Daniel Ngamije, jefe de malaria de la OMS: “El impacto global de la enfermedad sigue siendo enorme”
El responsable de los programas de esta dolencia advierte de que los recortes en la ayuda internacional, agravados tras el cierre de USAID, amenazan los avances logrados contra una enfermedad que causa más de 600.000 muertes al año


Ahora que la ciencia dispone de más herramientas que nunca para combatir la malaria, una de las enfermedades infecciosas más letales del mundo y responsable de 600.000 muertes al año, “no es el momento de reducir el apoyo a los países”, afirma de forma contundente el médico ruandés Daniel Ngamije, director de los programas de malaria y enfermedades tropicales desatendidas de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Exministro de Salud de Ruanda entre 2020 y 2022, Ngamije, que acaba de participar en Madrid en la Conferencia de Salud Global organizada por la Fundación Mundo Sano, alerta sobre los impactos de los recortes en la ayuda oficial al desarrollo, especialmente tras el cierre de USAID, la agencia estadounidense que durante décadas fue uno de los principales financiadores de la salud global. Llegan, lamenta, en un momento especialmente delicado para una enfermedad que sigue golpeando sobre todo a los niños menores de cinco años y a las mujeres embarazadas en África subsahariana. “Si los países no pueden mantener la cobertura de las intervenciones esenciales para prevenir, diagnosticar y tratar la malaria, habrá más casos y más muertes”, sostiene.
Pregunta. Los recortes en ayuda internacional están afectando a los programas de salud en muchos países. ¿Qué impacto están teniendo en la lucha contra la malaria?
Respuesta. Están afectando drásticamente a nuestra capacidad para apoyar a los países y a la de los propios Estados para responder adecuadamente a la malaria. Incluso antes de los recortes recientes los programas ya estaban insuficientemente financiados.
P. ¿De qué magnitud estamos hablando?
R. Durante los últimos años se cubrieron menos del 50% de las necesidades globales para malaria. Los países afectados necesitan alrededor de 8.500 millones de dólares (7.407 millones de euros) al año, pero los recursos movilizados apenas representaban cerca del 40% de esa cifra. Además, dos tercios de la financiación procedían de ayuda externa y un tercio de los propios países. Estados Unidos contribuía de forma muy significativa dentro de esa financiación internacional. Con unas reposiciones del Fondo Mundial y Gavi (Alianza para las Vacunas) inferiores a lo previsto, algunos países recibirán entre un 10% y un 30% menos de financiación que en el ciclo anterior.
P. ¿Qué significa esta reducción sobre el terreno?
R. La principal preocupación es que los países no puedan mantener la cobertura de las intervenciones de prevención, diagnóstico y tratamiento. Si disminuye esa cobertura, aumentarán los casos y las muertes. En 2024 contabilizamos 282 millones de casos y más de 600.000 fallecimientos, la mayoría en menores de cinco años y mujeres embarazadas en África, un ligero incremento con respecto a 2023. Diez países concentran más del 70% de toda la carga mundial: Nigeria, República Democrática del Congo, Uganda, Etiopía, Mozambique, Tanzania, Malí, Níger, Costa de Marfil y Burkina Faso.
Si los países no pueden mantener la cobertura de las intervenciones esenciales, habrá más casos y más muertes
P. ¿Los datos de 2025 pueden ser aún peores?
R. Todavía no los tenemos porque se publicarán a finales de este año, pero el crecimiento de la población, los fenómenos meteorológicos extremos y los desplazamientos provocados por la inseguridad hacen que más personas estén expuestas a las picaduras de mosquitos que transmiten la enfermedad. Es posible que observemos cifras similares o incluso algo superiores.

P. ¿El mundo corre el riesgo de perder parte de los avances logrados en las últimas décadas?
R. Si los países no pueden mantener la cobertura de las intervenciones esenciales para prevenir, diagnosticar y tratar la malaria, habrá más casos y más muertes. Hay motivos de preocupación. Los mayores progresos se registraron entre 2000 y 2015. Sin embargo, entre 2015 y 2024 hemos observado un estancamiento en la reducción de casos y muertes. Las razones son múltiples: amenazas biológicas como la resistencia a insecticidas y a algunos tratamientos antipalúdicos, la insuficiente financiación, sistemas sanitarios frágiles o el cambio climático. Pese a todo, hay buenas noticias.
P. ¿Cuáles son esas buenas noticias?
R. Disponemos de nuevas herramientas. Se están distribuyendo mosquiteras tratadas con insecticidas de nueva generación, incluidos modelos con doble ingrediente activo. También contamos con nuevos tratamientos para responder a la resistencia de los parásitos. Además, hay medicamentos en desarrollo que no están basados en la artemisinina, que se utiliza desde hace más de 20 años en algunos países. Eso significa que en los próximos años podríamos disponer de nuevas opciones terapéuticas. También estamos viendo que algunos países endémicos están incrementando sus presupuestos nacionales para malaria. Son conscientes de que, si quieren mantener la cobertura actual, deben aumentar su contribución.
P. Las vacunas han sido una de las últimas grandes novedades en la lucha contra la malaria. ¿Qué resultados están observando?
R. La vacuna ha demostrado un impacto significativo. Actualmente se utiliza en 25 países. Entre los niños vacunados se ha observado una reducción del 13% de la mortalidad infantil en comparación con quienes solo recibieron intervenciones convencionales. También se ha registrado una disminución de hasta el 22% en los ingresos hospitalarios. Pero es una herramienta más dentro de un conjunto de intervenciones que incluye mosquiteras tratadas con insecticidas, quimioprevención, diagnóstico y tratamiento. Además, esperamos que los costes disminuyan en los próximos años, lo que facilitará su incorporación por parte de más países. Por eso, si las nuevas herramientas no llegan a quienes las necesitan por falta de financiación, también corremos el riesgo de desincentivar la investigación. Hemos esperado más de 50 años para disponer de vacunas contra la malaria y ahora contamos con dos.
P. En un momento de crisis múltiples, ¿qué mensaje transmite a gobiernos y donantes para que sigan apostando por la malaria?
Este no es el momento de reducir el apoyo a los países
R. Que el impacto global de la malaria sigue siendo enorme. Tiene consecuencias muy importantes en términos de mortalidad y morbilidad, pero también en productividad. Piense en una familia con cinco o seis hijos, donde cada niño puede sufrir una media de dos episodios de malaria al año: la familia tendrá que afrontar un gasto directo en atención sanitaria, lo que en muchos casos provoca el empobrecimiento de esa familia. Además, los niños se ven obligados a faltar a la escuela. Pero, además, cuando la malaria no está controlada, los sistemas sanitarios terminan desbordados.

P. ¿Por qué?
R. Porque en muchos países entre el 60% y el 70% de las consultas son por fiebre, uno de los principales síntomas de la malaria. Si los profesionales sanitarios dedican la mayor parte de su tiempo a atender esos casos, disponen de menos capacidad para tratar otras enfermedades. Por eso seguir invirtiendo en malaria también fortalece los sistemas de salud, pero tiene un retorno que va mucho más allá: tiene efectos sobre la educación, la productividad y el desarrollo económico. Este no es el momento de reducir el apoyo a los países.
P. Usted dirige también el programa de enfermedades tropicales desatendidas. Pese a los avances, ¿siguen haciendo honor a su nombre?
R. Hemos logrado avances importantes. Cada vez más países priorizan estas enfermedades y aumentan sus inversiones. También contamos con una hoja de ruta muy clara y con un compromiso político creciente. Pero todavía existe una importante brecha de financiación. No vamos a cambiarles el nombre. Seguirán llamándose enfermedades tropicales desatendidas hasta que ganemos esta batalla.
Las epidemias que nunca fueron: así se cortaron de raíz brotes potencialmente mortales
Médicos, epidemiólogos y sistemas de vigilancia han logrado contener brotes de cólera, mpox o virus de Marburgo antes de que se convirtieran en emergencias internacionales

El 10 de diciembre de 2024, una mujer llegó a un centro de salud de Pariak, una localidad del Estado de Jonglei, en Sudán del Sur, con diarrea, vómitos y síntomas de deshidratación. Había regresado recientemente de una zona afectada por el cólera. En uno de los países más vulnerables del mundo, donde millones de personas carecen de acceso regular a agua potable y servicios sanitarios, aquello podía haber sido el comienzo de una nueva emergencia.
Pero no lo fue. Un trabajador sanitario sospechó rápidamente de un posible caso de cólera, la paciente fue aislada y las autoridades activaron los protocolos de vigilancia y respuesta y rastrearon los contactos. Once días después, el brote había terminado. Hubo seis casos y ninguna muerte, pese a que el cólera puede matar en cuestión de horas si no se trata a tiempo y pese a que África atraviesa uno de los peores repuntes de la enfermedad: los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC África) anunciaron el pasado noviembre que el continente vivía el “peor brote de cólera en 25 años”, con cerca de 300.000 casos y más de 7.000 muertes en 2025.
La historia de Sudán del Sur no apareció en los medios internacionales precisamente porque salió bien. Ese es el tipo de éxitos que intenta sacar a la luz Las epidemias que no ocurrieron, un informe cuya última edición acaba de presentar en Ginebra la organización internacional de salud pública Resolve to Save Lives, que recopila ejemplos de brotes detectados y contenidos antes de convertirse en crisis sanitarias.
“Cuando la salud pública tiene más éxito, es invisible, lo que hace que sea muy difícil explicar al público y a los responsables políticos por qué es tan importante seguir invirtiendo en prevención”, explica Amanda McClelland, vicepresidenta de Prevención de Epidemias de la organización. “Por eso empezamos este informe: para entender qué funciona cuando un brote logra detenerse a tiempo”, añade la experta.
La idea cobra especial relevancia en un momento en el que el mundo vuelve a mirar con preocupación al ébola. El actual brote detectado en la República Democrática del Congo (RDC), que se ha extendido también a Uganda, circuló durante un mes sin ser detectado, lo que contribuyó a su expansión, según reconoció la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cuando las autoridades lograron confirmar la presencia de la variante Bundibugyo del virus, la epidemia acumulaba ya cientos de contagios. Según los últimos datos publicados, la OMS contabilizaba 515 casos confirmados y 91 muertes en la RDC, además de 19 casos confirmados y tres fallecimientos (dos confirmados y uno probable) en Uganda.
Cuando la salud pública tiene más éxito, es invisible, lo que hace que sea muy difícil explicar al público y a los responsables políticos por qué es tan importante seguir invirtiendo en prevenciónAmanda McClelland, Resolve to Save Lives
Pero el ébola no es una excepción. “La probabilidad de brotes está aumentando”, advierte Mark Lucera, director de Estrategia de la Coalición para las Innovaciones en Preparación ante Epidemias (CEPI). El cambio climático, la urbanización acelerada, la deforestación y el incremento de los desplazamientos humanos están creando nuevas oportunidades para que los patógenos se propaguen. “Solo durante el último año, CEPI ha monitorizado más de 15 brotes distintos”, señala.
Sin embargo muchos de ellos “sí han sido contenidos” sin que apenas nadie se enterara, subraya Priya Basu, directora ejecutiva del Fondo de Pandemias. “Durante los últimos meses, países de África, América Latina, el Caribe y Asia” han logrado contener “brotes de cólera, gripe aviar, ántrax, mpox o virus de Marburgo”, aclara Basu, que destaca el papel de “ministros de Sanidad de todo el mundo y otros líderes internacionales, que son héroes silenciosos que trabajan para evitar que los brotes se propaguen”.
Una aguja en un pajar
La prevención, destaca McClelland, rara vez depende de una tecnología revolucionaria. “Los casos de éxito no son más que el trabajo diario de buscar indicios de posibles brotes y responder a ellos con rapidez. Y a veces es como buscar una aguja en un pajar: recibimos muchas señales, algunas de las cuales resultan ser totalmente normales, pero eso no se sabe hasta que se investigan”, explica la experta en emergencias de salud.
“A menudo es el trabajo que pasa inadvertido de los centros de atención primaria, que tienen una buena sospecha clínica e identifican los posibles casos que son motivo de preocupación y se lo notifican a los departamentos de salud pública”, añade. La detección temprana depende también de “laboratorios capaces de analizar muestras”, de epidemiólogos que investiguen grupos inusuales de enfermos o muertes y, sobre todo, de disponer de “financiación inmediata” para actuar antes de que una alerta se convierta en una emergencia, añade McClelland.
“A veces basta con entre 2.000 y 3.000 dólares (1.728 y 2.592 euros) para enviar equipos a investigar estas alertas antes de que se declare un brote”, señala la experta; una cifra muy inferior a los 518 millones de dólares que la OMS y los CDC Africanos invertirán para contener el actual brote de ébola. “Si encontramos los brotes antes y los detenemos rápidamente, simplemente se propagan menos”, añade.

Un ejemplo de esa vigilancia preventiva ocurrió en El Salvador. Después de que el país eliminara la malaria, las autoridades detectaron un nuevo riesgo: la llegada de trabajadores salvadoreños procedentes de la RDC, donde la enfermedad sigue siendo endémica. Se identificaron más de un centenar de casos importados, pero ninguno acabó provocando transmisión local porque no llegaron a infectar a mosquitos capaces de propagar la enfermedad picando a más personas. “No estaban esperando a que ocurriera una epidemia; estaban anticipándose”, explica McClelland. La responsable recuerda incluso cómo algunos de los trabajadores infectados fueron trasladados temporalmente a zonas montañosas donde no había mosquitos capaces de transmitir la enfermedad, una medida sencilla pero eficaz para evitar nuevos contagios.
El actual brote de ébola ofrece, sin embargo, un ejemplo de lo que ocurre cuando los sistemas de detección fallan. En la RDC, los primeros casos no fueron identificados de inmediato porque los laboratorios locales no disponían de reactivos para detectar la variante Bundibugyo del virus, una cepa mucho menos frecuente que la variante Zaire. Mientras se descartaban otras enfermedades y se enviaban muestras a centros con mayor capacidad diagnóstica, el virus siguió circulando. “Se puede imaginar lo difícil que es encontrar un caso de ébola entre cientos de casos de malaria o de neumonía”, continúa McClelland.
Pero la misma lógica funciona a la inversa cuando la detección llega a tiempo. En Gabón, por ejemplo, las autoridades consiguieron contener un brote de mpox en plena expansión regional de la enfermedad. La rápida identificación de los casos y el rastreo de contactos limitaron el episodio a dos contagios confirmados y ninguna muerte, según el informe Las Epidemias que no ocurrieron.
Del Caribe a Ruanda
Si el brote de ébola en la RDC ilustra lo que puede ocurrir cuando la detección llega tarde, los casos recopilados por Resolve to Save Lives muestran el escenario contrario: sistemas sanitarios capaces de identificar una amenaza a tiempo y actuar antes de que se propague.
Uno de los casos más emblemáticos es el de la Copa Mundial de Cricket T20 de 2024, celebrada simultáneamente en seis islas del Caribe y con miles de desplazamientos entre países. Las autoridades desplegaron por primera vez un sistema electrónico regional de vigilancia para eventos multitudinarios con apoyo del Fondo para Pandemias. El sistema permitió compartir información sanitaria en tiempo real y detectar posibles amenazas con rapidez. “Por primera vez fueron capaces de celebrar una Copa del Mundo de Cricket libre de brotes”, destaca Basu.
Ruanda constituye otro de los casos paradigmáticos del informe. Gracias a inversiones previas en vigilancia epidemiológica y herramientas digitales, el país logró contener rápidamente un brote de virus de Marburgo en 2024. Entre otras innovaciones, las autoridades utilizaron drones para transportar suministros médicos esenciales y acelerar la respuesta en zonas remotas.
Solo durante el último año, CEPI ha monitorizado más de 15 brotes distintosMark Lucera, Coalición para las Innovaciones en Preparación ante Epidemias (CEPI)
“La preparación puede marcar la diferencia entre una alerta sanitaria y una crisis de gran escala”, asegura sobre el caso ruandés Mark Lucera, responsable de CEPI. Semanas antes de que se detectaran los primeros casos de virus de Marburgo en el país, esta organización había trabajado con las autoridades ruandesas en ejercicios de simulación para ensayar la respuesta a una emergencia sanitaria. Cuando apareció el brote real, buena parte de ese trabajo ya estaba hecho.
“Sabían a quién llamar, sabían cómo movilizar una respuesta temprana”, recuerda Lucera en una videollamada. Gracias a esa preparación, Ruanda consiguió poner en marcha un ensayo clínico con una vacuna experimental apenas unos días después de detectar los primeros casos, algo inédito en una emergencia de este tipo.
Por ello, el reto es, según defiende Lucera, convencer a los gobiernos de que mantengan la financiación incluso cuando no hay una emergencia inmediata. “Las inversiones globales en preparación pueden medirse en miles de millones, pero el coste de las pandemias se mide en billones”, afirma.
Pero mientras las amenazas se multiplican, Amanda McClelland, de Resolve to Save Lives, advierte de que muchos países están regresando al “ciclo de pánico y abandono” posterior a cada crisis sanitaria. “En cuanto nos relajamos o damos un paso atrás, los brotes continúan aumentando”, alerta. Las epidemias que no ocurren, recuerda el informe, son también las más fáciles de olvidar.
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Diene Keita, directora del Fondo de la Población de la ONU: “Cada día mueren 800 mujeres por causas prevenibles del embarazo y el parto”
La responsable del organismo encargado de promover los derechos sexuales y reproductivos insiste en que la igualdad de género también implica a los hombres y alerta de que los avances logrados en las últimas décadas no están garantizados


Uno de los mayores errores sobre la política feminista es, según Diene Keita, “pensar que solo concierne a las mujeres”. “Trata de la igualdad de género, de hombres y mujeres”, afirma la directora ejecutiva del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), el organismo encargado de promover los derechos sexuales y reproductivos, que acaba de visitar Madrid para participar en la V Conferencia de Política Exterior Feminista.
En un momento de creciente contestación de los derechos de las mujeres y de recortes en la ayuda internacional, Keita, nacida en Guinea hace 61 años, recuerda que todavía siguen muriendo cada día 800 mujeres por “causas prevenibles relacionadas con el embarazo y el parto”. “Es como si se estrellara cada día un avión jumbo lleno de pasajeros”, dice para mostrar la dimensión de la tragedia. Y lanza una advertencia: “Cada generación tiene que luchar por sus derechos porque puede perderlos”.
Pregunta. ¿Qué es para usted la política exterior feminista?
Respuesta. La política exterior feminista no trata de las mujeres, sino de la igualdad de género. Significa crear un mundo en el que todas las políticas y todas las inversiones, tanto dentro como fuera de un país, estén basadas en la igualdad. Cuando hablamos de igualdad de género, hablamos de hombres y mujeres. Hay 1.900 millones de jóvenes en el mundo, y de ellos 1.000 millones son mujeres jóvenes que necesitan servicios de salud sexual y reproductiva y que se enfrentan a hombres jóvenes que también necesitan servicios de salud sexual y reproductiva. Hoy la palabra “feminista” no significa lo que significaba en 1968: simplemente significa tener la arquitectura de género en la mente.
P. Sin embargo, las mujeres siguen siendo quienes más sufren en contextos de crisis.
R. Es cierto. Son el objetivo más fácil. Una niña puede ser atacada de camino a la escuela o no disponer de un lugar seguro para ir al baño. Puede sufrir violencia sexual, quedarse embarazada demasiado joven y morir por complicaciones relacionadas con el parto. Y, si no muere, sufrirá una fístula obstétrica (una lesión causada por complicaciones durante el parto que puede dejar secuelas permanentes). Por eso, la política feminista protege tanto a hombres como a mujeres, porque les permite acceder a servicios de salud sexual y reproductiva y a la educación necesaria para tomar decisiones sobre su futuro. Si no hacemos eso, nunca habrá un futuro para las próximas generaciones.
P. ¿Qué papel tienen los hombres en la construcción de una política feminista?
R. Un papel fundamental. En Afganistán, por ejemplo, tenemos ambulancias y espacios seguros para llegar a las mujeres que viven más aisladas. Y la mayoría de las personas que las llevan hasta esos espacios son hombres. Por eso la colaboración con hombres y niños es esencial. Si las mujeres tienen que trasladar a otras mujeres en Afganistán, ambas pueden estar en peligro. También trabajamos con ellos en otros países. En algunas zonas de África existen escuelas de maridos para explicarles qué hacemos y cómo pueden apoyar a las mujeres de sus comunidades. A veces estos programas parecen pequeños desde fuera, pero marcan una enorme diferencia.
P. ¿Recuerda algún caso que ilustre ese trabajo con los hombres?
R. Recuerdo el caso de una niña de 13 años que sufría una fístula obstétrica tras dar a luz. Su marido tenía 40 años y vivían en una zona remota. Cuando la llevaron al hospital, pudimos tratarla y él permaneció allí durante 15 días. Le explicamos qué le había ocurrido. Lloró y dijo: “Voy a llevar esto de vuelta a mi aldea. Esto no volverá a ocurrirle a una mujer joven”. Esa es la realidad de nuestro trabajo sobre el terreno: es discreto, íntimo y trata de cambiar vidas. Para mí, esa también es la política exterior feminista.
En algunas zonas de África existen escuelas de maridos para explicarles cómo pueden apoyar a las mujeres de sus comunidades
P. ¿Cómo se defiende la igualdad de género en un momento de reacción contra el feminismo y los derechos de las mujeres?
R. Mi mandato al frente del UNFPA consiste precisamente en promover la igualdad de género y situar la salud y los derechos sexuales y reproductivos en el centro de las políticas públicas. Mi trabajo es ayudar a que gobiernos y sociedades comprendan lo que esto significa para la vida de las personas. No se trata solo de tener una gran carretera financiada por la Unión Europea, sino de asegurarse de que las mujeres puedan acceder a ella. A menudo la gente solo ve una parte de nuestro trabajo, como la lucha contra la violencia de género o contra la mortalidad materna. Pero también ayudamos a formar matronas, enfermeras y médicos y a garantizar que los servicios lleguen hasta las comunidades más alejadas.

P. ¿Por qué siguen muriendo tantas mujeres por causas que pueden evitarse?
R. Cada día mueren 800 mujeres por causas prevenibles relacionadas con el embarazo y el parto. Es como si se estrellara cada día un avión jumbo lleno de pasajeros. Y 500 de ellas están en zonas de conflicto. Las 300 restantes mueren porque, o bien siguen en casa y no hay personal cualificado que atienda el parto, o porque cuando llegan al hospital nadie las atenderá. Algunas también llegan al hospital y hay alguien que las atiende, pero como su embarazo no ha sido monitoreado de forma adecuada, tendrán hemorragias y también morirán. Cada paso es importante para evitar lo “prevenible”. No se trata de preocuparse solo por las mujeres. Simplemente, las mujeres corren más riesgo con más frecuencia.
P. ¿Qué habría que hacer para evitar esas muertes?
R. El primer elemento fundamental es la planificación familiar. No porque se quiera reducir o aumentar la población, sino porque las personas deben tener la posibilidad de decidir cuándo tener hijos y poder cuidarlos. La planificación familiar salva vidas y, aun así, sigue encontrando resistencias. También es fundamental que los países inviertan en sus propias cadenas de suministro de anticonceptivos, complementando el apoyo de los países donantes.
P. ¿Qué impactos están notando en el terreno tras los recortes en la ayuda humanitaria y al desarrollo?
R. Los recursos están disminuyendo y cuando tenemos menos dinero, llegamos a menos personas. También es nuestra responsabilidad ayudar a promover una financiación innovadora mediante la participación del sector privado y la movilización de recursos internos de los países receptores. Por eso creo que la política exterior feminista también implica construir una mejor economía de los cuidados. En los países desarrollados puede significar más tiempo para cuidar a un bebé. En contextos de crisis significa garantizar espacios seguros donde las mujeres puedan dar a luz sin miedo.
Vamos a ser la generación que pierda todo lo que se ha conseguido hasta ahora? De ninguna manera
P. ¿Le preocupa que los derechos conquistados puedan retroceder?
R. Mucho. Cada generación tiene que luchar por sus derechos porque puede perderlos. No podemos limitarnos a apoyarnos sobre los hombros de la generación anterior. Ellos ya hicieron su parte. ¿Vamos a ser la generación que pierda todo lo que se ha conseguido hasta ahora? De ninguna manera. Pero también tenemos que aprender de los jóvenes. Los padres pueden transmitir la experiencia y la tradición, pero las nuevas generaciones tienen que explicar cómo es el mundo que están construyendo. Nuestra responsabilidad es estar lo suficientemente abiertos para escuchar. Ese es el desafío de la política feminista.
P. Existe un clamor para que la próxima persona que dirija Naciones Unidas sea una mujer, después de 80 años con hombres al frente. ¿Qué opina?
R. Yo lo que quiero es que quien ocupe la secretaría general de la ONU sea el mejor candidato.
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Tom Fletcher, jefe humanitario de la ONU: “Salvar 87 millones de vidas cuesta menos de lo que el mundo gasta en juguetes para mascotas”
El máximo responsable de la OCHA denuncia desde Madrid que la ayuda que llega a Gaza es insuficiente y lamenta que Israel haya sido muy “crítico” con su trabajo y el de la ONU

Hace unos meses, en un centro para niños desnutridos en el fondo de la región de Darfur, en Sudán, un bebé huérfano que había llegado días atrás al borde de la muerte agarró con fuerza el dedo de Tom Fletcher. El jefe humanitario de la ONU asegura que esos segundos mitigaron su frustración ante la inacción internacional y la “rabia” que le provocan los recortes en cooperación, en un mundo donde se multiplican las necesidades y los conflictos.
“El plan de la ONU para salvar 87 millones de vidas cuesta menos de la mitad de lo que Wall Street se gasta en bonus y menos de lo que el mundo emplea en juguetes para mascotas o en videojuegos”, dijo el responsable británico, de 51 años, en una entrevista con EL PAÍS en Madrid, donde se reunió con miembros del Gobierno y participó en la V Conferencia de Política Exterior Feminista.
El responsable de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA, por sus siglas en inglés) también lamentó que la vida en Gaza, una de las prioridades de su gestión, no haya mejorado tras el alto el fuego que entró en vigor en octubre y criticó los volúmenes de ayuda humanitaria insuficientes para dar comida, refugio y salud a sus dos millones de habitantes. “Estamos estancados”, lamenta.
Pregunta. Los recortes en la ayuda humanitaria han obligado a cerrar programas en todo el mundo. ¿Cómo han afectado a OCHA?
Respuesta. En 18 meses, he pasado de coordinar unos 50.000 millones de dólares (43.102 millones de euros) de ayuda humanitaria a gestionar 23.000 millones. Nuestros equipos tienen que tomar decisiones brutales: los recortes nos obligan a elegir qué vidas salvar y qué vidas no salvar, qué programas financiar y cuáles abandonar. En cada viaje hablo con personas que me dicen que sus familiares están muriendo porque hemos cerrado el hospital más cercano o que han tenido que viajar más lejos para dar a luz o para encontrar un médico. Y esas son solo las personas con las que nos encontramos. Piense en todas las que no vemos porque mueren antes de llegar a nosotros o de que lleguemos hasta ellas.
P. ¿A cuántas personas van a llegar con esos 23.000 millones de dólares?
R. El plan es salvar 87 millones de vidas, del total de 340 millones de personas que necesitan ayuda humanitaria. Ese dinero es menos de la mitad de lo que Wall Street se gasta en bonus y menos de lo que el mundo emplea en juguetes para mascotas o en videojuegos. La buena noticia es que en los primeros tres meses del año, hemos llegado con este plan a 16,4 millones de personas. Es un tercio de la población de España.
P. ¿Cómo se toman las decisiones dentro de OCHA en medio de este desplome de la financiación?
R. Si tengo que elegir entre gastar un dólar aquí salvando la vida de alguien o cuatro dólares allá en organizar una conferencia en Europa, elijo alimentar a una persona. También intentamos hacer que todo el sector sea mucho más eficiente, eliminando capas de burocracia y trasladando el poder a las organizaciones locales, implicándolas mucho más en las decisiones de cómo se gasta el dinero.
Si tengo que elegir entre gastar un dólar aquí salvando la vida de alguien o cuatro dólares allá en organizar una conferencia en Europa, elijo alimentar a una persona.
P. Detrás de los números y los recortes hay vidas. ¿Hay alguna persona, algún encuentro que le haya marcado especialmente en estos meses?
R. A principios de este año pasé una semana en Darfur. En un centro para niños desnutridos conocí a una mujer muy joven cuya familia había sido asesinada. Huyó con el bebé de sus vecinos, que también era el único superviviente de la familia. En el camino, fue violada por un grupo, y se rompió una pierna, pero siguió adelante con el bebé. Finalmente alguien la ayudó y terminó en este centro. El niño estaba muy debilitado, pero tras dos o tres días logramos salvarle. No fue solo mérito nuestro sino de esa chica tan valiente. Lo tomé en brazos, me apretó el dedo con fuerza y sentí esa extraordinaria conexión con el mundo. Quise creer que si ese niño podía apretarme el dedo era en parte gracias a nuestra labor.
P. El último informe de OCHA alerta de reiteradas violaciones de la ley internacional humanitaria impregnadas de una creciente impunidad. ¿Por dónde se empieza a revertir esta situación?
R. A menudo, la gente critica a la ONU y dice que no estamos haciendo lo suficiente, pero nosotros solo contamos con el mandato que nos dan los Estados y no tenemos un ejército para detener los conflictos en Sudán o en la República Democrática del Congo. Cuando alguien ataca a Naciones Unidas, hay que preguntarse: ¿qué se gana al tener una ONU más débil? Y la respuesta es bastante evidente: países que quieren un mundo donde solo sobrevive el más fuerte. Y tenemos que plantar cara.
P. Hablando de plantar cara, la mayoría de la población de Gaza sigue desplazada y podría terminar viviendo en un 30% de los 365 kilómetros cuadrados de superficie de la Franja. ¿Cómo se pueden contrarrestar las ambiciones israelíes?
R. Lo que ocurre en Gaza es devastador. He estado dos veces en los últimos 18 meses, la última en octubre, y sé de qué hablamos cuando hablamos de destrucción o de trauma. Son personas que se han tenido que desplazar varias veces y que ahora se ven hacinadas en un espacio cada vez más pequeño. A la comunidad internacional le ha costado mucho moderar las acciones de Israel. Desde el pasado otoño, a través de la iniciativa del presidente Donald Trump, hemos logrado terminar con el conflicto directo, pero la vida de los gazatíes no ha mejorado como debería haber ocurrido. Está entrando más comida, medicamentos y material para los refugios, pero sigue siendo una gota de agua en el océano de necesidades.
La vida de los gazatíes no ha mejorado como debería haber ocurrido. Está entrando más comida, medicamentos y material para los refugios, pero sigue siendo una gota de agua en el océano de necesidades
P. ¿Cuáles son las prioridades humanitarias en Gaza?
R. La principal sigue siendo el alimento. Estamos suministrando 1,1 millones de comidas calientes por día en Gaza porque la mitad de la población depende de ellas para subsistir. En segundo lugar, las vacunas para los niños. Estamos contentos porque hemos logrado realizar una campaña de inmunización el mes pasado. Después, el refugio, porque hay que mejorar las condiciones de vida de la gente antes del invierno. Y también la educación. Pero la realidad es que estamos estancados en la primera fase del plan y no hablamos aún de la fase dos, que es la reconstrucción. Cada día nos enfrentamos a obstáculos burocráticos y a restricciones en la entrada de productos que, según Israel, podrían tener doble uso y utilizarse para fines militares.

P. ¿Qué palabra utilizaría para definir su relación con Israel?
R. Complicada. Israel ha sido muy crítico conmigo, con nuestro trabajo y con la ONU. En varias ocasiones se ha negado a colaborar con nosotros y no aprecia cuando defendemos abiertamente el derecho internacional humanitario y la protección de los civiles. Yo soy un humanitario neutral. Somos imparciales. Estamos totalmente centrados en conseguir el máximo nivel de ayuda vital para quienes la necesitan. Y por eso hablaremos con todos y trabajaremos con todos.
P. Tras el desmantelamiento de USAID, Estados Unidos está firmando acuerdos bilaterales con distintos países, algunos de los cuales merman los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. ¿Cómo afecta a su organización?
R. Tenemos muy claro que no podemos comprometer nuestros valores fundamentales. Así se lo hemos trasladado explícitamente a EE UU y a otros donantes. Las mujeres y las niñas son quienes más sufren el impacto de estas crisis. Lo vemos en la violencia sexual y en su utilización como arma en lugares como Haití, la República Democrática del Congo o Sudán. Por eso no podemos ceder en este punto: seguiremos priorizando a mujeres y niñas en nuestra respuesta.
Las autoridades españolas nos retan a ser mejores, a hacer reformas con intensidad y rapidez y lo hacen de forma constructiva
P. Usted ha advertido del impacto creciente de los drones en los conflictos, especialmente sobre la población civil. ¿Qué está viendo sobre el terreno?
R. Hace un mes visité Somalia, conversé con refugiadas y no hablaban de sequías, hambrunas o inundaciones, sino de drones. Una mujer me contó que estaba recogiendo agua y un dron las atacó. Una amiga suya murió. Le pregunté si los drones no atacaban a los combatientes. “Nos matan a todos”, me respondió. Dentro de unos años, uno de los grandes temas será el aumento del uso de drones en los conflictos. En el primer trimestre de este año, fueron asesinados en Sudán un 25% más de niños que en el mismo periodo del año pasado. Y eso son los drones.
P. Usted ha mencionado la importancia de que la próxima secretaria general de la ONU sea mujer. ¿Qué cambiaría ese liderazgo femenino?
R. Creo que ya ha llegado la hora. Llevamos 80 años con secretarios generales hombres. Durante mi vida académica he comprobado que cuando las mujeres participan en la formulación de políticas sanitarias es más probable que tengan éxito y sean sostenibles. En mi trabajo humanitario también he visto el impacto que tienen las ONG dirigidas brillantemente por mujeres en lugares como Sudán o Myanmar.
P. En este momento de recortes y de replanteamiento de la ayuda al desarrollo ¿cómo es visto el papel de España en la defensa del multilaterialismo?
R. España ha adoptado posiciones políticas difíciles de defensa del Estado de derecho. Es algo que me parece muy importante y también lo es para nuestro personal en el terreno. Porque cuando sienten que el mundo les ha dado la espalda, que son literalmente atacados, hay voces como las que escuchamos aquí que dan fuerza y tranquilidad. Las autoridades españolas nos retan a ser mejores, a hacer reformas con intensidad y rapidez y lo hacen de forma constructiva.
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“Los ataques contra las mujeres no están aislados. Son parte del ataque contra la democracia”
La conferencia de política exterior feminista que se celebra hoy y mañana en Madrid alerta reclama más financiación y liderazgo político en un mundo en el que solo un 24% de los puestos ministeriales están ocupados por mujeres

La igualdad de género es uno de los pilares de la paz y la democracia, pero los ataques contra las mujeres, su invisibilización y discriminación aumentan tanto en el Norte como en el Sur global, en países en conflicto y en los que no están en guerra. Para paliar este retroceso hacen falta fondos, en un contexto de recortes globales en cooperación, y también voluntad política, con gestos contundentes como el nombramiento de una mujer al frente de la ONU. Así coincidieron este martes los participantes en la V Conferencia Ministerial de Política Exterior Feminista, que reúne este martes y miércoles en Madrid a cerca de 700 representantes de más de 60 países y 150 organizaciones internacionales y de la sociedad civil.
“Los ataques contra las mujeres no están aislados. Son parte del ataque contra la democracia”, señaló Diene Keita, directora ejecutiva del Fondo de Naciones Unidas para la Población (UNFPA), en la inauguración del encuentro, que lleva por lema Construyendo paz y democracia. “Cuando una mujer no puede ser dueña de su propio futuro, se debilitan las sociedades y cuando la autonomía de mujeres y niños se negocia, se erosiona la paz”, añadió. En contraposición, sostuvo que “cuando las mujeres y las niñas pueden ejercer sus derechos y tomar decisiones informadas, las sociedades son más resilientes, fuertes y pacíficas”.
La secretaria de Estado de Relaciones Exteriores de Angola, Esmeralda Mendonça, incidió en la idea de que “no hay paz duradera sin una participación efectiva de las mujeres”. “Antes, éramos vistas solo como víctimas, sin ningún papel en la resolución de conflictos”, recordó, al tiempo que apuntó que en algunos países africanos con conflictos, como Somalia, Cabo Delgado (Mozambique) o la República Democrática del Congo, las mujeres “han logrado ejercer un papel negociador y mediador”. “Porque no basta con que haya una mujer en la mesa o en la sala, sino que realmente puedan tener impacto en la toma de decisiones”, apuntó Sheika Jawaher Ebraheem Duaij Al‑Sabah, viceministra de Asuntos Exteriores de Kuwait.
“Lo primero que hacen los países que retroceden democráticamente es restringir los derechos de las mujeres y niñas, comenzando por los derechos sexuales y reproductivos, en un intento de adueñarse del cuerpo de las mujeres. Estos ataques van directos al corazón de nuestras democracias”, dijo Eléonore Caroit, ministra delegada de Francofonía, cuyo país organizó la anterior conferencia. La responsable alertó también sobre “el machismo y extremismo” que mueven los algoritmos de las redes sociales que visitan los jóvenes: “No controlamos esas plataformas y tienen más poder que nosotros en educar a nuestros hijos”.
Lo primero que hacen los países que retroceden democráticamente es restringir los derechos de las mujeres y niñasEléonore Caroit, ministra delegada de Francofonía
El ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, recordó que “casi 700 millones de mujeres y niñas viven en zonas afectadas por conflictos armados”, donde se dispara la violencia sexual, y que “500 mujeres mueren diariamente en países en conflicto por causas evitables en el embarazo y el parto”. “Ninguna mujer quiere la guerra, porque saben que son sus primeras víctimas”, afirmó durante la inauguración de la confernecia. El ministro reclamó que se haga todo lo posible “por llevar a mujeres a puestos de decisión”, porque es “un paso hacia la paz”, y defendió que “el próximo secretario de Naciones Unidas sea una secretaria general”. “Necesitamos ya que la próxima secretaria general de la ONU sea una mujer”, dijo también Tom Fletcher, máximo dirigente de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).
Albares subrayó además que uno de los objetivos de la conferencia es “decirle a todas las mujeres y niñas oprimidas que no están solas”, también en lugares como Afganistán, donde los talibanes “tratan de silenciarlas”, y situó la “igualdad” como “la causa más justa de la humanidad”.
Ninguna mujer quiere la guerra, porque saben que son sus primeras víctimasJosé Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores, UE y Cooperación
Pramila Patten, representante especial del secretario general de la ONU sobre violencia sexual en conflictos, recordó que la igualdad de género está reconocida como un indicador de estabilidad social, pero su deterioro sigue considerándose un problema menor. “Las mujeres desplazadas se ven muy afectadas por la violencia sexual, pero solo un 1% de los recursos humanitarios abordan este problema”, denunció. “Para las 676 millones de mujeres que viven en países de conflicto la seguridad se mide por si pueden caminar al cole, pueden ir a una clínica, se han visto desplazadas”, insistió.
Falta de financiación
Sima Bahous, directora ejecutiva de ONU Mujeres, subrayó que hace 10 años la política exterior feminista era una idea de algunos gobiernos sobre la que se hablaba al margen de la diplomacia internacional. “Hoy es un movimiento con un liderazgo ministerial, con una coalición de Estados mayor que van avanzando para garantizar que la igualdad de género es uno de los cimientos de la paz, de la democracia y de un orden internacional que funciona de verdad”. “La participación de las mujeres en la vida pública genera una paz sostenible, economías más prósperas y más desarrollo”, añadió, al tiempo que alertó de que tanto las democracias como los movimientos feministas se están viendo atacados.
Bahous subrayó que solo un 24% de los puestos ministeriales en el mundo están ocupados por mujeres, un porcentaje que ha disminuido respecto al año pasado. “Y ministerios como Defensa, Justicia o Economía, son mayoritariamente ocupados por varones. Hay cada vez más armas pero el mundo no es más seguro”, insistió.
Los participantes coincidieron en que las palabras sin financiación no bastan. Bahous señaló que solo el 0,4% de la ayuda bilateral en contextos de conflicto —unos 186 millones de dólares anuales— se destina a organizaciones feministas, una cifra además en descenso. También lamentó que un 51% de las organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres haya tenido que suspender programas por la falta de financiación derivada de los recortes en cooperación.
“Los fondos están huyendo a grandes oligarcas más interesados en el turismo especial, así que no es que no haya recursos”, sino que el problema está en su asignación, lamentó Lina Abou Habib, directora del Instituto Asfari para la Sociedad Civil y la Ciudadanía del Líbano.
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Tres vacunas en la carrera contra el ébola Bundibugyo
La comunidad internacional impulsa tres inmunizantes experimentales para una variante del virus que ya ha causado centenares de muertes en República Democrática del Congo y Uganda


La carrera contrarreloj para encontrar una vacuna contra el ébola causado por el virus Bundibugyo avanza en tres direcciones y con nuevos fondos para acelerar su desarrollo. La Coalición para las Innovaciones en Preparación ante Epidemias (CEPI, por sus siglas en inglés) ha anunciado este lunes que impulsará de forma paralela tres proyectos de vacuna en curso: de la organización sin ánimo de lucro IAVI, de la farmacéutica estadounidense Moderna y de la Universidad de Oxford, en colaboración con el Instituto Serum de India, el mayor fabricante de vacunas del mundo. A este esfuerzo se suma la Alianza para las Vacunas (Gavi), que ha anunciado este lunes un fondo de 50 millones de dólares (43 millones de euros) para apoyar la respuesta al brote, de los que 40 millones se destinarán específicamente al desarrollo de estas inmunizaciones.
La cepa Bundibugyo, responsable del actual brote en la República Democrática del Congo (RDC) y Uganda —con al menos 1.000 casos sospechosos y 246 muertes notificadas—, carece de vacunas aprobadas y ni siquiera había hasta ahora ningún ensayo clínico en curso para obtener un inmunizante. Se trata además de una variante mucho menos frecuente que la cepa Zaire, responsable de la mayoría de las epidemias de ébola —incluidas al menos 15 de las 17 en la RDC— y para la que sí existe una vacuna eficaz.
“Dada la rápida propagación del virus de Bundibugyo y la falta de vacunas autorizadas, cada día cuenta en la lucha contra esta enfermedad mortal”, ha afirmado en un comunicado Richard Hatchett, director ejecutivo de CEPI, en el que ha subrayado que el organismo invierte en tres líneas de investigación a la vez para aumentar al máximo las opciones de éxito. “Nadie sabe cuál va a funcionar de las tres”, ha reconocido este lunes Mark Feinberg, director ejecutivo y presidente de IAVI.
Las tres candidatas han sido seleccionadas tras “un exhaustivo análisis global” de los proyectos en marcha y consultas con los países afectados, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Centro Africano para el Control y la Prevención de Enfermedades (Africa CDC), entre otros organismos. Cada una emplea una plataforma distinta, es decir, una estrategia pensada para diversificar riesgos, aunque todas parten de un mismo principio: se apoyan en tecnologías que ya han demostrado su eficacia frente a otros filovirus, como los virus del ébola Zaire, el de Sudán o el de Marburgo.
Dada la rápida propagación del virus de Bundibugyo y la falta de vacunas autorizadas, cada día cuenta en la lucha contra esta enfermedad mortalRichard Hatchett, CEPI
Las candidatas
El candidato más avanzado sobre el papel es el que impulsa IAVI, basado en la tecnología rVSV (virus de la estomatitis vesicular recombinante), la misma que se utilizó para desarrollar la vacuna ya autorizada contra el ébola Zaire. Este mismo lunes, la organización ha anunciado un acuerdo con la Universidad de Texas que le permite asumir el desarrollo de esta vacuna, inicialmente creada en ese centro, y acelerar su producción bajo estándares regulatorios.
La ventaja de esta vacuna es que puede inducir una respuesta inmune rápida con una sola dosis. El prototipo ha mostrado eficacia en estudios con primates no humanos y, según está institución, la OMS la ha identificado como la candidata prioritaria.
IAVI cuenta además con experiencia reciente en el uso de esta tecnología durante el brote de virus de Sudán en Uganda, donde se empleó en ensayos de vacunación en anillo, que consisten en inmunizar a los contactos de los casos y a sus contactos para cortar así la transmisión del virus. “Aunque aún queda mucho trabajo por hacer, creemos que es importante acelerar el desarrollo de esta vacuna para explorar su potencial a la hora de hacer frente a un patógeno para el que actualmente no existen contramedidas y que está causando un número trágicamente creciente de muertes”, ha dicho este lunes Feinberg.
La segunda vacuna candidata la desarrolla la farmacéutica Moderna y se basa en la tecnología de ARN mensajero (ARNm), la misma que usó durante la pandemia de covid-19. Este sistema permite diseñar vacunas con rapidez y adaptarlas con relativa facilidad a nuevos patógenos. CEPI financiará tanto los estudios preclínicos como un primer ensayo en humanos, y ha previsto incluso la fabricación anticipada de dosis para poder avanzar rápidamente a fases más avanzadas si los resultados iniciales son positivos.
La tercera vía está liderada por la Universidad de Oxford y utiliza la plataforma ChAdOx1, un vector viral que ya se empleó en su vacuna frente al coronavirus. En este caso, la producción correrá a cargo del Instituto Serum de India, cuya capacidad industrial será clave si alguno de los candidatos demuestra eficacia y es necesario fabricar millones de dosis en poco tiempo.
Incluso sin vacunas ni tratamientos específicos, las personas pueden sobrevivir al ébola causado por el virus de Bundibugyo si reciben atención médica oportuna y buscan tratamiento en cuanto aparecen los síntomasTedros Adhanom Ghebreyesus, OMS
La presión por disponer de una vacuna se ha intensificado tras la visita este fin de semana a Bunia, epicentro del brote en la provincia congoleña de Ituri, del director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, junto a varios ministros del Gobierno congoleño. Tras la misión, la OMS y las autoridades de la RDC anunciaron que también trabajan para poner en marcha con rapidez ensayos controlados de vacunas y tratamientos experimentales contra esta variante del virus.
Mientras avanzan los esfuerzos para desarrollar vacunas y tratamientos, la OMS recuerda que las medidas clásicas de salud pública siguen siendo eficaces para contener la transmisión. Según el organismo, esta variante presenta una tasa de letalidad de entre el 30% y el 50% y las probabilidades de supervivencia aumentan de forma significativa cuando los pacientes reciben atención médica temprana. “Incluso sin vacunas ni tratamientos específicos, las personas pueden sobrevivir al ébola causado por el virus de Bundibugyo si reciben atención médica oportuna y buscan tratamiento en cuanto aparecen los síntomas”, ha recordado este lunes Tedros en la red social X.






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