Un frágil pacto de gobernabilidad, entre la necesidad y la desconfianza
La Casa Rosada viró hacia una postura más pragmática con los gobernadores para blindar el plan económico y acordar una estrategia electoral que pavimente la reelección de Milei ,,, 12.7.26
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Se percibe en el Gobierno un aire renovado después de haber dado vuelta la página tóxica que tuvo a Manuel Adorni como protagonista. En la semana que termina hubo un regreso a la normalidad, con las reuniones de mesa política y de Gabinete, donde el clima fue claramente diferente. Los funcionarios que transmitían una sensación de asfixia empezaron a hablar otra vez de proyectos, expectativas y gestión. Cuesta entender cómo se demoró tanto este reseteo.
Dentro de ese contexto se produjo un cambio sustancial a partir de una definición obvia pero determinante: la identificación de la reelección presidencial como el principal objetivo de todo el gobierno. Este planteo permite ordenar desde las iniciativas económicas hasta la estrategia electoral, porque la única variable independiente pasa a ser el futuro político de Javier Milei; el resto, está supeditado a ese mandato superior.
Esto abrió las compuertas a un profundo replanteo en la relación con los gobernadores, que volvieron a transformarse en actores centrales del diseño del poder en la Casa Rosada. Dos fotos grupales en ocho días, una en la asunción de Diego Santilli y otra el 9 de Julio en Tucumán, demuestran que hay una aproximación diferente en este vínculo, que estuvo marcado por oscilaciones constantes desde que La Libertad Avanza llegó al poder.
Tanto el gobierno nacional como los gobernadores admiten que hay una nueva sintonía en las últimas semanas que apunta a lograr compromisos legislativos en el Congreso, pero también entendimientos electorales con vistas al año próximo. Es una suerte de nuevo acuerdo de gobernabilidad, aunque signado por necesidades y desconfianzas mutuas. Nada formal ni escrito; todo verbal y volátil. Milei no llegó al poder para los grandes consensos. La idea de la Moncloa es de la casta, aunque él de a poco se va convirtiendo también en un clásico.
El menú de las conversaciones es muy diverso, pero se sustenta en un giro muy profundo que operó en el corazón del poder nacional a partir de un diagnóstico compartido. Ese análisis marca que el Gobierno necesita blindar el proyecto de reelección de Milei en una economía más sólida, que dé garantías de previsibilidad. De ahí el anuncio que hizo Luis Caputo el lunes para asegurar la financiación de los pagos de la deuda de este año y el próximo. De la misma fuente deriva el énfasis en los proyectos económicos que impulsa en el Congreso, como la reforma del Banco Central, el RIGI II, inocencia fiscal, propiedad privada y ahora también una versión criolla del shutdown norteamericano. Todo este paquete apunta a los mercados.
Pero el diagnóstico también incluyó un plano político. En él se identificó que el oficialismo llegará a los comicios con chances de éxito, pero sin grandes excedentes de capital electoral, y con una carencia de figuras propias competitivas en varias provincias, lo cual lo expondría a una seguidilla de derrotas antes de la cita nacional.
Esta presunción modeló una idea mucho más pragmática y aperturista en la relación con los gobernadores, que incorporó una novedad absoluta: por primera vez Karina Milei y los Menem habilitaron la posibilidad de avanzar en entendimientos con otras fuerzas si LLA no tiene la potencia necesaria para ganar en determinados distritos. Significa un viraje del purismo violeta que habían promovido el año pasado, en detrimento de la línea de Santiago Caputo, más proclive a un pacto con los gobernadores. No quiere decir que se bajen de la meta de una construcción nacional propia, pero sí que hay más realismo en las conversaciones.
La idea de un pacto de gobernabilidad con una docena de mandatarios provinciales, con el objetivo de dar una señal de estabilidad a los mercados y galvanizar el plan económico, fue expuesta por Luis Caputo en una reunión clave de la mesa política hace tres meses. En esa ocasión fue Karina la que puso reparos en abrir una conversación tan ambiciosa, porque entendía que el apuro podía comprometer el plan del armado nacional de LLA.
Sin embargo, tímidamente empezó a involucrarse en las primeras reuniones con los más cercanos, como Rogelio Frigerio y Alfredo Cornejo. Ahora la situación cambió, y el rango de acción se amplió a ese ramillete de gobernadores que desde el Argentina Week viene mostrándose en la órbita del Gobierno. “Estamos todos muy finitos de imagen y de plata. A todos nos conviene acordar”, grafica una figura clave del Gobierno.
Las necesidades mutuas
Esta aproximación actúa sobre una realidad que se ha ido consolidando en los últimos años y que el politólogo Marcelo Leiras definió como un sistema político “confederal”. Desde hace tiempo los gobiernos nacionales no tienen mayorías propias en el Congreso ni controlan políticamente un conjunto amplio de provincias. Eso los posiciona en una situación de debilidad estructural y en la necesidad de gestionar alianzas.
Esas alianzas antes se articulaban con los partidos políticos nacionales, pero ante su desgajamiento ese lugar lo ocuparon los gobernadores, que se transformaron en actores esenciales para garantizar gobernabilidad. Y si antes los gobernadores eran ordenados desde una lógica partidaria, ahora eso se quebró y todos disfrutan de una autonomía inédita y se mueven sólo en función de sus necesidades. Como señala Andrés Malamud, “se produjo una desnacionalización de los partidos nacionales, y ahora todos los partidos son provinciales, con excepción de LLA”.
Sin embargo, al mismo tiempo los jefes territoriales tienen dificultades económicas estructurales, ya que son pocos los distritos que se autoabastecen y la mayoría necesita de los fondos nacionales. Este es un talón de Aquiles que fuerza a los mandatarios a peregrinar por los despachos de los ministros en Buenos Aires para negociar partidas, obras o ayuda en especias. Leiras calificó a este mecanismo “la paradoja de las debilidades cruzadas”, porque las provincias operan con gran autonomía política, pero al mismo tiempo tienen una subordinación fiscal a la Nación.
A esta paradoja se llegó después de un largo proceso de redefiniciones en la relación entre la Nación y las provincias. Malamud destaca que en 1983 los gobernadores no tenían reelección y no podían desdoblar su calendario electoral como lo hacen hoy. Esto les dio mayor independencia política. También fue clave la reforma constitucional de 1994, que les otorgó a las provincias el control sobre los recursos naturales del suelo y del subsuelo, concretamente petróleo, gas y minería, los sectores que actualmente más crecen y que les otorgó a las provincias andinas y patagónicas un margen de maniobra que antes no tenían.
Pero al mismo tiempo, nunca se rediscutió la ley de coparticipación de 1988, tal como estableció la constitución reformada, por lo cual la Nación se quedó con un grado de discrecionalidad muy grande en la distribución de los fondos coparticipables, un mecanismo que utilizaron todos los gobiernos.
A partir de todas estas variaciones, la relación entre la Casa Rosada y las provincias oscilaron fuertemente en las últimas décadas. Frente a gobiernos débiles, los gobernadores fueron actores determinantes, como ocurrió con Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde. La famosa “liga de gobernadores” se transformó en el poder real en ese turbulento cambio de siglo, y de ciclo. Pero después con los Kirchner, los mandatarios fueron totalmente subordinados a la lógica del poder central.
Hoy rige un delicado equilibrio producto de las debilidades mutuas. Ni Milei tiene tanto caudal como para avanzar por su cuenta con las reformas que propone, ni los gobernadores cuentan con el margen suficiente como para tener éxito en sus territorios sin un mínimo entendimiento con los libertarios. Están enlazados por necesidades compartidas, con un agravante: en muchos distritos el Presidente y los gobernadores tienen un electorado solapado, con lo cual la ruptura no es una buena opción para ninguno de ellos. De hecho a Milei siempre le fue mejor en el interior que en el AMBA.
Al mismo tiempo varios de los mandatarios peronistas buscan huir del clima enrarecido que emana de la disputa bonaerense entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof, por lo cual el componente partidario dejó de ser un corsé para sus movimientos. No sienten que deban tributar nada a nivel nacional. Tampoco tienen vocación por un armado propio.
La consecuencia directa de todos estos procesos ha sido la absoluta territorialización de los gobernadores, que desde hace tiempo sólo buscan conservar su hegemonía local, sin interés en involucrarse en el debate nacional. No es casual que todas las figuras que disputaron el poder central en los últimos años sean derivados del AMBA, desde la Cristina bonaerense, hasta Mauricio Macri, Daniel Scioli, Sergio Massa, Alberto Fernández, Axel Kicillof y Milei. Los gobernadores hace tiempo se alejaron de ese juego. Apenas la candidatura tardía de Juan Schiaretti y la fallida postulación de Juan Manzur. Ahora trata de asomar otra vez Sergio Uñac. El nuevo diseño del poder robustece a los caciques en su terruño, pero los desacopla de Buenos Aires. Una división de roles que hasta ahora sirvió para estabilizar el sistema político, pero no para fortalecerlo.
Las desconfianzas mutuas
Las conversaciones de los gobernadores con Karina Milei, Santilli, Luis Caputo y los Menem tienen varios capítulos. Algunos son clásicos, como la demanda por fondos. El balance del primer semestre fue negativo por la merma en la recaudación, a pesar de que tuvo un leve repunte en mayo (y un posterior desplome en junio). Según datos de la consultora Politikon Chaco, los giros a las provincias tuvieron un descenso del 5,3% respecto del mismo período de 2025, por una caída del 2,8% de las transferencias automáticas y del 61,8% de las discrecionales. En valores constantes, unos $2000 millones menos.
Pero el diálogo se intensificó especialmente en las últimas semanas por la aceleración que le imprimió el Gobierno a la reforma electoral. Si bien consta de varios ítems gravitantes (financiamiento de los partidos, cambios en las campañas, ficha limpia), la discusión central está en el sistema de votación, en particular en la continuidad o no de las PASO. El Gobierno asume que no tiene los votos en el Senado para su eliminación, y ahora giró hacia la suspensión. En cualquier caso implicaría un golpe para el peronismo, que en su desorden interno sería el principal beneficiario de unas primarias que le permitieran definir sus candidatos.
Los gobernadores no tienen mucho conflicto con el tema, porque la mayoría ya las desactivó en sus distritos. Según un relevamiento del politólogo Pablo Salinas, apenas siete provincias tienen vigentes las PASO (Buenos Aires, CABA, Catamarca, Chaco, Mendoza, Entre Ríos y Santa Fe), de las cuales las cinco primeras las suspendieron en 2025. Aplicando un mínimo de coherencia, estarían para acompañar a la Casa Rosada en su intento.
Distinto es el tema de las colectoras o adhesiones, que permiten, por ejemplo, que un candidato a presidente lleve dos listas de legisladores separadas, que después se distribuyen las bancas por el sistema D´Hont (es una diferencia con la ley de lemas, en el que la lista ganadora se lleva todas las bancas). Sería un esquema ideal para Milei, porque lo habilitaría a colgar debajo de su postulación a presidente una boleta de legisladores de LLA junto a otra de la UCR o del Pro. Como marca un gobernador importante, “al peronismo le sirven más las PASO porque necesita ordenar arriba, definir su candidato a presidente; en cambio a LLA le resultan más útiles las colectoras, porque le posibilitan ordenar abajo, en el tramo legislativo. Si sacan las PASO e introducen las colectores sería un escenario ideal para el oficialismo”.
La idea de las colectoras, que según el Gobierno fue aportada por gobernadores radicales y según los gobernadores es una propuesta del Gobierno, encuentra resistencias políticas y también operativas. Por ejemplo: ¿cómo sería el diseño de la Boleta Única con un botón para votar lista completa (otro de los cambios en análisis) y al mismo tiempo colectoras? Da la impresión de que el tema se propagó demasiado rápido y que todavía no maduró del todo en el Gobierno.
Pero este tema lleva al otro aspecto gravitante en la relación con los gobernadores: la desconfianza. Porque en el sistema de colectoras, el que decide qué listas acepta que adhieran es el candidato de arriba, en este caso el presidencial. ¿Cómo harían las otras fuerzas para estar seguros de que no serán rechazados en el momento de cerrar las listas? ¿Alcanza con una promesa verbal cuando el año pasado varios gobernadores quedaron desairados a último momento por los armadores libertarios?
Opciones de cooperación política con los gobernadores hay muchas, porque el Gobierno podría liberarles la elección provincial a cambio del apoyo nacional; o podría compartir la fórmula de gobernador y vice con una figura propia, o derivar su gente a las listas legislativas. Algunos mandatarios inclusive le propusieron a la Casa Rosada llevar un candidato a vicepresidente del interior, para armar un esquema de mayor compromiso federal.
Pero el problema es siempre la desconfianza. Los gobernadores deberían apoyar la reforma política del Gobierno ahora, a cambio de un entendimiento electoral a nivel provincial el año que viene, y que a su vez requiera un compromiso después para la elección nacional. Es decir, hay al menos tres etapas desfasadas temporalmente. Unirlas es sólo posible con un compromiso del que hoy todos dudan.
“A vos te parece que podemos avanzar en un acuerdo así, cuando Milei ni siquiera nos dedicó media hora para hablar la otra noche en Tucumán”, se quejó un gobernador aliado. El fugaz paso del Presidente después de haber reunido a 13 mandatarios desilusionó a varios. Tampoco se acercó a saludar el día de la asunción de Santilli. Así todo es más complicado.
La IA de Milei, entre el juego de poderes y el futuro democrático ,,, 7.6.26
En las últimas dos semanas presentó tres iniciativas muy disruptivas que generan debates legales y éticos; ocurre en un momento crítico a nivel global, con una disputa abierta entre gigantes digitales y gobiernos
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En apenas quince días el Gobierno presentó tres iniciativas de profundas implicancias, que tienen a la Inteligencia Artificial (IA) como actor protagónico. Coincidió con semanas trascendentales en términos de redefinición del mapa del poder global en el plano tecnológico.
Javier Milei se muestra fascinado por la construcción de un futuro donde no sólo prevalezca la tecnología más avanzada, sino en el que además no rijan restricciones de ningún tipo. Emerge allí la dimensión más honda de su carácter anarcocapitalista, porque no se limita al plano económico del libre mercado, sino que apunta a una redefinición de la arquitectura institucional de la Argentina y a una interpelación al aspecto moral del ser humano. Es el líder con el proyecto más ambicioso y revulsivo que haya gobernado el país, aunque todavía no está claro si las terrenales dificultades cotidianas le van a permitir desplegar ese horizonte imaginario.
La primera de las iniciativas la presentó el 22 de mayo la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, y la denominó “Gemelo Digital Social”. Se trata de una herramienta basada en IA que busca anticipar y simular escenarios para diseñar políticas públicas, a partir del procesamiento de las bases de información de las que dispone el Estado. La idea es generar un avatar de cada persona construida con datos reales, para prever situaciones que permitan tomar decisiones ajustadas a los resultados. Es un proyecto, todavía no formalizado, basado en una lógica predictiva, que es una de las aplicaciones más difundidas de la IA. Sin embargo, tiene sus observaciones, sobre todo en el plano de la utilización de datos personales. ¿Quién los va a gestionar? ¿Cómo se van a utilizar? Debates éticos que tienen su epicentro en el derecho a la privacidad y que ya levantaron las advertencias de varios especialistas.
La segunda propuesta fue el envío al Congreso del denominado “Súper RIGI”, que busca impulsar, a partir de incentivos impositivos, tecnologías y actividades no desarrolladas previamente en el país, desde IA y biotecnología hasta semiconductores. Se trata de la propuesta más física de las tres, ya que apunta a generar incentivos de inversión a partir de las condiciones que ofrece la Argentina por estar en una región pacífica en comparación con otras en el mundo, con un clima frío en su Patagonia, y acceso a recursos naturales.
Aspira a promover proyectos como los que anunció el año pasado OpenAI para desarrollar un mega centro de datos por US$25.000 millones (de la que después no se supo nada más), y tiene su factor más novedoso en que está destinado a una tipología de compañías que aún no tiene presencia. Dice mucho de la matriz productiva que se imagina Milei cuando demuestra qué tipo de sectores está dispuesto a beneficiar, mientras que al mismo tiempo les advierte a los grupos industriales clásicos que deben reconvertirse si no quieren desaparecer.
Y la última de las propuestas, probablemente la más innovadora y provocadora, partió de una reforma de la Ley General de Sociedades que presentó hace unos días el Ministerio de Desregulación que preside Federico Sturzenegger. Esta iniciativa, resaltada en el artículo que Milei publicó en el Financial Times esta semana, tiene su punto sustancial en la creación de “sociedades automatizadas”, que funcionan con algoritmos o robots, sin la necesidad de contar con personas humanas. Es decir, crea una nueva tipología de empresas no humanas que según el Gobierno es una novedad a nivel mundial, con el objetivo de garantizar una seguridad jurídica a un tipo de inversiones que en general operan en un gris legal. Además, esto permite establecer un esquema impositivo diferenciado.
La iniciativa surgió de una idea que le llegó a Sturzenegger de parte de Emiliano Kargieman, CEO de Satellogic, una empresa de observación terrestre por satélite. Está basada en la experiencia de Irlanda, que a través de su régimen legal flexible facilitó la instalación de empresas tecnológicas que operan a nivel global. Es el caso de la firma dueña del software de Apple, que al estar registrada allí, le permite al gobierno de Dublin cobrar un royalty por cada venta de IPhone en el mundo.
Pero al ser tan disruptiva, también el proyecto es el más polémico desde el punto de vista legal, porque incorpora el concepto de “responsabilidad limitada”, pero aplicada a empresas no humanas. “Cuando estos sistemas ejercen un juicio independiente en entornos impredecibles -como deben hacerlo para ser realmente útiles- sus acciones conllevan riesgos reales. La responsabilidad limitada no es un lujo para estas entidades; es una condición indispensable para su existencia. Los accionistas humanos pueden participar, pero no es obligatorio”, escribió Milei en el Financial Times.
¿Quién es entonces el responsable legal si una empresa de este tipo incurre en incumplimientos o comete un delito? Según el Gobierno, está establecido que “la empresa está obligada a responder con su patrimonio como cualquier otro tipo de compañías” en el plano civil, y si hay una afectación penal, la Justicia deberá determinar quién es el beneficiario final de esa firma, una tarea que requeriría probablemente rastrear las distintas capas de conformación societaria. Para los abogados especializados en la materia, es un debate clave que se abre a partir de ahora. El boceto original de la propuesta contemplaba una serie de salvaguardas que después no quedaron en la redacción final.
Pero además de la cuestión legal emerge una gigantesca discusión ética detrás de la figura de “sociedades automatizadas”, porque fuerza a replantearse una dinámica sin responsabilidades humanas. Es a lo que apuntó Elisa Carrió, la primera que saltó al conocerse la iniciativa, quien definió el desafío en términos de “problema existencial”. Es la línea que acaba de expresar el papa León XIV en su encíclica Magnifica Humanitas (Magnífica Humanidad), donde llama a proteger la dignidad humana y el bien común frente al creciente poder concentrado de la tecnología y la revolución digital.
Está muy claro que Milei imagina un sistema desregulado y sin restricciones para posicionar a la Argentina como un actor en el ecosistema de la IA. No lo hace sólo por orientación económica; es también un planteo filosófico. Su convicción libertaria es absolutista. Desde ese lugar entiende que está frente a una nueva era civilizatoria, y que en consecuencia se requieren nuevos instrumentos normativos.
Milei ya se apropió del futuro como parte de su narrativa. Es el único dirigente del país que habla enfáticamente de estos temas, frente a una elite política en general muy retrospectiva. Claro que lo hace en sus propios términos y bajo sus propias consignas. La mayor parte de la sociedad, preocupada por terrenalidades como la inflación o el empleo, no parece siquiera intuir las implicancias de los lineamientos que está definiendo el Presidente, aunque todos ya sienten en sus vidas cotidianas los efectos concretos de la IA. A mucha gente ese futuro imaginado le puede estar quedando lejos.
Empresas versus gobiernos
El trasfondo de los planteos de Milei no sólo tiene relación con el desarrollo tecnológico y las oportunidades económicas, sino que conllevan profundas implicancias políticas, que podrían resumirse en dos dilemas absolutamente determinantes para el desarrollo del siglo XXI.
En primer lugar, porque por fuera de los conflictos bélicos como los de Ucrania o Medio Oriente, se está desarrollando una batalla frontal por la distribución del poder mundial. Es la que enfrenta a las grandes corporaciones globales de negocios digitales contra los Estados nacionales. Nunca en la historia de la humanidad un conjunto de compañías privadas ostentaron tanto poder, al punto de condicionar, y en muchos casos sortear, las decisiones de los principales líderes mundiales.
Por esa razón también últimamente se multiplicaron las reacciones violentas contra esas compañías por parte de particulares. La prueba está en que en un 2025 que se caracterizó por una guerra de aranceles y las barreras entre Estados, el comercio mundial alcanzó un récord histórico de US$35 billones, un 7% más que el año anterior. Hay un capitalismo vertiginoso que ya no cabalga sobre la montura de los gobiernos.
La disputa central entre Estados y empresas como Anthropic, OpenIA, Google o Meta reside en el debate en torno de las regulaciones. ¿Hasta qué punto la nueva constelación virtual debe estar reglada? ¿Las compañías deben ser liberadas de cualquier restricción, o hay que garantizar los derechos individuales? La IA fue por primera vez un tema central en la última cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping, ambos preocupados por las implicancias en materia de seguridad y defensa. También será el foco de la primera cumbre de la ONU sobre gobernanza de la IA, que se realizará el 6 y 7 de julio en Ginebra.
Frente a estos dilemas hasta ahora surgieron tres tipos de respuestas. Uno lo encarna China, que en nombre de la seguridad nacional establece un control total de los datos y de los algoritmos, tal como hace tiempo realiza sobre Internet. Por esta razón, China disputa con EE.UU. en la cuestión tecnológica, pero está atrasada en materia empresarial. Como resalta Marcelo Elizondo, especialista en comercio internacional, “mientras en Estados Unidos hay 2000 empresas nuevas exclusivamente de IA, en China hay 200”.
La Unión Europea, en línea con su filosofía integral, representa un modelo alternativo, con regulaciones para prohibir abusos y establecer auditorías obligatorias en las herramientas aplicadas a educación, empleo o justicia. El problema es que este entramado legal es muy disuasivo para las empresas tecnológicas, que no quieren tener este tipo de restricciones, y entonces Europa está perdiendo la carrera de la IA frente a sus rivales. En el intento por no seguir rezagada, esta semana la Comisión Europea presentó un paquete de medidas de soberanía tecnológica, un conjunto de medidas para reforzar la capacidad en materia de semiconductores, IA, nube y código abierto.
Y el tercer esquema es el norteamericano, el más desregulado de todos, y el que Milei toma como modelo. Trump regresó a la Casa Blanca acompañado por los principales magnates tecnológicos, con la promesa de desactivar cualquier tipo de normativa para que la industria pudiera competir libremente. Los resultados vienen siendo tan potentes que Trump llevó a toda la troupe digital a su reciente viaje a China, como exhibición del activo más poderoso frente a su rival.
Sin embargo, esta semana ocurrió un cambio muy importante. El titular de la Casa Blanca emitió una orden ejecutiva por la cual las empresas tecnológicas son instadas a entregar al gobierno los protocolos de sus nuevos modelos de IA al menos 30 días antes de su lanzamiento masivo. Este giro marcado tiene una explicación: hace dos meses Anthropic frenó el lanzamiento de su nueva plataforma Claude Mythos porque el sistema era tan poderoso que había detectado una gran cantidad de falencias en los mecanismos de seguridad, incluso del propio Estado norteamericano.
Este episodio también sirve para resaltar una diferenciación que hace Darío Giustozzi, transformado hoy en predicador digital desde su proyecto Agorax. Él define a Anthropic como un ejemplo del “altruismo activo”, porque parece dispuesta a resignar ganancias para establecer protocolos más seguros, que en general son más caros. Por esa razón, la empresa fue parte de la presentación que hizo León XIV de su encíclica.
Enfrente están los que Giustozzi categoriza como “darwinistas”, como OpenIA, Meta o Google, que son los que libran una pelea despiadada por ver quién llega primero a la próxima etapa, sin preocuparse demasiado por sus efectos sociales. Por eso en estas plataformas se detectaron sesgos tendientes a congraciarse con los usuarios, a fin de establecer con ellos una empatía que los incentive a hacer a nuevas consultas y búsquedas. Emerge en este punto otro descomunal debate en torno de la administración de los algoritmos, que no responden a una simple lógica matemática, sino a un sesgo preestablecido bajo ciertos patrones éticos.
El segundo dilema político que entraña la nueva fase de la revolución tecnológica gira en torno de una pregunta clave: ¿la IA puede fortalecer la democracia o, por el contrario, la debilita mortalmente? El planteo de que la Inteligencia Artificial pueda ser beneficiosa para el sistema se basa en la presunción de que puede jugar un papel virtuoso en un momento en el que el desacople entre sociedades cada vez más demandantes y activas desbordan las capacidades de respuestas que pueden ofrecer los Estados. Es lo que el filósofo español Daniel Innerarity llama “democracia aumentada”, una intermediación facilitadora entre dinámicas ciudadanas cada vez más aceleradas y la aterosclerosis de la vieja institucionalidad del siglo XIX.
Ya hay varios antecedentes en la materia. Por ejemplo, en Taiwán el Ministerio Digital procesa miles de opiniones ciudadanas sobre debates que generan mucha polarización, las agrupa en categorías, elimina los puntos más ríspidos y encuentra los puntos de consenso entre los distintos sectores. Así les ofrece a los legisladores una base de acuerdos para posibles proyectos. En la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), hay varios países que emplean modelos de simulación basados en agentes de IA para pronosticar las consecuencias de las reformas fiscales. De este modo, se puede determinar su impacto antes de aprobar una legislación.
Pero estos ejemplos virtuosos conviven con otra mirada, mucho más amenazante, según la cual la IA no actúa como un complemento del sistema democrático sino que se posiciona como su posible reemplazo. Significaría el paso de una democracia de representantes a una democracia de algoritmos. Un escenario en el que todas las decisiones se adoptarían virtualmente.
Esta distopía está muy presente en el pensamiento de varios aliados de Milei, como Elon Musk y Peter Thiel, para quienes la dinámica del nuevo mundo las deben llevar las empresas, y la arquitectura institucional no debe funcionar como una restricción. En el fondo planean un mundo en el que no sólo el sistema democrático deba adaptarse al cambio tecnológico, sino que a futuro las decisiones políticas ya no dependan de los representantes elegidos en votaciones al estilo siglo XX, sino a partir de las interacciones que se generen en las plataformas que ellos controlan.
La humanidad tropieza hoy con un futuro que se precipitó. El mundo ingresa en una revolución desconocida. El horizonte es una acumulación de incertidumbre acelerada. En ese contexto, Milei diseña su mañana.
Una advertencia que sacudió al Gobierno ,,,
El ministro Caputo pidió un acuerdo urgente con los gobernadores para reanimar la economía, y generó ruido; el temblor en la Justicia por el arribo de Mahiques y la disputa por incidir en los pliegos
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Hace casi tres semanas se produjo la discusión interna más importante de los últimos tiempos en la cúpula del Gobierno. Ocurrió el lunes 30 de marzo en la reunión de la mesa política. Fue el día en el que Luis Caputo reconoció que había tomado todas las medidas posibles para reanimar la economía y que el menú de opciones técnicas dentro del plan que impulsa se había agotado. “Ya tiré toda la carne al asador”, fue la frase que sintetizó su repaso, que incluyó desde el ajuste fiscal y el torniquete monetario, hasta el acuerdo con el FMI y la ayuda de Estados Unidos. Fue una expresión de cierta impotencia que dejó preocupados a quienes lo escuchaban. Allí estaban Karina Milei, Santiago Caputo, Manuel Adorni, Diego Santilli, Patricia Bullirch, Martín y Lule Menem, e Ignacio Devitt.
Pero eso fue sólo una parte del planteo del ministro. Inmediatamente después reclamó una señal política contundente que disipara las desconfianzas de los mercados, que hacen que el riesgo país no baje como debería, si se observan los fundamentals del programa. En concreto, reclamó un acuerdo de gobernabilidad con al menos una decena de gobernadores. Su propuesta fue canjear un apoyo estructural en el Congreso para este año y el próximo, a cambio de un pacto político para no competirles en sus territorios en las elecciones provinciales. Una reedición del debate del año pasado. Es decir, condicionó la suerte del plan económico a una estrategia política.
Y un dato adicional muy importante: Caputo también dijo ese día que el acuerdo que proponía debía cerrarse “ahora”, no el año próximo. Su argumento fue que el programa necesita dar señales de sustentabilidad en este momento crítico, para poder enderezar las variables antes del ingreso al clima electoral (que en el Gobierno vaticinan que se va a disparar después del Mundial), para cuando ya sea tarde y los incentivos para consensuar sean menores. Recordó el impacto económico que generó en 2025 la incertidumbre política, cuyos efectos, según su diagnóstico, sobreviven hasta ahora.
Como era de esperar, el planteo tan vehemente del ministro generó un sacudón interno. No cayó bien que el principal garante del rumbo económico le endilgara al ala política la responsabilidad del éxito. “Fue rara la argumentación, porque desde diciembre venimos aprobando en el Congreso todos los proyectos que mandamos”, comentó un testigo de la conversación.

La primera reacción fue de Karina Milei, quien en línea con lo que viene siendo su estrategia electoral desde el año pasado, mostró su desacuerdo con la idea de negociar abiertamente con los gobernadores. Volvió a plantear allí su intención de fortalecer LLA en todo el país, objetivo que debería plasmarse en los armados provinciales.
Fue la primera vez que hubo un contrapunto entre Caputo y Karina en una reunión de este tipo. “Ella sintió que se le estaba metiendo en su propio territorio, el electoral”, interpretó uno de los testigos. Bullrich y Santiago Caputo, con matices avalaron la posición del titular de Hacienda, aunque con una advertencia: el objetivo central es lograr la reelección del Presidente, y los acuerdos locales deben estar ordenados en función de esa consigna. En consecuencia, habrá provincias donde convendrá pactar, y otras en las deberán competir contra el gobernador local.

Dos altos funcionarios que hablaron en los últimos días con Javier Milei, interpretaron que el Presidente avala la posición más dura de su hermana, no sólo por su escasa vocación por los acuerdos políticos, sino porque tiene una visión más técnica de las prestaciones del plan económico. Aunque la sintonía entre Luis Caputo y Milei es absoluta, son varios los altos funcionarios que últimamente notan en el ministro una mayor preocupación que en el líder libertario por el enfriamiento económico. Tiene motivos. Marzo cerró un trimestre decididamente malo, con indicadores de inflación y salarios negativos. Abril debería ser otra cosa.
Si bien el debate que abrió Caputo no continuó en las semanas siguientes y quedó pendiente de resolución, en el sector de Karina Milei dan cuenta de que algunos resortes se activaron. Un primer paso fue la reunión que tuvieron este lunes la hermana del Presidente, Santilli y Lule Menem con Rogelio Frigerio y Alfredo Cornejo, los más cercanos de Pro y la UCR.
Si bien ese encuentro se difundió como de gestión, la realidad es que allí se habló esencialmente de la estrategia electoral. El mendocino se llevó el compromiso que había ido a buscar: que el año próximo habrá una PASO entre un candidato suyo y Luis Petri, y que se impondrá un fair play en la campaña, es decir, un compromiso de que Milei no va a desbalancear la competencia en favor de su exministro. Frigerio, en tanto, integra el reducido lote de gobernadores, junto con Carlos Zdero y Claudio Poggi, con los que la Casa Rosada está decidida a reeditar el acuerdo electoral que hicieron el año pasado. Hay una consigna en estos movimientos que reside en el empoderamiento de los socios más fieles. Tampoco LLA tiene grandes nombres allí.
La idea del Gobierno es avanzar después con los aliados del segundo anillo, tratativas que van a ser mucho más complicadas. En ese lote están Gustavo Sáenz, Raúl Jalil, Alberto Weretilneck, Ignacio Torres, Marcelo Orrego y Osvaldo Jaldo, al que podría sumarse Claudio Vidal. En la ciudad irán con candidatos propios, si es necesario, enfrentando a Pro (Bullrich recibió esta semana un aval explícito de Karina Milei para que empiece a armar su campaña). Lo mismo en Córdoba. Santa Fe es una incógnita.

Pero en estas conversaciones empieza a filtrarse otra novedad importante: en el Gobierno se está debatiendo la posibilidad de acordar con los mandatarios aliados un desdoblamiento electoral. Esto representaría un giro en la lógica que imperó hasta ahora, a partir de la enseñanza del año pasado, cuando el oficialismo perdió casi todas las elecciones locales, y después ganó en la nacional.
La evaluación es que esta estrategia puede ser peligrosa en 2027, porque una seguidilla de derrotas en las provincias adversas podría derivar en mayor incertidumbre económica, que a la vez haga naufragar la reelección. Otra vez, las variables económicas y políticas enlazadas. Por eso una idea que se evalúa es dosificar el calendario con triunfos en provincias aliadas, para neutralizar las probables derrotas en distritos desfavorables. Pero este planteo todavía es resistido por el propio Milei, quien entiende que lo mejor sería generar un efecto arrastre de su postulación presidencial hacia sus candidatos en las provincias, todos votando el mismo día.
Agitación en la Justicia
Así como Toto Caputo fue quien enlazó la economía con la política, otro ministro, Juan Bautista Mahiques, terminó por ligar la política con la justicia para conectar los tres nudos que hoy tienen maniatados al Gobierno. El problema es que no está claro por dónde se puede empezar a desatar esa madeja.
Su arribo al gabinete encrespó de un modo previsible la interna inmortal entre Karina Milei y Santiago Caputo, no sólo porque marcó un cambio en la conducción del ministerio, sino porque abrió la puerta a un combate subacuático en todos los territorios. Un ejemplo mínimo de esta semana surge al preguntarse por qué se enardeció tanto la pelea digital entre Lilia Lemoine y el Gordo Dan. La primera respuesta indica que fue una reacción porque la fiscal porteña Celsa Ramírez imputó a once tuiteros de Las Fuerzas del Cielo que difundieron datos personales del karinista Sebastián Pareja. Había mucha bronca acumulada y estalló.
Pero podría haber otra explicación complementaria, porque en el sector de Santiago Caputo están convencidos de que la fiscal Ramírez está en el área de influencia de Mahiques, y ven detrás de su decisión una voluntad del ministro por erosionar al asesor presidencial.
Algo similar viene ocurriendo con las causas de la AFA, en donde cada movimiento que hace Mahiques es inmediatamente interpretado como una acción destinada a beneficiar a Claudio Tapia y Pablo Toviggino, por su vínculo con el mundo del fútbol. Esto ocurrió cuando se supo que los candidatos propuestos por el Gobierno para completar la Cámara en lo Penal Económico son los jueces de ese fuero Alejandro Catania y Juan Galván Greenway, a quienes le atribuyen una sintonía con el ministro. Este Tribunal es el que estará a cargo de revisar la investigación por la retención de aportes previsionales por parte de la AFA, causa en la que ya están procesados Tapia y Toviggino. Cuando imperan las suspicacias, cada detalle es una conspiración.

Pero el problema mayor no anida en la guerra de operaciones dentro del propio Gobierno, sino en el extraordinario impacto que tuvo el recambio en Justicia dentro de Comodoro Py. Para un sector poderoso de la casta que mora en esos tribunales el arribo de Mahiques y de su segundo, Santiago Viola, fue interpretado como “una declaración de guerra”. Se trata de la cofradía que impulsaba a Guillermo Montenegro para el ministerio y que se sintió marginado y enfrentado. Esta agrupación de intereses mutuos se referencia en el juez Ariel Lijo, y cuenta con una participación activa de su colega Marcelo Martínez de Giorgi, y la bendición de María Servini. Su terminal en el Gobierno fue siempre Santiago Caputo. Detrás del cortinado, se mueve Ricardo Lorenzetti. Y directamente en las sombras, Antonio “Jaime” Stiuso.
Esta agrupación está muy activa últimamente. Por un lado, en el plano político, para incidir en los nombres de los postulantes a definir para los juzgados vacantes. También para entrar en la discusión si es que se reabre la negociación por la Corte y la Procuración. “Quieren ser tenidos en cuenta. La designación de Mahiques y de Viola fue tomada como una provocación”, argumentan desde ese sector.

Estas inquietudes animaron la conversación que este miércoles a la noche mantuvo un grupo de comensales, encabezados por Lijo y Martínez de Giorgi, que por esos misterios del destino, tienen a su cargo las tres causas que más preocupan al Gobierno: $LIBRA, Andis y la de Adorni. Con la excusa de festejar el cumpleaños del salteño Sáenz, se juntaron los dos jueces, el homenajeado, los gobernadores Jalil y Jaldo, un trío de senadores de sus provincias, Guillermo Andrada, Flavia Royón y Sandra Mendoza (ellas dos integrantes de la comisión de Acuerdos), a los que se sumó la jujeña Carolina Moisés. En la Casa Rosada deberían prestar atención a esa cena, si es que pudieran conocer el carácter de esa tertulia.

En torno de ese remolino judicial se agitan versiones, sospechas y especulaciones que atraviesan Comodoro Py por estos días. ¿Es cierto que Viola hizo correr la versión de que ya había “hablado” con Gerardo Pollicita, y de que eso enardeció al fiscal que investiga el presunto enriquecimiento ilícito de Adorni? ¿O que Karina Milei le puso bolilla negra al juez Mariano Borinsky, después de que cometió la herejía de reunirse con Santiago Caputo en la Casa Rosada, a la vista de todos, porque estaba enojado después de que hundieran su proyecto de reforma del Código Penal?
Esta agitación judicial tiene particularmente estresado a Mahiques, que conoce bien el paño y sabe que se le está complicando el cumplimiento de la promesa que le hizo a Karina Milei de ocuparse de las causas que la salpican. No tiene dudas de que el ritmo que llevan las investigaciones más sensibles no es habitual en la justicia federal, y entiende que es una reacción por su designación. Así se lo comentó a miembros del Gabinete. Pero el ministro tiene una herramienta muy poderosa en sus manos: decenas de designaciones de jueces pendientes, que le permiten moldear un nuevo mapa judicial. En el fondo, lo que está en juego es un nuevo esquema de poder en los tribunales.

En este contexto no sorprende que Mahiques se haya subido ayer al avión que llevó a los hermanos Milei a Israel. Es su viaje oficial inaugural. Según dicen en su entorno, lo invitó el propio Presidente. Los dos hablan con bastante frecuencia, evidencia de que, por primera vez desde que asumió, Milei se está interesando en el laberinto judicial. Habría influido en ese cambio la presión de su propia hermana, quien se dio cuenta de la sensibilidad del tema hace ya varios meses.
La estabilidad fugaz
El estancamiento económico, las riñas políticas y las disputas judiciales configuran una especie de estrecho de Ormuz que tiene estrangulada la gestión del Gobierno. Emerge en este cuadro un síndrome que ya se ha transformado en una evidencia empírica: al Gobierno le cuesta demasiado lograr períodos prolongados de estabilidad, en general por errores autoinfligidos.
Si se repasa la montaña rusa del último año se nota con claridad que los mejores momentos de la gestión coinciden con períodos de orden interno y objetivos comunes y, por el contrario, las fases duras conviven con las disputas intestinas y la dispersión de propósitos.
En enero del año pasado, Milei estaba en un gran momento, después de cerrar un 2024 con varios objetivos cumplidos. Pero a fin de ese mes fue a Davos, y agitó a todos con su discurso cargado de polémicas. Después se sumó $LIBRA y se agrietó la interna Karina-Santiago por el diseño electoral. De enero hasta abril fue una etapa de retroceso.
En abril se cerró el acuerdo con el FMI y en mayo LLA ganó la ciudad, metas que habían unificado a todas las tribus. Momento de alza. Pero el exitismo posterior agrietó el clima y sin rivales enfrente se pasó a una etapa de ciénagas. Derrotas provinciales, adversidad en el Congreso, inestabilidad financiera, y el golpe bonaerense. Crisis, quizás la peor.

Pero después vino el tuit de Scott Bessent y la recuperación de la elección de octubre. Otra vez para arriba. Tras el triunfo, recambio de gabinete, internas, y nuevamente dificultades. En diciembre se produjo la renovación del Congreso y las sesiones extraordinarias fueron verdaderamente extraordinarias. Se aprobaron todas las leyes y Milei fue a la Asamblea cargado de gloria. Eso ocurrió el 1 de marzo. Tres días después se realizó el recambio en Justicia, y otra vez el vía crucis.
Esta sintética recorrida permite visualizar la disfuncionalidad operativa que muestra el Gobierno y que habilita una dimensión más profunda para el planteo que hizo en la mesa política el ministro Caputo. Hay un encadenamiento de factores económicos, políticos y judiciales anudados entre sí que están trabando este pasaje de la gestión y que configuran un modelo inestable. Se entiende su pedido de reacción urgente.
"Quiere laburar". Jorge Macri habló sobre el joven al que le confiscaron los alfajores que vendía para subsistir
“Sherpas del dinero negro”. Cómo operan los “facilitadores profesionales” detrás del lavado y la corrupción
Cifras catastróficas. La guerra olvidada considerada la peor crisis humanitaria del mundo entró en su cuarto año sin fin a la vista
Despidos, cierres y conflictos sindicales. Un fabricante de productos de limpieza entró en concurso preventivo
"Nunca serás olvidado". El drama de Cobolli: venció a Zverev y llegó a la final de Múnich, pero una muerte cercana lo quebró tras el partido
Crack eterno. Messi, siempre Messi: el capitán rescató a su equipo con una definición de su sello y los hinchas rivales lo ovacionaron
"Personalidad Ozempic". El cambio emocional que relatan quienes usan el fármaco y que no figura como efecto adverso
Gol en contra y expulsión del autor. Una chilena dejó inconsciente a un rival, hubo tumulto y un jugador atacó a un médico remolón
Femicidio y suicidio. Una amiga de Sophia, la joven hallada muerta en Rosario, habló del vínculo con su novio: “Tenía que salir de ahí”
Abrupta renuncia. Las razones de la salida de Mascherano de Inter Miami: afirman que hubo una “fuerte discusión en el vestuario”
"Nos queríamos mucho". Rompeportones: qué es de la vida de las vedettes de uno de los programas de los 90 que hoy sería cancelado
Las dos caras. El golazo de crack que se inventó Julián Alvarez y el penal que le atajaron en la definición de la final
“Me voy a almorzar”. ¿El estrecho de Magallanes es argentino o chileno? La pregunta que sentenció a la vocera de Kast
"Se resistió bastante". Mirtha Legrand no podrá grabar su programa de este sábado: los motivos de su ausencia
Irán anunció que el estrecho de Ormuz está “totalmente abierto” tras más de un mes de bloqueo
Un film imperdible en el Bafici. Ganó varios premios, fue filmado en Mendoza y está basado en hechos reales
Tercera visita. Milei llega a Israel en un momento complejo para Netanyahu y participará en una ceremonia que despierta polémica
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Ver legalesUna advertencia que sacudió al Gobierno
El ministro Caputo pidió un acuerdo urgente con los gobernadores para reanimar la economía, y generó ruido; el temblor en la Justicia por el arribo de Mahiques y la disputa por incidir en los pliegos
13 minutos de lectura

Hace casi tres semanas se produjo la discusión interna más importante de los últimos tiempos en la cúpula del Gobierno. Ocurrió el lunes 30 de marzo en la reunión de la mesa política. Fue el día en el que Luis Caputo reconoció que había tomado todas las medidas posibles para reanimar la economía y que el menú de opciones técnicas dentro del plan que impulsa se había agotado. “Ya tiré toda la carne al asador”, fue la frase que sintetizó su repaso, que incluyó desde el ajuste fiscal y el torniquete monetario, hasta el acuerdo con el FMI y la ayuda de Estados Unidos. Fue una expresión de cierta impotencia que dejó preocupados a quienes lo escuchaban. Allí estaban Karina Milei, Santiago Caputo, Manuel Adorni, Diego Santilli, Patricia Bullirch, Martín y Lule Menem, e Ignacio Devitt.
Pero eso fue sólo una parte del planteo del ministro. Inmediatamente después reclamó una señal política contundente que disipara las desconfianzas de los mercados, que hacen que el riesgo país no baje como debería, si se observan los fundamentals del programa. En concreto, reclamó un acuerdo de gobernabilidad con al menos una decena de gobernadores. Su propuesta fue canjear un apoyo estructural en el Congreso para este año y el próximo, a cambio de un pacto político para no competirles en sus territorios en las elecciones provinciales. Una reedición del debate del año pasado. Es decir, condicionó la suerte del plan económico a una estrategia política.
Y un dato adicional muy importante: Caputo también dijo ese día que el acuerdo que proponía debía cerrarse “ahora”, no el año próximo. Su argumento fue que el programa necesita dar señales de sustentabilidad en este momento crítico, para poder enderezar las variables antes del ingreso al clima electoral (que en el Gobierno vaticinan que se va a disparar después del Mundial), para cuando ya sea tarde y los incentivos para consensuar sean menores. Recordó el impacto económico que generó en 2025 la incertidumbre política, cuyos efectos, según su diagnóstico, sobreviven hasta ahora.
Como era de esperar, el planteo tan vehemente del ministro generó un sacudón interno. No cayó bien que el principal garante del rumbo económico le endilgara al ala política la responsabilidad del éxito. “Fue rara la argumentación, porque desde diciembre venimos aprobando en el Congreso todos los proyectos que mandamos”, comentó un testigo de la conversación.

La primera reacción fue de Karina Milei, quien en línea con lo que viene siendo su estrategia electoral desde el año pasado, mostró su desacuerdo con la idea de negociar abiertamente con los gobernadores. Volvió a plantear allí su intención de fortalecer LLA en todo el país, objetivo que debería plasmarse en los armados provinciales.
Fue la primera vez que hubo un contrapunto entre Caputo y Karina en una reunión de este tipo. “Ella sintió que se le estaba metiendo en su propio territorio, el electoral”, interpretó uno de los testigos. Bullrich y Santiago Caputo, con matices avalaron la posición del titular de Hacienda, aunque con una advertencia: el objetivo central es lograr la reelección del Presidente, y los acuerdos locales deben estar ordenados en función de esa consigna. En consecuencia, habrá provincias donde convendrá pactar, y otras en las deberán competir contra el gobernador local.

Dos altos funcionarios que hablaron en los últimos días con Javier Milei, interpretaron que el Presidente avala la posición más dura de su hermana, no sólo por su escasa vocación por los acuerdos políticos, sino porque tiene una visión más técnica de las prestaciones del plan económico. Aunque la sintonía entre Luis Caputo y Milei es absoluta, son varios los altos funcionarios que últimamente notan en el ministro una mayor preocupación que en el líder libertario por el enfriamiento económico. Tiene motivos. Marzo cerró un trimestre decididamente malo, con indicadores de inflación y salarios negativos. Abril debería ser otra cosa.
Si bien el debate que abrió Caputo no continuó en las semanas siguientes y quedó pendiente de resolución, en el sector de Karina Milei dan cuenta de que algunos resortes se activaron. Un primer paso fue la reunión que tuvieron este lunes la hermana del Presidente, Santilli y Lule Menem con Rogelio Frigerio y Alfredo Cornejo, los más cercanos de Pro y la UCR.
Si bien ese encuentro se difundió como de gestión, la realidad es que allí se habló esencialmente de la estrategia electoral. El mendocino se llevó el compromiso que había ido a buscar: que el año próximo habrá una PASO entre un candidato suyo y Luis Petri, y que se impondrá un fair play en la campaña, es decir, un compromiso de que Milei no va a desbalancear la competencia en favor de su exministro. Frigerio, en tanto, integra el reducido lote de gobernadores, junto con Carlos Zdero y Claudio Poggi, con los que la Casa Rosada está decidida a reeditar el acuerdo electoral que hicieron el año pasado. Hay una consigna en estos movimientos que reside en el empoderamiento de los socios más fieles. Tampoco LLA tiene grandes nombres allí.
La idea del Gobierno es avanzar después con los aliados del segundo anillo, tratativas que van a ser mucho más complicadas. En ese lote están Gustavo Sáenz, Raúl Jalil, Alberto Weretilneck, Ignacio Torres, Marcelo Orrego y Osvaldo Jaldo, al que podría sumarse Claudio Vidal. En la ciudad irán con candidatos propios, si es necesario, enfrentando a Pro (Bullrich recibió esta semana un aval explícito de Karina Milei para que empiece a armar su campaña). Lo mismo en Córdoba. Santa Fe es una incógnita.

Pero en estas conversaciones empieza a filtrarse otra novedad importante: en el Gobierno se está debatiendo la posibilidad de acordar con los mandatarios aliados un desdoblamiento electoral. Esto representaría un giro en la lógica que imperó hasta ahora, a partir de la enseñanza del año pasado, cuando el oficialismo perdió casi todas las elecciones locales, y después ganó en la nacional.
La evaluación es que esta estrategia puede ser peligrosa en 2027, porque una seguidilla de derrotas en las provincias adversas podría derivar en mayor incertidumbre económica, que a la vez haga naufragar la reelección. Otra vez, las variables económicas y políticas enlazadas. Por eso una idea que se evalúa es dosificar el calendario con triunfos en provincias aliadas, para neutralizar las probables derrotas en distritos desfavorables. Pero este planteo todavía es resistido por el propio Milei, quien entiende que lo mejor sería generar un efecto arrastre de su postulación presidencial hacia sus candidatos en las provincias, todos votando el mismo día.
Agitación en la Justicia
Así como Toto Caputo fue quien enlazó la economía con la política, otro ministro, Juan Bautista Mahiques, terminó por ligar la política con la justicia para conectar los tres nudos que hoy tienen maniatados al Gobierno. El problema es que no está claro por dónde se puede empezar a desatar esa madeja.
Su arribo al gabinete encrespó de un modo previsible la interna inmortal entre Karina Milei y Santiago Caputo, no sólo porque marcó un cambio en la conducción del ministerio, sino porque abrió la puerta a un combate subacuático en todos los territorios. Un ejemplo mínimo de esta semana surge al preguntarse por qué se enardeció tanto la pelea digital entre Lilia Lemoine y el Gordo Dan. La primera respuesta indica que fue una reacción porque la fiscal porteña Celsa Ramírez imputó a once tuiteros de Las Fuerzas del Cielo que difundieron datos personales del karinista Sebastián Pareja. Había mucha bronca acumulada y estalló.
Pero podría haber otra explicación complementaria, porque en el sector de Santiago Caputo están convencidos de que la fiscal Ramírez está en el área de influencia de Mahiques, y ven detrás de su decisión una voluntad del ministro por erosionar al asesor presidencial.
Algo similar viene ocurriendo con las causas de la AFA, en donde cada movimiento que hace Mahiques es inmediatamente interpretado como una acción destinada a beneficiar a Claudio Tapia y Pablo Toviggino, por su vínculo con el mundo del fútbol. Esto ocurrió cuando se supo que los candidatos propuestos por el Gobierno para completar la Cámara en lo Penal Económico son los jueces de ese fuero Alejandro Catania y Juan Galván Greenway, a quienes le atribuyen una sintonía con el ministro. Este Tribunal es el que estará a cargo de revisar la investigación por la retención de aportes previsionales por parte de la AFA, causa en la que ya están procesados Tapia y Toviggino. Cuando imperan las suspicacias, cada detalle es una conspiración.

Pero el problema mayor no anida en la guerra de operaciones dentro del propio Gobierno, sino en el extraordinario impacto que tuvo el recambio en Justicia dentro de Comodoro Py. Para un sector poderoso de la casta que mora en esos tribunales el arribo de Mahiques y de su segundo, Santiago Viola, fue interpretado como “una declaración de guerra”. Se trata de la cofradía que impulsaba a Guillermo Montenegro para el ministerio y que se sintió marginado y enfrentado. Esta agrupación de intereses mutuos se referencia en el juez Ariel Lijo, y cuenta con una participación activa de su colega Marcelo Martínez de Giorgi, y la bendición de María Servini. Su terminal en el Gobierno fue siempre Santiago Caputo. Detrás del cortinado, se mueve Ricardo Lorenzetti. Y directamente en las sombras, Antonio “Jaime” Stiuso.
Esta agrupación está muy activa últimamente. Por un lado, en el plano político, para incidir en los nombres de los postulantes a definir para los juzgados vacantes. También para entrar en la discusión si es que se reabre la negociación por la Corte y la Procuración. “Quieren ser tenidos en cuenta. La designación de Mahiques y de Viola fue tomada como una provocación”, argumentan desde ese sector.

Estas inquietudes animaron la conversación que este miércoles a la noche mantuvo un grupo de comensales, encabezados por Lijo y Martínez de Giorgi, que por esos misterios del destino, tienen a su cargo las tres causas que más preocupan al Gobierno: $LIBRA, Andis y la de Adorni. Con la excusa de festejar el cumpleaños del salteño Sáenz, se juntaron los dos jueces, el homenajeado, los gobernadores Jalil y Jaldo, un trío de senadores de sus provincias, Guillermo Andrada, Flavia Royón y Sandra Mendoza (ellas dos integrantes de la comisión de Acuerdos), a los que se sumó la jujeña Carolina Moisés. En la Casa Rosada deberían prestar atención a esa cena, si es que pudieran conocer el carácter de esa tertulia.

En torno de ese remolino judicial se agitan versiones, sospechas y especulaciones que atraviesan Comodoro Py por estos días. ¿Es cierto que Viola hizo correr la versión de que ya había “hablado” con Gerardo Pollicita, y de que eso enardeció al fiscal que investiga el presunto enriquecimiento ilícito de Adorni? ¿O que Karina Milei le puso bolilla negra al juez Mariano Borinsky, después de que cometió la herejía de reunirse con Santiago Caputo en la Casa Rosada, a la vista de todos, porque estaba enojado después de que hundieran su proyecto de reforma del Código Penal?
Esta agitación judicial tiene particularmente estresado a Mahiques, que conoce bien el paño y sabe que se le está complicando el cumplimiento de la promesa que le hizo a Karina Milei de ocuparse de las causas que la salpican. No tiene dudas de que el ritmo que llevan las investigaciones más sensibles no es habitual en la justicia federal, y entiende que es una reacción por su designación. Así se lo comentó a miembros del Gabinete. Pero el ministro tiene una herramienta muy poderosa en sus manos: decenas de designaciones de jueces pendientes, que le permiten moldear un nuevo mapa judicial. En el fondo, lo que está en juego es un nuevo esquema de poder en los tribunales.

En este contexto no sorprende que Mahiques se haya subido ayer al avión que llevó a los hermanos Milei a Israel. Es su viaje oficial inaugural. Según dicen en su entorno, lo invitó el propio Presidente. Los dos hablan con bastante frecuencia, evidencia de que, por primera vez desde que asumió, Milei se está interesando en el laberinto judicial. Habría influido en ese cambio la presión de su propia hermana, quien se dio cuenta de la sensibilidad del tema hace ya varios meses.
La estabilidad fugaz
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Si se repasa la montaña rusa del último año se nota con claridad que los mejores momentos de la gestión coinciden con períodos de orden interno y objetivos comunes y, por el contrario, las fases duras conviven con las disputas intestinas y la dispersión de propósitos.
En enero del año pasado, Milei estaba en un gran momento, después de cerrar un 2024 con varios objetivos cumplidos. Pero a fin de ese mes fue a Davos, y agitó a todos con su discurso cargado de polémicas. Después se sumó $LIBRA y se agrietó la interna Karina-Santiago por el diseño electoral. De enero hasta abril fue una etapa de retroceso.
En abril se cerró el acuerdo con el FMI y en mayo LLA ganó la ciudad, metas que habían unificado a todas las tribus. Momento de alza. Pero el exitismo posterior agrietó el clima y sin rivales enfrente se pasó a una etapa de ciénagas. Derrotas provinciales, adversidad en el Congreso, inestabilidad financiera, y el golpe bonaerense. Crisis, quizás la peor.

Pero después vino el tuit de Scott Bessent y la recuperación de la elección de octubre. Otra vez para arriba. Tras el triunfo, recambio de gabinete, internas, y nuevamente dificultades. En diciembre se produjo la renovación del Congreso y las sesiones extraordinarias fueron verdaderamente extraordinarias. Se aprobaron todas las leyes y Milei fue a la Asamblea cargado de gloria. Eso ocurrió el 1 de marzo. Tres días después se realizó el recambio en Justicia, y otra vez el vía crucis.
Esta sintética recorrida permite visualizar la disfuncionalidad operativa que muestra el Gobierno y que habilita una dimensión más profunda para el planteo que hizo en la mesa política el ministro Caputo. Hay un encadenamiento de factores económicos, políticos y judiciales anudados entre sí que están trabando este pasaje de la gestión y que configuran un modelo inestable. Se entiende su pedido de reacción urgente.
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Hace casi tres semanas se produjo la discusión interna más importante de los últimos tiempos en la cúpula del Gobierno. Ocurrió el lunes 30 de marzo en la reunión de la mesa política. Fue el día en el que Luis Caputo reconoció que había tomado todas las medidas posibles para reanimar la economía y que el menú de opciones técnicas dentro del plan que impulsa se había agotado. “Ya tiré toda la carne al asador”, fue la frase que sintetizó su repaso, que incluyó desde el ajuste fiscal y el torniquete monetario, hasta el acuerdo con el FMI y la ayuda de Estados Unidos. Fue una expresión de cierta impotencia que dejó preocupados a quienes lo escuchaban. Allí estaban Karina Milei, Santiago Caputo, Manuel Adorni, Diego Santilli, Patricia Bullirch, Martín y Lule Menem, e Ignacio Devitt.
Pero eso fue sólo una parte del planteo del ministro. Inmediatamente después reclamó una señal política contundente que disipara las desconfianzas de los mercados, que hacen que el riesgo país no baje como debería, si se observan los fundamentals del programa. En concreto, reclamó un acuerdo de gobernabilidad con al menos una decena de gobernadores. Su propuesta fue canjear un apoyo estructural en el Congreso para este año y el próximo, a cambio de un pacto político para no competirles en sus territorios en las elecciones provinciales. Una reedición del debate del año pasado. Es decir, condicionó la suerte del plan económico a una estrategia política.
Y un dato adicional muy importante: Caputo también dijo ese día que el acuerdo que proponía debía cerrarse “ahora”, no el año próximo. Su argumento fue que el programa necesita dar señales de sustentabilidad en este momento crítico, para poder enderezar las variables antes del ingreso al clima electoral (que en el Gobierno vaticinan que se va a disparar después del Mundial), para cuando ya sea tarde y los incentivos para consensuar sean menores. Recordó el impacto económico que generó en 2025 la incertidumbre política, cuyos efectos, según su diagnóstico, sobreviven hasta ahora.
Como era de esperar, el planteo tan vehemente del ministro generó un sacudón interno. No cayó bien que el principal garante del rumbo económico le endilgara al ala política la responsabilidad del éxito. “Fue rara la argumentación, porque desde diciembre venimos aprobando en el Congreso todos los proyectos que mandamos”, comentó un testigo de la conversación.

La primera reacción fue de Karina Milei, quien en línea con lo que viene siendo su estrategia electoral desde el año pasado, mostró su desacuerdo con la idea de negociar abiertamente con los gobernadores. Volvió a plantear allí su intención de fortalecer LLA en todo el país, objetivo que debería plasmarse en los armados provinciales.
Fue la primera vez que hubo un contrapunto entre Caputo y Karina en una reunión de este tipo. “Ella sintió que se le estaba metiendo en su propio territorio, el electoral”, interpretó uno de los testigos. Bullrich y Santiago Caputo, con matices avalaron la posición del titular de Hacienda, aunque con una advertencia: el objetivo central es lograr la reelección del Presidente, y los acuerdos locales deben estar ordenados en función de esa consigna. En consecuencia, habrá provincias donde convendrá pactar, y otras en las deberán competir contra el gobernador local.

Dos altos funcionarios que hablaron en los últimos días con Javier Milei, interpretaron que el Presidente avala la posición más dura de su hermana, no sólo por su escasa vocación por los acuerdos políticos, sino porque tiene una visión más técnica de las prestaciones del plan económico. Aunque la sintonía entre Luis Caputo y Milei es absoluta, son varios los altos funcionarios que últimamente notan en el ministro una mayor preocupación que en el líder libertario por el enfriamiento económico. Tiene motivos. Marzo cerró un trimestre decididamente malo, con indicadores de inflación y salarios negativos. Abril debería ser otra cosa.
Si bien el debate que abrió Caputo no continuó en las semanas siguientes y quedó pendiente de resolución, en el sector de Karina Milei dan cuenta de que algunos resortes se activaron. Un primer paso fue la reunión que tuvieron este lunes la hermana del Presidente, Santilli y Lule Menem con Rogelio Frigerio y Alfredo Cornejo, los más cercanos de Pro y la UCR.
Si bien ese encuentro se difundió como de gestión, la realidad es que allí se habló esencialmente de la estrategia electoral. El mendocino se llevó el compromiso que había ido a buscar: que el año próximo habrá una PASO entre un candidato suyo y Luis Petri, y que se impondrá un fair play en la campaña, es decir, un compromiso de que Milei no va a desbalancear la competencia en favor de su exministro. Frigerio, en tanto, integra el reducido lote de gobernadores, junto con Carlos Zdero y Claudio Poggi, con los que la Casa Rosada está decidida a reeditar el acuerdo electoral que hicieron el año pasado. Hay una consigna en estos movimientos que reside en el empoderamiento de los socios más fieles. Tampoco LLA tiene grandes nombres allí.
La idea del Gobierno es avanzar después con los aliados del segundo anillo, tratativas que van a ser mucho más complicadas. En ese lote están Gustavo Sáenz, Raúl Jalil, Alberto Weretilneck, Ignacio Torres, Marcelo Orrego y Osvaldo Jaldo, al que podría sumarse Claudio Vidal. En la ciudad irán con candidatos propios, si es necesario, enfrentando a Pro (Bullrich recibió esta semana un aval explícito de Karina Milei para que empiece a armar su campaña). Lo mismo en Córdoba. Santa Fe es una incógnita.

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La evaluación es que esta estrategia puede ser peligrosa en 2027, porque una seguidilla de derrotas en las provincias adversas podría derivar en mayor incertidumbre económica, que a la vez haga naufragar la reelección. Otra vez, las variables económicas y políticas enlazadas. Por eso una idea que se evalúa es dosificar el calendario con triunfos en provincias aliadas, para neutralizar las probables derrotas en distritos desfavorables. Pero este planteo todavía es resistido por el propio Milei, quien entiende que lo mejor sería generar un efecto arrastre de su postulación presidencial hacia sus candidatos en las provincias, todos votando el mismo día.
Agitación en la Justicia
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Su arribo al gabinete encrespó de un modo previsible la interna inmortal entre Karina Milei y Santiago Caputo, no sólo porque marcó un cambio en la conducción del ministerio, sino porque abrió la puerta a un combate subacuático en todos los territorios. Un ejemplo mínimo de esta semana surge al preguntarse por qué se enardeció tanto la pelea digital entre Lilia Lemoine y el Gordo Dan. La primera respuesta indica que fue una reacción porque la fiscal porteña Celsa Ramírez imputó a once tuiteros de Las Fuerzas del Cielo que difundieron datos personales del karinista Sebastián Pareja. Había mucha bronca acumulada y estalló.
Pero podría haber otra explicación complementaria, porque en el sector de Santiago Caputo están convencidos de que la fiscal Ramírez está en el área de influencia de Mahiques, y ven detrás de su decisión una voluntad del ministro por erosionar al asesor presidencial.
Algo similar viene ocurriendo con las causas de la AFA, en donde cada movimiento que hace Mahiques es inmediatamente interpretado como una acción destinada a beneficiar a Claudio Tapia y Pablo Toviggino, por su vínculo con el mundo del fútbol. Esto ocurrió cuando se supo que los candidatos propuestos por el Gobierno para completar la Cámara en lo Penal Económico son los jueces de ese fuero Alejandro Catania y Juan Galván Greenway, a quienes le atribuyen una sintonía con el ministro. Este Tribunal es el que estará a cargo de revisar la investigación por la retención de aportes previsionales por parte de la AFA, causa en la que ya están procesados Tapia y Toviggino. Cuando imperan las suspicacias, cada detalle es una conspiración.

Pero el problema mayor no anida en la guerra de operaciones dentro del propio Gobierno, sino en el extraordinario impacto que tuvo el recambio en Justicia dentro de Comodoro Py. Para un sector poderoso de la casta que mora en esos tribunales el arribo de Mahiques y de su segundo, Santiago Viola, fue interpretado como “una declaración de guerra”. Se trata de la cofradía que impulsaba a Guillermo Montenegro para el ministerio y que se sintió marginado y enfrentado. Esta agrupación de intereses mutuos se referencia en el juez Ariel Lijo, y cuenta con una participación activa de su colega Marcelo Martínez de Giorgi, y la bendición de María Servini. Su terminal en el Gobierno fue siempre Santiago Caputo. Detrás del cortinado, se mueve Ricardo Lorenzetti. Y directamente en las sombras, Antonio “Jaime” Stiuso.
Esta agrupación está muy activa últimamente. Por un lado, en el plano político, para incidir en los nombres de los postulantes a definir para los juzgados vacantes. También para entrar en la discusión si es que se reabre la negociación por la Corte y la Procuración. “Quieren ser tenidos en cuenta. La designación de Mahiques y de Viola fue tomada como una provocación”, argumentan desde ese sector.

Estas inquietudes animaron la conversación que este miércoles a la noche mantuvo un grupo de comensales, encabezados por Lijo y Martínez de Giorgi, que por esos misterios del destino, tienen a su cargo las tres causas que más preocupan al Gobierno: $LIBRA, Andis y la de Adorni. Con la excusa de festejar el cumpleaños del salteño Sáenz, se juntaron los dos jueces, el homenajeado, los gobernadores Jalil y Jaldo, un trío de senadores de sus provincias, Guillermo Andrada, Flavia Royón y Sandra Mendoza (ellas dos integrantes de la comisión de Acuerdos), a los que se sumó la jujeña Carolina Moisés. En la Casa Rosada deberían prestar atención a esa cena, si es que pudieran conocer el carácter de esa tertulia.

En torno de ese remolino judicial se agitan versiones, sospechas y especulaciones que atraviesan Comodoro Py por estos días. ¿Es cierto que Viola hizo correr la versión de que ya había “hablado” con Gerardo Pollicita, y de que eso enardeció al fiscal que investiga el presunto enriquecimiento ilícito de Adorni? ¿O que Karina Milei le puso bolilla negra al juez Mariano Borinsky, después de que cometió la herejía de reunirse con Santiago Caputo en la Casa Rosada, a la vista de todos, porque estaba enojado después de que hundieran su proyecto de reforma del Código Penal?
Esta agitación judicial tiene particularmente estresado a Mahiques, que conoce bien el paño y sabe que se le está complicando el cumplimiento de la promesa que le hizo a Karina Milei de ocuparse de las causas que la salpican. No tiene dudas de que el ritmo que llevan las investigaciones más sensibles no es habitual en la justicia federal, y entiende que es una reacción por su designación. Así se lo comentó a miembros del Gabinete. Pero el ministro tiene una herramienta muy poderosa en sus manos: decenas de designaciones de jueces pendientes, que le permiten moldear un nuevo mapa judicial. En el fondo, lo que está en juego es un nuevo esquema de poder en los tribunales.

En este contexto no sorprende que Mahiques se haya subido ayer al avión que llevó a los hermanos Milei a Israel. Es su viaje oficial inaugural. Según dicen en su entorno, lo invitó el propio Presidente. Los dos hablan con bastante frecuencia, evidencia de que, por primera vez desde que asumió, Milei se está interesando en el laberinto judicial. Habría influido en ese cambio la presión de su propia hermana, quien se dio cuenta de la sensibilidad del tema hace ya varios meses.
La estabilidad fugaz
El estancamiento económico, las riñas políticas y las disputas judiciales configuran una especie de estrecho de Ormuz que tiene estrangulada la gestión del Gobierno. Emerge en este cuadro un síndrome que ya se ha transformado en una evidencia empírica: al Gobierno le cuesta demasiado lograr períodos prolongados de estabilidad, en general por errores autoinfligidos.
Si se repasa la montaña rusa del último año se nota con claridad que los mejores momentos de la gestión coinciden con períodos de orden interno y objetivos comunes y, por el contrario, las fases duras conviven con las disputas intestinas y la dispersión de propósitos.
En enero del año pasado, Milei estaba en un gran momento, después de cerrar un 2024 con varios objetivos cumplidos. Pero a fin de ese mes fue a Davos, y agitó a todos con su discurso cargado de polémicas. Después se sumó $LIBRA y se agrietó la interna Karina-Santiago por el diseño electoral. De enero hasta abril fue una etapa de retroceso.
En abril se cerró el acuerdo con el FMI y en mayo LLA ganó la ciudad, metas que habían unificado a todas las tribus. Momento de alza. Pero el exitismo posterior agrietó el clima y sin rivales enfrente se pasó a una etapa de ciénagas. Derrotas provinciales, adversidad en el Congreso, inestabilidad financiera, y el golpe bonaerense. Crisis, quizás la peor.

Pero después vino el tuit de Scott Bessent y la recuperación de la elección de octubre. Otra vez para arriba. Tras el triunfo, recambio de gabinete, internas, y nuevamente dificultades. En diciembre se produjo la renovación del Congreso y las sesiones extraordinarias fueron verdaderamente extraordinarias. Se aprobaron todas las leyes y Milei fue a la Asamblea cargado de gloria. Eso ocurrió el 1 de marzo. Tres días después se realizó el recambio en Justicia, y otra vez el vía crucis.
Esta sintética recorrida permite visualizar la disfuncionalidad operativa que muestra el Gobierno y que habilita una dimensión más profunda para el planteo que hizo en la mesa política el ministro Caputo. Hay un encadenamiento de factores económicos, políticos y judiciales anudados entre sí que están trabando este pasaje de la gestión y que configuran un modelo inestable. Se entiende su pedido de reacción urgente.
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Fueron la clave en el triunfo libertario de 2023, pero ahora hay un desgranamiento que ningún otro sector capitaliza; el ausentismo electoral creciente, las limitaciones del peronismo y las nuevas problemáticas juveniles
13 minutos de lectura

Los jóvenes fueron indudablemente los protagonistas principales del triunfo de Javier Milei en 2023, no sólo porque lo votaron en forma mayoritaria, sino porque además se transformaron en propagadores de su mensaje a través de las redes sociales. Le permitieron perforar la muralla de apatía y desilusión que amplios sectores de la sociedad habían levantado para no escuchar más a una dirigencia política que había llevado el país a una crisis estructural. El único que logró atravesar esa cortina de indiferencia fue el líder libertario, y a partir de ahí sustentó su victoria disruptiva.
Los jóvenes siguen siendo el sector más influyente a la hora de establecer dinámicas sociales y definir la agenda pública. Han recobrado una relevancia fundamental para el funcionamiento democrático, ya no en los actos políticos como en la primavera alfonsinista, ni en los patios militantes del kirchnerismo, sino en el ecosistema digital. Su protagonismo deriva esencialmente de su mimetización con el mundo de las plataformas, las redes y la inteligencia artificial, que hoy marcan el ritmo de la conversación social.
Sin embargo, después de más de dos años de gestión de Milei, la fotografía no es exactamente la misma que en 2023; mantiene algunos rasgos similares, pero se visualizan también mutaciones, producto de dos procesos convergentes. Por un lado, el natural desgaste de las ilusiones iniciales del proyecto libertario; y por el otro, la carencia absoluta de propuestas alternativas.
En el Gobierno manejan una encuesta que revela claramente el retroceso que experimentaron en el segmento joven. El pico de adhesión se produjo en febrero de 2025, cuando un 70% de quienes tenían entre 18 y 25 años se manifestaban a favor de los libertarios. El 14 de ese mes se produjo el lanzamiento de la criptomoneda $LIBRA, que derivó en la primera causa judicial que salpicó al Presidente y a su hermana Karina, y desde ahí la tendencia se revirtió y el oficialismo empezó a caer.
Según ese relevamiento de la Casa Rosada, hoy la opinión favorable de los jóvenes llega al 46%, mientras que un 49% está en contra. Siguen siendo números muy sólidos para Milei, que todavía lo muestran como un líder convocante para la mitad de esa franja etaria, pero ya no ejerce la hegemonía del principio. “Hoy es más difícil para nosotros mantener un acompañamiento digital y pedirles a nuestros jóvenes que apoyen a Adorni o que banquen recortes en los fondos para discapacidad. Demostramos que no somos el proceso renovador tal como ellos imaginaban”, admite uno de los estrategas del oficialismo.

Pese a ello, los jóvenes son los que más aprueban la gestión del Gobierno. Según un trabajo de TresPuntoZero y La Sastrería, el 42,2% de los que tienen entre 16 y 29 años lo evalúan en forma positiva, pero cuando se sube en la escala etaria, desciende la aprobación, al 35,9% entre los que tienen más de 50 años, y al 19,6%, para los que se encuentran entre los 30 y los 49 años. “El Gobierno perdió al menos 10 puntos de adhesión entre los jóvenes, pero el Presidente sigue anclado en la preferencia juvenil”, discierne Shila Vilker, una de las responsables de la encuesta.
Además, dentro de los que apoyan a Milei, los sub-30 son los que mantienen más altas sus expectativas de mejora en los próximos meses. La consultora Moiguer los ubica como los más optimistas sobre un futuro favorable, con un 52%, frente a un promedio del total de la población del 46%. Son los jóvenes que se sienten protagonistas de los acelerados cambios sociales, que creen que pueden aprovechar las oportunidades de esas transformaciones, y que están dispuestos a gastar lo que tengan para ir a un recital o hacer un viaje.
Dentro de ese universo, el aval al Presidente se mantiene siempre mucho más firme entre los varones que entre las mujeres (un trabajo muy interesante de la fundación alemana Heinrich Böll indagó en la identidad libertaria de votantes masculinos de LLA, y encontró sutiles diferencias entre los jóvenes de 16 a 20 años, más movilizados por posicionamientos culturales y antifeministas; y los de 20 a 25 años, atraídos principalmente por factores económicos, como la estabilidad y el rechazo al gasto ineficiente).
Cambio de valores
En uno de sus momentos más delicados en cuanto a imagen pública, la figura de Milei sigue siendo el factor más intenso de identidad para los sub-30, porque representa muchos de los valores con los que se asocia ese segmento: libertad, antisistema, universo digital, emprendedurismo, individualismo. Estos conceptos han desplazado a otros que parecían muy arraigados, como igualdad, comunidad, solidaridad, derechos, república. Estas ideas hoy están sin representación frente al electorado juvenil.
Si bien el macrismo tuvo su momento de sintonía con universitarios y profesionales de las franjas medias y altas, el peronismo es el que más sufre este déficit, porque históricamente resultó la fuerza más atractiva para amplios bolsones juveniles, sobre todo de sectores populares. El fracaso del último gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, el envejecimiento de La Cámpora y las disputas internas, lo dejaron sin narrativa frente a los sub-30, que tampoco vivieron la época dorada del kirchnerismo. El peronismo actual luce viejo y sin poder sintonizar con la idea de modernidad. La tentación de apelar a utopías retrospectivas no provoca ninguna seducción en un grupo etario que está preocupado por su presente absoluto.
“El sector mayoritario está con Milei, y el que se enoja con Milei, se repliega en sentimientos nacionalistas: Malvinas, el Mundial, la reargentinización de ciertas costumbres y hábitos. Pero eso no lo estamos capitalizando nosotros, no logramos representarlos. Perdimos hace mucho el vínculo con los jóvenes”. El diagnóstico pertenece a un referente de la estructura de Axel Kicillof.
Por esa razón, quienes no se sienten identificados con el Gobierno, o se desencantaron con Milei, habitan en un inmenso valle, en donde el único rasgo común es la desilusión democrática. La profunda percepción de que el sistema no tiene alternativas para aportarles y que la única solución a sus problemas surgirá de su propio esfuerzo. Sólo ellos podrán encontrar una salida al laberinto en el que se encuentran.
Y en este sentido, la elección del año pasado dejó un dato verdaderamente revelador: los votantes de entre 18 y 30 años tuvieron un nivel de ausentismo que casi duplicó al de los electores adultos, al promediar el 34,4% de inasistencia, de acuerdo con datos oficiales elaborados por la Cámara Nacional Electoral. Es decir, uno de cada tres se quedó en su casa.
No sólo fue el grupo etario con menor concurrencia a las urnas el año pasado, sino que además representó el sector en el que más creció el ausentismo respecto de la elección de 2023, cuando la inasistencia joven promedió el 29,8%. Esto constituye un crecimiento de casi 5 puntos entre una elección y otra. Si bien hay diferencias entre una elección legislativa y otra presidencial, lo cierto es que en los otros segmentos el incremento fue mucho menor, y en la franja de los 50 y de los 60 años no hubo brecha entre los dos comicios.
Porcentaje de ausentismo por edad
Aparecen en estos indicadores indicios incipientes de una desafección institucional en una comunidad muy gravitante. Son generaciones para las cuales la democracia simboliza un estado natural, no el resultado de una resistencia contra la dictadura. Por eso son tributarios de una visión mucho más instrumental y menos romántica de lo que representa la democracia. Desde ese prisma, si la democracia no resuelve los problemas concretos, pierde su sentido último.
Amnistía Internacional realizó junto con la consultora Dynamis, de Ana Iparraguirre, un estudio entre jóvenes por los 50 años del golpe de Estado de 1976. Un 92% dijo que vivir en democracia es “muy o algo importante”. Es decir, el sistema no está en cuestionamiento. Sin embargo, cuando a los encuestados de entre 16 y 30 años le preguntaron “qué tan satisfecho estás con el funcionamiento de la democracia en la Argentina”, sólo el 51% se expresó “satisfecho”, contra un 46% que se definió como “insatisfecho”. Lo que está en cuestionamiento son las prestaciones del sistema.

En ese mismo trabajo hay un dato que puede ser una señal de alerta: un 39% expresó que “le parece mejor” un sistema que garantice crecimiento económico, “aunque no se puedan elegir las autoridades ni expresarse libremente”, y un 30% dijo estar dispuesto a esa resignación, pero a cambio de que se garantice seguridad para todos los ciudadanos. Para quienes respondieron de ese modo, la democracia carece de valor si no responde a sus preocupaciones más inmediatas.
En este sentido, la dificultad para acceder a una vivienda es absolutamente determinante en el ánimo juvenil, porque representa la mayor aspiración para proyectar un futuro. La suba de los alquileres y la falta de acceso al crédito se transforman así en obturadores de expectativas. Es otro factor de irritación que estimularon las creatividades hipotecarias de Manuel Adorni y la flexibilidad crediticia del Banco Nación con un grupo de funcionarios.
El sociólogo Pablo Semán, uno de los que más estudió los cambios sociales que precedieron a Milei, identifica varios factores que están haciendo crisis en los sectores juveniles más desencantados. Por un lado, la percepción de amenaza laboral por los cambios bruscos en el mundo del trabajo. Esto repercute en el angostamiento del horizonte de futuro, cada vez más acotado. Entre ambas dinámicas, se produjo la ruptura del recorrido natural de realización personal, que empezaba con la educación y seguía con el trabajo y la expectativa de ascenso social.
“El escepticismo de los jóvenes nace de las experiencias frustradas, y se actualiza por el estancamiento económico y la corrupción. Algunas alternativas de futuro que eran importantes, como por ejemplo ser técnico o programador, ahora son irrelevantes con la IA. Y las plataformas digitales no son un refugio estable para ellos, aunque valoren la flexibilidad que les ofrecen. Es un proceso que se viene produciendo en occidente y en la Argentina desde hace tiempo, pero en esta generación estalló”, grafica Semán.
Pobreza y salud mental
Cuando se posa la lupa sobre el sector de adhesiones juveniles que se le desgranó a Milei, emerge con claridad que corresponde a los sectores sociales más bajos. Son jóvenes desencantados con la tradición peronista de sus familias, que ahora también se decepcionaron con las promesas libertarias.
Tiene sentido, porque son los más castigados por el estancamiento económico. En base a la radiografía oficial del Indec (más allá del debate estadístico), la consultora Moiguer lo puso en números: el 32% de los jóvenes son pobres frente a un promedio de todas las edades del 28%; el 16% está desempleado, ante un 7,5% de la población general; y el 30% de los que tienen entre 18 y 24 años no estudian ni trabajan. Representan el sector económicamente activo más vulnerable.

Pero en los estratos inferiores el cuadro es mucho más preocupante. Así lo retrata un trabajo reciente de Daniel Hernández y Gonzalo Elizondo, del CIAS, titulado “Vivir en el presente”, sobre la situación de jóvenes excluidos de barrios populares. Allí se destacan no sólo las dificultades materiales, sino la imposibilidad de un cambio de expectativas, en un contexto de “familias desbordadas o ausentes”, “escuelas que no logran contener trayectorias complejas” (casi la mitad abandonaron las clases), y “barrios donde la esquina, la ‘junta’ y el narcomenudeo ocupan los espacios de socialización”. Es un entorno disociado de cualquier representación institucional formal, que actúa con dinámicas de sobrevivencia.
“Casi el 40% de los chicos de barrios populares no tiene expectativas de progresar -dicen cosas como ‘yo ya no tengo futuro’-, y otro 20% las reduce al mínimo. Han perdido la confianza en poder construir un futuro mejor a través de la educación y el trabajo. Muchos se vuelcan a vivir en el presente, a tratar de alejarse de consumos problemáticos o a generar ingresos a través de actividades ilícitas”, sintetiza Rodrigo Zarazaga, rector del CIAS y autor el año pasado del trabajo que describió “la narrativa rota del ascenso social”.

Pero dentro de este cuadro estructural emergió en los últimos años una problemática adicional, que vincula a los jóvenes con complicaciones crecientes de salud mental. La Facultad de Psicología de la UBA acaba de elaborar un estudio muy profundo en el cual detectó que la tendencia a sufrir trastornos es bastante más alto en los encuestados de menor edad, y los indicadores se agravan cuando son de sectores de menores ingresos. Esto incluye cuadros de ansiedad, depresión e incluso riesgo de suicidio. Se acumulan allí problemas familiares, emocionales, laborales, económicos y, cada vez más, de adicciones a sustancias.
Es un tema cada vez más crítico y que es seguido no sólo desde un abordaje sanitario, sino también social y hasta político. Por ejemplo, recientemente se lanzó en la ciudad de Buenos Aires una agrupación llamada Popurrí, con una impronta decididamente joven, liderado entre otros por María Migliore y Juan Maquieyra. Entre sus propuestas principales para el electorado sub-30 se encuentran tópicos clásicos, como el cambio climático o la asistencia social, pero tiene un lugar central el abordaje de la salud mental, una problemática crucial para el segmento.
En estudios globales aparece siempre una vinculación directa entre los trastornos psicológicos en jóvenes con el uso adictivo de plataformas digitales, dentro de los cuales se incorporó peligrosamente la pulsión por las apuestas virtuales. A nivel local el informe mencionado de la UBA lo señala en forma explícita, cuando asocia el consumo intensivo de redes sociales e inteligencia artificial “con mayor sintomatología ansiosa y malestar emocional”. No es casual que en las encuestas a jóvenes el tópico “salud” empieza a emerger entre las preocupaciones, cuando tradicionalmente fue una inquietud de los adultos.
Desde el ecosistema digital los jóvenes han vuelto a transformarse en un eslabón esencial en las dinámicas sociales, como ocurrió en décadas anteriores, desde el hippismo de los 60 a la primavera democrática de los 80. Milei fue quien mejor interpretó ese movimiento que empezó a consolidarse durante el encierro de la pandemia. Ese proceso se plasmó en su triunfo electoral de 2023, a partir de representar un set de valores que marcaron el clima de época.
Hoy el panorama le sigue siendo favorable, pero se ha desflecado hacia una desilusión democrática y cierta anomia social, que se nutre de los desencantados, de los jóvenes pobres que padecen el freno económico, y de los nuevos desafíos de la época, como las problemáticas de salud mental y las adicciones digitales. Estos sectores encarnan mucho más que un electorado vacante. Constituyen un termómetro de las dinámicas que marcan el ritmo de la Argentina de hoy.
La crisis golpea a las puertas del conurbano ,,,
Kicillof trazó un panorama preocupante por la caída de la recaudación; la provincia fue la más afectada por la pérdida de empleos; inquietud por la situación social
11 minutos de lectura


Axel Kicillof ingresó al Salón Dorado de la Gobernación de La Plata, saludó y se sentó en el estrado junto a su mano derecha, Carlos Bianco; la vicegobernadora Verónica Magario; y el ministro de Economía, Pablo López. Enfrente esperaban escucharlo unos 60 intendentes de diferentes partidos. Lo que siguió fue la más cruda descripción que se pudo haber realizado sobre la crítica situación económica de la provincia. Era el objetivo de la convocatoria: transmitir sin anestesia el mensaje de que se venían tiempos de más restricciones, a partir del descenso drástico en los ingresos de los últimos meses.
Las cifras que se desglosaron en ese encuentro de la última semana fueron letales. Primero hubo un capítulo fiscal, en el cual se subrayó que en el primer tramo del año hubo una caída de la recaudación nacional de casi 10 puntos porcentuales por mes. Este fue el detonante de la alarma, porque se desplomó en enero, siguió en los mismos niveles en febrero, y en marzo no repuntó. Es decir, no se trata de un evento episódico, sino de una tendencia.

Esto afectó la coparticipación a todas las provincias, pero por su magnitud el impacto fue crítico para la administración bonaerense, ya que representa el 80% de su estructura de recaudación (el resto son impuestos provinciales y tasas municipales, que también cayeron). Sólo en febrero, esa merma significó $100.000 millones menos de ingresos para Buenos Aires, en comparación con el mismo mes del año pasado, según datos oficiales de la Gobernación.
Es inevitable interpretar también este análisis económico desde un prisma político. Kicillof apuntó contra la gestión de Javier Milei como la principal responsable del estancamiento económico, que derivó en la baja de la recaudación y en las desdichas que ahora él debe enfrentar. Los dos economistas no sólo representan una antítesis ideológica; también son potenciales competidores en la elección del próximo año.
Pero después hubo un tramo más profundo, que no tuvo que ver con las oscilaciones de los ingresos fiscales, sino con el deterioro de la malla productiva. El Estimador Mensual de Actividad de la provincia (Emapba), sin contabilizar el agro, cayó 4,2% entre 2023 y enero de este año, como consecuencia del desplome de la construcción, que en Buenos Aires está 21,4% debajo del nivel de hace dos años atrás, de la industria (retroceso de 8,3%) y del comercio (baja de 7,9%). El trípode que sostiene el corazón de la matriz económica de la provincia es precisamente el que se encuentra más estancado. Ahí no hay minería ni petróleo.
Como derivación, la provincia sufrió el mayor impacto en materia de empleo. De los 270.000 puestos de trabajo formales que se perdieron en los últimos dos años, 160.000 fueron en territorio bonaerense, es decir el 60% del total, pese a que en términos demográficos representa el 38% de la población del país. En cuanto a la cantidad de empresas, en el período evaluado bajaron las cortinas casi 22.000 firmas, de distintas dimensiones y características. Si se mira la geolocalización de este retroceso, resalta la fuerte concentración de cierres que se produjo en la zona del conurbano.

En este diagnóstico descarnado influyen factores generales, que afectan a todas las economías, como la baja de la recaudación por el menor nivel de consumo. Al menos 15 provincias están enfrentado conflictos por problemas de caja y se percibe una preocupación creciente de los intendentes de los centros urbanos. De hecho esta semana se reunieron en Paraná los alcaldes de las principales ciudades del país y emitieron un documento muy duro contra el gobierno nacional. Ahí se nota la fractura que separa, por un lado, a los grandes conglomerados, marcados por el estancamiento económico; y por el otro, al interior productivo vinculado con los sectores más dinámicos.
Sin embargo, en el cuadro descripto también incidieron factores puntuales que impactan en particular en la provincia de Buenos Aires. Algunos tienen que ver con la discriminación en la distribución de fondos, que el gobernador le atribuye a la gestión de Milei por razones políticas, y que según sus cuentas ya suma una deuda de $22 billones por transferencias interrumpidas y obras paralizadas (ya hizo ocho demandas en la Corte Suprema). En La Plata ponen como ejemplo que en las últimas semanas el Gobierno reactivó los ATN y repartió $47.000 millones entre 11 provincias, pero que volvieron a ser excluidos de la distribución.

Pero además, debajo de los números que exhibió Kicillof anida un problema mucho más profundo: el programa económico de Milei no tiene previsto ningún horizonte de prosperidad para el cordón industrial bonaerense, simplemente porque no está contemplado. El conurbano es el pato de la boda del modelo libertario, que sí incluye una perspectiva promisoria para el corredor andino y su minería prometedora, para la región patagónica y su desarrollo en petróleo y gas, y para las provincias agropecuarias del centro del país. Para el conurbano el único mensaje en el discurso oficial es reconversión o muerte.
Es cierto lo que plantea el Gobierno en términos de que buena parte de esa matriz productiva no es competitiva a nivel global, y que abastece a sectores diseñados para una economía que ya no es sustentable. Pero hay un detalle: allí viven 11 millones de personas, casi un cuarto de la población de todo el país.
El conurbano bonaerense representa el dilema mayor de la economía argentina, porque es la geografía donde colisionan una estructura prevista para el desarrollo industrial de mediados del siglo XX con las demandas de la sociedad actual. Simboliza el cruce de camino más cruel entre un pasado que ya no existe y un futuro que no se deja ver. En el medio, rige un presente cargado de tensiones, carencias y riesgos. Se trata de un proceso que empezó a germinar en el último tramo del menemismo, y que nunca encontró una respuesta integral. No es un drama que se le pueda atribuir a la gestión libertaria. El mayor responsable es el peronismo, que gobernó la provincia 34 de los últimos 42 años.
Hablar de crisis en el conurbano es siempre convocar a los fantasmas del 2001. Pero eso sería un error conceptual. No hay por ahora síntomas de un estallido social, a pesar de las penurias. En eso coinciden todos los referentes políticos, religiosos y de organizaciones civiles que transitan el territorio, a pesar de que reportan un agravamiento acelerado y preocupante de la situación.
En primer lugar, porque todos los actores contribuyen a mantener esquemas de contención, que a principios de siglo no existían. Por algo Sandra Pettovello es la única que tiene chequera abierta en el Gobierno, y a eso se suman los aportes que hacen la provincia y los municipios en áreas en donde la Nación se retrajo. En eso Milei y Kicillof son socios involuntarios: a ninguno de los dos les conviene que la situación se desmadre. Al primero, porque expondría los déficits de su modelo; al segundo, porque una provincia incendiada significaría el fin de su proyecto presidencial.
Pero hay otra diferencia gravitante con el contexto de 2001: la sociedad ya no es la misma. No manifiesta vocación por salir a las calles a guerrear o a protestar masivamente. Se impone la decepción silenciosa y el rebusque individual. No hay explosión externa; hay implosión hacia adentro, en las casas, en las escuelas, en el barrio. Se vivencian crisis domésticas, violencia intrafamiliar, deserción escolar, coqueteo con el narco. Se trata de un lento deterioro anímico y moral, que la política apenas alcanza a intuir. Los habitantes del conurbano están en modo supervivencia.
Los dilemas peronistas
Algunos de los que estuvieron en la presentación se preguntaban si con su descripción tan desalentadora Kicillof quiso abrir el paraguas preventivamente frente a los intendentes, o si está previendo un estrangulamiento inminente de las cuentas públicas y una crisis de pagos.
En el entorno del gobernador admiten que “la situación es crítica si no se revierte rápidamente la recaudación. Si eso no ocurre, vamos a tener problemas serios este año”. Pero al mismo tiempo reconocen que por el momento tienen margen para administrar la situación. Buscan no ser alarmistas, aunque en algunas conversaciones reservadas transmitieron una preocupación más honda por el agravamiento del cuadro. El dato que los alertó fue el rápido incremento en la demanda de alimentos desde los municipios. “Ese es un indicador claro porque ya no te piden chapas, ni ropa, sino comida. Y son de distritos de todos los colores políticos”, agregan.
El otro foco de extrema dificultad gira en torno de IOMA, donde se están evidenciando muchos problemas con los insumos y los servicios, y sobre el que se acumulan reclamos de los afiliados. Allí influye mucho la interna, donde le apuntan a la gestión del titular de la obra social de la provincia, Homero Giles, que pertenece a La Cámpora.
En este contexto, Kicillof ordenó congelar todos los gastos y postergar los pagos a proveedores. La excepción son cuatro ítems críticos, en los que la indicación es sostener el nivel: salarios, alimentos, seguridad y medicamentos. Es decir, una política de resistencia.
La paritaria docente, que sirve de referencia para otros sectores, se cerró para la primera mitad del año en 7,5% (5% en marzo y 2,5% en abril), que se agrega a un 1,5% de febrero. En los papeles, esto clausura la discusión hasta junio, pero las previsiones para adelante son complejas si no mejoran los ingresos. En la propia Gobernación admiten que “los sueldos están bajos”.
Con los docentes quedó un clima tenso después del paro en el inicio del ciclo lectivo (el fin de la era de Roberto Baradel en Suteba es un síntoma de las presiones internas del gremio), y esta semana el gobernador debió soportar silbidos y abucheos en el acto de egreso de oficiales de la policía bonaerense. Por ahora el pago de los sueldos no corre riesgos, pero el aguinaldo va a ser un desafío importante. Todo está muy ajustado.

Kicillof tuvo una etapa más holgada cuando Cristina Kirchner forzaba a Alberto Fernández a abastecer su bastión electoral en la provincia con un flujo de recursos que otros distritos no recibían. Pero desde que llegó Milei demostró que también puede ser fiscalista y cuidar la caja. Nunca va a pasar la motosierra, como hizo el Presidente, porque va contra su visión ideológica, pero sí viene cerrando grifos silenciosamente. Es una contorsión forzada que desnuda una disyuntiva incómoda.
Así como para los libertarios el conurbano bonaerense es un punto ciego, para el peronismo representa un dilema existencial: ¿cómo sostener las banderas del Estado presente o de la justicia social sin plata? Es una trampa narrativa que tiene atrapado al peronismo, especialmente después del fracaso del último gobierno de Alberto Fernández. ¿Cómo articular un mensaje alternativo al de Milei sin verbalizar conceptos que para una mayoría de la sociedad quedaron abolidos? Las utopías retrospectivas no parecen seducir más a una sociedad tan desencantada, ni los 70’ revolucionarios, ni la era dorada del kirchnerismo. Hoy son significantes vacíos. Cuando no se llega a fin de mes tambalean las mitologías.
El peronismo enfrenta un desafío intelectual y político inédito. En los 80’, cuando fue derrotado dos veces por el alfonsinismo, reaccionó con una “renovación” profunda que encarnaron Antonio Cafiero, José Manuel de la Sota y otros. En la década pasada, cuando cayeron dos veces seguidas frente al macrismo, la respuesta ya fue un modesto reciclado, con Alberto y Cristina intercambiando roles. Pero nunca desde la restitución democrática hasta ahora el peronismo había perdido tres elecciones seguidas, como ocurrió en 2021, 2023 y 2025. Su futuro depende de la capacidad que demuestre para dar respuesta a semejante interpelación histórica. Y esa partida se juega esencialmente en el conurbano bonaerense. Kicillof, el único candidato del partido posicionado hasta ahora para dar esa pelea, enfrenta allí una encrucijada existencial.
El último truco del mago frente a la sombra del final ,,, 29.3.26
Santiago Caputo atraviesa su momento interno más delicado; las reuniones con Milei y la ofensiva frontal de Karina; los realineamientos en la Corte
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Recién empezaba a despuntar la semana cuando una frase sacudió la modorra del feriado. Para sus rivales internos, se trató de una amenaza más. Pero quienes vienen siguiendo los pensamientos de Santiago Caputo en los últimos meses, no se sorprendieron al escuchar sus dudas sobre su futuro en el Gobierno, incluso al punto de mencionar en algún momento que no descartaba su salida. La resolución puede ocurrir en cuestión de meses, o quizás nunca, pero hoy parece difícil imaginar el desvío de un destino que parece marcado.
Si bien ya había sufrido otras crisis anteriores, especialmente con los disgustos que le provocó el recambio de gabinete postelectoral, ahora al asesor ve muchas veces que su privilegiada relación personal con Javier Milei ya no tiene correlato en la acción política. Que los efusivos abrazos que le regala cada vez contienen menos.

El Presidente le profesa una valoración superior y le guarda un afecto que lo expresa en público y en reserva. Incluso dicen compartir “momentos esotéricos”, que se cuidan de mantener en el ámbito de la intimidad. Pero hoy la dinámica del gabinete la dicta Karina, y su ofensiva luce irrefrenable. Javier lo quiere retener; Karina intenta acorralarlo. Los antecedentes demuestran que cada vez que ocurrió eso, al final se impuso ella.
Caputo habría mantenido dos reuniones subidas de tono con Milei en el último mes. La primera la ubican a principio de marzo, cuando ya era un hecho el desembarco de Juan Bautista Mahiques en el Ministerio de Justicia. El asesor siempre planteó la inconveniencia de nombrar al fiscal en ese cargo por la recepción adversa que tendría en un sector de Comodoro Py y, especialmente, por sus lazos con la AFA, en un momento en el que el Gobierno buscaba arrinconar a Claudio Tapia y Pablo Toviggino (¿será verdad que el juez Diego Amarante ya tenía lista una orden de procesamiento y detención contra ambos dirigentes? ¿Y que el FBI transmitió su inquietud por el posible estancamiento de la causa de los aportes, cuando estaba colaborando con información con la ARCA?).
Lo cierto es que la charla entre el Presidente y el asesor no evitó que Karina impusiera al hombre que le habían acercado los primos Menem y su hombre de confianza en la Justicia, el hoy viceministro Santiago Viola. Milei conoció a Mahiques el día de la jura. Su hermana, poco antes.
La segunda reunión tensa habría ocurrido hace diez días para tratar de encauzar un clima interno que se había enrarecido en exceso. El recambio en el ministerio no parecía haber apaciguado las preocupaciones judiciales y, por el contrario, habían coincidido con un reverdecimiento de la causa $LIBRA. En un sector del Gobierno están convencidos de que las revelaciones del celular del lobista Mauricio Novelli forman parte de una devolución de gentilezas del ala de tribunales que quedó marginado del recambio. Martínez de Giorgi, a cargo de esta causa, y Ariel Lijo, con el caso del vuelo de Manuel Adorni, forman parte de esa comunidad que fracasó en su intento por ubicar a Guillermo Montenegro al frente del ministerio, con el auspicio del propio Caputo.

Después del segundo mano a mano, Milei y Caputo habrían convenido realizar un encuentro semanal para evitar que los conflictos escalen en forma irreversible. Esta semana cumplieron con el ritual prometido; habrá que ver si se mantiene.
Casualmente o no, coincidió con señales sutiles de reivindicación del asesor. La exitosa resolución de la demanda por YPF habilitó a un protagonismo del equipo de la Procuración del Tesoro y de la secretaria Legal y Técnica, María Ibarzabal, todos de la escudería Caputo. Su inclusión en la cadena nacional fue interpretada como un guiño para un sector que venía muy castigado.
También celebraron el reconocimiento que le hizo el director de la CIA, John Ratcliffe, al titular de la SIDE, Cristian Auguadra, en la reunión que mantuvieron esta semana en Langley. El caputismo salió a destacarlo públicamente en un momento en el que la agencia de inteligencia aparece como un botín de la interna.
Algunos dicen, justamente, que durante el encuentro Ratcliffe también buscó indagar en las implicancias de esos ruidos, porque podrían complicar la colaboración creciente entre ambos organismos. Habrá que ver cómo se interpreta el desembarco de Sebastián Pareja, un karinista puro, al frente de la Comisión Bicameral de Seguimiento de los Organismos de Inteligencia, encargada de controlar a la SIDE.
Pero tanto lo de YPF y lo de la SIDE, como la coordinación con Adorni en su defensa mediática frente a sus problemas aéreos y patrimoniales, parecen placebos en un proceso de deterioro natural. Es difícil disuadir a Caputo de la idea de que Karina está determinada a avanzar contra él, y que en breve atacará nuevas posiciones. A sus leales les anticipó que buscará resistir todo lo que pueda antes de rendirse definitivamente. Así ensaya su último truco.

En el campamento de la secretaria general y de los Menem no niegan que buscan reducir la influencia del asesor y dejan en claro que el “triángulo de hierro” se convirtió en un modelo bicéfalo, con Milei a cargo de la economía y la batalla cultural, y su hermana al frente del partido y de la gestión. “Javier nunca cambió; es ella la que amplió su rol a partir de la elección de octubre”, define un colega del Gabinete. En ese diseño, el papel que se imaginan para Caputo es marginal. Le atribuyen haber errado en sus pronósticos electorales y de haberse embarcado en una puja desigual contra Karina. No lamentarían si lo desplazaran, pero por ahora se interpone Milei.
La salida de Caputo marcaría la definitiva reorientación del proyecto libertario, no sólo por los recambios que sobrevendrían en la gran cantidad de áreas de gobierno que maneja, sino por lo que representa en términos de construcción de identidad. El asesor encarna el costado antisistema de Milei, al menos en lo narrativo, porque al mismo tiempo siempre fue un negociador pragmático con los distintos actores políticos.

Es un símbolo de la batalla cultural y de la estrategia digital; es el costado más polémico y contestatario que propagan las Fuerzas del Cielo. Es el que le dio formato a la locura de Milei para transformarla en un outsider avasallante. Siempre le gustó ser reconocido como el cerebro detrás del ímpetu persuasivo del líder libertario. El mago en las sombras que es capaz de los pases más audaces. Pero Karina ganó la elección. Fin.
Ahora es la etapa de una construcción más clásica y de ciertas concesiones al establishment para poder gobernar. Es el momento de los leales, no de los creativos. Más verticalismo y menos fantasía. ¿Qué es La Libertad Avanza? ¿Es el proyecto de Javier Milei que vino a cambiar la historia, o es un partido político más de la Argentina?. Caputo se amarga cuando se dan esos debates porque intuye la respuesta que le depara el destino.
Acordada, pero no tanto
La llegada de Mahiques y de Viola al Ministerio de Justicia no sólo sacudió el tablero del Gobierno; también generó movimientos en la Corte Suprema. Su arribo fue bien recibido en la vocalía de Horacio Rosatti, donde últimamente recuperaron cierta fluidez en el vínculo con la Casa Rosada, con Karina, Adorni y los primos Menem como interlocutores políticos. Mahiques, con el aval de Milei, le correspondió con la promesa de que no se cubrirán las vacantes en el tribunal durante el actual mandato presidencial. Una manera de garantizarle el margen de maniobra con el que cuenta actualmente.

Pero así como a Rosatti la movida le sentó bien, no ocurrió lo mismo con sus dos colegas, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti. Hace ruido el rol de Mahiques como defensor público de Karina Milei, así como la escasez de pergaminos judiciales de Viola.
Con ese malestar empezó a germinar un realineamiento interno que terminó de manifestarse esta semana con la presentación de una acordada para recalibrar el proceso de selección de los jueces en el Consejo de la Magistratura. La iniciativa apunta a reducir el grado de discrecionalidad de las entrevistas con los candidatos a magistrados, por entender que la política aprovecha esa instancia para hacer prevalecer sus intereses por sobre la calificación técnica de los postulantes.
La propuesta apunta a una saludable mejora en uno de los puntos más sensibles de la independencia judicial. De hecho, en el Consejo de la Magistratura ya hay otros 14 proyectos en el mismo sentido, que nunca fueron tratados. Los dos firmantes de la iniciativa, Rosenkrantz y Lorenzetti, conocen de cerca las deficiencias de los procesos de selección, no sólo de los jueces federales, sino también provinciales.

Sin embargo, la acordada agitó las diferencias internas dentro de la Corte, porque no fue firmada por Rosatti. Si bien el proyecto se venía trabajando desde hace tiempo, nunca logró la adhesión del presidente de la Corte, quien adujo que era incompatible que él suscribiera la iniciativa, cuando al mismo tiempo preside el Consejo de la Magistratura, donde deberá debatirse la propuesta. La explicación no satisfizo a sus colegas, que resolvieron avanzar de todos modos por su cuenta. Piensan que en realidad no quiso enfrentarse al resto de los consejeros por la relación que ha trabado con ellos.
Es la primera vez que en un tema de semejante calado institucional no hay unanimidad en ese cuerpo. Rosenkrantz y Lorenzetti recibieron el jueves en la Corte a Mahiques y a Viola para explicarles el alcance de su proyecto y buscar su acompañamiento (en el Gobierno dicen estar de acuerdo, pero adelantan que “no es una prioridad en este momento”). No estuvo Rosatti, una anomalía para este tipo de encuentros, más cuando se habían sacado una foto todos juntos a los pocos días de la asunción del ministro.
Después de esa reunión se difundió que mañana se realizará un acto de presentación de la iniciativa en el Palacio de Justicia. En la primera versión de la invitación figuraban como anfitriones solamente Rosenkrantz y Lorenzetti. Después hubo una nueva conversación interna con Rosatti y se enviaron las tarjetas definitivas, en donde aparece la Corte Suprema como la que invita institucionalmente. Algo había cambiado: se espera que el presidente del tribunal también esté presente mañana.
Más allá de las insignificancias, hay un dato político insoslayable: Rosenkrantz está demostrando un corrimiento del eje habitual que conformaba con Rosatti, y que en muchas ocasiones dejó en soledad a Lorenzetti. Todavía no alcanza para hablar de un realineamiento definitivo, pero sí es una advertencia de que algo está mutando.
Rosenkrantz expresó su malestar por la falta de acompañamiento de Rosatti en un proyecto en el que se involucró profundamente. Pero ya venía rumiando algunas diferencias con el estilo de conducción del santafesino, por entender que estaba abandonando el espíritu colegiado que se había comprometido a llevar cuando fue elegido al frente de la Corte. “Puede ser que algo se haya roto entre ellos”, admite un funcionario que conoce de cerca esa relación.
Todavía no es una fractura expuesta, pero en el máximo tribunal recuerdan que Rosatti está al frente de la Corte y del Consejo por una decisión conjunta, y así como hoy preside ambos órganos, podría haber un cambio si se vota en otro sentido. En ese juego de tres, Rosenkrantz es la bisagra, porque los otros dos jamás se elegirían entre ellos.
En la presidencia del tribunal minimizan las diferencias y aducen que si bien la acordada por los concursos está en el camino correcto, también entraña una visión algo ingenua de la política. Mientras tanto, Lorenzetti observa el nuevo panorama como lo haría un zorro agazapado.

Milei archivó hace un tiempo sus rencores contra la Corte, que supo abonar cuando el máximo tribunal no validó rápidamente su megaDNU 70. Aunque desinteresado por completo en la materia, habilitó un cambio profundo en la relación con la Justicia, al correr al equipo de Caputo y adoptar el que le propusieron Karina y los Menem. Probablemente debería estar muy atento a las consecuencias más profundas de ese viraje, dentro de su propia gestión y en las dinámicas judiciales. Allí se ponen en juego partidas muy importantes, desde los equilibrios internos de su Gobierno hasta el futuro de las causas que más le interesan.
¿Y si el plan no está funcionando? ,,, 22.3.26
Las dificultades para reactivar la economía empezó a generar dudas dentro del Gobierno; la sospecha de una vendetta judicial detrás del caso $LIBRA y el informe de la SIDE que fue desatendido
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Una pequeña filtración empezó a horadar silenciosamente la monolítica empalizada que Javier Milei construyó en torno de su plan económico. Un sutil debate que empieza por indicadores de percepción social, pero que ahora se instaló en la cúpula del establishment y que está forzando una tímida conversación dentro del Gobierno. Incluso a pesar de las resistencias del propio presidente. ¿Y si no todo es un problema de tiempos y en realidad el plan no está funcionando? Como dice un cartel que se vio en las calles de Buenos Aires de la agrupación global Notes to Strangers, dedicada a difundir mensajes inspiradores por el mundo: “Its not a long road, its endless crossroads” (No es un camino largo, es una encrucijada interminable).

Lo que empieza generar dudas es si alcanza con los permanentes retoques que se fueron introduciendo al programa económico, sobre todo en el plano monetario. Por primera vez comenzaron a emerger algunas dudas internas sobre el dinamismo del plan para generar reactivación antes de que el horizonte de inversión y consumo se diluya definitivamente. La convicción fiscalista del equipo económico se transforma en incertidumbre cuando el desafío tiene que ver con la capacidad de producción. No hay todavía un mensaje nítido que permita atravesar la dura transición de la reconversión.
Y hay dos indicadores básicos que exponen esas tensiones. El primero surge de la relación inflación-actividad económica. Durante lo que va de la gestión de Milei la prioridad absoluta fue bajar la inflación. El precio a pagar fueron medidas que, se asumía, enfriarían la actividad, como los límites salariales o las subas en las tasas de interés. Pero ahora el Gobierno se encuentra con que se estancó la economía, pero tampoco pudo doblegar del todo una inflación que navega en el orden del 3% mensual.

Por primera vez Luis Caputo admitió esta semana que el proceso de desinflación sufrió un “retroceso” y que no estaba cumpliendo con sus expectativas. El primer trimestre del año terminará con una suba de precios muy cercana a la proyección anual que se había hecho en el presupuesto. Estas complicaciones desgastan el corazón de la promesa libertaria.
En el board de una importante cadena de supermercados quedaron sorprendidos por los números de febrero: les bajó 5% el volumen de ventas en comparación con el mismo mes de 2025. Ocurrió después de un enero con una retracción del 2%. Ese es un indicador claro de la merma en el consumo masivo, afectado por la escasez salarial y el impacto en el bolsillo de la suba de los servicios públicos.
Pero además, esa misma empresa detectó señales más profundas de ese proceso en relevamientos cualitativos que realiza entre sus clientes. Los tickets de compra promedio son cada vez por menor valor y el consumo se orienta a alimentos ricos en hidratos de carbono. Crecen las ventas de productos como galletitas y alfajores, muestra de que hay un cambio en los hábitos alimenticios en detrimento de frutas, verduras y carne (cuyo precio subió 70% en un año, y es probable que continúe en alza por mayores exportaciones a EE.UU., y próximamente a Japón). Aumentaron los encuestados que admiten que se están salteando una comida diaria (en general el almuerzo), que compensan con una suerte de merienda de galletas y mate cocido. Es la resultante de una combinación de inflación resiliente e ingresos deprimidos.

El segundo indicador surge del cruce de dos datos de 2025 que se conocieron en los últimos días. Por un lado, un crecimiento del PBI anual de 4,4%, después de dos años consecutivos de caída. Pero al mismo tiempo, el Indec informó que el desempleo también subió el año pasado de 6,6% a 7,5%, el valor más alto tras la pandemia. Como la mejora de la producción estuvo focalizada en la minería, el campo y la intermediación financiera, no tuvo un correlato en términos laborales. Un amargo déjà vu de la época menemista: se puede crecer mientras aumenta el desempleo. Otro dilema para el modelo.
“Sí, están preocupados, pero serenos. Ven que los datos no son los que esperaban y empezaron a evaluar qué ajustes deben hacer”, comentó un hombre de negocios que conversó con el staff económico. Incluso relatan que en una reunión con directivos de una empresa importante que le planteaban sus inquietudes, Caputo los desconcertó con una pregunta: “¿Qué se les ocurre hacer a ustedes? Traigan propuestas”. Quienes lo escuchaban se sorprendieron porque el ministro, siempre inflexible y hermético, parecía abrir una ventana para una interacción.

En las últimas dos semanas hubo correcciones en la política monetaria. Empezaron a permitir mayor liquidez en el mercado, ajustaron algo las tasas de interés y los bancos comenzaron a mover un poco el crédito. Pero la conversación incipiente gira en torno de medidas más profundas para reanimar la economía, sin que derive en más inflación y sin afectar las líneas rojas de Milei. Está claro que el plan económico lo conduce Caputo, pero el Presidente interviene y frena las medidas que entiende que no van con su visión.
Por eso el ministro muchas veces termina actuando como un equilibrista entre el diagnóstico técnico de su equipo y el dogma de Milei. Hay varios indicios de que así como en Economía se abrió un diálogo sobre los próximos pasos, en la quinta de Olivos rige una inflexibilidad total. Milei está en una etapa de irreductible autoconvencimiento de sus ideas, como le ocurre cada vez que se siente amenazado. Frente a él, Caputo parece un heterodoxo.
El riesgo es que el mensaje del Gobierno empiece a quedar desfasado de la realidad, como les ocurrió a otras administraciones. En los estudios que hace mensualmente Mora Jozami, de la consultora Casa Tres, surge un dato que refleja a nivel social la misma inquietud que se empieza a filtrar en el Gobierno.

Ante la pregunta “¿cree que el país está yendo en el camino correcto?”, en enero el 48% respondió en forma afirmativa, pero ya en marzo ese indicador descendió a 43%. Y después hay otro interrogante revelador: en enero el 43% respondió que “el Gobierno no tiene la capacidad para resolver los problemas”, pero dos meses después ese indicador aumentó a 48%. Se trata, en definitiva, de una señal de angostamiento de la paciencia, pero fundamentalmente de la confianza en las capacidades de la administración libertaria.
Es quizás el indicador más sensible para seguir con atención, porque como señala el politólogo Carlos Gervasoni, “la gente vota mucho más en función de cómo ve la dirección del país que por su situación económica actual. Una persona que no la está pasando muy bien, pero que ve que el país está bien encauzado, muy probablemente pueda votar por el oficialismo”. Por eso es tan gravitante que, más allá de las penurias del presente, no haya dudas sobre la efectividad del rumbo.

El último estudio de la consultora Poliarquía también detectó un descenso en las mediciones de expectativas económicas. Por ejemplo, la evaluación negativa de la situación actual del país alcanzó el 47%, 10 puntos más que el mes anterior. Algo similar ocurrió con el índice de “optimismo ciudadano”, que cayó 11% en marzo, y con la valoración negativa de la situación macroeconómica, que subió 7 puntos para alcanzar el 48%.
A pesar de todos estos datos, hay un indicador que no sufre el mismo deterioro: la aprobación de la gestión de Milei se mantiene estable en el 51%. Se trata de una anomalía absoluta, que revela la naturaleza particular del fenómeno Milei. Nunca ocurrió que un presidente con los actuales índices económicos se mantenga indemne. Probablemente exprese más a una sociedad que sigue aferrada a la esperanza de un cambio virtuoso. El fracaso de Milei significaría el fin de la ilusión, y mientras no haya un proyecto alternativo convincente, la gente mantendrá la fe para no hundirse en el vacío de un futuro sin expectativas.
El comité de bienvenida
Fue otra semana muy dura para el Gobierno. La doble pinza entre las revelaciones de $LIBRA y el pantano del que no puede salir Manuel Adorni, paralizaron otra vez a la Casa Rosada. Marzo quedó consumido por una agenda muy negativa, que expuso una vez más las dificultades para gerenciar las crisis.
Las nuevas filtraciones del escándalo cripto dejaron margen para dos interpretaciones. Una, retrospectiva, quedó inmortalizada en los videos y mensajes que salieron del celular del lobista Mauricio Novelli, en los cuales quedan expuestos los vínculos que tenía con Milei y su hermana Karina antes de que llegaran al Gobierno. La humildad de los videos entre los tres, los supuestos pagos por servicios de influencer, las charlas rentadas, todo parecía formar parte de un mecanismo precario de sobrevivientes tratando de capitalizar la fama de Milei. Es un retrato vivo de la precuela de $LIBRA, que permite entender qué pudo haber pasado después.

Ese armado de subsistencia de pronto se encontró en la cúspide del poder, con la posibilidad de potenciar ingresos y socios, pero con la imprudencia y los descuidos que regían en la etapa anterior. Como si no hubiese habido nadie en condiciones de filtrar esa dinámica para hacerles ver que ya en la Presidencia ese juego necesitaba otras reglas. Es cierto que el tema socialmente no impacta tanto porque el mundo cripto es muy complejo y porque en el fondo la gente no percibe que el dinero ganado o perdido allí saliera de su bolsillo. Pero el silencio que se impuso la Casa Rosada sobre el tema empieza a resultar insuficiente como estrategia.
La segunda interpretación es judicial, abonada incluso dentro del propio Gobierno, sostiene que la filtración del contenido del celular de Novelli pudo haberse tratado de una vendetta del “comité de bienvenida” de Comodoro Py. Esta hipótesis apuntaría al juez Marcelo Martínez de Giorgi, a cargo de la causa $LIBRA (aunque la investigación la lleva el fiscal Eduardo Taiano), quien integra el sector de tribunales ligado a Ariel Lijo y al espía Antonio Stiuso, que se referencia en Santiago Caputo.
Este grupo, que auspiciaba la llegada de Guillermo Montenegro al Ministerio de Justicia, fue el gran derrotado con el arribo de Juan Bautista Mahiques y estaría mostrando el poder de respuesta que conserva. “Resulta paradójico que ocurra justo una semana después de la llegada del nuevo ministro. Me parece que allí hubo un mensaje. Además demostraría que tan mal no lo estábamos haciendo, porque el caso $LIBRA estaba contenido y ahora se desató con fuerza”, relata un concurrente de ese equipo.
Lijo, que ya tramita la sensible causa de Andis, ahora también está a cargo de investigar cómo se pagó el viaje de Adorni a Punta del Este. Es imposible no mirar lo que ocurra allí sin el prisma distorsivo de la susceptibilidad. El jefe de Gabinete quedó atrapado en un vuelo menor por no poder explicar en forma convincente cómo se pagó el chárter. Pero el problema es que ese video maldito de él subiendo al avión con su familia podría haber expuesto algo más: un estándar de vida que se elevó con gracia desde su llegada al poder.

Quienes vieron esta semana al jefe de Gabinete lo notaron visiblemente abrumado por la situación, en particular porque no está acostumbrado y porque también involucró a su familia. Es la primera vez que está sometido a semejante presión. El caso no sólo caló socialmente, sino que descolocó a la militancia digital libertaria, que hizo silencio ante la incomodidad del caso.
“No nos podemos plantar como otras veces. Nos dicen que lo protejamos, pero es difícil. Hay una disociación entre los que están arriba y los que estamos abajo. Lo que pasó no gustó entre los sectores jóvenes más activos que tenemos”, grafica un referente libertario en el ecosistema de las redes.

Adorni cuenta con el aval completo de los Milei, por lo cual hoy luce improbable que deje su cargo, excepto que se trate de una decisión personal. Sin embargo, la falta de una estrategia comunicacional le está generando un daño grave, porque frente a la adversidad dentro del Gobierno se impuso la lógica del silencio. Insólitamente cuando el lunes se reunió la mesa política, no se debatió el tema. Ese nucleamiento al que concurren cada vez más integrantes (Karina, Adorni, Caputo, los Menem, Diego Santilli, Patricia Bullrich e invitados), empieza a transformarse en una charla de té sin efectos reales.
Al hablar en televisión Adorni apuntó implícitamente contra Santiago Caputo y su manejo de la SIDE al decir que la filtración del video surgió “puertas adentro”. Después la identificación de una gremialista como la autora de la grabación buscó disipar la tensión. Pero quedó flotando en el aire un nuevo intento por generar sospechas sobre la agencia de inteligencia.

Es parte de la ofensiva de un sector del karinismo para quitarle al asesor el control del espionaje. Pero de fondo hay un problema mayor, que es que la información que se reúne en la SIDE no fluye con naturalidad. Y un caso lo refleja como ningún otro: el del gendarme Nahuel Gallo. Contrariamente a lo que se creía, el Gobierno recibió un informe de inteligencia del organismo que anticipaba 40 días antes que sería liberado. También sabía que el gobierno de Venezuela nunca se lo entregaría a Milei, razón por la cual Cancillería resolvió mantener el reclamo por las vías oficiales.
Todo el trámite estuvo a cargo del oscuro abogado Franco Bindi, la pareja de la diputada Marcela Pagano, quien mantiene un vínculo personal con Delcy Rodríguez, la presidenta a cargo de Venezuela. La aparición de la AFA para aportar el vuelo de repatriación fue meramente instrumental. Si tenía esa información, ¿no debió el Gobierno haber activado otro tipo de estrategia para no emerger completamente fuera de registro, dos horas antes de que Milei hablara ante la Asamblea Legislativa? Hay muchos que atribuyen el incordio a la interna eterna.

Quienes conocen a la hermana presidencial, aseguran que no le perdona a Caputo su desplante público el día de la asunción de Mahiques. Ella le retribuyó el miércoles al no aplaudirlo. Chiquilinadas. “Karina espera un gesto de Santiago, hasta algo afectivo diría. Si una vez me dijo: ‘No me saludó ni para las fiestas de fin de año’”, relata un hombre al tanto de los vaivenes de esa relación. Pero Caputo le profesa una baja consideración intelectual y todo el tiempo le hace ver que su vínculo es con Javier. El problema ahora es que lo que él acuerda con Milei es de cumplimiento cada vez más relativo.
De la SIDE partirá en los próximos meses Diego Kravetz, en los papeles el número 2 del organismo. Se irá para disputar la intendencia de Lanús el año próximo. Esa premura se corresponde con la percepción generalizada de que nuevamente Axel Kicillof desdoblaría las elecciones bonaerenses, por presión de los intendentes, tanto los propios como los más cercanos a La Cámpora. Con el argumento de que la logística de las elecciones concurrentes es muy compleja, los barones quieren escindir su suerte de la disputa nacional. El problema es que esta vez al gobernador no le convendría para sus aspiraciones presidenciales.

Las penurias del Gobierno, y la convicción de que el calendario electoral se adelantará en la mayoría de las provincias, activó en los últimos días a diferentes sectores de la oposición. Mauricio Macri volvió con globos amarillos para reafirmar lo que queda de Pro, Miguel Pichetto y Emilio Monzó anduvieron de recorridas y fotos, y un grupo de referentes peronistas empezaron a levantar el perfil para articular una “Alternativa Nacional”, léase una corriente peronista federal no kirchnerista.

Allí los convocantes son Victoria Tolosa Paz, Guillermo Michel y Juan Manuel Olmos. Detrás circula la sombra de Sergio Massa. Si bien hay nexos con Kicillof, por ahora no es parte de la movida porque todavía no confían en su deskirchnerización. Son los primeros movimientos de una oposición que se despereza tras más de dos años de desconcierto.
Intuyen que el cuadro social se agravará y que tendrán una oportunidad. Saben que lo que define la partida es el éxito o el fracaso del programa económico de Milei. Ese plan con el que convenció a la sociedad argentina, pero que ahora quedó envuelto en interrogantes.
1El elogio de Elisa Carrió a Sturzenegger por una de sus últimas medidas
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El Gobierno le contestó al fiscal del caso $LIBRA que no tenía registro del presunto acuerdo confidencial entre Milei y Hayden Davis
3El piloto al que le facturaron el viaje de Adorni a Punta del Este negó haberlo pagado: “Al vuelo lo reservó y pagó Marcelo Grandio”
4El golpe del 76 | Las particularidades de un experimento tenebroso






















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