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martes, 19 de diciembre de 2017

NARCISO IBÁÑEZ MENTA
Hugo Vega 
Nuestro hombre de las mil caras
Encolumnados 6






Otro lujo para este boletín. Renuente a escribir, regresó HUGO F. VEGA (El Gurú Catódico). Especialista en series y gran admirador de Pepe Biondi, nos evoca a un Narciso no tan Bello.

Cuando desaparece un personaje de peso (y Narciso decididamente era un peso pesado) dos clases de pensamientos me vienen a la mente. Por un lado con la muerte llega la clausura de la obra de dicho personaje: ya no va a poder darnos más de lo que hizo para que lo admiráramos. Por otro lado, se disparan una serie de recuerdos más o menos inconexos acerca de él y vuelven y resuenan comentarios oídos o leídos acerca de él. Respecto de lo primero, convengamos que a los 91 años la obra de cualquiera está cerrada desde hace rato (y en este caso es una obra de 85 años de gloriosa extensión), y en relación con lo segundo, por una cuestión generacional no pude ver demasiado a Narciso en vivo y en directo, y tuve que recurrir al video que poder ir componiendo la imagen de un actor polifacético que hizo mucho, pero por negligencia de los canales argentinos, poco es lo que se conserva y nada lo que se emite. (Me pregunto, ¿en qué estado se hallará lo mucho actuado por este inefable asturiano en la televisión de España?, ¿es posible acceder a eso?)

 Mucho me atraía la vinculación de Narciso con el género de terror y lo fantástico, casi siempre ayudado por sus complicados maquillajes (que todas las fuentes aseguran componía él mismo) y su imponente y penetrante voz. Admirador de Lon Chaney padre (el llamado "hombre de las mil caras"), al que conoció en persona en 1929 en Estados Unidos, decidió como él recurrir al elaborado maquillaje para dar una nueva vertiente a su carrera y lograr composiciones totalmente distintas a las que había encarado en sus primeras actuaciones. Así se desmitifica la imagen popular de ver a Narciso como el "Boris Karloff español" (para nosotros "argentino"), ya que su ideal, su meta, era seguir los pasos de Chaney. El propio Ibáñez Menta diría: "A medida que un actor va cambiando su rostro, va cambiando por dentro también, entonces se identifica con el personaje". Y a propósito de esto, es sabido que para El hombre que volvió de la muerte (canal 9, 1969) Narciso desesperado por no encontrar la forma de concretar una caracterización en su rostro que diera la sensación de las facciones disolviéndose, recurrió a embadurnarse con dulce de leche (sic) y así consiguió el efecto por él buscado. Pero sin llegar a estos extremos, no siempre le funcionó esto de desdibujar sus rasgos y apariencia. Sabemos por boca de Juan Verdaguer que el primer actor que Mario Soffici probó para el papel de Camilo Canegato en Rosaura a la diez fue nada menos que Narciso Ibáñez Menta. Pese a teñir su cabello de rubio, al ensayar sus líneas no pudo ocultar su estentórea voz lo cual jugaba en contra para el personaje del apocado Canegato y quedó descartado del papel. Años después volvería a encontrarse con Soffici, pero ahora como coprotagonista en la exquisita comedia negra de 1976 Los muchachos de antes no usaban arsénico, sin lugar a dudas el Sunset Boulevard criollo, donde Narciso no necesitó nada de maquillaje para componer a un personaje tan cínico y querible a la vez. Vayan pues estas líneas de homenaje a un talentoso actor que no quiso ser sólo un ícono del terror, como lo aseguró quejándose en una oportunidad: "Si yo he hecho algunas cosas de terror, es sobre todo porque los grandes personajes del género ofrecen un reto para el actor", agregando, "para mí es tremendo que me encasillen en eso porque significa que la gente recuerda sólo ese aspecto pequeño e insignificante de mi carrera, y se olvidan de La muerte de un viajante, Las manos sucias, Así en la tierra como en el cielo, Almafuerte y tantas otras".

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