Panorama Internacional: Brasil, la guerra fría de juguete de los Bolsonaro contra Lula
Cuando restan tres meses para las presidenciales, el examen electoral más relevante en la región por el tamaño económico y político del país, parece claro que el actual presidente aprovechará la sombra de los Estados Unidos sobre esas urnas y los manotazos del clan Bolsonaro, para posiblemente asegurarse la victoria.
El
presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, durante la ceremonia
de presentación de credenciales de los nuevos embajadores extranjeros no
residentes en Brasil. Foto EFEÚltimas noticias

Dólar hoy en Nicaragua: precio y cotización de la divisa este sábado 11 de julio de 2026

Dólar hoy en Venezuela: precio y cotización de la divisa este sábado 11 de julio de 2026

Dólar hoy en Honduras: precio y cotización de la divisa este sábado 11 de julio de 2026

Dólar hoy en Costa Rica: precio y cotización de la divisa este sábado 11 de julio de 2026

Dólar hoy en Guatemala: precio y cotización de la divisa este sábado 11 de julio de 2026
Lo más leído por suscriptores
- 1
Emmanuel Dalbe
"En estado de shock absoluto" y "vivo de milagro": qué declaró el abogado detenido por el choque fatal en Panamericana

- 2
Marina Artusa
Tragedia en Almería: el dramático pedido de una madre y los vecinos que desoyeron las advertencias

- 3
Choque múltiple sobre Ruta 7: hay tres muertos y dos heridos de gravedad, se cree que una de las conductoras se quedó dormida

- 4
Miguel Wiñazki
Desnudos falsos, vejación real: los proxenetas de fantasmas de las escuelas de élite

- 5
Sebastián Fest
Argentina, arrojada a una batidora de fútbol y política, y esta vez no es culpa de Trump

Videos destacados
La Matanza: escapaban de la policía y terminaron volcados cerca de Ruta 3
Facundo Medina: "El triunfo contra Egipto me dio un plus para lo que viene"
Lisandro Martínez, antes de Suiza: "Pensar que habrá un partido tranquilo es equivocarse feo"
Cuando restan tres meses para las presidenciales en Brasil, el examen electoral más relevante en la región por el tamaño económico y político del país, parece claro que Lula da Silva aprovechará la sombra de los Estados Unidos sobre esas urnas y los manotazos del clan Bolsonaro, para posiblemente asegurarse la victoria.
Esa combinación ha permitido al líder brasileño empeñado en la reelección, que significaría su cuarto turno en el poder, correr del centro de atención un dato grave en su contra, la edad. Un rival más formado y menos desnortado que Flávio Bolsonaro, el número 01 según el nomenclador familiar que conduce el polémico ex presidente Jair Bolsonaro, le habría ya causado graves dificultades al mandatario montado en aquella razón.
También por el desgaste lógico de una presidencia en una etapa difícil de la región y el mundo, que no tuvo los logros de sus dos primeros mandatos, a comienzos de siglo, cuando el boom de los commodities mostró a Brasil superando a Gran Bretaña en poder económico y ampliando su clase media. Hoy el crecimiento baja de 3% en 2024 al 2,3% el año pasado y a entre el 1,6 y 1,8% este 2026. Todo esto con una inflación controlada al 4%, pero con tasas de interés siderales del 14,7%
Aún así, el presidente brasileño ha mejorado su performance después de resolver los diferendos con su imprevisible colega norteamericano Donald Trump. El magnate, amigo y admirador de Bolsonaro, sancionó insólitamente a la segunda economía del hemisferio en repudio al proceso por golpista que la justicia brasileña, con un enorme caudal de pruebas, dictaminó contra el ex jefe de Estado.
La eficiente diplomacia de Itamaraty logró enhebrar un primer encuentro cálido en Naciones Unidas entre los dos líderes y luego una reunión de tres horas en la Casa Blanca que acabó con cruces de elogios. El resultado fue un Lula que se mostró como un defensor eficaz de la soberanía y los derechos de Brasil, un dato valioso para los electores de centro que es el espacio donde milita realmente el mandatario.
Los Bolsonaro, que insisten con la fábula de que Lula es todavía un dirigente de izquierda, hasta comunista lo llaman, apelaron al espíritu cómplice y un tanto básico del mandatario norteamericano para que reprima a Brasil y facilitar una conveniente mudanza política. Eduardo Bolsonaro, el número 03 (hay otros dos hermanos, 02 Carlos y 04 Jair Renan), es un ex diputado que abandonó su banca parlamentaria y se refugió en EE.UU. donde se empeñó en esa ofensiva con el aval del canciller Marco Rubio. Incluso de invasiones de marines llegó a hablar.
Luego el propio Flávio hizo su intento con Trump y la foto, para mostrar una influencia que lo aliviara de las consecuencias de una grave denuncia de corrupción por sus lazos con el dueño preso del banco Master, la mayor estafa financiera y de corrupción en el país desde el Lava Jato.
El ex presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. Foto APEn Washington el candidato se atribuyó la gestión que llevó a Trump a designar a las mafias del narcotráfico brasileño como organizaciones terroristas. Esa decisión permitiría legalmente a EE.UU. ataques contra esas bandas con el estilo que aplicó contra lanchas sospechosas en el mar Caribe y el Pacífico cuando acosaba a Venezuela. La justificación sería la seguridad nacional. También el clan opositor ha estado promoviendo un paquete de nuevas sanciones por supuesto “empleo esclavo” y contra el sistema PIX de pagos instantáneos del Banco Central de Brasil.
Es una herramienta más eficiente y preferida por los brasileños que las tarjetas de crédito norteamericanas que se quejan de una inexistente “competencia desleal”. De esos días es una carta de Rubio a Flávio en la que le agradece su apoyo para la decisión contra las mafias narcos y la sorprendente oferta de un equipo de transición que dejaría a disposición de Estados Unidos si gana en octubre.
Los Bolsonaro tardaron un tiempo en advertir las consecuencias de lo que estaban haciendo. Cuando despertaron, alertados posiblemente por las encuestas, se lanzaron a un estrambótico raid para pedir en Washington lo contrario a lo que habían reclamado a Trump. Flávio envió un voluminoso documento de 86 páginas al representante comercial de Estados Unidos en el cual “imploró”, según el término corrosivo que usó el portal del paulista Estadão, para que el gobierno norteamericano suspenda esas nuevas sanciones, en particular contra el PIX.
Pero en ese largo papeleo no pidió que las penalidades sean eliminadas, apenas que se posterguen hasta después de las elecciones. Es decir, no salió en defensa del país sino de que lo ayuden a ganar las elecciones, atento a que las anteriores ofensivas contra Brasil fortalecieron a la campaña de Lula. Sencillamente avisa que es correcto castigar a los consumidores, incluidos sus propios votantes. No debe sorprender que en las encuestas el presidente haya roto un virtual empate con alrededor de siete puntos de ventaja, 49% a 42% según un reciente muestreo realizado por AtlasIntel para Bloomberg News.
“El senador demuestra que no tiene la menor consideración por el país que pretende gobernar y que la única razón de su candidatura es derrotar a Lula”, reprochó aquel diario en un editorial. Añadió una dimensión particularmente complicada: “Por extensión, Flávio invitó explícitamente a Trump a interferir en las elecciones brasileñas al vincular la imposición de aranceles con el calendario electoral (…) A cambio, ofreció a los estadounidenses una ‘búsqueda agresiva’ de acuerdos comerciales, lo que implicaría abandonar el Mercosur. También prometió revisar la carga impositiva sobre las tarjetas de crédito dominadas por empresas estadounidenses, y eliminar los aranceles sobre el etanol estadounidense. Es un paquete completo de sumisión”.
Vale aclarar que Estadão no es precisamente un medio de izquierda, representa al amplio segmento centrista del país, clave en las elecciones. Una conclusión adicional es que a los Bolsonaro, el candidato incluido, parece escapárseles el dato de que Trump tiene muy mala imagen en Brasil, salvo entre minorías que no son determinantes.
Un simpatizante saluda al senador brasileño, y precandidato a la presidencia de Brasil, Flávio Bolsonaro. Foto EFEFalta bastante para las elecciones y es temerario predecir resultados. Pero es claro que el clan opositor deberá mejorar su estrategia. Una cuestión indudable es que Brasil ha venido girando a la derecha, un movimiento que acompaña Lula. La competencia real será sobre esa vereda. Ese universo de todos modos no es homogéneo. El famoso repudio en un video de Michelle, la esposa del ex mandatario derechista en el que acusa a Flávio de haberla humillado y faltado el respeto, no es solo el berrinche de una mujer que se consideraba candidateable o por lo menos con suficiente influencia para ser tenida en cuenta.
Refleja más bien por dónde se van ubicando los grandes tanques de ese espacio en Brasil. Una figura relevante es el gobernador de San Pablo, Tarcisio de Freitas, muy bien ubicado en su distrito según las encuestas (sobrepasa cómodo al postulante del PT, Fernando Haddad 46 a 30 para retener el mandato estadual), y con conocidas vinculaciones políticas con la esposa de Bolsonaro… y con Lula. Pragmático, ingeniero y militar, De Frietas ha intercambiado elogios con el presidente a despecho de la presión de sus bases. Constituye el ala crítica que difícilmente traicione, pero que seguramente no colaborará para facilitarle la campaña a Flávio.
Las encuestas dan otras pistas que no pasan por el norte mundial. Advierten que más de un tercio del país no está vinculado a ninguno de ambos bandos. Ese segmento independiente que incluye una amplia porción de 27% que no es anti uno ni anti otro, y un sector más pequeño de 10% que rechaza a ambos polos, es el que definirá en las urnas. Lo que estos electores evalúan con su voto no son planteos ideológicos, es su percepción de la economía y la capacidad de los candidatos para presentar soluciones concretas en creación de empleo, reducción de impuestos, ingresos, costo de vida y mejoras individuales. Para fortuna de Lula, es justamente ahí donde, por ahora al menos, no miran sus rivales entretenidos en su guerra fría de juguete.
Trump entra de lleno en la campaña brasileña y pone a Lula contra las cuerdas por el crimen organizado ,,, 30.5.26
La declaración como grupos terroristas de Primeiro Comando da Capital y Comando Vermelho fue criticada por el mandatario, pero puso en primer plano un flanco débil del gobierno frente al electorado
6 minutos de lectura


BRASILIA.– El fantasma de la seguridad pública y la sombra del presidente estadounidense Donald Trump irrumpieron de lleno en el escenario político brasileño, abriendo una grieta de imprevisibles consecuencias diplomáticas y económicas.
En una decisión de fuerte impacto, el gobierno de los Estados Unidos decidió esta semana clasificar al Primeiro Comando da Capital (PCC) y al Comando Vermelho (CV) como organizaciones terroristas internacionales. La medida pone al presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva bajo presión en su principal flanco débil frente a la opinión pública, mientras la oposición bolsonarista celebra la medida como un triunfo.
La declaración, que entrará en vigor el próximo 5 de junio, activa los mecanismos penales y financieros de las categorías de Terrorista Global Especialmente Designado y de Organización Terrorista Extranjera.

Esto abre un escenario inédito: el combate a las dos principales bandas criminales de Brasil sale de la órbita puramente policial y pasa a ser tratado bajo la doctrina de Defensa Nacional norteamericana, habilitando a agencias como la CIA y el Pentágono a intervenir de manera extraterritorial en la persecución de sus activos.
El impacto electoral de la medida es inmediato. La seguridad pública se ha consolidado como una de las principales preocupaciones de los brasileños. El tema ha dejado al descubierto una profunda contradicción en el electorado: un abrumador 73% de los ciudadanos defiende que las organizaciones criminales reciban el tratamiento jurídico de grupos terroristas, pero un 58% admite el temor a una eventual operación militar de Estados Unidos en su propio territorio, según datos de la consultora Quaest.
La urgencia por capitalizar este descontento responde a la extrema paridad de los sondeos. Según la última encuesta de Datafolha, Lula da Silva obtendría el 47% de las intenciones de voto frente al 43% del senador Flavio Bolsonaro para una eventual segunda vuelta presidencial en octubre.
La reacción del Palacio del Planalto a Washington fue de una dureza inusual. El gobierno emitió un comunicado en el que calificó la intervención de la familia Bolsonaro como “deplorable” y acusó directamente al senador Flavio Bolsonaro –hijo mayor del exmandatario y precandidato presidencial– de ser un “traidor de la patria” por haber empujado esta agenda en Washington junto al secretario de Estado, Marco Rubio, horas antes del anuncio.

Para la oposición, sin embargo, la jugada representa una oportunidad perfecta para desviar el foco de atención de temas negativos que venían acorralando su campaña, como el escándalo del liquidado Banco Master y los vínculos de Flavio con el banquero Daniel Vorcaro, preso por haber montado un fraude multimillonario.
El propio Flavio no tardó en capitalizar el anuncio a través de un video para sus redes sociales: “En un viaje como precandidato, hicimos más por Brasil y por la seguridad de los brasileños que el PT y Lula en 17 años de mandato. Mientras Lula fue de rodillas detrás de Trump a hacer lobby a favor de Comando Vermelho y PCC, yo fui a trabajar para que fuesen tratados como terroristas, que es lo que son”.
“La seguridad de nuestra población es demasiado importante para ser manipulada políticamente por traidores, por falsos patriotas, involucrados con el crimen organizado”, sentenció, por su parte, la nota oficial del Planalto, en una clara alusión al viaje del legislador.
Más allá de la retórica pro-soberanía del PT, el equipo económico del gobierno encendió las alarmas por las repercusiones financieras globales de la medida. Existe el temor de que la decisión de los Estados Unidos provoque penalizaciones involuntarias o restricciones sobre empresas brasileñas legítimas que operan en sectores permeados por el crimen formal, como la logística, los combustibles o el agronegocio. Incluso, las autoridades brasileñas mencionaron el riesgo de que se ataque o sancione la infraestructura del Pix, el sistema de transacciones instantáneas del Banco Central, bajo la sospecha de que facilita el flujo financiero de bandas criminales.
En diálogo con LA NACION, Maurício Santoro, politólogo y profesor de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ), descartó la posibilidad de un escenario de intervención militar unilateral o de capturas en suelo brasileño. “No creo que vaya a haber ningún ataque militar contra el territorio brasileño. Lo que sí puede pasar es que la Marina o la Fuerza Aérea americana ataquen, en aguas internacionales, barcos o aviones sospechosos de estar vinculados al crimen organizado brasileño, de forma similar a lo que ocurrió en el Caribe”, explicó el especialista.
Sin embargo, Santoro advirtió que el impacto más severo e inmediato será de naturaleza económica. “Estados Unidos puede convertir cualquier tipo de transacción económica con ellos en un crimen federal en su territorio”, señaló. El analista de la UERJ destacó la sofisticación del entramado financiero montado por el PCC, con “una red de empresas, un brazo financiero que es muy sofisticado y muy amplio, y es muy difícil saber exactamente qué empresas controla el PCC”.
Según Santoro, “se crea una zona de inseguridad jurídica que va a ser un problema grave”. “Mirando el ejemplo de México el año pasado, esto puede llevar a una caída de la inversión extranjera en Brasil por el temor a sufrir sanciones norteamericanas”, alertó.
Por su parte, Leonardo Paz Neves, politólogo e investigador del Núcleo de Inteligencia Internacional de la Fundación Getulio Vargas (FGV), consideró que, si bien la seguridad pública marcará la agenda de la campaña, la medida estadounidense carece de efectos prácticos y responde a una lógica electoral.
“La cuestión seguridad pública es uno de los temas más importantes en Brasil desde hace décadas y, en estas elecciones, está ganando una relevancia más fuerte”, explicó Paz Neves, señalando que en años electorales donde la economía marcha bien, la atención tiende a desplazarse hacia la violencia urbana.
Sin embargo, el analista de la FGV fue categórico al evaluar la efectividad real del anuncio de Washington. “La derecha, a través del senador Flavio Bolsonaro, sabe que esto no va a resolver nada. Tanto es así que su propio padre, cuando fue presidente, no buscó esta solución. Solo se crea una nomenclatura más dura, pero no genera ninguna política concreta de combate a la violencia”.
El especialista anticipó que el debate sobre la seguridad pública generará dividendos para la oposición debido al clamor de la población por respuestas punitivas. “Esta es una respuesta demagógica que funciona, porque se crea una nomenclatura dura y la mayor parte de la población tiende a aplaudir las decisiones de fuerza”, evaluó Paz Neves.
El investigador de la FGV advirtió, por último, que este tipo de alineamientos genera un severo perjuicio en la relación bilateral de Brasil con los Estados Unidos, limitando el margen de cooperación. “Esta jugada vuelve a bloquear la relación pragmática”, concluyó Paz Neves, anticipando meses de alta turbulencia política en América del Sur.