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SERGIO DEL MOLINO El País 2026 (/20.5.26)

martes, 7 de julio de 2026


A la socorrista sí que se la liaron parda ...

La chica hizo algo muy poco patriótico, algo que ningún político actual haría y que ningún abogado aconsejaría a su cliente: asumir la responsabilidad por el desastre

2 min.
Imagen de una piscina municipal. AYUNTAMIENTO DE VITORIA (Europa Press)

No recordamos qué pasó exactamente ni por qué fue noticia nacional el desalojo de una piscina en San Sebastián de los Reyes en 2008, pero en la memoria popular española quedó casi indeleble aquel resumen tan castizo: “Vamos, que la he liado parda”. Era el colofón con el que la socorrista, una muchacha muy joven, cerraba una explicación impecable y valiente.

Siempre me sorprendió que la gente se quedase con ese remate, convertido en meme y muletilla, y tomase a esta mujer por lo contrario de lo que era. La presentaban en los zapeos y en los programas de parodia como un personaje de Ibáñez, una chapuzas que encarnaba el eterno picaresco del pueblo español, pero lo que decía era justo lo antónimo: aquella declaración era una asunción de responsabilidades, el reconocimiento sin excusas de un error. Eso no lo hace un pícaro ni un chapuzas.

Si aquella socorrista representase alguna forma de jetismo o caradediamantismo se habría tirado a correr en dirección a Alcobendas o le habría echado la culpa a cualquiera para escurrir el bulto. Pero la moza hizo algo muy poco patriótico, algo que ningún político actual haría y que ningún abogado aconsejaría a su cliente: asumir la responsabilidad por el desastre y pedir perdón por ello. Había mezclado no sé qué químico con no sé qué otra cosa y la había liado parda. Y ahí estaba, ante la cámara de Antena 3, dando la cara con claridad y coraje. Apenas una niña, mil veces más brava que el más gallito de los españoles.

¿Cómo se lo recompensó el país? Convirtiéndola en meme, reproduciendo millones de veces el corte. Esta semana, un juzgado ha condenado a Atresmedia a indemnizarla y a retirar el vídeo de sus plataformas —aunque la sentencia reconoce que la viralidad no es culpa de la cadena, pero le acusa de dañar el honor de la socorrista al hacer parodias con la imagen—, provocando una reflexión interesante sobre la fama no deseada, algo difícil de comprender en una sociedad donde el anhelo de fama es casi universal.

Que el juzgado acote la responsabilidad a un canal de televisión se hace escaso: todos hemos participado del bochorno, a todos deberían pedirnos responsabilidades por la ordalía que ha sufrido esta mujer que solo hizo lo que su alto sentido de la ética le impuso: dar la cara y explicarse. Ojalá hubiéramos aprendido eso de ella, y no sólo una forma divertida de decir que la hemos liado parda.


Hundir a Zapatero o sacarlo a relucir---

No solo el infierno está hecho de buenas intenciones: las manos que intentan sacar del pozo al amigo caído suelen ahogarlo

El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Andrea Comas

Lo del derecho a guardar silencio cuando un juez amenaza con empapelarte debería aplicarse también a los familiares y a los amigos. Toda defensa que no sea jurídica ni venga avalada por un colegio de abogados contribuirá siempre a complicarle las cosas al investigado. No solo el infierno está hecho de buenas intenciones: las manos que intentan sacar del pozo al amigo caído suelen ahogarlo.

En el caso de Zapatero, Luis Arroyo y Miguel Sebastián han hecho buena esa duda del sketch de Martes y Trece en el que Millán interpretaba a la folclórica Paca la Cantaora, quien, ante las preguntas de su entrevistador, se quejaba: “¿Tú me has traído aquí pa hundirme o pa sacarme a relucir?”. Entre Arroyo paseándose por todos los medios diciendo que las joyas eran casi bisutería, y el exministro Sebastián dando carta de normalidad a los regalos de los sátrapas a los ministros y reprochando hipocresía y moralismo a quienes, sin ser hipócritas ni moralistas, creemos que hay algo profundamente obsceno en aceptar regalos de monarcas dictatoriales, por muy aliados que sean; entre los dos, digo, han dejado el buen nombre del amigo hecho unos zorros.

Tampoco ayuda a la causa de Zapatero el tono conspiranoico que se extiende por las redes y que alimenta, con espíritu hooligan, el propio Gobierno. Que si la derecha, que si Trump encizañando, que si los jueces son sospechosamente ágiles cuando las causas afectan al PSOE y sorprendentemente morosos en las del PP… Aducir que el perro se comió tus deberes nunca ha salvado a ningún alumno del suspenso. Incluso cuando el perro, en efecto, se los zampa. Que hay mucha gente interesada en tumbar este y cualquier gobierno es evidente. Que hay mucha gente que juega sucio y airea basurillas para conseguirlo es también un asunto de Pero Grullo. Pero cuando el mal olor aflora, no importa quién lo ha ventilado ni con qué motivos, sino la fuente del pestazo. Puede que la honra de Zapatero haya quedado expuesta con malas artes, pero eso no anula su responsabilidad ni evita las explicaciones que, confiemos, empiecen a conocerse hoy por boca del interesado.

Entre unos y otros han conseguido ya que esas joyas —que tal vez no sean nada, o algo muy menor en una causa muy compleja— devengan un símbolo para el futuro, un meme de la corrupción de esta época. No importa lo que sean ni lo que signifiquen: entre un par de amigos, un gobierno que tira la piedra y esconde la mano, y unos activistas tuiteros, están levantando un mito que perseguirá al expresidente en los libros de historia.


Hazte sabio en un minuto ,,,

¿Puedo saberme Esparta “muy rápido” como proponen las ‘influencers’? ¿O puedo chuparme seis horas de lecciones magistrales y acabar igual de tonto, o quizá más, que cuando le di al ‘play’?

Candela Antón, en un vídeo en su cuenta de Instagram.

“Hoy hablamos del Políptico de Gante, y lo vamos a hacer muy rápido”. Carla Serrano, conocida en Instagram como @la.inercia, chasquea viralmente los dedos ante su medio millón de seguidores y les cuenta en un minuto, la duración de un reel, una complejísima obra del siglo XV. En otro canal, Candela Antón, aka “tu antropóloga de confianza”, antigua actriz juvenil en la exitosa Merlí, explica las raíces de la monogamia o la relación entre tribalismo y propiedad privada. En cinco minutos de scroll, estas y otras divulgadoras listísimas, divertidas, elocuentes y verbosas te comprimen el equivalente a un curso universitario de Historia. En un trayecto de metro, puedes dar por sabido el plan de estudios de un grado de humanidades. Si hay trasbordo, añades un máster. Ni Mefistófeles se lo puso tan fácil a Fausto (para pillar esta referencia, busquen el reel que explica Goethe en un minuto).

Yo, que hago viajes más largos, me enchufo las conferencias de la Fundación Juan March. Empiezo una serie dedicada a Esparta, compuesta por cuatro sesiones de hora y media. El conferenciante, el clasicista Adolfo Domínguez Monedero, advierte y se excusa: en tan poco tiempo apenas podrá ofrecer un par de pinceladas muy superficiales sobre un asunto tan complejo y extenso, pero confía en despertar, al menos, la curiosidad del oyente. Y empiezan seis horas de erudición.

¿En qué quedamos? ¿Puedo saberme Esparta “muy rápido”, en un minuto, como proponen las influencers? ¿O puedo chuparme seis horas de lecciones magistrales y acabar igual de tonto, o quizá más, que cuando le di al play?

Es un falso dilema: estas influencers han sido las más listas de la clase y comprenden, como Sócrates, que adquirir conocimientos es un camino tan árido e ingrato como el sistema educativo espartano, y al final solo se sabe que no se sabe nada. La respuesta a cada pregunta siempre es otra pregunta. Pero han encontrado una buena fuente de ingresos haciendo creer a millones de personas que se puede aprender algo sin más esfuerzo que empujar con el dedito el siguiente reel.

Por supuesto que hay gente estupenda que honra el arte de la divulgación y explica con humor y rigor asuntos muy especializados, pero divulgan en formatos más cercanos a una conferencia, como los podcast, negocios honrados muy distintos de los tenderetes de trileros llamados reels, donde se anima al espectador a encontrar la bolita de la sabiduría señalando el cubilete. Protéjanse de ellos: no hay nada que merezca la pena que se pueda aprender en un minuto. Nada

Los ateos estamos pasados de moda ...

La mayoría de los días, con solo leer el periódico, los sentimientos de forastería, extrañamiento, soledad, incomprensión y alucine me borran la ilusión de pertenencia que he soñado por la noche

Encuentro de León XIV con la comunidad diocesana en el estadio Santiago Bernabéu.

No necesito encuestas para saber que pertenezco a una minoría. Me basta salir de casa y cruzar tres palabras con un semejante para sentirme muy poco semejante a él. La mayoría de los días ni siquiera tengo que hacer tal esfuerzo: con solo leer el periódico, los sentimientos de forastería, extrañamiento, soledad, incomprensión y alucine me borran la ilusión de pertenencia que he soñado por la noche. Pero está bien que los barómetros me confirmen la intuición. El último publicado en este periódico sobre asuntos religiosos determina que los ateos somos en España una minoría formada por el 16,6% de la población. No contamos ahí a los agnósticos, esos moderaditos. Los ateos somos rotundos, apostamos todo a la negación, no tenemos nada que ver con los que se encogen de hombros y se santiguan por si acaso.

Dos pequeñas catástrofes se nos acumulan en estos días de papamanía: a la ya inevitable resignación de sufrir en penitencia la pompa vaticana se añade la deserción de muchos colegas que, sin renegar nominalmente de su ateísmo, celebran a León XIV como si fuera la reencarnación simultánea de Immanuel Kant y de Karl Marx. Si ya les gustaba Francisco porque les recordaba a un guerrillero retirado, ahora han descubierto la grandeza intelectual de Prevost, y están en un tris de doctorarse como teólogos. De ese 16,6% de ateos, muy poquitos persistimos en nuestra resistencia a aceptar como guía al líder de una institución autoritaria que considera a las mujeres personas de segunda categoría, que sigue condenando a los homosexuales y que abusa de su influencia política para entorpecer avances sociales en materia de aborto y eutanasia. Por mucho que yo concuerde con el discurso sobre los inmigrantes, un demócrata no puede aceptar el mensaje papal de que la polarización se apaña invocando a una autoridad religiosa que habla de la democracia sin aplicársela a sí misma.

El ateísmo así concebido pronto será cosa de viejos gruñones, gente de otro siglo. “Ok boomer”, nos responderán, mientras León XIV aparece en la casita de Bad Bunny diciendo “six-seven”. ¿Qué podemos ofrecer ante tanta certeza y tanta elocuencia? Apenas nada: la vida sin propósito, vivida por el mero gusto de vivirla, vadeando sus amarguras y disfrutando de sus alegrías sin maldecir ni agradecer nada a Dios. El aquí y el ahora, el placer sin culpa y la moral basada en el respeto, sin la vigilancia ni el castigo divinos. Son cosas viejunas, saldos que nadie quiere. Reconozcamos, pues, nuestra derrota frente al Papa y retirémonos a pecar en paz y en silencio.


La ‘machosfera’ de Cuatro ...

La cadena consigue unas audiencias bastante notables gracias a Nacho Abad, Risto Mejide e Iker Jiménez

Iker Jimenez, Risto Mejide y Nacho Abad.getty

Tres señores tres, achulapados, dominantes, alfas y requetealfas, han convertido la moribunda cadena Cuatro, con la que Mediaset nunca supo muy bien qué hacer, en una exitosa versión televisiva de la machosfera, consiguiendo unas audiencias bastante notables que laminan a sus competidores. Nadie lo vio venir. La gente del gremio comenta con asombro este giro de los acontecimientos que vuelve a demostrar que, en la tele y en los medios, nadie sabe nada y todas las recetas son falsas.

Nacho Abad, con su mostrador de casquería y retales amarillistas; Risto Mejide, con lo que vaya usted a saber qué es su programa, aparte de información política presentada con códigos del corazón, e Iker Jiménez, con su populismo conspiranoico antisanchista, dan marcha a los audímetros y han transformado esa otrora modesta cadena en un pequeño bastión de la agit-prop más chusca.

Apelan (y aturden, con un tono siempre arriba, que no conoce los valles ni los silencios ni la elocuencia sosegada) a un público que necesita su dosis diaria de caos y que le refuercen la certeza de que vive asediado por la decadencia y la podredumbre. Rindámonos a la evidencia: no se tienen que esforzar demasiado ni inventar casi nada. Cualquier titular escogido a voleo les va bien para sostener su mensaje.

Lo cual no los convierte en heraldos de verdades como puños, como quiere el tópico de barra de bar. Que la corrupción y las crisis políticas sean rigurosamente ciertas no da la razón a su ruido, tan solo lo amplifica. No hay el menor interés en comprender o debatir. Allí se habla, y luego, si hay tiempo, se contrasta. Han convertido la hipérbole, el sesgo, la aproximación y la insinuación en método.

Supongo que mi crítica es una medalla. Esta columna les confirmará, quizá más que los datos de audiencia, que van por el buen camino, que hicieron bien en quemar las naves (salvo la del misterio) y adentrarse, machete en mano, por la espesura de esa tierra prometida de grandes audiencias exaltadas. Creen que tienen un mapa para encontrar Eldorado, y los comentarios marisabidillos de un escritor pijoprogre en EL PAÍS solo pueden ser un indicio de que están muy cerca. Pero quizá sea el momento de repasar los viejos mitos sobre la ambición. Recordemos a Midas o la locura equinoccial de Lope de Aguirre. O a todos esos cuervos que se zamparon los ojos de sus criadores. Están jugando con mercancías peligrosas, y no parece que tengan un plan para cuando les exploten.


La profe y el poli ,,,,,

La maestra no se habría estampado así contra el asfalto si el brazo armado de la ley no contuviese también el desprecio de una parte no pequeña de la sociedad hacia quienes se manifiestan

01:04
Las imágenes de la agresión policial a una docente en Valencia
Momento en que el policía empuja a la profesora que se manifestaba en Valencia el domingo, en una imagen difundida por CCOO. Vídeo: epv

En el periodismo que me enseñaron, que un antidisturbios empujase a una señora y le rompiera la nariz no era noticia. Hacía falta mucha más sangre y brutalidad para ganarse un titular. En el periodismo que vivimos hoy solo es noticia porque la agresión fue grabada desde muchos ángulos y se hizo viral. El documento crea la noticia y la transforma en algo mucho más importante: ese policía a la carrera arrollando por la espalda a una mujer de 68 años es una metáfora.

Habrá que dar las gracias al fornido y bravo agente por haber librado a la sociedad valenciana de la gravísima amenaza que suponía la presencia en la vía pública de una profesora jubilada. La subversión se ha cortado de raíz y los muy peligrosos docentes han sido metidos en cintura. Hoy saldré a la calle tranquilo, seguro de que ninguna profesora protestona me va a perturbar con un examen sorpresa sobre el pretérito imperfecto de subjuntivo o los logaritmos binarios.

El empujón del agente no solo llevaba la inercia de su carrera y la fuerza de sus músculos. La profesora no se habría estampado con tanta contundencia contra el asfalto si el brazo armado de la ley no contuviese también el desprecio que una parte no pequeña de la sociedad española siente hacia los profesores que se manifiestan. La mujer confundida y herida en el suelo representaba mejor que cualquier alegoría el estado calamitoso de una profesión sospechosa de privilegios y vapuleada por costumbre. Les sobran motivos para manifestarse en la calle. Lo extraño es que persistan, mañana tras mañana, taponando en las aulas las vías de agua de un sistema educativo hundido, sin recibir a cambio ni las gracias.

Faltan profesores porque pocos profesionales cualificados quieren un trabajo cuya estabilidad y seguridad ya no compensan la fatiga, el desánimo, la sensación de impotencia y la hostilidad ambiental. Como sociedad, los hemos privado de recursos y de respeto, reduciendo su papel al de animadores de una educación que busca más divertir que enseñar, con unos padres (y estudiantes) esquizoides, que lo mismo se obsesionan con la hipercompetitividad predadora y quieren aprender mandarín desde los dos años, que reclaman contenidos bajos en calorías de conocimiento para no atragantarse de traumas. A la escuela se le pide excelencia y mediocridad a la vez, y a los profesores, que se comporten como fámulos dóciles. Pero sin llamarse fámulos, no sea que los alumnos deban buscar esa palabra en el diccionario, y los papás acusen a la profesora de elitista, y a la vuelta de la esquina la empujen y le quiebren la nariz contra el asfalto.


‘Historial delictivo’, aliarse con el enemigo contra un enemigo común ,,, 1.6.26

La segunda temporada de la serie de Apple TV plantea escoger entre combatir a los corruptos o aliarse con ellos para derrotar a una amenaza más grave

Los actores Peter Capaldi (izquierda) y Cush Jumbo, en una imagen de la serie 'Historial delictivo'.

En la primera temporada de Historial delictivo, Cush Jumbo y Peter Capaldi eran enemigos. Jumbo interpretaba a una policía honrada y comprometida contra la injusticia y el racismo institucional, y Capaldi era un jefazo de la vieja escuela de la policía de Londres que manejaba una trama corrupta. En la segunda temporada, que se acaba de estrenar en Apple TV (con la discreción acostumbrada en una cadena que se publicita menos que un espía), los dos enemigos se hacen amigos y se alían contra una amenaza común y mayor: una extrema derecha convertida en terrorista.

Además de entretenernos con malos muy malos, chivatos, dilemas para vidas que se van a pique y paisajes nocturnos del Londres más pútrido, esta segunda parte funciona también como alegoría política, y lo hace de una forma poco acostumbrada en las series policiacas, que se limitan a pintar un mundo caótico y violento en el que la gente honrada se ahoga en la impotencia. Aquí hay una mirada más estratégica y utilitaria. Lo que viene a decir es: si hubiera que escoger entre combatir a los corruptos o aliarse con ellos para derrotar a una amenaza más grave, ¿qué haríamos?

Si el diablo y tú compartís un enemigo, el instinto te induce a hacer de tripas corazón y aprovecharte del poder diabólico para derrotar al rival común. Pero, en la práctica, esto rara vez sucede. Lo vemos en la política europea y española, donde partidos que defienden un modelo democrático esencialmente idéntico prefieren destruirse mutuamente antes que cooperar contra quienes amenazan a las claras ese modelo. En 1940 hubo muchos franceses que prefirieron ver su país pisoteado por las botas nazis antes que articular una unidad con sus oponentes ideológicos. Cuando se plantearon esa alianza, ya era tarde.

No hace falta ponerse bélico ni trágico. Tener razón es un vicio tan placentero que muchos prefieren perder a sus amigos o a sus cónyuges, e incluso a sus hijos, antes que dar su brazo a torcer. Ni la amenaza del abismo, la soledad, el abandono o la ruina persuaden a algunos de aceptar tratos con quienes no desean compartir el pan. Prefieren que la hogaza se la coman los perros o se la quede el banco antes que compartirla. La vida cotidiana está llena de tragedias en forma de divorcios y rupturas hechas de una forma troglodítica de entender la coherencia. No cabe esperar en los asuntos públicos una generosidad que casi nunca tenemos en los privados. Pero es bonito verlo en la tele.


El mito izquierdista de Zapatero y la memoria selectiva ,,,

Muchos de quienes hoy claman contra un supuesto ‘lawfare’ se manifestaban hace 15 años contra el entonces presidente

Zapatero, el 2 de marzo en la comisión de investigación del Senado sobre el 'caso Koldo'.Claudio Álvarez

El verdadero misterio político de Zapatero no está enterrado en los folios de una instrucción judicial. Lo que de allí salga, limpio o sucio, no aclarará el enigma de su figura, cuyo brillo tanto deslumbra a los ojos más destacados de la izquierda, así en el PSOE como en sus galerías aledañas. Sobre todo, en sus galerías aledañas, donde insisten mucho en su condición de referente ideológico, de faro histórico que guía entre la niebla a las generaciones presentes. La santidad progresista del expresidente se muestra evidente en sí misma incluso desde la derecha, que pasó de llamarle Bambi a pintarle cuernos, rabo y tridente diabólico. Con él empezó todo, gritan.

Me temo que el odio sulfuroso de la derecha más halitósica ayudó mucho a vertebrar el mito izquierdista de Zapatero. Nada legitima tanto a un político como el desprecio agresivo de los oponentes. Es un mandamiento estratégico muy viejo: el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Incluso aunque fuera mi enemigo antes. Cuando Juan Carlos Monedero —aún en activo— se retrató orgulloso con el expresidente socialista, selló un pacto de olvido equiparable a una lobotomía política. Se olvidó enseguida de que el 15-M del que nació Podemos se instituyó contra el Gobierno de Zapatero. Se olvidó todo lo funesto de su segunda legislatura: su sometimiento a los hombres de negro, con reforma constitucional incluida; los primeros rescates bancarios; su negacionismo financiero, con Elena Salgado y los brotes verdes, y sus recortes sociales, prólogo de los que aplicaría, en estricta continuidad, Mariano Rajoy.

¿En qué momento se decidió que el legado de Zapatero acababa en 2008, antes de la crisis, y se centraba en exclusiva en el coraje para retirar a España de una guerra atroz y en la ampliación de los derechos civiles, con el matrimonio igualitario como bandera? La memoria, esa sustancia caprichosa, atribuye a Rajoy un montón de políticas thatcherianas que empezaron con el PSOE.

Entiendo que Rufián se sienta traicionado tras estudiar el auto de imputación. Lo incomprensible es que haya olvidado que la posibilidad actual de una corrupción no sería la primera traición a la causa izquierdista. Y aunque aquello fue legal, parlamentario y políticamente legítimo, fue también muy doloroso y provocó la caída de su Gobierno al foso hondísimo del descrédito. Muchos de los que hoy claman contra un supuesto lawfare estaban hace 15 años acampados en la Puerta del Sol y se manifestaban con consignas contra Zapatero, quien nunca se ha desdicho de lo hecho. Porque no lo necesitaba: quizá sabía que los insultos se convertirían en abrazos en cuanto los manifestantes pasaran de la plaza al escaño.


Aplausos para la camarada Milá ,,, 1.6.26

En ‘La Revuelta’ la periodista terminó de malograr el poco prestigio que le quedaba autoproclamándose inquisidora y militante

Mercedes Milá en 'La Revuelta' con David Broncano.

Por rango y veteranía, Mercedes Milá estaba en disposición de impartir lecciones el martes cuando visitó La Revuelta, pero fue el viejoven Broncano quien ejerció magisterio. Clamó Milá por la inocencia de Zapatero y reclamó al presentador que se mojase y defendiera a “su” presidente de los ataques desaforados de la derecha. Broncano, sin despeinarse ni tragar saliva, con el pasotismo que le es propio, vino a decir que no estaba ahí para sacar la cara por nadie. Este gesto de valentía y coherencia fue recibido con un insulto: “Cobarde”, le llamó Milá. Y el público aplaudió. Varias veces. Siempre a Milá.

Que los aplausos fueran para quien se postulaba como comisaria política, en la más pura tradición sovietizante, y no para quien se plantaba en su rol profesional con enorme dignidad, habla mucho del desquicie hooligan de una parte de la izquierda española. Era Broncano quien merecía esos aplausos. Era Broncano, el pasota, quien demostraba que sabía estar en su lugar, mientras Milá, la comprometida, terminaba de malograr el poco prestigio periodístico que le quedaba autoproclamándose inquisidora y militante.

Hace tiempo que en España los aplausos dejaron de ser admirativos para ser de parte. Son muy parecidos a los del Congreso de los Diputados o los de los mítines. El público no aplaude el talento, ni el arte, ni la gracia, ni la elocuencia, ni la sabiduría. Aquí se aplauden, como en el fútbol más bruto, los colores. Las virtudes más celebradas son la fe ciega y la lealtad acrítica.

Hace un tiempo, un librero le pidió a un amigo mío que me preguntara qué tal llevo la polémica. ¿La polémica en general o alguna en particular?, le preguntó mi amigo. No, dijo el librero, la polémica sobre si Del Molino es de derechas o de izquierdas. Yo ignoraba que existiese tal polémica, pero al buen señor le parecía importante y pedía una definición clara, pues, como seguidor, no sabía si aplaudirme o abuchearme. Si resultaba ser de izquierdas, todo lo que yo opinaba en este periódico le parecía digno de aplauso. En cambio, si al final me declaraba de derechas, no podría estar de acuerdo conmigo ni celebrar mis libros ni mis artículos, aunque en principio le gustasen. Con pena, porque era buen lector, pero hay cosas que están por encima del gusto, y uno no puede pasarse la vida haciendo excepciones del tipo “sin que sirva de precedente, hoy concuerdo con usted”. Milá lo sabe. Broncano, quizá no.


Cuando lo político es demasiado personal, y viceversa ,,, 20.5.26                                             

Con la imputación del expresidente Zapatero, toca elegir entre el uniforme o el amigo

Desde la izquierda, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, la secretaria general del PSOE-A, María Jesús Montero, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, participan en un acto de campaña en Cártama (Málaga), el pasado 1 de mayo. Álex Zea (Europa Press)

Un buen profesional es casi siempre una persona disociada. El uniforme, la ropa de trabajo, los modales, los rituales y los títulos sirven para que nos metamos en nuestro papel y finjamos, durante el desempeño del oficio, que no somos amantes, padres, hijos, amigos o camaradas. Todos tenemos algún amigo médico que nos echa la bronca por el colesterol mientras se toma unos whiskies con nosotros. Como médico, censura la juerga. Como amigo, en cambio, brinda. Y no pasa nada. El profesional bien entrenado vadea estos dilemas deontológicos, pero casi todos naufragan cuando les tocan demasiado dentro en las carnes. Por eso, en las series de médicos los cirujanos no pueden operar a sus familiares, ni los aguerridos agentes pueden meter en la cárcel a sus hermanos en las policíacas.

Pedro Sánchez y el Gobierno viven uno de esos momentos de la verdad en los que hay que elegir entre la amistad y el compromiso institucional. Por las reacciones de este martes, diría que no lo han comprendido. En un exceso de confianza, creen que podrán mantener el tipo en ambas facetas. No lo parece. En España no solo nos cuesta separar los tres poderes del Estado, sino el Gobierno del partido, y en días como este martes, esta falta de fronteras claras provoca que los cimientos de la democracia se resientan peligrosamente.

Como Gobierno que representa a los españoles, hablan de respeto a la justicia y expectativas templadas y neutrales. Como partido, cierran las filas muy prietas con el compañero acusado y salen a la calle dispuestos a inmolarse en la defensa de su buen nombre. Si fueran distintas las personas que hablan desde La Moncloa y las que gritan desde Ferraz, la disociación tendría cierto pase, pero este martes costaba mucho discriminar si hablaba el Gobierno o el PSOE, y es muy importante saberlo, porque el PSOE puede decir cosas que el Gobierno no se puede permitir bajo ningún concepto.

Toca elegir entre el uniforme o el amigo. Sánchez no puede ser ese médico que recomienda abstinencia a su compadre con las transaminasas altas y luego, con la bata colgada, le invita a la siguiente copa. Hay que poner distancia y seguir los acontecimientos desde La Moncloa, sin trastear ni husmear por los pasillos de la Audiencia Nacional. Por mucho que Zapatero haya ejercido de consejero áulico y por mucho que su figura signifique para el partido, se impone una distancia sobria hasta que el asunto se aclare. Si el gobernante no sabe controlar al militante, el daño institucional será muy superior al de ver a un expresidente declarando ante un juez por una presunta trama de corrupción.

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