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GREGORIO BELINCHÓN El País 2026 (/1.6.26)

martes, 7 de julio de 2026

 

Gael García Bernal: “Es increíble que figuras como el Papa o el Rey sean mucho más sofisticadas que los políticos actuales”

El actor mexicano encarna al navegante portugués Fernando de Magallanes en un ‘biopic’ del filipino Lav Diaz, figura del cine de autor más radical

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Tráiler de 'Magallanes'
Gael García Bernal, en 2024, en Madrid.Foto: Juan Barbosa (Europa Press)

El mexicano Gael García Bernal (Guadalajara, 47 años) ha acabado encarnando a un personaje histórico portugués, Fernando de Magallanes, que sirvió a la corona española en una película de Lav Diaz, el cineasta filipino más conocido en el cine de autor más correoso. Un extraño cóctel que García Bernal defiende: “Los actos fílmicos de fe funcionan muy pocas veces. Muy pocas y lo sé bien; por eso es increíble participar en uno de ellos”.

Cuando el actor y director responde a la videollamada de EL PAÍS, ayer martes, han pasado cinco días del encuentro entre el rey Felipe VI y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, para enterrar el distanciamiento político y diplomático entre los dos países. En mayo, durante el festival de Cannes, Diego Luna, amigo íntimo y socio en diversas aventuras fílmicas de García Bernal, respondió a este periódico sobre las relaciones entre ambas naciones, en aquel momento torpedeadas por una beligerante visita a México de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

“Me encantó lo que te dijo Diego, aquello de: ‘Hago un esfuerzo por tratar de no escuchar estos mensajes de odio, para no perder mi tiempo en eso’. En fin, es increíble que figuras como el Papa o el Rey sean mucho más sofisticadas que los políticos actuales. Figuras que antes jamás pensarías que dirían lo que están diciendo, y hoy son más sensibles, sensatas, sofisticadas, incluso más interesantes que los políticos. Es tremendo el triunfo de la política electorera. Lo mismo ya era así, navegando aguas muy turbias y enfangadas. En alguna época pensábamos que para entrar en política tenías que ser ilustrado, tener estudios, y desgraciadamente todo se deshizo de forma muy rápida por culpa de Estados Unidos y de cómo en ese país funciona ahora el sistema democrático. En fin, a Estados Unidos hay que culparles de muchas cosas y esta es una de ellas. Sin embargo, como dijo Diego, no podemos perder el tiempo con discursos de odio. Hoy en día hay tanta opinión sobre la estupidez general, y además hay tantas opiniones estúpidas [ríe]... Vaya acumulación de cosas”.

De ahí, García Bernal salta él solo a Magallanes, que se estrena este viernes en España, porque el mexicano siempre ha sido de verborrea fácil: “La mejor manera de analizar hechos históricos, de narrar personajes y conquistas, es a través de aproximaciones sofisticadas como esta película. Porque se desmitifica, se desacraliza, se hilvanan preguntas abiertas. Humanizas a personajes, y no me refiero a esa parte simple y superficial de darles cuerpo y alma, sino de quitarles todo el barniz político con el que fueron contados”.

Y por eso la propuesta de encarnar a este portugués, que le llegó vía Albert Serra, productor de la película, le atrajo tanto. “Magallanes es para los portugueses un traidor a su país; para la Corona española siempre fue una persona muy incómoda... Pasado el tiempo, quienes le reivindican son los exploradores, es decir, la ciencia. Es interesantísimo: católico converso de segunda o tercera generación, que se aventuró a algo que nadie había hecho y que logró, sin saberlo porque murió antes, cambiar el mundo”.

Porque, como apunta el actor, “es tiempo de contar las colonizaciones con otras aproximaciones. Y reconocer factores importantísimos que a veces pasamos por encima, porque no son cómodos, ¿no?“. Ahonda en la respuesta: “Eran fanáticos religiosos. Mucho más allá del legado o la trascendencia, que no era como la entendemos hoy en día, se cuestionaban cómo conseguir su paraíso, la vida prometida después de la vida terrena. Su respuesta: a través de la evangelización, que la llevaban de bandera y les llenaba de fortaleza. Cuando esta convicción religiosa y espiritual es muy fuerte, mueve montañas, se consiguen cosas impresionantes. Ese matiz pocas veces se ha explorado. Y si aparece, se muestra como acto de bondad”.

Aquel choque de civilizaciones, que dirían otros, trajo acontecimientos “curiosos”, explica el mexicano. “De hecho, es muy curioso el diálogo entre los habitantes de la isla de Cebú con estas personas que venían en barco desde el Este, cuando nadie llegaba desde este punto cardinal. Los indígenas los recibieron con una amabilidad tremenda, fascinados, preguntándoles con sinceridad quiénes eran, o sea, de qué hacían. Y los españoles les hablan de un dios y de un club al que pertenecían, una corona y una religión que les había empujado hasta allí, y les sonó estupendo: ellos también querían ser parte de ese club. Juguemos a ese juego. Y si lo piensas, es como si hoy alguien te dijera: ‘Te leo las cartas, dale’. Bueno, pues a todo eso es a lo que me refiero cuando digo humanizar, darle la vuelta a las historias”.

El cineasta insiste en que hay miles de historias aún que contar sobre el virreinato de la Nueva España. “Personajes, hechos históricos, mestizajes... Cómo cambiaron los centros neurálgicos. Y nos quedan todavía más cosas que descubrir. A mí me llamó la atención que en Filipinas, a las cinco de la mañana, los vendedores gritaban: ‘¡Tamaleees, tamaleees!’. ¡Y son rosas! ¿Cómo pudo ser, cómo llegaron hasta ahí? Me parece todo muy interesante”.

García Bernal encara ahora la preproducción de su tercer largo como director, Hombre al agua. “Pronto acabo, sí”, responde riendo. Cuando actúa, ¿acalla al director? “Como actor, y así aprendí de Iñárritu, Alfonso Cuarón o Walter Salles, formas parte de un equipo que quiere hacer una buena película y una buena película es, sobre todo, una historia con un punto de vista. Los actores interpretamos. El cine es piramidal. Todos participamos como un equipo fuerte, sólido. Pero sin punto de vista no saldrá algo interesante. Claro que salen adelante películas montessori, pero no son tan buenas. Yo llevo muchos años en esto, sé diferenciar entre una cosa y otra. Cuando uno dirige, vives una soledad tremenda, te posee un sentimiento de que estás a punto de cagarla brutalmente. Es un poco magallanesco ese sentimiento de navegar intuitivamente buscando el paso, dejándote la piel. Diciendo como director a tu equipo: ‘Encontraremos el paso hacia el otro lado, hay que seguir adelante’. Aunque se te vayan amotinando personas. Y además, como si hacer esa película fuera lo más importante, cuando al mundo le da igual qué películas se hacen o no”. El discurso lo remata con una sonora carcajada.

García Bernal responde desde Ciudad de México, absorbido por el Mundial de Fútbol que ahí se celebra. Más allá de los resultados, y tras hablar de diversas selecciones y de cómo superan o no las eliminatorias, el cineasta quiere dejar algo muy claro: “Es fantástico cómo México ha volcado toda la alegría en el Mundial, y la ha hecho verdadera. De paso ha quitado todas estas cosas ridículas, esos adornos de la FIFA, y ha logrado un carnaval fantástico. Vivimos una locura hermosa”.

Diez películas de Marilyn Monroe para celebrar su centenario

La protagonista de ‘Vidas rebeldes’, ‘Con faldas y a lo loco’ o ‘Los caballeros las prefieren rubias’ hubiera cumplido 100 años el 1 de junio

Marilyn Monroe, en 1954.Baron (Getty Images)

Este lunes, 1 de junio, Norma Jeane Mortenson hubiera cumplido un siglo de vida. Murió a los 36 años, el 4 de agosto de 1962. Pero su alter ego artístico, Marilyn Monroe, se convirtió en leyenda del cine. La fachada de rubia explosiva escondía una infancia durísima, en la que pasó hasta por 12 hogares de acogida; una vida sentimental tortuosa y una existencia marcada por sus dudas artísticas y una muy mala salud (nunca logró que prosperaran sus embarazos).

Con todo, de entre su treintena de películas hay un puñado de títulos inolvidables, que merece la pena rescatar en su centenario. Monroe estaba espléndidamente dotada para la comedia y habría sido una buena actriz dramática si la salud se lo hubiera permitido y no se hubiera hundido en su proceso autodestructivo.

‘La jungla de asfalto’ (1950)

Monroe llevaba un puñado de películas y tres años de trabajo en Hollywood con contratos con la Fox y Columbia cuando participó en este thriller —centrado en un atraco a una joyería que fracasa— de John Huston. Su personaje es secundario y ni siquiera aparecía en el cartel original. Cuando se hizo famosa, su nombre creció en las promociones de los reestrenos. Ella misma estaba muy orgullosa de su labor, especialmente en su secuencia final con Louis Calhern.

‘Eva al desnudo’ (1950)

La segunda de las películas de 1950 en las que Monroe hizo estupendos papeles secundarios. Este drama de Joseph L. Mankiewicz explora la rivalidad entre una gran dama de la actuación (Bette Davis) y la actriz llamada a sustituirla (Anne Baxter). Monroe tenía poco texto y aun así ya se hizo famosa por olvidarse sus líneas. A cambio, participar en un drama de prestigio, que logró 14 candidaturas a los Oscar, provocó que más gente se fijara en ella.

‘Me siento rejuvenecer’ (1952)

Esta comedia ascendió a Monroe a otra liga. El paquete era excepcional: Howard Hawks dirigiendo, en el guion Ben Hecht, Charles Lederer e I. A. L. Diamond, y en el reparto Cary Grant, Ginger Rogers y Charles Coburn. La historia: un químico descubre el elixir de la juventud experimentando con chimpancés. A Monroe le tocó el personaje arquetípico de secretaria rubia tonta, inconsciente de los estragos que causa su sensualidad. Perfecto en una comedia como esta, pero una etiqueta contra la que luchó toda su vida.

‘Niágara’ (1953)

Por fin, Monroe alcanzó los papeles protagonistas y afinó el físico con el que sería estrella: cejas arqueadas oscuras, labios rojos y un lunar, todo enmarcado por una melena corta rubia (obviamente, teñida) que le dio el aire de bomba sexual. Darryl F. Zanuck, que presidía Fox, la pidió expresamente para el papel de una esposa, femme fatale, que planea asesinar a su marido (Joseph Cotten), en este drama de Henry Hathaway.

‘Los caballeros las prefieren rubias’ (1953)

Segundo taquillazo en 1953 de Monroe (lo remataría con Cómo casarse con un millonario). Los caballeros las prefieren rubias, de Hawks, la empareja con Jane Russell como dos coristas que viajan a París perseguidas por una corte de admiradores. Y sí, es la comedia musical con el famoso número de Diamonds Are a Girl’s Best Friend y el vestido rosa de Marilyn.

‘La tentación vive arriba’ (1955)

Casada con Joe DiMaggio, estrella del béisbol, y tras varias tensiones con el estudio Fox, Monroe rodó la primera de sus películas con Billy Wilder. Encarna a la vecina objeto de deseo sexual de un ejecutivo que se queda solo, sin su familia, en un verano neoyorquino. Wilder quería a un actor que prometía mucho (Walter Matthau), pero Fox prefirió asegurar el proyecto con el actor que había encarnado ese papel en Broadway, Tom Ewell. DiMaggio estuvo presente el día del rodaje de la secuencia en la que Monroe, con un vestido blanco, pasa por encima de un respiradero del metro, una de las imágenes míticas de la historia del cine. Esa noche, 5.000 personas asistieron en la calle a esa filmación... Su ruido hizo que la toma fuera inservible y se repitió en un estudio. A Wilder nunca le gustó esta comedia, ya que por la censura “era una película sobre la nada”.

‘El príncipe y la corista’ (1957)

Monroe fundó su propia productora, se divorció de DiMaggio, se casó con el dramaturgo Arthur Miller y se apuntó a clases con Strasberg. Después del éxito del drama Bus Stop, llegó a un acuerdo con Laurence Olivier (que había interpretado la obra en Londres) para coproducir El príncipe y la corista... antes de que acabaran discutiendo constantemente. Fue la única película que rodó la actriz fuera de EE UU. Acabada la comedia, Monroe se retiró año y medio para dedicarse a Miller y a su intención —infructuosa— de fundar una familia.

‘Con faldas y a loco’ (1959)

A su vuelta a Hollywood, Monroe rodó de nuevo con Wilder, esta vez con Tony Curtis y Jack Lemmon como compañeros. Dudó si aceptar el proyecto, porque volvía a encarnar a una “rubia tonta”, pero quería repetir con Wilder y se aseguró un buen pellizco de las ganancias de la película. El rodaje fue infernal, Curtis acabó harto de repetir tomas y por eso soltó su mítica frase: “Besar a Marilyn es como besar a Hitler”, y el cineasta aseguró: “Tengo una vieja tía en Viena que estaría en el plató cada mañana a las seis y se sabría todos los diálogos. Pero, ¿quién querría verla?”. Con faldas y a lo loco es una de las grandes comedias de todos los tiempos.

‘El multimillonario’ (1960)

La actriz volvió a pausar su carrera profesional hasta finales de 1959, y aceptó este proyecto obligada por su contrato con Fox. Dirigida por George Cukor, este filme con Yves Montand como coprotagonista merece la pena porque fue la última comedia musical de Monroe, su última película en color y su último trabajo en CinemaScope. Y porque ahí arrancó el final de su matrimonio con Miller.

‘Vidas rebeldes’ (1963)

La última película que Monroe completó, eso sí, con muy mala salud y enganchada a los barbitúricos. Miller había basado el personaje de la actriz en la propia vida de Marilyn, lo que la molestó profundamente. Volvió a trabajar con Huston, como al inicio de su carrera, y Monroe está brillante. Fue también el último trabajo de Clark Gable, que vio un premontaje antes de morir a los 10 días de acabarse el rodaje. Año y medio después, Monroe fallecería en el rodaje de Something’s Got to Give.

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