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XAVIER VIDAL-FOLCH El País 2026

martes, 7 de julio de 2026

El poder de la fuerza se desploma ,,, 6.7.26

Donald Trump se asoma a la cumbre de la OTAN en Ankara con una lamentable hoja de servicios

3 min.
El presidente de EE UU, Donald Trump. Alex Brandon (AP Photo/Alex Brandon)

La llegada de Donald Trump al poder cimentó el éxtasis del poder de la fuerza. Sus asechanzas al comercio internacional, al orden mundial con reglas, o el apoyo a despotismos como el de Vladímir Putin parecían legitimarse, en última instancia, sobre el inapelable liderazgo militar de EE UU.

La operación de Venezuela —secuestro del déspota Nicolás Maduro, conversión del país en un protectorado de hecho— aunque ilegal, fue ejecutada con precisión militar. Carente de escrúpulos y sobrada de asesinatos, pero en trepidante secuencia hollywoodiense. Abonó la creencia en el fin del modo poswestfaliano en que los Estados compartían protagonismo con instituciones y sociedad civil. La razón de la fuerza amenazaba a la fuerza de la razón como fundamento y argumento.

Ya no parecía viable otra dialéctica que la de los puños y las pistolas. Fatal momento para los defensores del “poder blando” democrático, de las ventajas del comercio abierto, de la primacía del derecho y de la negociación frente a la guerra, de las instituciones civiles como prevalentes sobre los ejércitos. Fueron ridiculizados como habitantes de un mundo doctrinal heidi, ingenuo y fantasmal.

Los emporios del “poder blando” fueron asediados. El principal, Europa, parecía una postal sepia. Y hasta una dirigente proclamó que la defensa del orden internacional multilateral ya no regía, traicionando su deber de garantizar el Tratado de la UE, que la consagra.

Pero la guerra de agresión contra Irán, que pretendía rematar el clavo venezolano en una estrategia para esterilizar las bases energéticas de la rival China, torció la secuencia. El fracaso de los inopinados bombardeos, y luego del bloqueo naval a Ormuz, pespuntean el desplome del neobelicismo del seudopacifista. Ya es inocultable.

Los términos del memorando que posibilitó el alto el fuego provisional el 17 de junio (tras 110 días mendigando clemencia a la imbatida dictadura de los ayatolás) no ofrecen duda. Fueron una marcha atrás en todos los objetivos de la agresión: nada de cambiar el régimen, sino “abstenerse de interferir” en él; retirada de sanciones y plan de reconstrucción del país invadido por 300.000 millones de dólares, en vez de “destruir su entera civilización”; y statu quo provisional sobre la cuestión nuclear, a resolver durante las negociaciones.

¿Para qué ha servido tanta muerte, tanto derroche, tanto despliegue de la razón de la fuerza? En la mejor hipótesis, para volver al punto de partida. O retroceder a antes del pacto que alcanzó en 2015 el presidente Barack Obama, con apoyo europeo y de la ONU. Y además, será harto difícil mejorarlo, como se empeña en prometer.

Lamentable hoja de servicios del supuesto líder de Occidente ante la cumbre de la OTAN de los próximos días 7 y 8. ¿Con qué credibilidad repetirá sus zafias regañinas a los pacientes socios un alguacil alguacilado?

 

Lo que hay que exigir a Pedro Sánchez ,,, 7.7.26

El Gobierno debería abordar seis objetivos diáfanos y pactables en lo que reste de legislatura

3 min.
Sánchez, este sábado durante la reunión del Comité Federal del PSOE.Chema Moya (EFE)

Pretender que el Gobierno se suicide políticamente será legítimo, pero no es muy sagaz conminar a su presidente en modo de clavarle al lodazal corrupto para destruir tanto a la persona como a su obra de gobierno.

Tampoco lo es que Pedro Sánchez haga un Starmer: apartarse y promover a otro candidato para sucederle. Pero choca que Junts sea el que dé empaque a esa salida, no por defenderla, sino por firmarla en mala compañía.

De repente, los de Carles Puigdemont arrumban toda la historia del catalanismo conservador, incluida la intachable tradición democrática y constitucional. Por vez primera vota en un asunto trascendente juntándose al partido parafascista Vox, que propugna en su programa la aniquilación de la Generalitat y las demás autonomías. Fuerte para lo que quede de su electorado liberal.

El episodio sirvió al menos de palanca para el reconocimiento por el PP de que Cataluña se ha normalizado. Al proclamar que “hoy la amenaza no es el secesionismo” su vocero ultra, Miguel Tellado, zanja la historia de 2017. Y reconoce (sin mentarlo) el éxito de Sánchez y Salvador Illa en su política de reconciliación, que ha encauzado aquel pleito territorial. Para ser creíbles, retiren sus recursos pendientes contra la amnistía y reciclen a quienes convocaron a la calle para desestabilizar al Gobierno, incluida la minoría facciosa de jueces que se plantó ilegalmente. Y a sus propias sombras.

Dimisiones, adelantos electorales, mociones, bloqueos, invectivas… Por encima de las cosas de la política, deberíamos situar la política de las cosas que más interesan a los ciudadanos. A Pedro Sánchez (y a cualquiera con responsabilidad) lo que hay que exigirle es que los 13 meses que quedan legalmente hasta el final de la legislatura —o los que al cabo queden— no sean inútiles. Para eso urge saber en qué se pretende emplearlos.

El requisito primero, y lo mínimo, es un plan de actuación sobrio, sintético, nada de oceánico. Solo de lo esencial que facilite un punto de partida a fin de que la siguiente legislatura no arruine lo conseguido (en economía, en avances sociales, en pacificación territorial…) y pueda aspirar a ser, al menos, igualmente próspera.

Quizá valdría con seis objetivos, diáfanos y pactables. A título de sugerencia: 1) presentar y negociar el Presupuesto de 2027; 2) presentar la ley de integridad, clave en el paquete de regeneración y anticorrupción; 3) sellar un pacto básico en financiación autonómica, que cuelga desde 2014; 4) ejecutar el Plan Estatal de Vivienda ya aprobado, doblando su dotación; 5) culminar la regularización migratoria, y concretar el plan prometido de refuerzo de los servicios públicos; y 6) celebrar un primer debate parlamentario sobre defensa y su encaje en la europea, que encargue un Libro Blanco (amplio) o Verde (ejecutivo).

Y luego ya votamos teniendo también en cuenta todo esto.

 

La quiebra económica de la xenofobia

En el Brexit, como en todas las recetas imbéciles, todo falló

3 min.
Manifestantes exigen la reincorporación del Reino Unido a la UE, este lunes en Londres. Wiktor Szymanowicz (Wiktor Szymanowicz/Future Publishing via Getty Images)

Unanimidad. Ningún estudio sobre el balance del Brexit, diez años después de iniciado, le anota ningún logro. Todos certifican el desastre que allegó.

Un retroceso en la economía, de entre el 6% y el 8% del PIB. Una mayor brecha de prosperidad relativa (PIB per capita), de unos ocho puntos, entre España-Italia-Países Bajos, que aumentaron en torno a un 112%, y Reino Unido (104%) (Financial Times). Y una huida de 900.000 millones de libras (más de un billón de euros) en activos financieros de la City, al continente.

En política, la autodestrucción del partido tory que lo propulsó, y su trasvase a la ultraderecha más chovinista y agresiva, amén de la alteración de todo el sistema institucional.

Históricamente, restalla ahora el desencaje de una nación —que aún influía hace diez años— en el mundo del desorden internacional y de la agónica pelea por la hegemonía entre las dos grandes superpotencias, EEUU y China. De “país referente de la UE”, que afianzaba su “especial relación” con EE UU, pasó a erial prescindible, salvo por su potencia militar y atómica.

El lector atento lo palpó, aquí se subrayó año tras año. Y se ha corroborado estos días al publicarse los resultados de distintos trabajos académicos. Todos concuerdan y convergen: del Global Trade Policy Observatory (GTPO) al NBER, pasando por el Center for European Reform (CEP), la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OPBR), el Centre for Economic Policy Research (CEPR), o en demoscopia, el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores: dos tercios quieren volver. Nunca hubo un episodio suicida así, el “primer caso” de desmantelamiento, aunque limitado, de “una integración económica” (GTPO, 18 de junio). Romper Europa lleva al abismo… a quien lo intenta.

Para evitar disparates parejos, es clave identificar su causa principal. La operación fallida se presentó como un plan para mejorar el nivel de vida ciudadano, tras años de declive. Su fundamento doctrinal se forjó en una fe nacionalista exacerbada, autosuficiente, supremacista: ellos solos lo harían mejor, recuperarían el control de sus viejas leyes, y sin el corsé de la Unión multiplicarían las ventajas de su influencia individual: el Global UK. El banderín de enganche, o combustible propagandístico y amoral del Gran Engaño fue el recelo al Otro (sobre todo, europeo; incomodaban menos los criados coloniales), una “prioridad nacional” xenófoba a tope: sajar el número de extranjeros.

Así ocurre con las recetas imbéciles, todo falló. Empeoró el nivel de vida. No logró en muchos años reducir las llegadas de inmigrantes, en 2022 y 2023 llegaron a ascender a un millón (de no europeos): urgía mano de obra, no destruirla. No amplió la red comercial que tenía desde la Unión, apenas logró reengancharse a sus tratados previos, y cuatro propinas, frente a los de la UE con Canadá, Mercosur, India, México, Australia... Jibarizadas la anterior ventaja comercial global y su exportación al continente, la economía encogió.

Last but not least. La UE había retrasado su declive postimperial. Al cortar amarras por su patología reaccionaria, Reino Unido perdió el ancla que le vinculaba al mundo presente. Y que actualizaba su potencial en un marco más amplio, fuerte y eficaz. ¿Quién defiende ahora su cheddar?


El juez Peinado delira o prevarica

El Consejo General del Poder Judicial debería calibrar la conveniencia de peinar al magistrado, tantas veces reconvenido por su tribunal superior

El juez Juan Carlos Peinado, a las puertas de los juzgados de la Plaza de Castilla de Madrid. Andrea Comas

¿Alguien pensaría que Begoña Gómez puede esconderse tras la sombra de un Messi, un Maradona o un Lamine Yamal? ¿Y zafarse, tras sus breves apariencias, de la Interpol? Solo un orate, como en el mejor de los casos aspira a ser el presunto juez Juan Carlos Peinado. Un tipo empeñado en labrarse la Cruz de Hierro encarnizándose con la tal Begoña, con la única apoyatura de Hazte Oír y otros cuates ultras y/o corruptos. Única, sí. Opuesta a las investigaciones y hallazgos fácticos de la Guardia Civil —la UCO—, que no hallan datos ni manera alguna de inculparla.

En un proceso penal, que de eso hablamos aunque este de facto sea mero circo, las medidas cautelares se configuran para asegurar la presencialidad física y operativa del justiciable: que esté siempre a disposición del juez instructor y que no mangonee sobre papeles, agendas o correos.

Así se evita su riesgo de fuga, se impide que destruya pruebas y se aborta una repetición del presunto delito. Tres hipótesis aquí imposibles, como ha evidenciado el juez José Luis Calama en otro caso de personalidad archiconocida, el que afecta al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Pretender que gente tan fotografiada pueda evaporarse es (en catalán) soñar tortillas: estupidez sin atenuante. Con razón todos los sindicatos policiales, los progres y los conservadores, muerden la yugular de Peinado, pues les acusa de ser propensos a violar la ley escondiendo a la investigada en cualquier agujero impensable.

La principal repugnancia, sin embargo, no viene de esos estrambotes. Sino de que la cuádruple inculpación a la señora Gómez (tráfico de influencias, corrupción en los negocios, apropiación indebida y malversación; y los que ahora cuelgan, por ver si cae algo del cielo) se basan en un hecho vacío.

Mal pudo producirse un opaco tráfico de influencias porque tal acusación se basaba en que la cátedra que codirigió se creó violando la legalidad. Mientras que, al contrario, se hizo “acorde con lo dispuesto” en la normativa de la Universidad Complutense madrileña y en la universitaria común. Y no hubo pagos en negro, comisiones o movimientos ilícitos en las cuentas de Gómez: facturó ¡17.000 euros! a la Complu en dos años, cifra “incompatible” con un enriquecimiento ilícito. Todo ello según la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil.

Un gran catedrático de Derecho Penal, Manuel Cancio, ha calificado la instrucción de este caso como “delirante”. Su conclusión, de “deleznable”. Propia de un “pésimo jurista”, que busca “usurpar cinco minutos de gloria abusando de su cargo”. Delirio o delito de prevaricación, el Consejo General del Poder Judicial debería calibrar la conveniencia de peinar a Peinado, tantas veces reconvenido por su tribunal superior. ¿O es que acaso bendice, auspicia o ignora el error sistemático o la politización de la judicatura en ese juez? ¿Respira, o sestea, la benemérita Isabel Perelló?


La conjura de los halcones

La tregua debía llegar, porque la guerra había llevado la inflación en Estados Unidos al 4% y en noviembre llegan las elecciones de medio mandato

La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, en rueda de prensa tras la reunión del consejo de gobierno del BCE en Fráncfort (Alemania) el 11 de junio. Associate Press/ LaPresse Only Italy and SpainMichael Probst (AP/LaPresse)

El Consejo Europeo vuelve este jueves al debate sobre crecimiento e inflación. Y cómo responder a la crisis petrolera que venía de Ormuz. Tras una semana en que los pronósticos de tres organismos clave fueron desacoplados de la realidad del mercado. Mientras apostaban a precios locos de la energía (salvando apariencias con escenarios menos graves), el petróleo se desplomaba. Ridiculizaba sus recetas.

Como si no hubiésemos aprendido nada del fracaso ante la crisis de la deuda soberana (2011) con políticas presupuestarias restrictivas; sólo paliadas por las expansivas de Mario Draghi desde el BCE. Ni de los éxitos al aunar estrategia fiscal agresiva (fondos Next Generation; escapes del Pacto de Estabilidad para facilitar la inversión) y la monetaria expansiva (chorros de liquidez, tipos de interés bajos) contra otras crisis: la pandemia en 2020, Ucrania desde 2022.

El Consejo Fiscal Europeo (las autoridades fiscales “independientes”) rechazó el miércoles acrecer el gasto para sortear el envite: el margen que la Comisión daba a Giorgia Meloni y a Pedro Sánchez. Negó aumentar la demanda pues la inflación, provocada por el petróleo, “se encuentra en una trayectoria ascendente”; ni siquiera abrió el grifo a unas modestas tres décimas del PIB (unos 5.000 millones en el caso de España). Tras decir que “entendimos” la “motivación geopolítica” del dispendio militar (1,5% del PIB) que quintuplica el gasto geo-económico-social para empresas electrointensivas, consumidores, agricultores, compradores de vivienda. ¿Quién les dio vela para este entierro? Austeritarismo.

Se unió al desatino la súplica de la jefa del FMI, Kristalina Georgieva, el jueves 11: “Por favor, por favor, por favor… no se gasten lo que no tienen” (los de déficit y deuda altos). Austeritarismo. Todo por terror a una alta inflación ascendente de Irán: inexistente (al menos todavía). Y nada de impuestos a las petroleras que iban haciendo su agosto, sempiterno sesgo reaccionario.

Ese día Christine Lagarde bendijo a los halcones. Subió tipos por la hueca “senda más alta de los precios de la energía”. Qué mala suerte. Justo cuando capotaban. Y ¡no se enteraban! La última semana de mayo el barril de brent había bajado de 100 dólares. Ese jueves, a poco más de 90; y desde el domingo (acuerdo por la tregua, que se fraguó toda la semana) hacia los 80: este miércoles, driblándolos por debajo.

Pero claro, había que venerar la (fallida) “credibilidad” del pacto de estabilidad o austeridad y el compromiso del BCE contra la inflación (con crecimiento asténico). O sea, la pátina de sus poltronas ignorantes de lo acontecido en el mercado: liberación de reservas, transportes clandestinos, ahorros asiáticos…

¡Élites sordas! Si bastaba leer las cotizaciones. O la secuencia del conflicto. La tregua (aunque salpicada de sorpresas) debía llegar. Pues Donald Tump gastó más misiles que lo prudente. Porque, con la agresión, la inflación en EE UU supera el 4%: Joe Biden perdió con los precios al 2,9% en su año final. Y porque el 3-N llegan las elecciones de medio término, y vienen crudas. ¿Acaso no leen los periódicos?


El caza de combate, fiasco de Europa

El fracaso del FCAS refleja la falta de unidad por culpa de los dirigentes políticos, y en este caso en especial Macron

Una maqueta del FCAS expuesta en París en 2020. Charles Platiau (REUTERS)

El fiasco de la operación para construir un único avión de caza de combate europeo es entre severo y catastrófico.

Porque el proyecto consorciado del FCAS (Futuro Sistema de Combate Aéreo, por sus siglas en inglés) era la estrella de la Europa de la defensa, según la cuantía de la inversión, 100.000 millones de euros. El presupuesto revela el valor político de un plan.

Porque hoy no hay campaña ganadora sin dominio aéreo, aunque no baste.

Porque, junto a misiles, drones y satélites, los cazas de quinta generación (y sexta, en ciernes) configuran el cuarteto de los instrumentos —muy tecnológicos— decisivos.

Y porque supone la peor brecha respecto a la industria de EE UU. Y el termómetro de la dependencia europea del Pentágono y su complejo industrial, simbolizada en el predominio absoluto del furtivo F-35, capaz de sortear los radares enemigos. O se converge o Europa no será confiable al hablar de autonomía estratégica, de algún atisbo de independencia.

La ruptura entre París y Berlín del FCAS, multinacional pero de base franco-alemana, plasma y simboliza la quiebra de la unidad europea, no ya por socios menores, sino de los nucleares. Los que fraguaron el invento desde la Declaración Schuman (1950). Y que precisamente cosechó su primer gran fracaso en agosto de 1954, cuando la chovinista Assemblée francesa rechazó la Comunidad Europea de Defensa. Hundió el proyecto de un ejército común europeo y brindó el dominio militar de Europa a la OTAN. O sea, a EE UU.

Esta misma actitud ha hecho capotar al caza europeo. No es Europa quien se evapora, sino París el que falla. Rechaza compartir en igualdad de condiciones con Berlín (y otros) la alta dirección del proyecto, escudándose en que necesita un avión capaz de transportar armas nucleares, le irrita que los demás irrumpan en la vecindad de su monopolio atómico.

La excusa de un mero desacuerdo técnico-industrial entre empresas, la privada francesa Dassault (celosa de sus secretos industriales y su propiedad intelectual) y la división alemana de Airbus (que pretendía un trato equiparado) es del todo idiota. Los culpables son los dirigentes políticos, el canciller Friedrich Merz y el presidente Emmanuel Macron, sobre todo este último. Es risible que para sacudirse la responsabilidad remita a la autonomía empresarial. Fue él, con la canciller Angela Merkel, quien lanzó en 2017 el proyecto común.

El fiasco mella además el modelo del consorcio Airbus para otras grandes iniciativas. Habrá salidas. Dispersas y más débiles. A lo peor, tres: alemanes (sus ocho empresas del ramo) con suecos (Saab) y salvo sorpresa, españoles (Indra); italianos con británicos y japoneses (BAE, Leonardo, Jaiec), y franceses con franceses. Claro que EE UU también tiene tres fabricantes de cazas de combate: Lockheed, Boeing y Northrop. Pero ellos tratan con una sola autoridad, van por delante y su tamaño se lo permite.


El BCE mata moscas a perdigones

La subida de tipos aprobada este jueves no preanuncia otras. El problema de la economía europea no son los precios, sino su crecimiento asmático

La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, tras la reunión del Consejo de Gobierno en Fráncfort (Alemania), este jueves.DPA vía Europa Press (DPA vía Europa Press)

El BCE acaba de matar moscas a perdigones —nada de cañonazos—, ejercicio poco glorioso. Mosca es el temor a una inflación en la eurozona nada enorme (3,2% en mayo, un punto menos que en EE UU, y sólo dos décimas más que en abril) y sustentada en un aumento modesto de los precios del petróleo (por debajo de 100 euros el barril de brent).

Perdigón es el alza del tipo de interés discretísimo —un cuartillo, el 0,25%, lo menos que se despacha—: si la percepción fuera dramática, lo propio era subir medio. Pero no hubo caso. Se redujo a micro-signo de combatir una inflación también exigua. Una cacería ni convincente ni convencida. De trámite, para evitar críticas por pasividad ante un desastre en Oriente Próximo… que pocos prevén inmediato.

Todo queda pues entre patético y surrealista. Pero al menos, no es grave ni demasiado para el personal: el encarecimiento del dinero de créditos a empresas y de hipotecas a los jóvenes es acotado. Y sin indicación de que vaya a tener continuidad.

Al inicio de la guerra de Irán, la Agencia Internacional de la Energía dramatizó. Afirmó que era una crisis energética “más grave que las de 1973 y 1979 [las petrolíferas] y la de 2022 [invasión de Ucrania] juntas”. Pues no ha sido así. Y no ha matizado, exagerar es gratis.

No ha habido catástrofe porque el petróleo, que afrontó la guerra a unos 70 dólares el barril el 28 de febrero, tuvo su pico en 114, al cierre del 30 de abril. Luego se situó por debajo de los 100. Y esta semana de retorno, y rápida contraorden, a los bombardeos histéricos —malos para las expectativas de paz— por encima de los 93, y cerró el jueves ligeramente por debajo de los 89.

Y es que se ha evitado lo peor. Porque el bloqueo naval de Irán va siendo sorteado de múltiples formas (barcos de bandera incierta, navegación en la sombra); la liberación de reservas; la reducción de inventarios; la reducción de importaciones de China; y las elusiones parciales de las sanciones del crudo ruso. Con interrupciones episódicas, como la actual, de la relativa bonanza.

Pero el peor momento no es ahora; lo será en todo caso a partir de julio/agosto si la tensión empeora, según distintos pronósticos. La reciente previsión de primavera de la Comisión (a 31 de mayo) auguró un crecimiento asténico, del 0,9% para todo el año. Y la última del Peterson Institute auguraba que en el caso de agravarse la reducción del suministro entre uno y tres años, EE UU lo notaría poco (menos 1,18 puntos de PIB); China, bastante (menos 2,53) y Europa, a mitad (menos 1,58), aunque lo suficiente para condenarla a recesión. Pero solo en caso de agravamiento.

Y el propio BCE en su Informe de Estabilidad Financiera (27/5/2026) reconocía que el pico reciente era temporal y los niveles se han moderado en la mayor parte de los mercados: solo “un choque energético más persistente” acarrearía peores daños.

Con parecida prudencia, el banco concluía el jueves que la inflación energética solo se transmitirá “en cierta medida” a la general; que todo dependerá de si se produce una “escalada de sus efectos indirectos y de segunda ronda” (reivindicaciones salariales), por ahora no oteados; y en suma, en condicional lejano, de que la inflación “crezca más y más directamente de lo esperado”.

Así que no preanuncia otra próxima subida. Piedad para tanta trivialidad, tan escasa convicción y tantas ganas de conservar la “credibilidad” de la institución, como si esta se basara en la testosterona monetaria: endurecer tipos esté justificado o no.

No lo estaba ni está (al menos por ahora). Porque aunque los banqueros centrales se arrepientan de haber tardado en endurecer su política cuando la invasión de Ucrania, nada es (insistamos: de momento) comparable: el alza de precios del petróleo es relativa y apenas se desparrama a otros productos y servicios; la base de partida eran los tipos cero, y ahora era muy superior (el 2%); y sobre todo, el problema de la economía europea no son los precios, sino su crecimiento asmático. Que Fráncfort volverá a empeorar. Por suerte, en dosis homeopáticas en vez de guerreras. Qué escaso consuelo.


La industria de armamento debe mejorar

El rearme europeo debe avanzar en la tecnología de doble uso: el conjunto de productos y sistemas que permiten desarrollar aplicaciones tanto civiles como militares

Un tanque Leopard durante un ejercicio del Ejército alemán en Münster. HANNIBAL HANSCHKE (EFE)

El rearme de los europeos avanza. Pero sigue difuminado: mucho rearme y mucho dinero; pero poco integrado, poco europeo. Cohabitan en tensión entre la vocación nacionalista y la comunitaria.

Encarna el dilema la Alemania de Friedrich Merz, que pretende convertirse en primera fuerza individual (no nuclear) de la UE, antes que priorizar la europeización de la defensa. Y los fiascos, como el de la defensa aérea integrada antimisiles diseñada en 2022 ―que se ha desleído―, conviven con logros, como el proyecto Eurodrón (Alemania, Francia, Italia y España) o el avión militar de carga A400M de Airbus.

Así que hay trecho para mejorar. Mucho, en un ámbito poco aireado y que justifica socialmente el gasto en defensa: la tecnología de doble uso, el conjunto de productos y sistemas que permiten desarrollar aplicaciones tanto civiles como militares.

Es extraño, tratándose de un factor de legitimación de esta industria, pero resulta imposible obtener cifras de ayudas desagregadas. A nivel europeo. Y las modestas pero crecientes inversiones en I+D del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) español para “retos estratégicos” (140 millones de euros en 2025) agrupan los hospitalarios, los climáticos y los defensivos, sin detalle de sus interconexiones.

El símbolo de las tecnologías de doble uso es internet. Se sabe, pero se olvida, que surgió desde el Pentágono en 1983 tras años de investigación militar: el programa ARPA, que desde 1958 buscó placar la amenaza soviética de un ataque nuclear con un sistema integral de comunicación descentralizada.

Hoy mismo, la creciente industria de los drones se nutre de avances civiles y defensivos, mutuamente retroalimentados. Tres directivos empresariales dieron algunas concreciones de doble uso de su producción en la reciente reunión del Cercle d’Economia barcelonés. Así, Airbus fabrica el avión de carga militar A400MA, que viene a reemplazar a los clásicos Hércules, “pero también es apto para el transporte de ayuda humanitaria”, destacó la vicepresidenta española de la compañía, Roser Roca. Y lo mismo sucede con sus sensores infrarrojos militares para la observación de la estratosfera, “claves para detectar incendios forestales”.

Empresas de menor dimensión, como Pangea Propulsion, constructora de lanzaderas/motores de propulsión de cohetes, manifiestan que “todo lo que hacemos, que en síntesis es cargar y enviar kilos al espacio, tiene aptitud para cubrir las dos vertientes”, según su consejero delegado, Adrià Argemí.

Y Jaume Sanpera, presidente de Sateliot, especializada en el desarrollo de satélites de telecomunicaciones (incorporada al programa de incentivos industriales lanzado por la Generalitat), subraya que son útiles ante danas, incendios o apagones. Y también para contribuir a “digitalizar la agricultura, con resultados como la reducción de un 20% en el empleo de agua por el sector”. Defensa y civilidad. Dos en uno.


La carcoma del absentismo laboral

El aumento de la partida de gasto de la Seguridad Social por la incapacidad temporal dispara la inquietud

Un empleado, en su puesto de trabajo.Dimitri Otis (Getty Images)

La autoridad fiscal (AIReF) publicó su estudio sobre el gasto público en la Incapacidad Temporal (IT) laboral el 2 de febrero. Fue un terremoto. La causa, sus cifras escandalosas: la IT absorbió en 2024 más de 16.000 millones de euros de la Seguridad Social. Triplicaba los 5.400 millones de 2017. Era su segundo mayor gasto, tras las pensiones (unos 200.000 millones).

Otras comparaciones. El gasto público sanitario alcanzó 101.739 millones de euros ese año, o sea que la IT supuso más de su quinta parte. O casi dos tercios, el 71%, del coste bruto del desempleo (22.872 millones), con la ventaja de este que se financia mediante cotizaciones sociales. Holgadamente, pues el saldo arroja superávit.

Si hay indicios de que ese dinero no se emplea de forma óptima, el debate está servido. No es un mero rincón del presupuesto. Y si hay un porcentaje significativo de fraude, como se sospecha, llegaría a problema de primer orden. El asunto subió a la escena pública: esta misma semana, en la reunión anual del Cercle d’Economia de Barcelona.

Tras la AIReF, los actores reaccionaron. Los sindicatos, varados en encuestas que presumen que un 51,3% de los consultados acudieron a trabajar al menos un día estando enfermos, negocian ya en convenios fórmulas para acotar excesos derivando el arbitraje a las mutuas. Y las patronales, que atribuían el exceso a los trabajadores, eludiendo su responsabilidad, empezaron a reconocer su corresponsabilidad.

Un ejemplo es el informe de la PIMEC catalana (“Evolución de las bajas por incapacidad temporal en España, 2013-2025”, 11 de febrero) que propuso mejoras en “los hábitos saludables” y la “generación de entornos de trabajo que favorezcan el bienestar”. Esta patronal amplificó el alcance del problema. Sumó al coste directo de las prestaciones de la SS, los de las empresas y el de oportunidad: hasta 162.564 millones, un 10,2% del PIB; o la mitad, el 5,6% según el criterio de sustitución (de los ausentes).

La inquietud es que el absentismo a través de la IT se dispara. Desde la pandemia de la covid, sobre todo entre jóvenes que alegan problemas de salud mental; y médicos del seguro que los validan sin más.

Casi todos los actores consideran, con tino, que la causa radica en la total falta de control en los primeros 365 días de la incapacidad. Así, el directivo de la AIReF José María Casado, urge a la Seguridad Social a cumplir su deber de información, mediante advertencias por correo, como Hacienda.

Y directivos médicos como Jaume Sellarés (Clínica Sardenya) reclaman la generalización de una medida ya arbitrada por la Generalitat, y objeto de distintos bloqueos: la dotación de asistentes sanitarios a los médicos de los ambulatorios (CAP) para aligerar su carga burocrática, reducir listas de espera, mejorar atención y control. Un estudio de su equipo cifra en hasta veinte puntos porcentuales la mejora obtenida con este método en algunos baremos (“Efectividad del asistente clínico en el control de pacientes hipertensos y diabéticos en atención primaria”, Elsevier, 2024). Práctica muy común en Suiza, Alemania y EE UU. Aquí, escasa.

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FINANZAS
Tribuna

Cucarachas en el sistema financiero

La banca en la sombra se ha infiltrado en las entidades financieras, las compañías de seguros y los planes de pensiones

FILE PHOTO: A trader works on the floor at the New York Stock Exchange in New York City, U.S., October 16, 2025. REUTERS/Jeenah Moon/File PhotoJeenah Moon (REUTERS)

Hay un nido de cucarachas en el sistema financiero. Así las bautizó Jamie Dimon, CEO del banco de inversión JP Morgan, porque “cuando aparece una, es que generalmente hay más”. Son banca en la sombra dedicada al “crédito privado”, el no institucional de bancos y otras entidades reguladas, sometidas a supervisión más estricta (en Europa) o decreciente (en EE UU).

Ese nido se genera en el otorgamiento de préstamos directos a empresas, por grandes fondos o vehículos de inversión, menos controlados.

Al aumentarse las exigencias normativas tras la Gran Recesión de 2008 —para evitar nuevas crisis tipo hipotecas-basura—, las empresas más endeudadas, volátiles, o de crecimiento acelerado como las tecnológicas y después las de IA, acudieron a financiarse a estos fondos.

Y es que, morosas en potencia, se les había entornado o cortado el grifo del crédito bancario, al incumplir los nuevos baremos, más estrictos. Así que al entrañar más riesgo, pagan más caro el crédito que reciben. Y el fondo puede retribuir mejor a sus propios bonistas, muchas veces a dos dígitos, más del 10%.

Además, a estos fondos se les permite el pecado del onanismo, vedado a la banca convencional: prestan a las empresas como financiadores comerciales e invierten en ellas adquiriendo paquetes de su capital (o todo) como socios industriales. Y pues, tienden a sobreponderar el valor de sus clientas/participadas, círculo vicioso típico de las burbujas. Y atávico conflicto de interés por situarse en los dos lados del negocio.

Más trucos. Como gancho para colocar sus propios bonos a inversores particulares –muchas veces menos listos de lo que se creen— los emparentan a líquidos mediante el espejismo de la “semiliquidez”: podrán retirar parte de su inversión (normalmente un máximo del 5%) durante breves y escasas ventanas en el calendario. Al suscitarse episodios de caída de rentabilidad, como la inflación desatada por la guerra de Irán —que dispara el gran rival, los bonos públicos—, los incautos corren en estampida a hacer caja. Y los fondos se retranquean.

Es lo sucedido en el primer trimestre de este año, cuando los grandes vehículos norteamericanos Blue Owl, Apollo, Ares o Blackstone han visto duplicarse y hasta cuadriplicarse las peticiones de reembolso. Cegándolo o retrasándolo como en vulgar corralito, para irritación del respetable.

Y para inquietud de los reguladores. Esta misma semana el BCE ha alertado del fenómeno. Al tiempo que acotaba su alcance directo. En EE UU el crédito privado roza los dos billones de dólares (quizá el doble o el triple, porque al ser opaco no hay registro exacto posible), o sea en torno a un 10% del crédito bancario (25 billones).

Pero en Europa la exposición es inferior a 325.000 millones de euros. El problema no es tanto cuantitativo como cualitativo: las cucarachas se han infiltrado en la banca, las compañías de seguros y los planes de pensiones. Y luego está el impacto indirecto para los patrimonios europeos que picotean en el mercado de EE UU. Recuerden cómo las hipotecas basura inflaron el balance tóxico de portaaviones como el Deutsche Bank.

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El (nuevo) oasis catalán

El pacto presupuestario firmado por Salvador Illa culmina la gran rectificación y la nueva normalidad democrática de Cataluña

El presidente catalán, Salvador Illa, y el líder de ERC, Oriol Junqueras, sellan el pacto sobre los presupuestos de la Generalitat, el pasado martes en Barcelona. Quique García (EFE)

En tiempos, Cataluña pareció constituirse como un “oasis”. Frente a las texturas monolíticas de la meseta ideológica. Y ante los abismos entre los grandes partidos españoles, socialista y conservador. Le tocó ese papel, —sobre todo, pero no solo—, en la era felipista, al nacionalismo periférico políticamente moderado en cuanto a políticas concretas, de Convergència i Unió. Y en otro modo, al PNV.

Es cierto que ese movimiento conservacionista y conservador —siempre incurso en el universo corrupto—, tuvo un sesgo a veces (discretamente) reaccionario, aunque siempre bajo la capa protectora de un hábil y en ocasiones sincero paternalismo social. Pero sobre todo en el ámbito interno, desecho que la nostalgia jamás recuerda: se erigió como baremo inquisitorial de la legitimad, calidad, y bondad de la condición de catalán. De la que discrepantes y socialmente novatos quedaban automáticamente segregados. Oficial, si bien no formalmente, coexistían en una, dos naciones distintas.

Con el tiempo, las crisis económicas que afectaron también a las clases medias en que se asentaba, y la menguante calidad de su gestión económica, ese movimiento nacionalista cambió de naturaleza, mediante el procés secesionista, inverso al programa catalanista histórico de corresponsabilidad en la política española: de partido institucional cómplice en la refundación constitucional, se fugó al aventurerismo.

Todo ello, con los sabidos destrozos en la economía y las empresas catalanas, y en el aprecio general de la catalanidad. Por etapas pautables. La última, a cargo del declinante Junts, ha devenido en miniaturismo de forcejeo y chantaje inmediatista, en miedo escénico a los emergentes vecinos ultras y en la nada ideológica que lo han desnaturalizado por entero. Hasta su consunción o irrelevancia, mal sostenida por el espejismo de un manojo de votos en el Congreso.

Como Cataluña es más interesante y sustantiva que la boñiga imaginada por el casticismo determinista, llegó la corrección. Primero, del Gobierno sensato de Pere Aragonés (Esquerra Republicana, sí) desde 2021. Y sobre todo, merced a la orientación a las políticas públicas concretas, la inclusividad con los rivales o discrepantes y la serenidad discursiva en medio del jaleo general practicadas por Salvador Illa desde verano de 2024. Sorteando avatares como la crisis porcina, la de Rodalies, las protestas campesinas, educativas, sanitarias... Pero con normalidad democrática. Esa misma cualidad ahora resaltada por un pacto presupuestario de largo alcance, apoyado por el Gobierno de España (antes, Estado español).

Para colocar las cosas en su sitio, basta comparar esta Gran Rectificación con las torpezas registradas tras el otro paralelo, simultáneo y también dañino proceso separatista europeo. El del Brexit. ¿Quieren echar cuentas, los nunca arrepentidos?

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Inmigración
Opinión

Cinco falacias contra la regularización migratoria

La mayoría de los regularizables ya tienen empleo, aunque precario, inseguro y peor pagado que los demás. Y la cantidad de empleo disponible no es estática y eterna, sino dinámica

Traabajadores en un campo de nectarinas en Huesca, en una imagen de archivoMassimiliano Minocri

Tras las elecciones andaluzas, la campaña en pro de la ilegal “prioridad nacional” frente a los inmigrantes retoma actualidad. También la desatada contra el proceso de regularización en marcha, basada en falacias como estas:

1) "Las regularizaciones provocan un `efecto llamada’”. Falso. El grueso de los estudios científicos lo desmiente. La de 2005 en España “no comportó un efecto imán”, reza el trabajo clave sobre esta (Understanding the effects of granting work permits to undocumented immigrants, Joan Monràs, Javier Vázquez-Grenno y Ferran Elias, vol 43, Journal of Labor Economics, 2025 ). “La evidencia lo rechaza. No hemos detectado en los datos ningún incremento diferencial en el stock ni en las tasas de crecimiento de los inmigrantes extraeuropeos (a España) respecto a los procedentes de la UE”.

Otro estudio de referencia, sobre la practicada en EE UU en 1986, detectó “una reducción” de la inmigración irregular a corto plazo, que se equilibró después (P. Orrenius y M. Zavodny, Do amnesty programs reduce undocumented immigration?, Demography, 2003). Y el más ambicioso en el material de campo —todas las regularizaciones en toda la OCDE entre 1944 y 2023—concluye que “no parecen producir un efecto llamada”, salvo en los países del grupo de menores ingresos (Are Immigration Regularization Programs a Pull Factor? Paul Elguezábal/ Inmaculada Martínez-Zarzoso, INFER, núm 14, 2024).

2) “Son un peligro para Europa, pues los regularizados se esparcirán por toda la UE”. Los beneficiarios obtienen una autorización para residir un año (prorrogable) únicamente en España, es un permiso que no sirve para los otros Estados miembros de la UE. Además, no son muebles: si ya hace tiempo que están asentados, muchas veces con empleo, la mejora de estatus les enraiza más. De los llegados que se fueron entre 2002 y 2004, lo hicieron sobre todo por falta de empleo estable (Los límites de la inmigración para el ajuste demográfico en España, Funcas, 12 de mayo).

3) “La regularización atenta contra la normativa europea". Falso. La normativa europea es siempre básica, y mejorable, según la cláusula de “disposición más favorable”: “El Tratado no excluye la posibilidad de que se apliquen disposiciones nacionales más favorables”, reza la directiva 2003/109 (Estatuto de los nacionales de terceros países residentes de larga duración). Y los Estados miembros tienen la competencia para “introducir o mantener disposiciones más favorables”, subraya la directiva, conexa, 2011/95 sobre Nacionales de terceros países beneficiarios de protección internacional.

4) “Competirán con los autóctonos en empleo y servicios sociales”. No es así. La mayoría de los regularizables ya tienen empleo, aunque precario, inseguro y peor pagado que los demás. Y la cantidad de empleo disponible no es estática y eterna, sino dinámica. No roban puestos de trabajo. La prueba: entre 2020 y 2025 se crearon tres millones de empleos; de estos, un millón los ocuparon los inmigrantes; los otros dos, los nacionales, nos recuerda Miguel Ángel Fernández Ordóñez (La inmigración no quita trabajo, Cinco Días, 12 de mayo). Tampoco ocurre específicamente con los servicios sociales ni la vivienda: si la población laboral creciera (lo que en cualquier caso es imperativo económico) vía natalidad de los nacionales, también se expandiría (pero a mayor ritmo) la necesidad de plazas hospitalarias o escolares. Y de alojamiento.

5) “Los regularizados trastocan el censo electoral: votan”. Falso: obtienen la residencia, no la nacionalidad, que es el requisito para votar.

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Te cambio Cuba por Taiwán ,,, 17.5.26

Trump quiere sintonizar con Xi para que cada uno se dedique a su imperio neocolonial

Varias personas esperan durante un apagón este jueves, en La Habana.Ernesto Mastrascusa (EFE)

Ahora que la agresión a Irán capota en un empate infinito, Donald Trump tiene que vitaminar la musculatura, recuperar a esa opinión pública que le castiga, frustrada porque el único balance doméstico tangible ha sido ralo y contra portería propia: encarecer el galón de gasolina de los votantes que opinarán en las urnas el 3 de noviembre.

Y dos meses y medio después no hay nada del derrocamiento de los curas chiíes, nada de recuperar su uranio enriquecido ignoto, nada de salvaguardar el estrecho de Ormuz para el tránsito libre.

El inquilino de la Casa Blanca debe pues volver a aparentar poderío. Tarea de Tántalo, porque su prestigio cotiza tan chicharro que hasta Putin le humilla ofreciéndose como mediador solvente para que logre una propina con el uranio, y él mismo implora a Xi Jinping que medie con Teherán. Le urge aparentar poderío exterior, que el despotismo interno flojee, apenas mantenido con purgas sistémicas: de los militares razonables, de las universidades rebeldes, de los manifestantes y los inmigrantes, de los periodistas correctos…

En casos así, la receta canónica consiste en recurrir a otra operación externa, de fuego y furia, esperando que esta vez salga como con Maduro, y no como con los ayatolás.

La ocasión es Cuba. Un viejo enemigo famélico, sin petróleo ni luz porque Delcy va a lo suyo y Vladímir ya ha quedado bien con una limosna temporal. Casi agónico. Y, en cambio, voltear al poscastrismo puede acarrear sustanciosos dividendos simbólicos: el desquite del empleado Fulgencio Batista, del fiasco en Bahía Cochinos, de tantos decenios de resistencia y desafío impertinente al imperio.

La visita a Pekín ha arrojado resultados comerciales magros, aunque un enorme oprobio a la honestidad, pues buscó mercado para Nvidia, Boeing y otras compañías en las que acaba de superinvertir. Pero bajo la frágil propaganda de “una nueva etapa constructiva” y de “una nueva estabilidad” palpita una tendencia creciente: el reparto del mundo entre los dos colosos, en esferas de influencia redefinidas. Cualesquiera que estas sean, Taiwán (como cabeza de puente de Occidente ante China) y Cuba (de los eximperios comunistas) son excéntricas a toda combinación, y en paralelo, sendas chinas en los zapatos de ambos. Por eso, Xi le preguntó por Taiwán, le advirtió sobre un eventual “conflicto”, le quiso arrancar si se mojaría con Taipéi, apuntando que es su jaqueca principal de seguridad. Trump rehuyó el envite, pero prometió reflexionarlo, ese prólogo a todo desistimiento.

Quizá esa sintonía implícita no requiera de una ocupación a lo Granada. Quizá bastaría una doble esterilización: renuncia definitiva a una declaración de independencia de Taiwán y el correspondiente apoyo militar americano, acompañada de una delcyficación de Cuba. Cada uno a su imperio neocolonial. Y el espíritu de Herodes lavándose las manos en el de todos.


Europa desmocha la “prioridad nacional” ,,, 17.5.26

El Tribunal de Justicia de la UE pone coto al intento de gobiernos e instituciones europeas de limitar derechos a inmigrantes y refugiados

Inmigrantes hacen cola en el ayuntamiento de Valencia el pasado abril para solicitar la regularización de inmigrantes en España.Mònica Torres

Espoleados por los ultras, gobiernos e instituciones europeas pretenden limitar derechos a inmigrantes, refugiados, o mixtos. La moda es imponer la “prioridad nacional”. Ponerles en la cola de los bienes, servicios públicos, prestaciones y derechos sociales (ayudas oficiales, vivienda protegida), privilegiando a los nacionales. Una forma de negárselos.

Contrapesa esa tendencia otra de menor ruido y mayor relevancia: la liberal/democrática del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE).

Sus últimas sentencias sobre el asunto son taxativas. Se inspiran en la Convención de Ginebra de 1951: los estados contratantes (como la UE y todos sus socios) “concederán a los refugiados que se encuentren legalmente en su territorio el mismo trato que a sus nacionales en lo que respecta a asistencia y a ayudas públicas” (artículo 23).

Y en la Carta de derechos de la UE, que garantiza “el derecho de acceso a las prestaciones de seguridad social y a los servicios sociales”. De modo que “toda persona que resida” en ella (autóctona, inmigrante o perseguida), accederá a la seguridad social y a las ventajas sociales”, sobre todo al “derecho a una ayuda social y a una ayuda de vivienda para garantizar una existencia digna” a quien carezca de recursos suficientes” (artículo 34).

Esos pilares se plasman en directivas. Y éstas, en un puñado de resoluciones del TJUE. La última, del 7 de mayo (sentencia “KH”, C-747/22, EL PAIS, 8 de mayo), validó el derecho de un extranjero en Italia a recibir “todos los regímenes de ayudas establecidos”. En su caso, lo que reclamaba: la “renta garantizada de ciudadanía”, versión de nuestro ingreso mínimo vital.

El Gobierno se la negaba por incumplir el requisito de haber permanecido un mínimo de diez años (los dos últimos, sin parones) de residencia. Como “tal requisito de residencia afecta principalmente a los no nacionales”, la “diferencia de trato entre estos últimos y los propios nacionales” resultante de una normativa nacional que fija esa condición, “constituye una discriminación indirecta”: prohibida.

La sentencia desborda lo habitual. Indica que las normas europeas “no supeditan los derechos que se les reconocen (a los beneficiarios de protección) a la duración de su presencia en el Estado miembro de que se trate o a la duración del permiso de residencia de que disponen”. Así que “imponer” a los procedentes de terceros países “la obligación de demostrar un arraigo firme en el Estado” resulta “manifiestamente irrazonable y contrario a los objetivos y al espíritu de la directiva” 2011/95, de protección internacional a refugiados y apátridas. Total: Italia, condenada.

En otra (la sentencia “CU y ND” 29/7/2024), el TJUE apoyó a dos llegados a Europa a los que Roma pretendía recortarles parte de la renta garantizada: evitó así la discriminación respecto a quienes la cobraban entera.

Y aún en la “sentencia Ayubi” (C-713/17) salvó la ayuda a la vivienda de un refugiado, pues exigirle acreditación de residencia permanente “es incompatible” con el derecho de la Unión, y porque priorizar a los que llevan años sobre los recién llegados, más vulnerables, supondría tratar peor al que más lo necesita, el más precario. Menos mal.


Trump y los ayatolás: empate infinito ,,, 17.5.26

Las guerras no las ganan solo los ejércitos, ni solo en campo abierto. Las dilucida la política. Vietnam era la nada y resultó ser todo

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la Casa Blanca, en Washington (EE UU), este viernes. Aaron Schwartz / POOL (EFE)

Enésimo retorno al diálogo. El déspota Donald Trump y la dictadura de los ayatolás han vitaminado esta semana la negociación. Entre escaramuzas, por no bajarse del todo del burro, que no quedaría viril. Esa querencia tontuna a los dientes de sierra.

Quizá esta vez sea la buena. Pues a más tiempo malgastado, menos recursos y mayor necesidad de acallar las armas tienen todos. Pero sea ahora u otra vez, la expectativa de un alto el fuego se asienta en pilar sólido. No solo en el hermoso deseo de paz de todo país, organización o gente razonable. Sobre la evidencia de que ambos contendientes marcan tablas. Empate infinito.

Infinito no equivale a simétrico. La fuerza bruta de EE UU es abrumadora respecto a Irán. Como la de Rusia en relación a la de Ucrania. El empate militar es asimétrico. Pero las guerras no las ganan solo los ejércitos, ni solo en campo abierto. Las dilucida la política. Vietnam era la nada y resultó ser todo.

El ayatolismo parece inspirarse en la filosofía guerrillera del Vietcong: frente a los portaviones, minar Ormuz. Frente a convoys bloqueando el Golfo, lanchitas militares tipo narcotraficante gibraltareño, velocísimas. Y wagnerianos buques fantasma vehiculando oro negro. Ante misiles, droncitos de juguete, pero efectivos. Aquí no hay bosque. El mar se revela la nueva jungla. No es un juego de ganar por KO, sino de resistir por puntos: y el tiempo es el punto clave.

Es también un empate de derrotados. Ambos aseguran controlar el Golfo. Exhiben razones. Pero controlan solo hasta el límite de que el otro no se imponga; no haga de su antojo, ley.

Así, el Irán teocrático y dictatorial en buena medida está ya vencido. Bombardeado, saqueadas sus instalaciones militares terrestres y navales, sometido a bloqueo marítimo, obstaculizada su exportación petrolera, carente de aliados militares explícitos, enajenado de los neutrales y de toda la zona, erosionada su potencia regional… sigue vivo. Y con media población ofendida y a la contra, mantiene su capacidad de contragolpe. Su media derrota es una victoria a medias.

Lo es porque Trump no ha logrado imponer (sobrepasado el plazo máximo prometido de ocho semanas) ninguno de sus objetivos: no ha derrocado al régimen chiíta; no ha confiscado su uranio enriquecido; no ha protegido a sus jeques cómplices de los petroestados; se ha ganado la inquina de la Europa que quería desarticular; la crisis energética subleva a los votantes que se esfuerzan por llenar el depósito de sus rancheras. Y tiene que pedir árnica a Putin, que le humilla ¡sugiriéndole hacer él de mediador y depositario del uranio iraní! Y se ve compelido a implorar una y otra vez negociaciones, cuando aseguraba que era el enemigo quien las pedía.

Va perdiendo la guerra, por eso la sustituye por un bloqueo. Una superpotencia no debe perder ninguna. Él es ya un tigre de papel. Terrible, peligroso. Pero en modo payaso.


Un halcón en la Reserva Federal

Para acceder al mando de la Fed, Kevin Warsh ha renunciado a una de sus creencias, los tipos de interés altos, en orden a satisfacer la exigencia de Trump, quien intentó en vano doblegar a Jerome Powell

El aspirante a presidir la Reserva Federal, Kevin Warsh, en su audiencia de confirmación en el Senado en Washington, el 21 de abrilKevin Lamarque (REUTERS)

¿Quién es un halcón monetario? El partidario de una política monetaria restrictiva —inversa de la expansiva—, constreñir la cantidad de dinero en circulación, y por tanto el crédito, a fin de enfriar la economía. Y así, reducir la inflación.

Para lograrlo, el buen halcón defiende tres orientaciones. Una, automática, es aumentar los tipos de interés, desincentivando el endeudamiento. Dos, reducir el tamaño del balance del banco central: su tenencia de activos, públicos (bonos, letras…) y privados (acciones de grandes empresas), adquiridos en fases de “expansión cuantitativa” como palanca para estimular la economía en coyunturas asténicas. Y tres: aplicar todo el empeño en rebajar la inflación, sin reparar en que provoque deflación, y con ella, estancamiento económico y desempleo a granel.

Además, al halcón le fascina desregular la banca, suprimir controles y relajar la supervisión, aun a costa de abrir paso a crisis financieras como la de las hipotecas subprime (de baja o nula calidad) que desembocó en 2008 en la Gran Recesión.

Un operador financiero privado de ese catecismo alcanzará la semana próxima la presidencia de la Reserva Federal, si como se prevé, el lunes el Senado le da su voto final. A diferencia del actual presidente, Jerome Powell, un republicano moderado tendente al consenso; el aspirante, Kevin Warsh (de 56 años), es un trumpista radical. Accedió a la junta de gobernadores con George Bush (2006-2011), fustigó a Ben Bernnake, y amasó una fortunita cercana a los 200 millones de dólares (unas cuatro veces la del abogado Powell), interviniendo en grandes operaciones de Wall Street. Fue estrecho asesor de Trump en su primer mandato. Y como los pobres siempre se juntan, casó con Jane Lauder, heredera del imperio cosmético Estée Lauder.

Para acceder al mando de la Fed, Warsh ha renunciado a una de sus creencias, los tipos de interés altos, en orden a satisfacer la exigencia de Trump, quien intentó en vano doblegar a Powell (también designado por él, en su primer mandato). En aplicación de la doctrina Groucho Marx (“estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros”), el candidato las cambia en favor de lo inverso: un descenso tajante (y no homeopático, como el de Powell) de los tipos.

Otra cosa es que pueda en efecto aplicar esa rebaja sustancial. Pues la política fiscal interna (déficit), y externa (aranceles) de Trump fabrica inflación persistente y creciente, lo que requeriría subidas. Y porque debe concitar consenso, ya que esas decisiones “las votan 12 gobernadores, y él solo cuenta con un voto”, como ha subrayado Jesús Sérvulo González (Cinco Días, 5/2/2026). Y porque la Fed no habita el vacío, sus actos impactan a los demás bancos centrales: una reducción excesiva encarece las otras monedas y erosiona la competitividad de las otras economías.

También le será arduo achicar el tamaño del balance de la Fed. Powell lo recibió a 4,5 billones de dólares, quiso rebajarlo a 2,5/3 billones, y se lo deja en 6,7 billones. Cuidado que eso es la Fed y no el circo de la Casa Blanca.

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Hermana y maestra

Hoy celebramos más que nunca, para que nos duren siempre, tus fuertes convicciones de progreso, resumidas en la clásica tríada de libertad-igualdad-fraternidad, aunque actualizada

Conferencia de Soledad Gallego-Díaz sobre periodismo y democracia en el Círculo de Economía en Barcelona, el 26 de setiembre de 2018.Albert Garcia

Hasta luego por tiempo, inasequible cómplice de periodistas soñadores, y empeñados en que fermenten los sueños colectivos. Hasta luego, profesora en generosidad y exigencia, que regalas ese olfato tuyo, adelantado al nuestro, fraguado en tu condición orgullosa y comprometida de mujer abanderada de la condición de mujer. Hasta siempre, mujer-ciudadana.

Aunque tozuda te vas, seguiremos hablando en presente, Sol Gallego. Para explicar a todos cómo has forjado la leyenda de sencilla y grandiosa maestra: en el cómo del periodismo, en sus reglas, en su contrato moral con los lectores. Lo único definitivo.

Hace poco, hemos tenido ocasión de subrayarte, al enarbolar tu premio en ética periodística, certificado por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España. Desde mucho antes, te doctoraste en esa disciplina, porque te consultamos como definitiva piedra de toque de sensatez y rigor. ¿Quién no ha reconocido esa capacidad de fabricar soluciones evidentes a los problemas enrevesados?

Contigo en posición de timonel, ocuparas formalmente la que ocuparas, hemos construido un falansterio espiritual utópico: trabado sobre el estupendo y asediado oficio de periodista, compartiendo una mirada crítica al mundo y desplegando siempre una nunca desmayada pasión por la vida y la gente.

En el pasado inmediato, nos referíamos a los colegas veteranos y creadores de escuela, como “maestros de periodistas”, a veces así nombrados con voz engolada de antiguo telediario. Ahora lo pones más difícil —esa manía—, porque tu maestría es específica, concreta, nada nebulosa: la ética, el cumplimiento (y el desbordamiento ordenado y leal) de las reglas compartidas sigue siendo asignatura demasiado pendiente en nuestra sociedad. Y en nuestro oficio.

Seguramente, tu secreto es ser persona antes que profesional. Rebelde antes que complacida. Nieta de un prohombre de la Institución Libre de Enseñanza, hija de un sabio matemático rojo y perseguido, y de una silenciosa resistente, llevas con dignidad su legado. Y ya chavala con hambre de libertad, te apuntas al movimiento antifranquista, en versión libertaria. Tropiezas así con este oficio y lo ensalzas, en Cuadernos para el diálogo, desvelando en equipo (con Federico Abascal y con Flavio) el borrador de la Constitución.

Y en este diario del que eres mascarón de proa, sobre todo en simbiosis con Joaquín Estefanía, pero también junto con los demás. Con los de piedra picada que se han ido antes, Bonifacio de la Cuadra y Malén Aznárez, Joaquín Prieto y Antonio Franco…, gente hermosa. Con Boni nos regalas la Crónica secreta de la Constitución, un libro tan actual que deberíamos regalarlo también a todos los jóvenes: la crónica de un texto que es también piedra angular de esa libertad sin la que ejercer un periodismo pleno resulta imposible. Y que enfatiza su sentido profundo: el derecho de todo ciudadano a “recibir libremente información veraz”. Como éxtasis de nuestro derecho a averiguarla y publicarla, pese a presiones y pesares, y a nuestros prejuicios.

Tu trayectoria de medio siglo largo te encuentra de redactora, subdirectora, directora adjunta, defensora del lector, columnista, directora de EL PAÍS (entre 2018 y 2020), y comentarista radiofónica en la SER. Y en distintos momentos separados en el tiempo, de corresponsal en Bruselas, Londres, París, Nueva York y Buenos Aires, y delegada en Sevilla. Siempre en la querencia de algo nuevo que aprender y transmitir, siempre seducida por un concepto circular —nunca vertical— del oficio; siempre enamorada del poder de las ideas y distante de las ideas del poder.

Al punto de encabezar la renuncia —y en equipo de directores adjuntos— ante el poder interno cuando eso nos parecía una exigencia, y una palanca, para mantener la dignidad del periódico ante una gran guerra, la segunda del Golfo (1990-1991), y para, como fusibles, preservar la continuidad de un director digno. De honor. O al de avenirte a retirar de una entrevista que habías realizado a un presidente la respuesta a una de las cuestiones, pero de ninguna manera a eludir la constancia de que le habías formulado la incómoda pregunta. Sin alharacas. Respetuosamente con todos, y contigo misma.

Compartimos tantos momentos excitantes para el futuro de nuestra sociedad, como las cumbres del euro, uno como corresponsal, la otra como analista o enviada especial. Habitualmente culminados ante los fogones bruselenses de La Fiorentina, catedral de la gastronomía casera de la signora Maria, que tanto añoramos. Y todos aprendemos de tu generosidad, esa de compartirlo todo, y de tu hábil temple en manejar conflictos imposibles.

No hay demasiados colegas entre nosotros, si es que los hay, que exhiban un viaje tan intenso y tan entrelazado entre el enraizamiento local-nacional y ese cosmopolitismo que abre el espíritu y afianza la afición a la aventura de descubrir lo nuevo. Y con desapego personal. ¿Recuerdas que renunciaste hace decenios a la dirección, y únicamente aceptaste el cargo hace poco y por solo dos años, solo para enderezar el rumbo de este papel, que se había despistado?

Hoy celebramos más que nunca, para que nos duren siempre, tus fuertes convicciones de progreso, resumidas en la clásica tríada de libertad-igualdad-fraternidad, aunque actualizada; y en caso de duda, inclinando la balanza o el dilema hacia el lado del más débil. Tu convicción de que existe “una cierta manera de hacer las cosas”, como sostiene la mejor cultura francesa. Tu defensa acerada del ideal kantiano de paz universal. Tu práctica de la ética personal y profesional como imperativo categórico que trasciende intereses y conveniencias.

Esa manera que se traduce en normas muy concretas: en verificar las noticias, en apelar a distintas fuentes, en criticar respetando, en evitar altisonancias… En pugnar por ser independiente, sobre todo, de uno mismo. Tú sí lo has conseguido, hermana.

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Columna

El milagro económico español

Si la guerra de Irán no alumbra una catástrofe económica, este país tiene mejores puntos de apoyo que sus vecinos

Fábrica de Volkswagen en Landaben, Navarra.

Si la guerra de Irán no alumbra una catástrofe económica, y aunque la crisis mantenga su preocupante ritmo de galope, este país tiene mejores puntos de apoyo que sus vecinos.

Así, el déficit público al 2,2%; la deuda, 24 puntos por debajo del peor pico de la pandemia, en marzo de 2021 (124,2%); la electricidad, entre un tercio y la mitad más barata que los socios; el empleo rozando los 22 millones de cotizantes, cuando eran menos de 10 millones en 1985, antes de entrar en la Europa comunitaria.

Al final la base va siendo el potente crecimiento económico. No solo en el trienio 2022-2024 el PIB de España ha crecido a un ritmo 3,25 veces superior a la media de la eurozona. Es que el FMI pronostica para este año un alza de la economía del 2,1%. Y ya el dato español del primer trimestre (alza del 0,6%) duplica el alemán (0,3%).

¿De verdad estas cifras no pespuntean un milagro económico? Complacencias y ninguneos aparte, ¿acaso no sirven a todos, de todas las sensibilidades, como plataforma de futuro? O sea, para mejorar lo pendiente, que solo se identifica bien cuando se reconoce lo ya alcanzado.

Los lectores críticos —¡gracias!, nos obligan a más— aducen, raudos, que el crecimiento es un concepto algo etéreo, que no da cuenta al detalle del progreso real, ni de la equidad o injusticia en su distribución.

Cierto, si se comparan las rentas de las clases trabajadoras con las de los ejecutivos bancarios, por ejemplo. Cierto, porque en épocas de crisis (y llevamos algunas) los salarios tardan más en equipararse a la inflación, y en sus primeros compases (a veces en todos), se registran pérdidas de poder adquisitivo. Y eso resulta dramático respecto al problema de la vivienda.

Pero también es noticia el salto de los sectores menos protegidos. El 10% más pobre de los asalariados aumentó un 50% su remuneración entre 2017 y 2023 (Instituto de Estudios Fiscales). Y además, si el empleo es la mejor política social porque difunde efectos positivos en todos los ámbitos, su evolución resulta relevante. Desde la pandemia ya no ocurre que cada crisis se maneje con ajustes de empleo, o sea, con más paro. Ya no.

Además, otras dos maldiciones tradicionales capotan. La inversión total, pública y privada, lleva cinco años tomando pulso. Por quinto ejercicio ha aumentado continuamente: en 2025 creció un 5,1% (Fundación BBVA e IVIE).

Y la productividad, incluso en fase de alto absentismo, también: empezó a recuperarse en 2014 (Gobierno Rajoy), hasta 2019, al ritmo de un 0,5%. Y se duplicó al 1% de media entre esa fecha y el año pasado (Primer Informe del Consejo de Productividad de España): esa es la madre de todas las batallas: para asegurar aumentos de rentas; para exportar más, para competir mejor; para mejorar el Estado del bienestar. Aún falta bastante para acabar de colmar la brecha con la media de la UE. Pero la nave va.

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ENERGÍA
Tribuna

Crisis galopante, pero (aún) no catastrófica

Tras dos meses de guerra en Irán, la economía europea se estanca, sin desplomarse

Los barcos petroleros químicos Bow Panther (i) y Ionian Navigator, ambos con bandera panameña durante la descarga a mediados de abril en el puerto de Bilbao. LUIS TEJIDO (EFE)

Entre los augurios catastrofistas y la inquietante realidad, aún hay brecha. La crisis de Irán acaba de cumplir dos meses. Galopa a peor, pero (aún) no es catastrófica. Dependerá mucho de su duración.

“La crisis actual es más grave que las de 1973, 1979 y 2022 juntas”, advertía el 7 de abril el director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol. Y es que la producción de petróleo y gas de la OPEP se desplomó casi un 25% de febrero a marzo, y rozó el -27% en abril (ver gráficos).

Producción de crudo en la OPEP

En miles de barriles al día

Se insinuaba la catástrofe. Las crisis de 1973 (Yom Kippur) y 1979 (ayatolás) multiplicaron el precio del petróleo por doce, a 1981. El remedio de la austeridad monetaria (tipos de interés de más del 20%) de Paul Volcker en la Fed, y de sus colegas, sajó la inflación, pero segó el crecimiento. Propició la peor recesión desde la guerra mundial. E inauguró una insólita estanflación, estancamiento con inflación.

La Gran Recesión de 2008 saqueó el crecimiento económico. La eurozona creció ese año solo un 0,4%. El último trimestre, tras la quiebra de Lehman Brothers, cayó un 1,6% respecto al anterior.

En sus derivadas crisis del euro y de la deuda soberana desde 2011, la economía se hundió por barrios. El PIB griego cayó un 9,9% del PIB en 2011 sobre el año anterior. El área euro dio negativo en 2012 (-0,79%), 2013 (-0,3%) y 2014 (-1,39%). Un episodio griego aún peor —aunque muy breve— ocurrió en 2017. Pero los efectos restrictivos de la política fiscal austeritaria castigaron durante largo tiempo el gasto social y la inversión pública productiva, solo compensados por la política monetaria expansiva de Mario Draghi.

A la declaración de pandemia (11/3/2020) le siguió un resto de año duro. Como en 2012, 2013 y 2014, pero con el PIB más tocado, a -6,8 puntos (mucho peor, caída del 10,9% en España por la parálisis del turismo), con pico de -11,3% el segundo trimestre (del año y de la misma covid), y una rauda recuperación de 12,2 puntos positivos el cuarto trimestre.

Sin infraestructuras dañadas ni colapsos financieros, la rápida reacción desde mitad de marzo del BCE –tras una duda, el error Lagarde— y de la primera Comisión Von der Leyen, lanzando programas como el SURE y (con fuerte protagonismo español) el Next Generation, salvó el abismo: las dos grandes políticas, fiscal y financiera, remaban en sintonía expansiva, a la inversa del austeritarismo.

Tras un fuerte pero breve repunte en 2021 (PIB al 3,5%), la invasión de Ucrania por Rusia (22/2/2.022) no impidió el previo efecto arrastre en la eurozona, hasta completar el año con un 3,5%. Aunque sus efectos ralentizadores se extendieron a 2023 (crecimiento del 0,5%) y 2024 (0,9%). Territorialmente, el Norte supuestamente frugal empezó a ceder su dinamismo económico al Sur: los de la cohesión y los rescates, los meds o PIGS y ahora estrellas, encabezados por España y sus políticas expansivas.

El primer ejercicio de Donald Trump, 2025, se saldó aún con un PIB de la eurozona recrecido al 1,4%, pues los aranceles asumidos por una genuflexa Von der Leyen (27/7/2025) en el golf escocés del magnate, impactaron lentamente en la desviación de comercio: y de modo preocupante, desde enero-febrero de este año, al desplomarse las exportaciones europeas a EE UU un 27%, también resentidas por la depreciación del euro sobre el dólar (de un 7%).

El ataque a Irán se solapa pues con los efectos duraderos de las crisis ucraniana (volatilidad energética) y arancelaria (menores exportaciones, sesgo al decrecimiento). También los destrozos de instalaciones energéticas (Qatar) o el revés en la navegación por Ormuz exigirán reparación, acomodo. Y tiempo.

La memoria de estos avatares y el pesimismo energético de la AIE contagia a los otros organismos económicos al inicio de los bombardeos en Irán: llaman a no gastar mucho, y por poco plazo, lo que chirría con sus augurios cifrados, más suaves. El FMI rebaja el 14 de abril su previsión de crecimiento mundial solo dos décimas, al 3,1%. Y el de la eurozona, tres décimas, al 1,1%: sin catástrofe a la vista. Pero el dato del primer trimestre es preocupante: un enfriamiento del PIB al 0,1% Eurostat); quizá abril habrá sido peor, pues hay indicios más negativos desde el sector privado. La inflación escaló seis décimas en marzo, al 2,5%, aún moderado. Con España volviendo a liderar el crecimiento económico de los grandes a un ritmo casi doble de la media (2,1%).

Cuatro evidencias surgen de destripar y comparar estas crisis. Una, a mayor duración, mayor gravedad: el suministro empeora, como ocurrió cuando Ucrania. Dos: el precio sube; el del petróleo brent casi se duplica desde enero hasta final de marzo, y luego oscila en torno a los 100 dólares el barril, con un récord momentáneo en 126 (el jueves 30 de abril), y un cierre ese mismo día a 114 (ver gráfico). Tres, las recetas de austeridad extrema suelen dañar el crecimiento, a veces brutalmente.

Precio del petróleo

En dólares por barril

Y cuatro, la respuesta madrugadora y potente, como en la pandemia, da frutos: España aplicó su programa integral de 5.000 millones (por sólo 1.500 millones de Alemania) desde el 22 de marzo, y ese día ya notó la caída del precio de los carburantes (ver gráfico), mientras el petróleo seguía subiendo.

Evolución de los precios de gasolina y diésel en España

1,411,46
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Decreto
Ley

Veremos ahora qué pasa con el plan de la Comisión Europea propuesto un mes después, el 22 de abril—que replicaba el paquete español en renovables y electrificación—, y al que los 27 líderes exigieron más concreciones y ambición: roles invertidos respecto a lo ocurrido en la primavera de 2020.

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Jesucristo era un inmigrante

No hace falta ser religioso para descubrir el imperativo moral de tratar bien a los extraños en el cristianismo

‘La huida a Egipto’, de Vittore Carpaccio (National Museum of Art, Washington, DC, EE UU)Vittore Carpaccio (Heritage Images via Getty Images)

Esta historia es muy actual.

Al poco de nacer —¿en Belén?, ¿en Nazaret?— el más famoso de los hombres llamados Jesús fue llevado precipitadamente por sus padres desde Palestina (o Judea), a tierras del Nilo, en el viaje que se conoce como “la huida a Egipto”. Era preciso para salvarle la vida. Porque, según el relato de uno de los cuatro evangelistas, Mateo, la visita de los reyes de Oriente al pesebre despertó en el rey actuante de Judea, Herodes el Grande —sometido a Roma— un pavor a la competencia: los magos le habían rendido homenaje en calidad de nuevo rey de los judíos. Así que “montó en cólera y ordenó la ejecución de todos los nacidos menores de dos años”.

Oportunamente, un ángel se le apareció enseguida al carpintero José, al que en calidad de padre, le instó: “Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto y permanece allá hasta que yo te diga, porque Herodes buscará al niño para matarlo”.

Así que se fueron con lo puesto. Una opción exacta a la de quienes hoy emigran al objeto de proteger su vida y su seguridad frente a persecuciones o situaciones peligrosas: los que lo hacen, más que por razones económicas, por otras de índole política, como quienes buscan refugio o asilo. Aunque muchas veces ambas condiciones se solapan. Algunos polemizan con la identificación del fundador del cristianismo con la emigración, alegando que no huyó a otro país, pues tanto Judea como Egipto estaban sometidos al control del Imperio Romano. Otros resaltan que cada entidad era una provincia con gobierno propio y distinto, y diferentes legislaciones. El caso es que, delimitaciones administrativas aparte, esta es la esencia de la condición de cualquier emigrante de cualquier época, incluida la de Jesús: verse impelido a abandonar el propio territorio de origen, por constricciones ajenas a su voluntad.

Tan interesante como su trayectoria personal es la doctrina sobre migrantes y extranjeros —y el respeto y fraternidad a dispensarles— que el fundador del cristianismo elabora y difunde. En las bienaventuranzas, elogia el modo de acogerles: “Tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis” (Mateo 25:35). Y “cuando lo hicisteis a uno de mis hermanos, a mí me lo hicisteis”. Y en una parábola exhortó a imitar al samaritano (de Samaria y, pues, foráneo) que atendió a un judío mal herido en el suelo, a quien todos los viandantes de su etnia habían ninguneado (Lucas 10:29-37).

Así que “Jesús fue un inmigrante y todos los cristianos somos inmigrantes” (Octavio Quesada, blog de la universidad evangélica californiana Biola). Merecedores de respeto, también desde la tradición judía, anterior a Cristo: “Jehová protege a los extranjeros; sostiene al huérfano”, indica el Libro de los Salmos (146:9).

No es preciso ser biblista ni religioso para descubrir estos textos. Basta ser curioso y buscarlos.

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¿Hasta dónde llega el Gran Israel? ,,,

Netanyahu ha convertido en doctrina consolidada de agresión violenta lo que un día fue misión defensiva

Netanyahu, durante su discurso en la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2024.Eduardo Munoz (REUTERS)

¿Se está cumpliendo el propósito sionista histórico de edificar un Gran Israel como potencia hegemónica, militar y territorial en Oriente Próximo? Atención a las batallas. Y a la historia.

La última versión de este plan, aunque más tacticista que de largo plazo, es el discurso de Benjamín Netanyahu en la ONU (27/9/2024), casi un año después del ataque terrorista de Hamás del 7/10/2023. En él, en dos mapas titulados The Blessing y The Curse, o sea, “La bendición” y “La maldición”, Bibi repartía la región. Entre la lista de benditos del corredor Egipto-India, incluía, claro, a Israel, pero también a Sudán y a Arabia Saudí. En el “arco del terrorismo” maldito metía a Irak, Irán, Yemen, Líbano y Siria.

La función del mapa era concretar el principal objetivo: “Cambiar el equilibrio de la región para los próximos años”, un “nuevo orden” a cristalizar gracias a que pueden “alcanzar y golpear cualquier punto de Oriente Próximo”. Lo que un día fue misión defensiva se convertía así en doctrina consolidada de agresión violenta.

No lo fue en el pensamiento del padre fundador del sionismo, Theodor Herzl, que postulaba la vía diplomática. Autor de El Estado judío (1896), lo delimitó como “la zona que abarca desde la ribera de Egipto [el Nilo] hasta el Éufrates [la mitad occidental de Irak] e incluye partes de Siria y de Líbano”.

No parecía agresivo: “Que se nos dé la soberanía sobre un pedazo de la superficie terrestre que satisfaga nuestras justas necesidades como pueblo. A todo lo demás ya proveeremos nosotros mismos”, aunque su vis expansiva se prefiguraba en el ancho mapa que ideó para aquel Estado soñado.

Varias corrientes de la ideología la endurecieron, en parte incentivadas por la escasa o nula amistad de los vecinos árabes. Una estrategia para Israel en los años ochenta, que ha sido el plan más completo del Gran Israel, lo escribió un periodista ultra, Oded Yinon. Se publicó en 1982 en la Revista para el judaísmo y el sionismo, y propició la inmediata invasión de Líbano.

Yinon propugnó sin cautelas la expansión de fronteras; usar la coartada de seguridad para ocupar zonas de países limítrofes; castigar toda resistencia con bombardeos y el exterminio de las ciudades. Y la fractura y división de los Estados vecinos, balcanizando la región. Un hito relevante sería años más tarde la partición política de Irak en tres, tras la invasión de 2003.

Su receta era de dureza extrema: “No poder tomar medidas hacia [o sea, contra] la población árabe en los nuevos territorios” es “el mayor error estratégico cometido por Israel la mañana siguiente de la guerra de los Seis Días”, de 1967. Y claro, postuló recuperar el Sinaí, o “la disolución del poder militar” de Egipto, Siria, Irak y la península arábiga, troceando sus estructuras en múltiples mini-Estados irrelevantes. Divide y vencerás.

 

Contra la bomba atómica (en Irán) ,,, 5.4.26

Argumentos y contraargumentos sobre la posibilidad de un ataque nuclear estadounidense contra la República Islámica

Tres F/A-18E sobrevolaban el día 2 el portaaviones 'Abraham Lincoln' en una misión de apoyo durante la guerra de Irán, en una ubicación no revelada. La imagen fue distribuida por la Armada de EE UU.REUTERS

Provocar un “infierno” en Irán, como repite Donald Trump, y este sábado lo repitió, ¿podría implicar el lanzamiento de una bomba atómica? Algunos así lo temen. Estos son los argumentos. Y los contraargumentos:

—Esa bomba rompería el aparente desempate real en el principal terreno de batalla: el agresor no puede vencer con los dispositivos actuales, y una intervención terrestre conllevaría el riesgo político letal de muchos cadáveres de vuelta a casa; el agredido no se rinde. Aunque se le decapite una y otra vez, es una hidra de siete cabezas.

—Antes de esa locura siempre se dispone de otra salida menos costosa y más práctica. Volver a la negociación, incluso envolviéndola en propaganda: están acabados, no pueden con nosotros. Y lanzando una minioperación terrestre, pero vistosa: ocupar una isla menor. Aunque nadie olvida la crisis de los rehenes en Irán (de 1979 a 1981), que arruinó el mandato de Jimmy Carter. Negociar cabe siempre.

—La negociación ya fracasó.

—La última ronda se suspendió, preanunciándose que se reanudaría, pero Benjamín Netanyahu forzó/convenció a Donald Trump de que era preferible bombardear a un enemigo (falsamente) débil. Y se ha reanudado tantas veces cuantas ha fracasado.

—Sería un recurso rápido en momentos de fatiga bélica, hasta mental.

—Rápido, quizás. Pero demasiado peligroso. Los dos grandes actores, aunque ambos sean teocráticos, saben que, al cabo, perderían más.

—Pero estamos en el peor momento. La proximidad del abismo es siempre la ocasión más propicia para una decisión loca.

—Siempre el peor momento precede a una negociación, porque las partes tienden a agotar todos los márgenes del juego de la gallina, a ver quién se arruga, quién se detiene antes de precipitarse al vacío.

—Ninguno es de fiar.

—Claro, pero lanzar una bomba atómica es un recurso asimétrico. Solo uno puede emplearlo, porque solo uno dispone de ella. Y este uno afronta aún, por fortuna, controles domésticos, el Parlamento, la judicatura, la opinión pública, la presión de los viejos y ya hartos aliados.

—Los dos agresores celebran elecciones en otoño: necesitan polarizar a sus electores, radicalizarles.

—Lanzar una bomba atómica conllevaría un desastre total que acabaría evidenciando su derrota política ante los votantes. Esto no es una acción militar defensiva ante el nazi-fascismo, que atrajo apoyos sólidos, sino una impopular guerra ilegítima de agresión.

—No tiene por qué ser total. Hay bombas atómicas de alcance acotado.

—Mejor no probarlo. Las llamadas bombas Zar multiplican por más de 3.000 veces los efectos directos de la de Nagasaki. Sin contar con que la radiación viaja en el espacio.

—Pero muy lejos de Washington.

Y muy cerca de los jeques amigos, que no son solo aliados, sino compis de negocios. ¿Y si el radio de acción se extendiese hasta Israel?

 

Carlos Westendorp, el oráculo de los diplomáticos europeístas ,,, 5.4.26

Cortés, afable, sonriente, pero también negociador implacable, el exministro fue protagonista en la fragua de la leyenda de que los españoles éramos los “prusianos del Sur”

Carlos Westendorp, en una fotografía de 2015.alejandro ruesga

Cortés, afable, sonriente, pero también negociador implacable, Carlos Westendorp, fallecido este lunes a los 89 años, hizo mucho: como ministro de Exteriores; eurodiputado; embajador… Pero ha sido sobre todo, durante décadas, oráculo decisivo de los diplomáticos españoles. Un enorme contribuyente, muchas veces en complicidad con su copiloto Javier Elorza, a la estrategia española. Y a los avances de la hoy Unión Europea.

Miembro del equipo negociador de la adhesión desde los últimos años setenta –el famoso grupo de la Trinidad– allegó experiencia en el trato con el exterior-desde-el-exterior. Luego, como primer embajador-representante permanente ante las Comunidades desde 1986 y secretario de Estado de 1991 a 1995, aterrizó con soltura la difícil puesta en práctica del acuerdo de adhesión, cuando este país era aún novato en los vericuetos de Bruselas.

Fue protagonista en la fragua de la leyenda europea de que los españoles éramos los “prusianos del Sur”, en su versión personal más distendida, pactista e irónica. Esa leyenda llevaba doctrina: constancia, transparencia, pedagogía, trabajo en equipo y primacía al consenso.

Con los de fuera, colocaba los intereses del país en el cesto de los generales y así los hacía más entendibles y asumibles, método en el que el presidente Felipe González llegaría a ser maestro. Con los de dentro sintonizaba a los eurodiputados de todas las siglas, a quienes convocaba para explicarles avances y problemas: hoy, algo imposible.

Imprimió huella a la reforma de Maastricht, a la que España propuso incorporar el fondo de cohesión. Cuando la Comisión de Jacques Delors quiso diluirlo a declaración virtual, se plantó: o consagraban el fondo de modo vinculante, “o no habría Tratado”. Y es que sabía ser “duro como el acero”, como le ha descrito Elorza.

Y apadrinó novedades sociales para el Tratado de Ámsterdam, competencias en consumidores, medio ambiente, salud pública, esa sintonía con los nuevos socios escandinavos: sin ella, la UE no habría podido responder, años después, a la pandemia.

Por su hábil escuchar y agrupar, Charliewest, como le apodaban, se granjeó un enorme respeto –para él y para su país–, entre los socios. Le ayudó esa conjunción de apellidos, holandés (Westendorp, pueblo del oeste), y español (Cabeza), que suscitaba curiosidad ante una apariencia impasible doblada de apasionada capacidad de ejecución.

Por eso se le confió el Informe Westendorp, sobre las opciones de reforma del Tratado, en 1995. O un rol relevante en el Informe sobre el futuro de la Unión, del Grupo de Sabios presidido por González, de 2010. Todavía alientan sugerencias válidas.

Otro gran legado de Westendorp –su último compromiso político electoral bajo siglas socialistas aparte—fue su desempeño, de 1997 a 1999, como alto representante internacional en el conflicto de Bosnia; cargo que duplicó, caso insólito, con el del mismo título pero por encargo de la UE. Ahí contrató a un joven Pedro Sánchez, a quien enseñó la técnica del “culo di ferro”, jamás abandonar una negociación. Pero sobre todo, cuando estrenaba entonces bebé de su joven esposa y gran dama en la gestión teatral, Amaya de Miguel, aprendió a pasar del despacho a la trinchera, su lección menos conocida.

Como virrey internacional, aplacó la crisis bosnia. Con decisiones como atreverse a destituir al presidente de la insurgente República Srpska, Nikola Poplasen, por para-golpista. “Estuvimos una hora calibrando los riesgos de la decisión, al detalle, como a él le gustaba, pero una vez tomada, la aplicó sin dudar”, recuerda la gran jurista comunitaria Marta Arpio, quien fue su jefa de gabinete en Sarajevo. Y así aprendió a viajar peligrosamente en helicóptero de puertas abiertas, con escoltas armados de metralletas hasta los dientes. Siempre voló alto, pero nunca tan difícil.

 

 

Después de Noelia

El caso de la joven insta a abreviar los tortuosos procedimientos legales de la eutanasia

Manifestación por el derecho a una muerte digna, en noviembre de 2015 en Madrid.Marcos del Mazo (LightRocket / Getty)

Después de Noelia, algunos dilemas difíciles quedan iluminados. También el ejercicio de la condición de padres. Sabíamos que perder a una hija, a un hijo, es lo peor que le puede suceder a una persona. Adivinábamos que iba contra la ley de la vida, esa pretendida secuencia natural de las cosas: que los progenitores se van primero. Cuando en realidad no existe tal ley, sino probabilidad estadística.

Pero causa dolor. Aunque, ¿acaso no es más punzante el de quien no encuentra oído, ni complicidad ni asistencia cuando experimenta su vida como una no vida, una muerte que se arrastra? Noelia tenía razón, no quienes se la negaban. Tanta, que la ha honrado con su propia vida. Tanto, que la explicó a todos. Una vez, por muchas en contra de quienes opinaban no desde ella, sino desde ellos. Reconocimiento, también, a quienes posibilitaron ese testimonio. Respeto a quien eligió libremente su libertad.

A veces, nos tienta identificarnos en los hijos, incluso de forma abusiva, y abrasiva. Carentes o sobrados de sentido de trascendencia buscamos así —egotistas— prolongarnos en ellos, como extremidades sucedáneas. Síndrome perverso, pues conduce a que nuestro interés prevalezca sobre su derecho.

Entonces nos arriesgamos a dejarnos seducir por ayatolás de una falsa cristiandad cruel, que no entiende de compasión, misericordia, bienaventuranzas, ni siquiera de comprensión, ese meterse bajo la piel del otro, para percibir como él o ella. Y, por supuesto, nos inclinamos a rechazar la ley que consagra el derecho a la libre determinación de todos.

El derecho es de todos. El último argumento ultra, de feroz apariencia sensata, estriba en que se le debe negar a los menos calificados. Como cuando se prohibía el voto a pobres e iletrados, porque la falta de riqueza o de ilustración se entendía como reflejo de idiotez, y pues, causa de incapacidad para discernir. Y con esa misma argucia se troca una discapacidad física o mental en impedimento para ejercer un derecho común, universal.

Por supuesto, esa coartada apela a una inversión de papeles y se convierte en un ataque a lo público porque lo público estaría condenando al incapaz de decidir. Cuando es justamente al revés: lo público reconoce el poder del ciudadano individual a ejercer sus derechos, incluidos los más íntimos y fundamentales. El derecho a la vida se acompaña del derecho a renunciar a ella si se ha convertido ya en muerte cruel, adelantada, que va durando largo tiempo.

El legado de la joven que se ha despedido consiste precisamente en que empuja a la abreviatura del complicado y tortuoso procedimiento para llegar a un final digno, eso que aprovechan los contrarios al ejercicio de derechos, los partidarios de una justicia lenta que, por definición, recala en injusta tortura añadida. Noelia les ha vencido. Quería irse “ya en paz”, y puede “al fin, descansar”. Tristes, celebrémosla.

 

 

 

El decreto de vivienda se mejora o se desploma

La norma para prorrogar los alquileres tiene todos los visos de desplomarse, por falta de suficiente apoyo parlamentario. Pero no tanto por causa de que sea “de izquierdas”, sino porque es insuficiente

Imagen de la construcción de vivienda en Sevilla, el 19 de marzoPACO PUENTES

Es un secreto a voces. Por más campañas que se lancen, el segundo decreto contra el impacto de la guerra de Irán, focalizado solo en la vivienda, tiene todos los visos de desplomarse, por falta de suficiente apoyo parlamentario.

Pero no tanto por causa de que sea “de izquierdas”, sino porque es insuficiente. Solo prorroga los contratos de alquiler vigentes (en dos años), y establece un tope a su precio (del 2%). Cuando ya se ve que la dinámica de la inflación iraniana catapulta al euríbor, encareciendo el acceso al crédito para la compra.

Y porque es sesgado: la factura de la protección social recae en los tenedores privados o mixtos, sin participación del sector público —teórico titular de la protección del Estado del bienestar—, con efecto psicológico acumulado.

Claro que la escandalera conservadora que ha generado es excesiva: el tope del 2% apenas perjudica al casero, al ser muy próximo a los tres índices vigentes; es, en sí mismo, casi retórico. Y en el caso de Junts —que sí ha votado el decreto “energético”—, su negativa resulta paradójica, pues el principal efecto de la prórroga operaría fuera de Cataluña, donde ya rigen los topes a las alzas de precios en caso de renovación de contratos en zonas tensionadas, casi todas.

Además, tiene sentido el intento de evitar desalojos masivos de decenas de miles de inquilinos por súbito encarecimiento del alquiler, inevitable si no hay pisos disponibles. Siempre que la medida sea temporal: y en este caso, lo es, dos años. Y siempre que ese plazo se emplee en acelerar la generación de una oferta de pisos potente, cuya escasez es la causa del drama habitacional.

Fíjense en algo apenas aireado. El propio primer decreto, mayormente energético, agiliza y simplifica la burocracia (en su disposición final décima) en “la promoción, licitación y ejecución” del suelo público para VPO y vivienda asequible. Y da apoyo legal a la empresa estatal Casa 47 para contratos de larguísima duración, hasta 80 años: lo que responde a la angustia de los jóvenes en alquiler, sometidos a continuos cambios de hogar: la inseguridad del saltimbanqui.

Pues bien, ¿por qué no ampliar y mejorar el segundo decreto, sobre vivienda, buscando una fórmula parecida? Como promover los contratos de muy larga duración entre los privados, digamos de 20 años renovables. Si ya tienen encaje legal, ¿por qué no impulsarlos para seguridad del inquilino? Sería una fórmula de éxito, aceptable para muchos propietarios-no-especuladores a cambio de algún incentivo y garantías rápidas de disponibilidad en caso de impago, no tanto de vulnerables, sino de polizones.

Función sustituta de esas garantías pueden desempeñarla los avales ante impagos (establecidos en los decretos 1/2025 de 28 de enero, y 1135 del decreto 1135/2025 de 10 de diciembre, ambos de 2025). Pero para que sean veloces y eficientes convendría agilizarlos, simplificarlos o ampliar el esquema hacia un potente Fondo de Garantía de Arrendamientos según la pauta del Fondo de Garantía de depósitos bancarios, de gobernanza consorciada público-privada (Otro escudo para el alquiler, EL PAIS, 7/3/2026).

También mejoraría la oferta si el decreto 15/2025 que permite a los ayuntamientos dedicar su superávit fiscal a invertir en vivienda (y otros fines) pudiese abarcar más años y se concentrase exclusivamente en este fin (Dinero a espuertas, EL PAIS, 21/2/2026, y ¿Y si los ayuntamientos invierten su superávit en vivienda social?, Aurelio Medel, Cinco Días 20/3/2026). Todo eso configuraría un paquete bastante redondo.

 

 

 

 

Esta guerra se empantana ,,, 22.3.26

Al prolongarse la guerra relámpago (remedo del ‘blitzkrieg’ pardo), lo único que queda veloz es la propaganda torpe

El presidente de EE UU, Donald Trump, junto al secretario de Estado Marco Rubio, responde a una pregunta de los medios de comunicación, en el Jardín Sur de la Casa Blanca, en Washington (EE UU), el pasado 20 de marzo. SHAWN THEW / POOL (EFE)

Esta guerra se empantana. Debía ser un paseo militar. Cosa de cuatro días. Llevamos tres semanas. ¿El objetivo? Antes de la agresión, Donald Trump convocó a los iraníes a rebelarse contra los ayatolás. Sin éxito. Así que inutilizó a Jameneí I (y parte de su corte), un remedo del modelo venezolano.

Desvanecida la tiranía, la tiranía se reencarnó en el retoño Jameneí II. Como no aparece, se le declara fantasma desfigurado. La propaganda es básica en guerra. De hecho, es arma esencial, como procuró Joseph Goebbels con sus mentiras. Pero lo hizo de forma superior Thomas Mann en sus verdades radiofónicas contra el nazismo, desde el exilio en EE UU (“Oíd, alemanes”): condición de eficacia de ese género es que tenga alguna apoyatura real.

Al prolongarse la guerra relámpago (remedo del blitzkrieg pardo), lo único que queda veloz es la propaganda torpe. Y su auto-derribo por contraste con la realidad. La “amenaza nuclear inminente” de los curas islamistas ―esgrimida como coartada para la agresión― capotaba ante quienes recordasen que, tras los bombardeos de junio, Trump declaró destruido el potencial atómico iraní.

Las nuevas “armas de destrucción masiva” ―como se denominó a las inexistentes de Sadam Hussein en 2003― fueron negadas esta semana por uno de los más conocedores, el director de la Agencia Nacional Antiterrorista, Joe Kent, quien “por conciencia” dimitió por haberse engañado al pueblo: Kent no es trotskista, sino un ferviente de Trump, y del asalto al Congreso.

Y así con todo en el agit-prop de la Casa Blanca y del tertuliano del Pentágono. Hemos destruido su aviación, pero nos tumban la joya de la corona: ¡un F-35! La guerra nos hace ricos, pero pedimos al Congreso 200.000 millones de dólares adicionales para “matar a los malos”. Estamos ganando “de forma decisiva” o la guerra está casi “ganada”, y nos bombardean los depósitos de gas y petróleo de los jeques amigos o nos cierran el estrecho de Ormuz. Pedimos ayuda a nuestros ex aliados europeos para desbloquearlo, y al recibir calabazas, resulta que “no necesitamos a nadie”. Propaganda-bazofia, contraste ante el Thomas Mann de los añorados EE UU en la era Franklin Roosevelt.

Todo son cortinas de humo para ocultar esto: si Irán nunca ganará militarmente la guerra, por el abismo entre fuerzas, tampoco EE UU va ganando. Los bombardeos aéreos no bastan ante un enemigo con apoyo social suficiente, aunque sea minoritario. Y emprender una escalada en forma de invasión terrestre a gran escala sería suicida frente a bastantes de los 95 millones de iraníes; o de resultado nada definitivo si se busca un mero “efecto demostración”.

Ojo a las derrotas del invencible: Vietnam, Afganistán. O a su victoria de Irak, el peor fracaso político. ¿Para qué tanto “poder duro”? No es solo que esta no sea nuestra guerra. Es que es la más idiota de la historia.

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