lugones hijo creó la Sección Especial de la Policía, dedicada a la represión política y sindical.

Un producto de la convulsionada época fue la creación de la Legión Cívica, de orientación fascista.

La Argentina de estos años, aunque en decadencia en términos comparativos, ocupaba un lugar de privilegio en el mundo. Y sin duda era una potencia cultural en Latinoamérica. También en materia teatral.

Varios diarios editados en Buenos Aires tenían tiradas de cientos de miles de ejemplares. La Prensa, La Nación, Crítica (clausurado por un tiempo por el gobierno, reemplazado provisoriamente por La Jornada), La Razón, El Mundo (que en materia teatral tenía un sistema de puntuación con un termómetro, que oscila entre 100 grados, magistral y –20, bodrio), Ultima Hora, Diario Socialista Independiente, La Argentina, El Diario, El Diario Español y desde el 10 de junio de 1931 Noticias Gráficas eran algunos de los medios porteños, sumados a publicaciones en italiano y alemán. La única baja de consideración durante el año fue La Patria degli Italiani fundada en 1876.

En el interior se editaban entre otros La Capital (Rosario, creado en 1867), Los Andes (Mendoza), El Día (La Plata), La Nueva Provincia (Bahía Blanca), El Liberal (Santiago del Estero), La Voz del Interior (en Córdoba, la primera creación del nuevo siglo, desde el 15 de marzo de 1904), La Capital (Mar del Plata) y La Gaceta (Tucumán). Desde el 27 de octubre de 1928 con Córdoba la provincia mediterránea tuvo dos diarios de importancia.

Tres publicaciones verán la luz durante el año: la literaria y cultural Sur, dirigida por Victoria Ocampo, con un muchacho que prometía entre sus colaboradores (Jorge Luis Borges) y los semanarios Antena, especializada en radiotelefonía y cine y Heraldo del Cinematografista, publicación para el gremio cinematográfico.

Todavía se discute si la primera transmisión radial se produjo en la Argentina. Lo que no es materia de discusión es el empuje de la radiofonía argentina en estos tiempos de expansión del novedoso medio.

En cine faltaba un par de años para los primeros largometrajes sonoros nacionales. Sí se veían (y escuchaban) películas estadounidenses y europeas, donde el sonoro llegó para quedarse en 1927. Pancho Talero en Hollywood, Muñequitas porteñas, el largometraje de animación Peludópolis y La vía de oro fueron los principales estrenos nacionales, junto a los vigorosos noticieros de la época y los diez cortos interpretados y cantados por Carlos Gardel, producidos por Federico Valle, con dirección de Eduardo Morera. Y también se lo veía a Gardel en Las luces de Buenos Aires, filmada en castellano en los estudios de Joinville, en las afueras de París, producida por la estadounidense Paramount.

A pesar de la crisis se instaló la fábrica de neumáticos Firestone, se creó la Escuela Superior Técnica (dirigida por el general Savio) y se concluyó la Diagonal Norte en la Capital Federal. Pero también se creó la Academia Argentina de Letras, presidida por Calixto Oyuela, en el año en que se publicaron El hombre que está solo y espera de Scalabrini Ortiz y Los lanzallamas de Roberto Arlt. Fiel reflejo del elevado índice de educación del país: un censo escolar indicaba que el 73% de los chicos argentinos concurrían a las escuelas.

En materia deportiva en fútbol comenzó la era del profesionalismo, con Boca Juniors como primer campeón. Mineral obtuvo la cuádruple corona hípica, donde Irineo Leguisamo (gran amigo de Gardel) era el jockey más exitoso. Justo Suárez, el “torito de Mataderos” efectuaba varias peleas en los Estados Unidos y el golfista José Jurado salía segundo en el Abierto de Inglaterra.

El 27 de junio se inauguró un monumento a Florencio Sánchez en Garay y Chiclana; el 20 de octubre falleció el autor Alberto Ballestero; en el mundo de la cultura fallecieron Friedrich Murnau, Lupu Pick, Lon Chaney, Thomas Alva Edison, Albert Capellani, Anna Pavlova, Arthur Schnitzler y José Zorrilla de San Martín.

Daban sus primeros pasos en la escena el escritor y periodista Roberto Arlt (como autor de El humillado) y Pascual Naccarati, integrante del teatro Del Pueblo.

Más de veinte salas porteñas ofrecían con regularidad sus espectáculos. En el centro el Apolo (Corrientes 1386, durante el año con la Compañía Argentina de Comedias, Pochades y Sainetes César y Pepe Ratti), Argentino (Bartolomé Mitre 1444), Astral (Corrientes 1639, revistas con María Esther Pomar), Ateneo (Cangallo 927, la sala más prestigiosa, con la compañía de Evita Franco), Broadway (Corrientes 1155, también exhibía cine), Buenos Aires (Cangallo 1065, con la compañía encabezada y dirigida por Elías Alippi), Casino (Maipú 336), Cervantes (Córdoba y Libertad, todavía de propiedad privada), Cómico (Corrientes 1280, en curiosa síntesis de revistas, encabezadas por Sofía Bozán tras su vuelta por Europa y la Compañía Nacional de Teatro Norteamericano dirigida por Francisco J. Bolla), De la Comedia (Carlos Pellegrini 248, con la reina del sainete, Olinda Bozán), De Mayo (Avenida de Mayo 1099), Fémina (Paraná 425), Liceo (Rivadavia y Paraná, con Fregues-Paulina Singerman-Olarra y después Singerman-Olarra), Maipo (Esmeralda 443, con la Gran Compañía de Revistas de Arte, dirigida por Ivo Pelay), Nacional (Corrientes 960, con Pascual E. Carcavallo como director-empresario), Odeón (Esmeralda 367, con exitosa presentación de Lola Membrives y Francisco Morano), Opera (Corrientes 860), Politeama Argentino (Paraná y Corrientes), Porteño (Corrientes 846), Sarmiento (Cangallo 1040), San Martín (Esmeralda 255-67, con Berta Singerman como actriz dramática) y el Smart (Corrientes 1283, último año solo de Enrique Muiño).

El Avenida (en Avenida de Mayo 1224) se especializaba en repertorio español; a pocas cuadras de distancia (Rivadavia 2330), el Marconi ofrecía mucho material para la nutrida colonia italiana.

En los barrios el Boedo (Boedo 959) ofrecía un repertorio popular; en Flores estaba el Fénix (Rivadavia 7802) y en Constitución el Variedades (Lima 1617).

El teatro independiente daba sus primeros pasos con el Teatro del Pueblo, creación del escritor y director comunista Leónidas Barletta. Comenzó representando obras el 14 de febrero de 1931 en un cine de Villa Devoto, a cincuenta centavos la platea baja y cuarenta la platea alta; siguieron en el escenario de La Wagneriana y posteriormente se instalaron en sala propia, en Corrientes 465 con la consigna de Goethe: “Avanzar sin prisa y sin pausa, como la estrella”.

Hay coincidencia en los medios de la época en que 1931 fue un año difícil para la actividad teatral.

Los Premios Municipales fueron otorgados a tres salas: Ateneo, Nacional y Sarmiento. Se galardonaron cuatro obras: en drama La mujer que ellos sueñan de Gómez Masía y Collazo; en comedia se produjo un empate entre Allegra de Pedro B. Aquino y Yo quiero que tú me engañes de Pedro E. Pico; y en obras en un acto La juventud de Lorenzo Pastrano de Rafael Di Yorio.

Cuatro obras superaron las 200 representaciones: Gran manicomio nacional (640), Media noche en la ribera (454), Fray Milonga (402) y Cuando llora la milonga (234).

El 22 de agosto La Prensa alertaba sobre la situación crítica del teatro y cinematógrafo porteños, donde las empresas perdían dinero sin excepción. El exceso de precipitados estrenos daba por resultado su rápido levantamiento. “Vanse al interior los conjuntos más afectados”, era una natural consecuencia.





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