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lunes, 6 de febrero de 2017


1943



Como en el curso de los años 30 van dos años significativos de esta década.
1943, el cambio de rumbo de la Segunda Guerra Mundial.
Y el golpe militar, que abrió las puertas al peronismo.


Una nueva etapa política se inauguró durante 1943 en la Argentina. Un golpe de Estado encabezado por el GOU, una logia militar de la que formaba parte el coronel Perón, derrocó al gobierno constitucional de Castillo. El general Rawson encabezó el golpe, pero una jugada palaciega le impidió asumir la presidencia, siendo desplazado por el general Ramírez.
El viejo caudillo militar y ex presidente constitucional Agustín P. Justo falleció durante el año.
Si con los militares en el poder quedaba atrás una década de cuestionados gobiernos conservadores, la fluida situación mundial y los dinámicos cambios de la sociedad argentina iban a gestar a una nueva fuerza política, el justicialismo, encabezada por Perón.
Entre las primeras medidas del nuevo Gobierno se disolvieron el Parlamento y los partidos políticos, se creó la Subsecretaría de Información y Prensa y la Policía Federal.
Comenzó un férreo control sobre las expresiones culturales, incluyendo la modificación de las palabras provenientes del lunfardo en las letras de tango. Se estableció la enseñanza religiosa (católica) en escuelas y colegios del Estado.
Lo que no varió fue la postura ante la guerra: la Argentina durante 1943 fue el único país neutral de toda América.
En el mundo la guerra comenzaba su cuenta regresiva. La rendición alemana tras la batalla de Stalingrado y el desembarco aliado en Sicilia, que culminará con la caída de Mussolini, preanunciaba la victoria deEn las fuerzas democráticas. El 13 de octubre Italia declaró la guerra a su antiguo aliado, Alemania.
También en el norte de Africa se produjo la rendición total de las fuerzas del Eje.
En señal de buena convivencia Stalin disolvió la Tercera Internacional.
Durante el año fallecieron Leslie Howard, W.S. “Woody” Van Dyke, Max Reinhardt, Conrad Veidt, el autor ruso Vladimir Nemirovich-Danchenko, Adriá Gual, autor en lengua catalana, el autor y director francés André Antoine y el autor español Carlos Arniches.
En la Argentina murieron el célebre payaso Frank Brown, Pablo Suero, Arturo Mario, Enrique González Tuñón y el director de cine más importante de fines del mudo y comienzos del sonoro: JosEé Agustín Ferreyra.
Un año pródigo de debuts en materia teatral: los autores Eliseo Montaine, Juan Oscar Ponferrada, Rodolfo M. Taboada y Darwin Camacho García y los intérpretes Osvaldo Bonet (en 1956 debutará como director), Camilo Da Passano, Violeta Antier, Myriam de Urquijo, María Rosa Gallo, Susana Freyre, Angélica López Gamio, Raúl Rossi y Carmen Vallejo.
Profundos cambios empezaron a producirse en materia cinematográfica: producto de la política de neutralidad argentina ante la guerra comenzó a escasear celuloide, dificultando la producción de la hasta entonces dinámica y ascendente industria, líder en América latina. Junto a los 34 estrenos cinematográficos se produjo el cierre de la productora Baires. Un caso extraño ocurrió con los directores incorporados a la actividad: cinco (Pierre Chenal, Benito Perojo, Luis Mottura, Henri Martinent y Rogelio Geisman) eran extranjeros; el único argentino fue Enrique Cahen Salaberry, curiosamente formado en Francia.
Sin demasiados títulos destacables durante el año (Tres hombres del río, Juvenilia, Los ojos más lindos del mundo) entre los siete estrenos de origen teatral el cine argentino se le animó a clásicos: la primera expresión fue Casa de muñecas de Ibsen, dirigida por Ernesto Arancibia, con Delia Garcés.
Se inauguró el teatro Comedia, en Paraná 426 y se mudó el Teatro del Pueblo a su definitiva ubicación, en un sótano de la Diagonal Norte.
En diciembre la Municipalidad porteña se hizo cargo del predio del Teatro del Pueblo, en Corrientes 1530, que la mítica agrupación independiente había recibido por ordenanza y sin cargo por 25 años el 26 de octubre de 1937.
En los informes policiales constaba que el repertorio del teatro incluía obras de autores argentinos “de conocida filiación de izquierda”. Leónidas Barletta tenía el número 60.472 en su prontuario de la Dirección Orden Social de la Dirección de Investigaciones, donde constaba que el Teatro Polémico, con intervención del público, “fue pretexto para renovadas sesiones de subido color extremista, en las que no se ahorraron manifestaciones y discursos ofensivos para la Religión Católica, la Patria y los más puros sentimientos nacionales”.
Recién en 1954 comenzará a erigirse el Teatro Municipal General San Martín.
Con el tiempo un clásico del teatro popular, El diablo andaba en los choclos alcanzó las 512 representaciones durante el año, seguido por Casarse con una viuda, qué cosa tan peliaguda (492), uno de los primeros éxitos de taquilla de Germán Ziclis (lo veremos seguido en estas reseñas). Tercero Buenos Aires de ayer y de hoy (366), y luego Los maridos engañan de 7 a 9 (272) y Doña Mariquita de mi corazón (255).
Premios municipales para autores e intérpretes: El carnaval del diablo de Ponferrada en drama, Vacaciones de María Luz Regás y Juan Albornoz en comedia, quedando desiertos los ya anacrónicos rubros obras breves y sainetes. Elsa O’Connor por Himeneo y Carlos Perelli por El carnaval del diablo triunfaron como intérpretes dramáticos y Benita Puértolas (Dos gotas de agua) y Luis Sandrini (El diablo andaba en los choclos) por sus roles cómicos.
Algunas primeras figuras encabezaron compañías, generalmente con una sola obra durante el año. Lola Membrives la Compañía de Comedia (en el Cómico), Luis Sandrini su Compañía Argentina de Comedia (en el National), Luis Arata en el Smart, Paulina Singerman su Compañía Argentina de Comedias en el Odeón y Eva Franco y Miguel Faust Rocha constituyeron la Gran Compañía Argentina de Comedia en el Politeama Argentino.
Año tras año los conceptos se repiten. En el número 56 de Histonium (enero 1944) El Duende sostenía: “No hay cosa peor, ni más desalentadora, que hacer un balance y arribar a la conclusión de que se ha perdido un año. Desfigurada la forma del teatro, subalternizada por directivas empresariles, menoscabada por la pereza de quienes en vez de escribir y crear prefieren la falsa comodidad de adaptar y traducir para convertirse en autores mercenarios, la sustancia literaria, poética, psicológica y filosófica, parece desteñida, carente de vigor y enjundia, y se manifiesta sólo aisladamente en chispazos de ingenio, en inquietudes dispersas, difíciles de cristalizar, en expresiones escénicas que no llegan hasta el gran público cómodo, amante de las digestiones plácidas y de bicarbonatos intelectuales”.
Todo sigue igual que el año anterior: “En 1943 no han reaccionado ni el auditorio ni el teatro, como si de mancomún se hubiesen propuesto retroceder en el tiempo y en los gustos. Podrán los cronistas calificarlo como el año del auge del varieté que, nacido en los colmados se entronizó en los tablados, mientras la revista llegó al tabladillo de los bares y restaurantes. Lo único que faltaría, para colmo, es que algunos autores mercantilizados escribiesen «petit-piezas» para esos conjuntos chabacanos y casi evidenciasen su escaso amor al teatro”.









FANNY NAVARRO

o Un melodrama argentino
de César Maranghello
y Andrés Insaurralde

400 páginas



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Artistas Argentinos Asociados



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