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HORACIO RIGGI Clarín 2026

domingo, 12 de julio de 2026

Se vienen los mejores números de la economía ¿Pero la industria? ,,,

  • En el Gobierno estiman inflación por debajo del 2% en junio y mejor recaudación en julio.
  • La industria en mayo frenó la caída, pero bajó más de 5% contra el mismo mes de 2025.

La economía comienza a transitar por el momento más cómodo del año ¿Por qué? Porque casi todos los números favorecen al Gobierno. Casi todos, porque la industria, y la mora que arrastran los bancos y las billeteras digitales preocupan, pero no sorprenden.

Por el sendero optimista.

La inflación de junio y la recaudación de julio aún no se conocen, pero en el Ejecutivo confían en que ambos ítems van a estar dentro de las proyecciones positivas. En inflación, en el Gobierno y también entre analistas creen que va a quedar por debajo del 2% mensual. En cuanto a la recaudación, si bien faltan 20 días para que se conozca ese número, en julio se contabilizarán los pagos de Ganancias que el Gobierno postergó para que se realicen este mes.

La construcción también dio la nota con el último número. Según el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) que difunde el INDEC, la construcción aumentó 4,1% respecto de mayo de 2025, 6,3% contra abril pasado y ya acumula una suba de 2,5% en el año.

Entre los insumos, se destacan las subas de pinturas (23,6%), hormigón elaborado (10,1%) y hierro redondo (9,6%), señal de que hay obra activa en varias etapas del proceso constructivo. En contraste, cayeron los pisos y revestimientos cerámicos (-19,6%) y el asfalto (-8,2%).

El resto de los indicadores acompaña la mejora: el empleo registrado en el sector privado subió 1,2% interanual en abril, y los permisos de edificación treparon 16,6% en el mismo mes, acumulando un alza de 7,6% en el cuatrimestre.

Es decir, la construcción que fue hasta mayo una preocupación importante para el Gobierno comienza a repuntar. Aún falta dicen en el sector. Dan como ejemplo que la industria de la construcción aún trabaja a media máquina.

La piedra en el zapato sigue siendo la industria. Si bien pausó su caída en mayo ya que el índice de producción industrial manufacturero (IPI) registró una leve mejora respecto al mes pasado (subió 0,4%), cayó 5,7% en comparación con 2025, la mayor baja del año, y acumula una retracción de 3,1% en los primeros cinco meses de 2026.

Además, catorce de las 16 divisiones manufactureras cayeron en mayo. Clarín publicó cuando se conocieron los últimos datos oficiales que el golpe más fuerte lo dio maquinaria y equipo, con un derrumbe interanual de 23,4%, explicado en gran parte por la fabricación de maquinaria agropecuaria (-29,6%, con menos tractores, cosechadoras y sembradoras) y por los electrodomésticos, que se hundieron 34,1% por menor producción de lavarropas, heladeras y cocinas.

El sector automotor tampoco pudo sostenerse: la fabricación de vehículos cayó 21,5% y arrastró a toda la división a una baja de 15,9%. Según ADEFA, citada por el INDEC, las ventas a concesionarios de autos y utilitarios de fabricación local se desplomaron 41,9% en el mes. A esto se suma la fuerte caída de productos textiles (-26,2%) y de prendas de vestir y calzado (-14,7%), sectores que además reportan una competencia creciente de productos importados.

Las únicas divisiones que crecieron fueron refinación de petróleo (19,4%) y tabaco (14,6%), ninguna de las cuales alcanza para compensar el resto del tablero.

Según un informe de la consultora Industria y Desarrollo, comandada por el execonomista de la Unión Industrial Argentina (UIA) Diego Coatz, “la economía no va a salir del ‘serrucho’ si no se recupera la industria. La economía en su conjunto sube y baja, pero la industria sigue en tendencia negativa. Estimamos que se mantenga amesetada en junio. Muchas empresas venden para cubrir costos fijos, aún con márgenes cada vez más ajustados”. Y luego agrega: “Se consolidan dos Argentinas económicas: más dólares, pero menos industria y menos empleo formal. No solo cae la industria tradicional: también empiezan a caer sectores industriales vinculados a minería (-5,6%), petróleo (-3,5%) y el agro (-9,5%), con una baja interanual de 5,1% de la metalmecánica en mayo”.

Por el lado de la mora, si bien los bancos aseguran que comenzó a mejorar (hay menos cartera en situación 2, que traducido significa mora temprana), la realidad es que saltó en un año y medio del 2,5% promedio a cerca del 12%. En las billeteras virtuales la mora ronda 30% y supera 40% en las casas de electrodomésticos.

En el Gobierno miran con atención la evolución. En el fondo la mora también está atada a cómo puede evolucionar el consumo y el bolsillo de la sociedad.

 

 

Los 18 mejores meses y una fábrica cerrada que no cierra ,,,

  • El ministro de Economía, Luis Caputo, consiguió financiamiento para pagar deuda y volvió a asegurar que no saldrá al mercado.
  • FATE hace dos meses que anunció su cierre, pero hay más de 200 trabajadores que todavía no fueron indemnizados.

Más allá de una interna que parece no tener retorno, el Gobierno entró en una etapa de constantes presiones y pedido de explicaciones que ya no sólo parten desde la oposición. La oposición, en todo caso, prefiere estar agazapada y no mostrar muchas cartas.

Mientras esto sucede el ministro de Economía, Luis Caputo, asegura a quién quiera escuchar que se vienen los 18 mejores meses de la Argentina.

“El proceso de desinflación, que venía muy pronunciado, se vio interrumpido el año pasado en el proceso previo a las elecciones donde hubo una dolarización masiva y una caída fuerte de la demanda de dinero”, dijo Caputo. “Todavía estamos purgando aquella caída de la demanda de dinero, pero a partir de abril vamos a ver una desaceleración de la inflación importante. Vamos a ver un proceso de desinflación con mayor crecimiento”, agregó.

En esta línea, aseguró que “mientras sigamos haciendo las cosas que estamos haciendo, la inflación va a tener certificado de defunción” y que “el cuándo depende de cuánto se recupere la demanda de dinero, la confianza y la tasa de interés, que ya está bajando”. Enfatizó:“Entramos en un proceso virtuoso en el cual los próximos 18 meses van a ser los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas”.

Por otro lado, Caputo viajó a Washington para participar de la Asamblea de Primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial donde comenzó las negociaciones para conseguir un crédito bancario de más de US$ 3.000 millones con el respaldo de los organismos internacionales.

El ministro, más allá de la presión que ejercen los bancos de inversión para que la Argentina salga al mercado internacional de deuda, se niega a hacerlo. “No vamos a salir al mercado, olvídense, el riesgo país de la Argentina no es de 500 puntos como marcan ustedes, es menos, nunca vamos a salir con esa tasa”, repite Caputo a los banqueros.

Pero más allá de la macro, comienza a preocupar la micro. La mora sube en los bancos y en las billeteras virtuales, un claro síntoma que los salarios pierden contra la inflación. De hecho, la inflación de marzo fue de 3,4% y está cerca de 10% en el primer trimestre del año.

En el congreso celebrado la semana pasada por la Cámara de Comercio de Estados Unidos en la Argentina (AmCham), Caputo afirmó que los empresarios tienen que cambiar la música. Y volvió sobre los ejemplos de lo que había que hacer (la reconversión de Lumilagro, que dejó de fabricar termos y ahora los importa desde China) y lo que no había que hacer (sostener a Fate, una empresa que tenía 920 empleados pero que para subsistir tenía que tener otro tipo de cambio y mayores aranceles a la importación, entre otras cosas).

El caso de la fábrica de neumáticos que cerró hace dos meses sigue con fuego cruzado entre los dueños de la empresa, el sindicato y la Justicia.

Es cierto que un neumático fabricado en China de buena calidad cuesta menos en una gomería o en la góndola de un supermercado de la Argentina que el costo de uno de mediana calidad que producía Fate. Lo que también es cierto es que la empresa de Javier Madanes Quintanilla cerró pero no cerró.

Fate siempre se enfrentó a un gremio chico pero fuerte: el Sindicato Único de Trabajadores de Neumático (SUTNA).

Cuenta la leyenda que a mediados de febrero la empresa, agobiada por enormes pérdidas económicas y ya en una total carencia de romanticismo, tiró la toalla y decidió cerrar, despedir a todo su personal y pagar el 100% de las indemnizaciones. El gremio rechazó todo, se instaló en la planta y así empezó un sinuoso y largo camino legal y sobre todo paralegal.

Mientras transitan conciliaciones obligatorias varias, demandas cruzadas en la justicia penal y en el fuero laboral, varios de los trabajadores despedidos que no fueron indemnizados y la propia empresa se preguntan cómo seguirá la historia.

Hasta ahora de las 920 personas que había al momento del cierre, más de 700, decidieron firmar acuerdos de salida y cobrar su indemnización. En resumen, quedan hoy apenas algo más de 200 personas arriba de una suerte de Titanic. La mayoría de ellos son delegados sindicales o afines a los grupos que se disputan la conducción del gremio.

Según fuentes allegadas a la empresa, a lo largo de los últimos años Fate intentó mantener el barco a flote apostando a mejorar su competitividad, con la fantasía de enfrentar el tsunami de cubiertas importadas de China.

En la empresa dicen que las inversiones en nuevas máquinas nunca se transformaron en mejoras reales de productividad y de eso también culpan al gremio.

En su momento el SUTNA calificó de "artero e ilegal" el despido de los trabajadores y dijo, además, que la mayoría fueron notificados mientras estaban de vacaciones.

El líder del sindicato, Alejandro Crespo, insistió en la "mala fe" para negociar de la firma de la familia Madanes Quintanilla, y aseguró que Fate está incumpliendo un convenio homologado que garantiza la estabilidad laboral hasta junio de 2026.

“Son muchos los que recuerdan -aún con sorpresa- el arrebato ideológico del gremio, que siempre puso su egolatría y sus excéntricas ambiciones políticas por encima de los intereses de los trabajadores a quienes decían representar", dice una importante fuente de la empresa. "Hoy, dos meses después, en esta suerte de bizarro epílogo post-mortem, observamos este reality show macabro en el que un grupo extremista de pseudo gremialistas hace embargar las cuentas bancarias de la empresa impidiendo así el pago de indemnizaciones. En criollo: después de haber prendido fuego el barco, hunde los botes salvavidas”, agrega la fuente. "Mientras tanto, atribulados funcionarios, jueces y fiscales de diversos bandos debaten sobre el sexo de los ángeles”.

Así están hoy las cosas en Fate: un dueño enojado, un sindicato sin intenciones de ceder, una empresa cerrada, judicialización del conflicto y un Gobierno que tomó posición hace tiempo al encasillar a Madanes Quintanilla como un empresario prebendario y apostar por los Lumilagro y no por los Fate de la Argentina.

 

 

La inflación y el problema de la última milla

  • La inflación de marzo fue de 3,4%, la más alta del año.
  • Cuando asumió Milei los precios subían al 280% anual.

Javier Milei tuvo claro antes de asumir la presidencia que combatir la inflación y tener superávit fiscal iban de la mano en su programa de Gobierno. Con el manual de la ortodoxia y sin correrse ni un milímetro aplicó un freno de mano a la emisión de pesos y puso en marcha la motosierra para cortar todo gasto público que consideró innecesario.

El punto de partida no solo era compartido por economistas, empresarios y gran parte de la sociedad que lo votó. Es que la Argentina tuvo inflación superior al 100% anual en 19 períodos de los últimos 75 años. Además, tuvo hiperinflaciones, devaluaciones, cambios de monedas, quitas de ceros en los billetes y otras tantas penurias económicas más, que se suman a los default y a las constantes renegociaciones de deuda soberana.

Con ese país y con esa historia había que lidiar.

En los primeros meses de Gobierno el plan marchó sin sobresaltos. Milei había aclarado que para acomodar la macro la Argentina iba a tener un período de inflación con recesión (estanflación) y que luego la inflación iba a desaparecer.

La inflación pasó del 281% al 30% anual. Logró un descenso asombroso, indiscutible. En todo caso lo que se puede discutir es el costo de las medidas tomadas.

Pero la baja de precios se estancó. La inflación de marzo es un golpe duro que provocó una inmediata reacción en el Gobierno. El ministro de Economía, Luis Caputo, se anticipó un día al dato que publicó luego el Índice Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) y dijo que los precios iban a estar por encima del 3%.

Los precios subieron en marzo 3,4% y en el primer trimestre están casi igual que la inflación que se proyectó para el año.

Caputo, en la cumbre organizada por la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina (AmCham), también aseguró que los próximos 18 meses van a ser los mejores que haya vivido la Argentina en las últimas dos décadas, como resultado de la estabilización macroeconómica y la llegada de inversiones.

El proceso de desinflación, que venía muy bien, se vio interrumpido durante el período previo a las elecciones, donde hubo una dolarización masiva, con una caída fuerte de la demanda de dinero. Como sabemos, la inflación es un fenómeno monetario”, dijo Caputo. “Argentina podría haber crecido 7% el año pasado pero lo hizo en 4,4%. Ahora empieza la recuperación de la demanda de dinero”, agregó.

“A partir de abril vamos a ver una desaceleración de la inflación muy importante y mayor crecimiento. La inflación va a tener certificado de defunción”.

Ni bien conocido los números de marzo Milei aseguró: “El dato es malo”. “No nos gusta ya que la inflación nos repugna. Sin embargo, hay elementos duros que nos permiten explicar lo que ha pasado y especialmente esperar que a futuro la inflación retorne a su sendero decreciente”, señaló el Presidente.

La inflación continuó la senda alcista desde junio, cuando saltó de 1,5% en mayo a 1,6% ese mes. Luego, subió 1,9% en julio y agosto, 2,1% en septiembre y 2,3% en octubre, y siguió en ascenso con aumentos del 2,5% en noviembre, 2,8% en diciembre y 2,9% en enero y febrero.

El éxito de la primera parte del plan atacando a la inflación parece atravesar ahora por un problema de última milla, dónde bajar del 1% mensual cuesta más de lo que el Gobierno tenía planeado.

 

El Gobierno compra dólares y la industria los ve pasar 

  • La inflación de febrero repitió el 2,9% de enero. Son ya nueve los meses que lleva sin descender.
  • En febrero cayó 33% la fabricación de textiles y 37% la de tractores.

El Banco Central está envalentonado con la compra de dólares. En los últimos dos días de la semana pasada adquirió US$ 738 millones, una cifra impensada por el propio mercado a fines del año pasado, cuando los reclamos al Gobierno se basaban en la baja acumulación de reservas.

Para 2026 la proyección que hizo el BCRA es comprar US$ 10.000 millones. El plan está encaminado: en lo que va del año y antes de la liquidación de la cosecha gruesa, obtuvo más de US$ 5.000 millones y todavía le restan ocho meses.

Sin embargo, no todo es para festejar. Los analistas comienzan a ver con cierta preocupación el desempeño de algunos factores. Uno de ellos es la tasa de inflación por encima de las expectativas del mercado.

“La inflación de febrero repitió el 2,9% de enero. Son ya nueve los meses que lleva sin descender y, además, la inflación núcleo, que refleja mejor la inercia inflacionaria, llegó al 3,1%. El aumento en los combustibles que disparó el shock externo ya ronda el 20%. La combinación de empuje de costos en energía –y logística– con inercia aún elevada es inconveniente y las expectativas de un retardo en el proceso de desinflación se robustecieron, como lo reconoció Caputo en el Instituto de Ejecutivos de Finanzas (IAEF)”, dice el último informe de la consultora Abeceb.

Con el barril de petróleo en la zona de los 100 dólares, volvieron con fuerza los temores de una estanflación global. Como la calidad y credibilidad de la política monetaria son hoy mucho más sólidas que durante la crisis del petróleo de los años setenta, el impacto inflacionario podría atenuarse. Pero es seguro que, si el conflicto se extiende, la economía global va a pagar un costo no menor en términos de desempleo y recesión. El costo de la energía impacta de lleno en los costos de producción y logísticos, así como en los presupuestos familiares.

“Si el conflicto se extiende, el impacto sobre la inflación en la Argentina va a ser importante porque la credibilidad de nuestra política monetaria es aún frágil y la inercia inflacionaria elevada”, sostiene Abeceb.

La consultora que fundó y dirige el economista y exfuncionario del PRO Dante Sica también habla de los salarios estancados. De hecho, estima que la inflación provocada por el aumento de los costos va a presionar negativamente sobre los ingresos reales de los consumidores, lo que resulta muy poco oportuno.

Según el INDEC, los salarios formales privados cayeron en enero por quinto mes consecutivo sin haber logrado recuperar el nivel que alcanzaron en el último máximo cíclico de la economía, a mediados de 2022. Los salarios formales privados están todavía 4% debajo de aquel máximo y los públicos, un 20%.

También en la economía real surge la preocupación por otro tema: el deterioro del frente fiscal.

La consultora Sur Americana conducida por el exministro de Economía Martín Guzmán sostiene que el frente fiscal muestra que la recaudación está cayendo en un contexto en que baja la actividad de sectores clave para el mercado interno, forzando al Gobierno a una política compensatoria de reducción del gasto real para maximizar el cuidado del ancla fiscal.

Desplome

La industria se desplomó en los dos primeros meses del año con una caída de 6%. A pesar de los números negativos, en Economía están confiados en que el resultado cambiará en los próximos meses.

El gran dilema que tiene el Gobierno en este caso es cómo hacer para dar competitividad a una industria a la que no quiere proteger, que no tiene crédito y sí altos costos y tiene que enfrentar un modelo voraz como el chino, que parece arrasar con todo.

La crisis de la industria, por otro lado, no se da solo en Argentina. Tal vez las medidas tomadas por el Gobierno no ayudan, pero la realidad indica que hay ejemplos en el mundo de una debacle, o al menos, de un cambio de paradigma.

Una y otra vez, desde distintos rincones del espectro político estadounidense, reaparece la promesa de traer de vuelta los empleos fabriles. En discursos que apelan a la nostalgia, se asegura que el futuro del país pasa por recuperar sus plantas industriales, revitalizar ciudades empobrecidas y devolver dignidad laboral a millones de trabajadores. Sin embargo, un artículo publicado por The Economist desmitifica con datos y proyecciones esa visión romántica, revelando que lo que se ha ido no volverá de la misma manera —y quizás ni siquiera deba hacerlo.

Durante el siglo XX, el empleo manufacturero fue sinónimo de movilidad ascendente, especialmente para quienes no contaban con estudios universitarios.

En los años 70, uno de cada cuatro trabajadores estadounidenses estaba empleado en la industria manufacturera. Hoy, esa cifra se ha reducido a menos del 10%, y apenas un 4% de los trabajadores realiza tareas directamente en la línea de producción. Más de la mitad de los empleos catalogados como “industriales” corresponden en realidad a funciones de soporte o profesionales como recursos humanos, marketing, diseño o ingeniería. Incluso países con sólidos superávits industriales como Alemania, Japón y Corea del Sur han visto reducida su proporción de trabajadores fabriles.

La producción en la Argentina marca números de caídas alarmantes. Sólo a modo de ejemplo, bajó en febrero 33% la fabricación de textiles y 37% la de tractores.

El Gobierno promete recuperación, pero a diferencia de Trump, no pone aranceles. “Yo te acomodo la macro, vos fijate cómo acomodás la micro”, repite el Gobierno.

La Argentina de las direcciones opuestas ,,, 10.4.26

Horacio Riggi

La economía argentina no corre en dos velocidades, en realidad transita en dinámicas opuestas. Mientras una parte suma reservas comprando dólares y cumple con los objetivos oficiales, hay otra parte, como la industria, que se desploma.

Ayer el Banco Central anunció la mayor compra de dólares en más de un año, tras adquirir US$ 281 millones. Hay más: desde el primero de enero, la autoridad monetaria sumó cerca de US$ 5.000 millones, una cifra nada despreciable teniendo en cuenta que en menos de cuatro meses y luego de 62 jornadas de compra consecutiva, ya obtuvo el 50% de los dólares que había proyectado comprar para todo el año.

De todos modos, las compras de dólares no se sumaron en su totalidad a las reservas. Si bien el stock de moneda extranjera supera los USD 45.000 millones, el Gobierno tuvo que utilizar buena parte de lo que compró en pagar los compromisos de vencimiento de deuda.

Al mismo tiempo que el Central compra el dólar sigue bajando, o en términos técnicos, el peso se sigue apreciando. En lo que va del año, y con una inflación cercana al 9%, el dólar se compra a un 5% menos. Ayer, por ejemplo, cerró el minorista en $ 1.405.

La industria nacional es la contracara de lo que está pasando en el mundo macro financiero. Ayer se conocieron los datos de febrero y marcaron una caída preocupante: 8,7% y representa una baja de 6% en el primer bimestre si se lo compara con igual período del año pasado.

La caída más pronunciada se dio en el rubro textil que se desplomó 33,2% interanual, seguido por Maquinaria y equipo que bajó 29,4%, con un impacto mayor en las máquinas y tractores (37,7%) y Vehículos automotores con una caída del 24,6%.

Hay otros números preocupantes. Alimentos y bebidas, el de mayor peso relativo en el Índice de Precios del Consumidor (IPC), cayó 6,9% y la producción de heladeras y lavarropas un 38%.

La producción que si subió fue la vinculada al mundo petrolero y químico. De hecho, el gasoil escaló un 23,8% y las naftas un 10,8%, mientras que Sustancias y productos químicos trepó un 3,7%.

En el Gobierno miran con preocupación los números de la micro, porque aunque “se acomode la macro”, el bolsillo sigue sufriendo y se nota en la producción y en el consumo, más allá de los productos importados que se venden en las góndolas argentinas y de las compras también importadas vía internet o directas de turistas en el exterior.

Sin embargo, los datos de la producción industrial y la caída de los empleos en el sector (la Unión Industrial Argentina sostiene que se pierden alrededor de 1.500 puestos de trabajo por mes en el rubro), contrastan con la caída de la pobreza que es uno de los mayores logros que muestra la gestión Milei. El último dato oficial indicó que hay que remontarse a 2018 para encontrar números de pobreza similares a los del período cerrado en diciembre de 2025.

SANTIAGO FIORITI Clarín 2026

 

El giro de los Milei en busca de supervivencia y el temblor que viene en el planeta de los Macri ,,,

  • Cómo fue la charla del Presidente con sus ministros, el rol de Santilli y el cambio de estrategia de Karina. La Ciudad provoca roces en el PRO y los primos mantienen diferencias.

El jueves, poco antes de las 11 de la mañana, Javier Milei caminaba desde la Casa Rosada hasta la Catedral Metropolitana junto a varios ministros y colaboradores de la primera línea de su Gobierno, cuando de repente decidió cambiar los planes de todo su equipo: “Después del Tedeum, ¿se quedan un ratito así les cuento lo que estoy laburando con Toto Caputo, Sturzenegger y Bausili?”

Desde luego, era difícil decirle que no. Algunos tuvieron que suspender almuerzos y otros anunciaron que llegarían tarde a sus encuentros sociales armados por el feriado del 9 de Julio. Milei quería hablarles de la reforma a la Carta Orgánica del Banco Central, que considera trascendente y que vislumbra como parte de su legado, aunque -a la vez- viene a sepultar su ilusoria promesa de campaña de cerrar el organismo. El proyecto legislativo procura suprimir por completo el financiamiento al Tesoro y contempla la pena de prisión y que el delito sea imprescriptible para los funcionarios que avalen la emisión monetaria.

Victoria Villarruel, durante los festejos por el Día de la Independencia en Tucumán junto al Gobernador Jaldo.

Así lo diría ante el Gabinete durante una reunión de algo más de una hora, sin interrupciones, salvo la que el Presidente se haría a sí mismo, tal vez, para quebrar el estado de tedio en el que observaba a algunos de sus funcionarios.

“Ahora estoy puteando menos, ¿vieron? -dijo-. Creo que no voy a putear más, así ustedes pueden hacer bien su trabajo. ¡Mirá lo que están haciendo conmigo, Colorado!”.

Diego Santilli hizo el ademán de largar una carcajada, algo incómodo porque todas las miradas se dirigieron hacia él. Era el primer halago que le dirigía Milei desde que asumió la Jefatura de Gabinete. Un proverbio libertario indica que, con Milei, a veces es mejor pasar inadvertido. Ya se sabe: las muestras de cariño de hoy pueden ser la condena de mañana. La actual gestión se devoró a tres hombres que ocuparon el sillón de coordinador de ministerios en dos años y siete meses y eso que los tres, se suponía, eran amigos de Milei.

Mientras Santilli sonreía, el resto de los ministros, que hasta no hace tanto casi que presumían de los improperios presidenciales, esta vez aplaudían. La escena duró pocos segundos, los suficientes como para dejar instalada la idea de que Milei ya piensa en 2027, y que hará lo que sea necesario para obtener la reelección. ¿Vuelve el Milei menos intransigente? ¿Regresa el Milei que puede sublimar sus impulsos internos si existe al final del camino un interés mayor?

Diego Santilli se reunió con Maximiliano Pullaro en la Casa Rosada.

Lo ha conseguido en otras etapas, siempre efímeras, por cierto. La última fue tras la derrota legislativa bonaerense que precedió a la contienda nacional, cuando anunció que dejaría de insultar para no darles excusas a sus opositpres. “Con Javier nunca se sabe, pero hoy lo vemos más tranquilo. La salida de Adorni le sacó un peso de encima”, dice uno de los miembros de la tropa digital que trabaja para la reelección.

El primer mandatario dejó en manos de Karina la construcción del proyecto electoral. La secretaria general de la Presidencia, mimetizada con su hermano, también da muestras de pragmatismo. Lo que antes era mala palabra, ya no lo es: la alianza con los gobernadores afines podría avanzar si, ante todo, se fortalece el proyecto reeleccionista de La Libertad Avanza.

Luego del Tedeum 9 de julio en la Catedral Metropolitana el Presidente Javier Milei sale al balcón Casa Rosada acompañado por sus ministros y asesores y abraza a Santiago Caputo 
Foro Guillermo Rodriguez Adami.

La hermanísima abandonó el plan que tenía el año pasado de plantar un candidato a gobernador en cada provincia. Mejor, sentarse a negociar con ellos para poder acelerar las reformas en el Congreso. Solo le falta volver a abrazar a Santiago Caputo, que tuvo antes esa ocurrencia. Pero la osadía no dará para tanto. La relación entre ellos sigue congelada. Trabajo extra para Santilli, que debe lidiar con ambos sectores, mientras se sienta con los mandatarios provinciales y les cuenta que la era del purismo llegó a su fin. Adiós a los Posse, a los Adorni y a quienes soñaban con jubilar a la casta.

Tres nombres bien ligados a la política tradicional (Santilli, Martín Menem y Patricia Bullrich) trabajan para eliminar o suspender las PASO. Tienen resistencia de propios y ajenos. Frente a eso, el Gobierno evalúa incorporar el sistema de colectoras, que permite habilitar listas distintas bajo una misma fórmula presidencial. Un homenaje tardío a Néstor Kirchner, que pensó y explotó un vacío legal del Código Electoral para capturar votos transversales que iban desde el peronismo ortodoxo y la UCR de Julio Cobos hasta el Partido Comunista que conducía Patricio Echegaray.

Los cerebros de campaña mileístas consideran que, como está hoy el panorama, sería arriesgado ir a un balotaje. Contemplan, a diferencia de lo que dice Luis Caputo, hasta la posibilidad de perder con Axel Kicillof. La cosa, incluso, podría agravarse si surgiera un outsider competitivo o un peronista que lograra encolumnar a buena parte de la oposición. La apuesta es a ganar en primera vuelta, es decir, a sumar el 45% de los votos totales u obtener al menos el 40% y superar al rival más cercano por más de 10 puntos porcentuales.

Axel Kicillof es el peronista mejor perfilado hoy para 2027.

En esa estrategia de alianzas todavía hay muchos interrogantes. La que más debate insume pasa por la Ciudad de Buenos Aires. Hay un esfuerzo de algunos sectores por presentar una incipiente convergencia del PRO y La Libertad Avanza. Hoy no hay nada de eso. Karina, de hecho, tiene serios reparos. Por las dudas, Jorge Macri declaró que irá por la reelección con muchísima antelación.

Los movimientos del alcalde son observados con lupa doble. De un lado, los libertarios, que le propinaron la derrota más dura de la historia al PRO el año pasado y que hasta que estalló el escándalo Adorni pretendían arrebatarle el poder de la mano del ex jefe de Gabinete; del otro, el propio Mauricio Macri, fundador y líder del PRO, que defenderá su bastión ante todo, más allá de que mantiene críticas a la administración de su primo.

La tensión entre los Macri atravesó la primera parte del mandato de Jorge y se agudizó después de la derrota. Las aguas se agitan de tanto en tanto. Las diferencias no solo tienen que ver con la gestión. Mauricio cree que Jorge tiene que hacer el esfuerzo de volver a sumar a Horacio Rodríguez Larreta y, si es necesario, ofrecerle una interna. En la Ciudad dudan.

Mauricio Macfri conduce el PRO y busca la mejor opción electoral para el año próximo.

Karina no descarta poner un candidato propio. Hay quienes le sugieren que le ofrezca esa posibilidad a Patricia Bullrich. Sería un problema mayúsculo para los Macri. La senadora es la que mejor mide.

El Ejecutivo ata su futuro a la economía, aunque prioriza la macro. Ya pasó demasiado estrés con la corrida del año pasado, cuando Estados Unidos tuvo que intervenir en el mercado y lanzar un salvataje inédito. Pero la situación de Donald Trump hoy es diferente. Nadie sabe qué ocurrirá en las elecciones de medio término de noviembre próximo.

Precavido, con la experiencia de haber participado de un gobierno, el macrista, que sufrió la voracidad inflexible del mercado, el ministro Caputo presentó esta semana el programa financiero para 2026 y 2027. Dijo que están garantizados los pagos de los vencimientos de deuda en moneda extranjera y aseguró que serán cubiertos sin necesidad de recurrir a los mercados internacionales de crédito.

Busca llevar paz y alejar fantasmas. No es poco, pero está por verse si alcanza.

HITLER 1936-1945 Kershaw 2

 Capítulo II
Para la mayoría de los dictadores habría sido suficiente adquirir un
poder sin oposición sobre el estado. Para Hitler, esto no era ningún fin
en sí mismo. Según su forma de pensar, el poder servía a una finalidad
ideológica doble: destruir a los judíos (para él el enemigo mortal de
Alemania) y, a través de su destrucción, hacerse con el dominio de todo
el continente europeo, como plataforma para el posterior dominio del
mundo.
Ambos objetivos engranados, que se apoyaban en una «visión
del mundo» que consideraba que la lucha racial y la supervivencia del
más apto eran los determinantes claves de la historia de la humanidad,
habían sido fundamentales en su pensamiento desde la década de 1920.
Aunque no estuviese cartografiada la ruta para alcanzar esos objetivos,
estas ideas básicas no le abandonaron nunca una vez formadas.
La intensidad obsesiva y la tenacidad con que mantuvo estas ideas
fijas constituyeron una parte esencial de ese papel único de Hitler en la
conducción de Alemania, de Europa y del mundo hacia el desastre. Sin
embargo, eran relativamente pocos entre los millones de seguidores a los
que atrajo el nazismo en su camino hacia el poder los que veían las cosas
exactamente como las veía Hitler, o que les atrajese la adhesión fanática
a los puntos fijados de la «visión del mundo» personal que constituía su
propia fuerza impulsora ideológica principal.[14] El atractivo creciente de
Hitler como una alternativa a la democracia de Weimar se apoyó en una
medida mucho mayor en la contundencia de su ataque frontal e
inflexible a un sistema político visiblemente fallido socavado en las altas
esferas y que iba perdiendo cada vez más el apoyo de las masas. Durante
su ascensión al poder, sus principios ideológicos básicos habían estado
embebidos dentro del arsenal genérico y global de las diatribas llenas de
odio contra el «sistema» de Weimar y dentro de la atractiva
contraimagen que conjuraba de renacimiento nacional, una vez que los
«criminales» que habían instigado la derrota y la revolución, con
consecuencias catastróficas, hubiesen sido destruidos. Su éxito como
demagogo se basaba en su capacidad para decir lo que las masas
desafectas deseaban oír, para hablar su lenguaje, para captar y explotar
una psicología de desesperación e investirla de una esperanza nueva
para un resurgir de la nación como un ave fénix de las cenizas. Nadie
tenía tanta capacidad como él para dar expresión a los odios, los
resentimientos, las esperanzas y las expectativas populares.
Hablaba con
mayor estridencia, mayor vehemencia, más expresividad y más
capacidad de atracción que todos los demás que tenían un mensaje
ideológico similar. Él era el portavoz de las masas nacionalistas en un
periodo decisivo de crisis nacional generalizada.

Y al demostrar que era capaz de galvanizar a las masas nacionalistas
como no era capaz de hacerlo ningún otro, se fue convirtiendo
progresivamente en una propuesta atractiva para los que tenían poder e
influencia, que veían en él y en su Movimiento en rápida expansión un
arma indispensable en la lucha contra el «marxismo», palabra clave no
sólo para ataques a los comunistas sino también a los socialdemócratas,
los sindicatos y el propio sistema democrático, que las elites
conservadoras habían hecho todo lo posible por torpedear. Con su ayuda
se le dio a Hitler, en la etapa final del colapso de la república de
Weimar, aquello por lo que llevaba luchando mucho tiempo: el control
del estado alemán. El error fatal de estas elites había sido pensar que
podrían controlar a Hitler. Descubrieron demasiado tarde lo
desastrosamente que le habían subestimado.

Por la época en que Hitler fue elevado al poder, la política
«redentora» que había predicado (resarcirse de la derrota y de la
revolución de 1918) había conseguido el apoyo de unos trece millones
de alemanes, entre los que figuraba una base militante de bastante más
de un millón de miembros de las diversas ramas del Movimiento Nazi.
Hitler encarnaba sus expectativas de salvación nacional. Las tendencias
pseudorreligiosas del culto edificado en torno a él (en una época en que
aún era fuerte la piedad popular) habían sido capaces de presentarle
como un «redentor» secular. Una guerra perdida, humillación nacional,
miseria económica y social profunda, falta de fe en las instituciones
democráticas y en los políticos, y tendencia a buscar un «hombre fuerte»
capaz de salvar mediante la fuerza los abismos políticos agudos,
infranqueables en apariencia, que imperaban en una situación de crisis
global de estado, eran factores que habían contribuido todos ellos a
arrastrar a grandes sectores de las masas hacia consignas seductoras de
salvación nacional.

Pero no sólo se habían sentido atraídos los políticamente ingenuos. El
hondo pesimismo generalizado en los círculos neoconservadores e
intelectuales podía hallar también atractivo en la idea de «renacimiento
nacional», por mucho que se pudiese menospreciar la vulgaridad de
Hitler y de sus seguidores. El sentimiento de decadencia cultural
imparable (directamente emparejado a menudo con puntos de vista cada
vez más de moda sobre el crecimiento supuestamente inexorable de la
contaminación racial) había ido adquiriendo un ritmo creciente ya antes
de la Primera Guerra Mundial.[15] En el periodo que siguió a la guerra, el
talante de desesperación cultural se afianzó con una fuerza cada vez
mayor entre los intelectuales conservadores. Influyó mucho en esto La
decadencia de Occidente
de Oswald Spengler, con su melancólica
prognosis de decadencia cultural imparable.[16] El arte abstracto y el
teatro moderno podían ser vilipendiados como «judíos» y no
auténticamente alemanes. El «hot» jazz sincopado (denominado «música
de negros») parecía epitomizar la inminente e inevitable americanización
no sólo de la música sino de todos los aspectos de la vida, en la tierra de
Bach y de Beethoven.[17]  

Otto von Bismarck  

 


La decadencia cultural de Alemania parecía reflejarse en la política.
Donde sólo unas décadas antes Bismarck había presidido el escenario
político corno un gigante, los representantes del país parecían ahora
reducidos a pigmeos que no paraban de pelearse entre ellos
, el Reichstag
irremediablemente dividido era como el reflejo de una Alemania
irremediablemente dividida… es decir, irremediable a menos que
surgiese un nuevo héroe nacional capaz de crear (si era necesario por la
fuerza) una nueva unidad. Sólo se podían depositar esperanzas en la
visión de un héroe de ese género (militar, estadista y sumo sacerdote
todo en uno) que surgiera de las cenizas de la humillación nacional y de
la miseria de postguerra para restaurar la grandeza y el orgullo de la
nación.[18] Las semillas del subsiguiente respaldo intelectual a Hitler y a
su Movimiento se fertilizaron en ese suelo… por muy alejada que
resultase estar la realidad de ese ideal.
El antisemitismo estridente de los nazis no fue ningún obstáculo para
ese apoyo. Los judíos (menos del 1 por 100 de la población, la inmensa
mayoría deseosos de que les considerasen buenos ciudadanos alemanes y
patriotas) tenían pocos amigos.
Hasta los que podrían criticar
abiertamente la violencia nazi y los frecuentes ultrajes que tuvo que
sufrir la comunidad judía durante la república de Weimar, estaban a
menudo infestados de alguna forma de resentimiento, envidia o recelo
respecto a los judíos. Aunque eran relativamente pocos los que se sentían
atraídos por la violencia directa contra ellos (que era sin embargo
frecuente en la Alemania de Weimar) estaba generalizado el
antisemitismo latente o pasivo
.[19] Y el prejuicio se intensificó con la
incesante agitación nazi que reforzó capas de animosidad intensificada
ya por la búsqueda de chivos expiatorios de una guerra perdida, una
revolución, una crisis política creciente y una profunda miseria social.
Proliferaban las alegaciones de que los judíos eran
desproporcionadamente ricos, que su dominio de la economía era
perjudicial y su influencia en la esfera cultural insana. Dicho de otro
modo, el sentimiento de que los judíos eran diferentes (por mucho que
se esforzasen en demostrar lo contrario) y eran responsables de los males
de Alemania se estaba extendiendo a toda prisa ya antes de que Hitler
tomara el poder.
Una vez que lo tomó, las premisas antisemitas del nazismo pudieron
apoyarse ya en esos sentimientos negativos, impregnar todo el régimen
y, magnificadas por una propaganda incesante, afectar a todos los
niveles de la sociedad. La intención de «extirpar» a los judíos de
Alemania, como una base de renovación nacional apoyada en la
«purificación» racial, estaba por tanto garantizado que impulsaría
iniciativas de todos los rincones del régimen. Y entre los muchos que se
sentían incómodos e inquietos ante la ferocidad del antisemitismo en el
nuevo estado, la hostilidad latente generalizada hacia los judíos y la
indiferencia moral ante la discriminación les impedían levantar barreras
para detener la espiral de la persecución.
Los activistas consideraron las restricciones a las agresiones directas a
los judíos del año de la olimpiada (1936), una mera estratagema
temporal, y se limitaron a mantener bullendo bajo la superficie la
presión en favor de más medidas discriminatorias. La codicia, la
malevolencia y el resentimiento, así como el odio directo y la ortodoxia
ideológica, garantizaban que el peso de la persecución no disminuiría. A
finales de 1937, la «arianizacion» de la economía estaba empezando ya a
avanzar muy deprisa. En 1938 eran de nuevo frecuentes los ataques
directos a la comunidad judía. La dinámica interna de unas fuerzas
policiales ideológicamente dirigidas y con un programa de actuación
propio, a la búsqueda de nuevos grupos raciales que pudiesen ser su
objetivo y de nuevas posibilidades de «resolver la cuestión judía»,
constituyó en los «años tranquilos» de 1936 y 1937 un acicate más para
que aumentara el radicalismo en la lucha contra el «enemigo racial», en
vez de significar un freno.
Así que, poco a poco, la «eliminación de los judíos», que Hitler había
planteado ya como el objetivo necesario de un gobierno nacional en
1919, empezó a parecer un objetivo realizable.[20]
Y también en la otra esfera más estrechamente relacionada con las
propias obsesiones ideológicas de Hitler, la expansión de las fronteras de
Alemania, estaban actuando las fuerzas radicalizadoras. Aunque él era el
exponente principal, el más obsesivo y con menos escrúpulos del
impulso expansionista alemán, el sueño de dominar Europa no era ni
mucho menos un sueño exclusivamente suyo. Arraigado en ciertas
tendencias de la ideología imperialista alemana,[21] llevaba incrustado
en el pensamiento de Hitler como un elemento clave desde mediados de
la década de 1920 como mínimo. Había ganado luego nuevo impulso al
mismo tiempo que lo ganaba el propio Movimiento nazi, aumentando
enormemente de tamaño a principios de la década de 1930. Había
formado parte de la gran «misión» de «redención nacional» encarnada en
la «visión» utópica de Hitler de un glorioso futuro alemán. Por muy
irreal que pudiese haber parecido la adquisición de «espacio vital» en
Europa oriental a expensas de la Unión Soviética «por la espada» (como
había afirmado repetidas veces Hitler a finales de la década de 1920), en
condiciones de debilidad y empobrecimiento sin precedentes del estado
alemán a principios de la década de 1930, la «visión» hitleriana de
dominio de Europa vagamente expresada tenía la gran ventaja de que
podía abarcar (sin ser del todo idéntica a ellas) concepciones diferentes,
y sostenidas desde hacía mucho, de la renovación del dominio alemán
caro a los corazones de grupos poderosos dentro de la jefatura del
ejército, en los altos niveles del Ministerio de Asuntos Exteriores, en
algunos círculos prominentes de Ja industria, el comercio y las finanzas
y entre muchos intelectuales. Al recuperarse la confianza durante los
primeros años de la dictadura de Hitler, al reactivarse la economía, al
empezar a cobrar impulso el rearme y al conseguir el régimen un triunfo
diplomático tras otro, las diversas ideas de dominio y expansión
alemanes empezaron poco a poco a cuajar y a parecer cada vez más realistas.
Además, la expansión empezó a parecer no sólo ideológicamente
deseable como la consumación del renacimiento de la nación, la
culminación de la «salvación nacional» que. había predicado Hitler; se
consideraba cada vez más deseable, y hasta necesaria, por razones
económicas y militares.
Para los dirigentes del capital y para la industria la idea hitleriana de
«espacio vital» se fundía fácilmente con sus nociones de una «esfera
económica más grande» (Grossraumwirtschaft), aunque prefirieran la
expansión que permitiese recuperar el dominio alemán tradicional de la
Europa sudoriental en vez de una colonización brutal de Rusia.
Cuando
las ideas de recuperación económica se convertían en ideas de
dominación económica y cuando las presiones de una economía cada vez
más orientada hacia la fabricación de armamento dejaron al descubierto
la escasez creciente de mano de obra y de materias primas, el atractivo
de la expansión se hizo mucho más evidente. Los malabarismos
económicos necesarios para satisfacer al mismo tiempo las demandas del
consumidor y el gasto en armamento exigían urgentemente una solución.
El hecho de que la prioridad acabara inclinándose en favor de una
economía armamentista puso las bases prácticas de la expansión.
Efectivamente, para los sectores de la economía alineados con la
producción de armamento, el respaldo ferviente al programa
expansionista del gobierno era el camino seguro para la obtención de
grandes beneficios.
Para los militares, obligados a esperar el momento oportuno mientras
Alemania había estado encadenada por las cláusulas del Tratado de
Versalles y la carga de las indemnizaciones impuestas al país después de
la Primera Guerra Mundial (y suprimidas de hecho en 1932), era un
viejo objetivo volver a dotar al ejército de unas dimensiones similares a
las que antes poseía para recuperar los territorios perdidos y conseguir la
dominación de Europa central.[22] La velocidad de la reconstrucción de
las fuerzas armadas después de 1933 y la renuencia y la incapacidad
evidentes de las democracias occidentales para contrarrestarla crearon
también un impulso propio.
No sólo a Hitler sino también a algunos
dirigentes militares les pareció oportuno aprovecharse de las
circunstancias que podrían hacerse rápidamente menos favorables en
cuanto Inglaterra y Francia iniciasen una carrera armamentista para
contrarrestar el rearme de Alemania. La inestabilidad internacional que
siguió a la quiebra del orden de Versalles, la debilidad de las
democracias occidentales y la incipiente carrera armamentista indicaban
que el momento era más propicio de lo que podría volver a ser nunca en
el futuro para asentar el papel dominante de Alemania en el continente
europeo. Era un argumento que Hitler podría desplegar a menudo con
eficacia cuando se dirigía a sus generales. La proximidad de vecinos
potencialmente hostiles en Polonia y Checoslovaquia, las perspectivas de
conflicto en algún momento futuro con Francia e Inglaterra y, sobre
todo, por el este, los temores (fuese cual fuese la percepción de su
debilidad en el momento) del bolchevismo, todo aumentaba el atractivo
del expansionismo y ayudaba con ello a vincular a los militares a Hitler
y a sus propios sueños de dominio de Europa.
Así fue como los puntos fijos de la ideología de Hitler («eliminación
de los judíos» y preparativos para una lucha titánica futura por «espacio
vital») actuaron como objetivos a largo plazo tan amplios y convincentes
que pudieron fácilmente integrar los intereses divergentes de los
estamentos que formaban las columnas básicas del régimen nazi.
Como
consecuencia, los instrumentos de un estado sumamente moderno
situado en el corazón de Europa (burocracia, economía y, no menos,
ejército) se vincularon cada vez más a la autoridad «carismática» de
Hitler, a la política de salvación nacional y al sueño del dominio europeo
encarnado en el poder y la «visión» personalizados de un hombre. Los
objetivos lejanos, invariables y esenciales de Hitler se habían convertido
inexorablemente en la fuerza impulsora de todo el régimen nazi,
aportando una estructura a la energía y el dinamismo extraordinarios
que impregnaron todo el sistema de gobierno. Era un dinamismo sin un
punto final a la dominación, en el que no podía llegar a saciarse nunca el
ansia de poder, en que la agresión sin trabas no podría reducirse a mero
autoritarismo opresor.
Los «buenos tiempos» que los tres primeros años de dictadura de
Hitler parecían haber proporcionado a Alemania (revitalización
económica, orden, perspectivas de prosperidad, restauración del orgullo
nacional) podrían no durar indefinidamente. Estaban edificados sobre
arena.
Se apoyaban en la ilusión de que la estabilidad y la «normalidad»
estaban al alcance de la mano. En realidad, el Tercer Reich era incapaz
de asentarse en la «normalidad». No se trataba simplemente de la
personalidad y el impulso ideológico de Hitler, aunque ninguna de estas
dos cosas debería subestimarse. Su temperamento, su energía incansable,
su disposición instintiva de jugador a correr riesgos para conservar la
iniciativa, se fortalecieron todos con la mayor confianza en sí mismo que
le habían proporcionado sus triunfos de 1935 y 1936. Su mesianismo
creciente se iba alimentando con la droga de la adulación masiva y el
servilismo de casi todos los que le rodeaban. Su sensación de correr
contra el tiempo, la impaciencia por actuar, eran estimuladas por la
creencia creciente de que podrían no quedarle muchos años de vida.
Pero más allá de estas facetas de la personalidad de Hitler, estaban
actuando otras fuerzas más impersonales, presiones desencadenadas e
impulsadas por los objetivos milenaristas que él representaba. Una
combinación de fuerzas impulsoras personales e impersonales
garantizaron que en los dos años «tranquilos» entre la ocupación de la
Renania y la ocupación de Austria el dinamismo ideológico del régimen
no sólo no disminuyese sino que se intensificase, que la espiral de la
radicalización siguiese creciendo.
El triunfo de 1936, que tanto había fortalecido la seguridad en sí
mismo de Hitler, resultó en este sentido no un final sino un principio. La
mayoría de los dictadores se habrían contentado con poder gozar de un
triunfo de tanta trascendencia y habrían parado ahí. Para Hitler la
remilitarización de la Renania no era más que un peldaño importante en
la búsqueda del dominio de Europa. Los meses que siguieron prepararon
el camino para la intensa radicalización de todos los aspectos del
régimen que se hicieron notorios de finales de 1937 en adelante, y que
llevarían a Alemania y a Europa dos años más tarde a una segunda
conflagración catastrófica.