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HORACIO RIGGI Clarín 2026

domingo, 12 de julio de 2026

Se vienen los mejores números de la economía ¿Pero la industria? ,,,

  • En el Gobierno estiman inflación por debajo del 2% en junio y mejor recaudación en julio.
  • La industria en mayo frenó la caída, pero bajó más de 5% contra el mismo mes de 2025.

La economía comienza a transitar por el momento más cómodo del año ¿Por qué? Porque casi todos los números favorecen al Gobierno. Casi todos, porque la industria, y la mora que arrastran los bancos y las billeteras digitales preocupan, pero no sorprenden.

Por el sendero optimista.

La inflación de junio y la recaudación de julio aún no se conocen, pero en el Ejecutivo confían en que ambos ítems van a estar dentro de las proyecciones positivas. En inflación, en el Gobierno y también entre analistas creen que va a quedar por debajo del 2% mensual. En cuanto a la recaudación, si bien faltan 20 días para que se conozca ese número, en julio se contabilizarán los pagos de Ganancias que el Gobierno postergó para que se realicen este mes.

La construcción también dio la nota con el último número. Según el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) que difunde el INDEC, la construcción aumentó 4,1% respecto de mayo de 2025, 6,3% contra abril pasado y ya acumula una suba de 2,5% en el año.

Entre los insumos, se destacan las subas de pinturas (23,6%), hormigón elaborado (10,1%) y hierro redondo (9,6%), señal de que hay obra activa en varias etapas del proceso constructivo. En contraste, cayeron los pisos y revestimientos cerámicos (-19,6%) y el asfalto (-8,2%).

El resto de los indicadores acompaña la mejora: el empleo registrado en el sector privado subió 1,2% interanual en abril, y los permisos de edificación treparon 16,6% en el mismo mes, acumulando un alza de 7,6% en el cuatrimestre.

Es decir, la construcción que fue hasta mayo una preocupación importante para el Gobierno comienza a repuntar. Aún falta dicen en el sector. Dan como ejemplo que la industria de la construcción aún trabaja a media máquina.

La piedra en el zapato sigue siendo la industria. Si bien pausó su caída en mayo ya que el índice de producción industrial manufacturero (IPI) registró una leve mejora respecto al mes pasado (subió 0,4%), cayó 5,7% en comparación con 2025, la mayor baja del año, y acumula una retracción de 3,1% en los primeros cinco meses de 2026.

Además, catorce de las 16 divisiones manufactureras cayeron en mayo. Clarín publicó cuando se conocieron los últimos datos oficiales que el golpe más fuerte lo dio maquinaria y equipo, con un derrumbe interanual de 23,4%, explicado en gran parte por la fabricación de maquinaria agropecuaria (-29,6%, con menos tractores, cosechadoras y sembradoras) y por los electrodomésticos, que se hundieron 34,1% por menor producción de lavarropas, heladeras y cocinas.

El sector automotor tampoco pudo sostenerse: la fabricación de vehículos cayó 21,5% y arrastró a toda la división a una baja de 15,9%. Según ADEFA, citada por el INDEC, las ventas a concesionarios de autos y utilitarios de fabricación local se desplomaron 41,9% en el mes. A esto se suma la fuerte caída de productos textiles (-26,2%) y de prendas de vestir y calzado (-14,7%), sectores que además reportan una competencia creciente de productos importados.

Las únicas divisiones que crecieron fueron refinación de petróleo (19,4%) y tabaco (14,6%), ninguna de las cuales alcanza para compensar el resto del tablero.

Según un informe de la consultora Industria y Desarrollo, comandada por el execonomista de la Unión Industrial Argentina (UIA) Diego Coatz, “la economía no va a salir del ‘serrucho’ si no se recupera la industria. La economía en su conjunto sube y baja, pero la industria sigue en tendencia negativa. Estimamos que se mantenga amesetada en junio. Muchas empresas venden para cubrir costos fijos, aún con márgenes cada vez más ajustados”. Y luego agrega: “Se consolidan dos Argentinas económicas: más dólares, pero menos industria y menos empleo formal. No solo cae la industria tradicional: también empiezan a caer sectores industriales vinculados a minería (-5,6%), petróleo (-3,5%) y el agro (-9,5%), con una baja interanual de 5,1% de la metalmecánica en mayo”.

Por el lado de la mora, si bien los bancos aseguran que comenzó a mejorar (hay menos cartera en situación 2, que traducido significa mora temprana), la realidad es que saltó en un año y medio del 2,5% promedio a cerca del 12%. En las billeteras virtuales la mora ronda 30% y supera 40% en las casas de electrodomésticos.

En el Gobierno miran con atención la evolución. En el fondo la mora también está atada a cómo puede evolucionar el consumo y el bolsillo de la sociedad.

 

 

Los 18 mejores meses y una fábrica cerrada que no cierra ,,,

  • El ministro de Economía, Luis Caputo, consiguió financiamiento para pagar deuda y volvió a asegurar que no saldrá al mercado.
  • FATE hace dos meses que anunció su cierre, pero hay más de 200 trabajadores que todavía no fueron indemnizados.

Más allá de una interna que parece no tener retorno, el Gobierno entró en una etapa de constantes presiones y pedido de explicaciones que ya no sólo parten desde la oposición. La oposición, en todo caso, prefiere estar agazapada y no mostrar muchas cartas.

Mientras esto sucede el ministro de Economía, Luis Caputo, asegura a quién quiera escuchar que se vienen los 18 mejores meses de la Argentina.

“El proceso de desinflación, que venía muy pronunciado, se vio interrumpido el año pasado en el proceso previo a las elecciones donde hubo una dolarización masiva y una caída fuerte de la demanda de dinero”, dijo Caputo. “Todavía estamos purgando aquella caída de la demanda de dinero, pero a partir de abril vamos a ver una desaceleración de la inflación importante. Vamos a ver un proceso de desinflación con mayor crecimiento”, agregó.

En esta línea, aseguró que “mientras sigamos haciendo las cosas que estamos haciendo, la inflación va a tener certificado de defunción” y que “el cuándo depende de cuánto se recupere la demanda de dinero, la confianza y la tasa de interés, que ya está bajando”. Enfatizó:“Entramos en un proceso virtuoso en el cual los próximos 18 meses van a ser los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas”.

Por otro lado, Caputo viajó a Washington para participar de la Asamblea de Primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial donde comenzó las negociaciones para conseguir un crédito bancario de más de US$ 3.000 millones con el respaldo de los organismos internacionales.

El ministro, más allá de la presión que ejercen los bancos de inversión para que la Argentina salga al mercado internacional de deuda, se niega a hacerlo. “No vamos a salir al mercado, olvídense, el riesgo país de la Argentina no es de 500 puntos como marcan ustedes, es menos, nunca vamos a salir con esa tasa”, repite Caputo a los banqueros.

Pero más allá de la macro, comienza a preocupar la micro. La mora sube en los bancos y en las billeteras virtuales, un claro síntoma que los salarios pierden contra la inflación. De hecho, la inflación de marzo fue de 3,4% y está cerca de 10% en el primer trimestre del año.

En el congreso celebrado la semana pasada por la Cámara de Comercio de Estados Unidos en la Argentina (AmCham), Caputo afirmó que los empresarios tienen que cambiar la música. Y volvió sobre los ejemplos de lo que había que hacer (la reconversión de Lumilagro, que dejó de fabricar termos y ahora los importa desde China) y lo que no había que hacer (sostener a Fate, una empresa que tenía 920 empleados pero que para subsistir tenía que tener otro tipo de cambio y mayores aranceles a la importación, entre otras cosas).

El caso de la fábrica de neumáticos que cerró hace dos meses sigue con fuego cruzado entre los dueños de la empresa, el sindicato y la Justicia.

Es cierto que un neumático fabricado en China de buena calidad cuesta menos en una gomería o en la góndola de un supermercado de la Argentina que el costo de uno de mediana calidad que producía Fate. Lo que también es cierto es que la empresa de Javier Madanes Quintanilla cerró pero no cerró.

Fate siempre se enfrentó a un gremio chico pero fuerte: el Sindicato Único de Trabajadores de Neumático (SUTNA).

Cuenta la leyenda que a mediados de febrero la empresa, agobiada por enormes pérdidas económicas y ya en una total carencia de romanticismo, tiró la toalla y decidió cerrar, despedir a todo su personal y pagar el 100% de las indemnizaciones. El gremio rechazó todo, se instaló en la planta y así empezó un sinuoso y largo camino legal y sobre todo paralegal.

Mientras transitan conciliaciones obligatorias varias, demandas cruzadas en la justicia penal y en el fuero laboral, varios de los trabajadores despedidos que no fueron indemnizados y la propia empresa se preguntan cómo seguirá la historia.

Hasta ahora de las 920 personas que había al momento del cierre, más de 700, decidieron firmar acuerdos de salida y cobrar su indemnización. En resumen, quedan hoy apenas algo más de 200 personas arriba de una suerte de Titanic. La mayoría de ellos son delegados sindicales o afines a los grupos que se disputan la conducción del gremio.

Según fuentes allegadas a la empresa, a lo largo de los últimos años Fate intentó mantener el barco a flote apostando a mejorar su competitividad, con la fantasía de enfrentar el tsunami de cubiertas importadas de China.

En la empresa dicen que las inversiones en nuevas máquinas nunca se transformaron en mejoras reales de productividad y de eso también culpan al gremio.

En su momento el SUTNA calificó de "artero e ilegal" el despido de los trabajadores y dijo, además, que la mayoría fueron notificados mientras estaban de vacaciones.

El líder del sindicato, Alejandro Crespo, insistió en la "mala fe" para negociar de la firma de la familia Madanes Quintanilla, y aseguró que Fate está incumpliendo un convenio homologado que garantiza la estabilidad laboral hasta junio de 2026.

“Son muchos los que recuerdan -aún con sorpresa- el arrebato ideológico del gremio, que siempre puso su egolatría y sus excéntricas ambiciones políticas por encima de los intereses de los trabajadores a quienes decían representar", dice una importante fuente de la empresa. "Hoy, dos meses después, en esta suerte de bizarro epílogo post-mortem, observamos este reality show macabro en el que un grupo extremista de pseudo gremialistas hace embargar las cuentas bancarias de la empresa impidiendo así el pago de indemnizaciones. En criollo: después de haber prendido fuego el barco, hunde los botes salvavidas”, agrega la fuente. "Mientras tanto, atribulados funcionarios, jueces y fiscales de diversos bandos debaten sobre el sexo de los ángeles”.

Así están hoy las cosas en Fate: un dueño enojado, un sindicato sin intenciones de ceder, una empresa cerrada, judicialización del conflicto y un Gobierno que tomó posición hace tiempo al encasillar a Madanes Quintanilla como un empresario prebendario y apostar por los Lumilagro y no por los Fate de la Argentina.

 

 

La inflación y el problema de la última milla

  • La inflación de marzo fue de 3,4%, la más alta del año.
  • Cuando asumió Milei los precios subían al 280% anual.

Javier Milei tuvo claro antes de asumir la presidencia que combatir la inflación y tener superávit fiscal iban de la mano en su programa de Gobierno. Con el manual de la ortodoxia y sin correrse ni un milímetro aplicó un freno de mano a la emisión de pesos y puso en marcha la motosierra para cortar todo gasto público que consideró innecesario.

El punto de partida no solo era compartido por economistas, empresarios y gran parte de la sociedad que lo votó. Es que la Argentina tuvo inflación superior al 100% anual en 19 períodos de los últimos 75 años. Además, tuvo hiperinflaciones, devaluaciones, cambios de monedas, quitas de ceros en los billetes y otras tantas penurias económicas más, que se suman a los default y a las constantes renegociaciones de deuda soberana.

Con ese país y con esa historia había que lidiar.

En los primeros meses de Gobierno el plan marchó sin sobresaltos. Milei había aclarado que para acomodar la macro la Argentina iba a tener un período de inflación con recesión (estanflación) y que luego la inflación iba a desaparecer.

La inflación pasó del 281% al 30% anual. Logró un descenso asombroso, indiscutible. En todo caso lo que se puede discutir es el costo de las medidas tomadas.

Pero la baja de precios se estancó. La inflación de marzo es un golpe duro que provocó una inmediata reacción en el Gobierno. El ministro de Economía, Luis Caputo, se anticipó un día al dato que publicó luego el Índice Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) y dijo que los precios iban a estar por encima del 3%.

Los precios subieron en marzo 3,4% y en el primer trimestre están casi igual que la inflación que se proyectó para el año.

Caputo, en la cumbre organizada por la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina (AmCham), también aseguró que los próximos 18 meses van a ser los mejores que haya vivido la Argentina en las últimas dos décadas, como resultado de la estabilización macroeconómica y la llegada de inversiones.

El proceso de desinflación, que venía muy bien, se vio interrumpido durante el período previo a las elecciones, donde hubo una dolarización masiva, con una caída fuerte de la demanda de dinero. Como sabemos, la inflación es un fenómeno monetario”, dijo Caputo. “Argentina podría haber crecido 7% el año pasado pero lo hizo en 4,4%. Ahora empieza la recuperación de la demanda de dinero”, agregó.

“A partir de abril vamos a ver una desaceleración de la inflación muy importante y mayor crecimiento. La inflación va a tener certificado de defunción”.

Ni bien conocido los números de marzo Milei aseguró: “El dato es malo”. “No nos gusta ya que la inflación nos repugna. Sin embargo, hay elementos duros que nos permiten explicar lo que ha pasado y especialmente esperar que a futuro la inflación retorne a su sendero decreciente”, señaló el Presidente.

La inflación continuó la senda alcista desde junio, cuando saltó de 1,5% en mayo a 1,6% ese mes. Luego, subió 1,9% en julio y agosto, 2,1% en septiembre y 2,3% en octubre, y siguió en ascenso con aumentos del 2,5% en noviembre, 2,8% en diciembre y 2,9% en enero y febrero.

El éxito de la primera parte del plan atacando a la inflación parece atravesar ahora por un problema de última milla, dónde bajar del 1% mensual cuesta más de lo que el Gobierno tenía planeado.

 

El Gobierno compra dólares y la industria los ve pasar 

  • La inflación de febrero repitió el 2,9% de enero. Son ya nueve los meses que lleva sin descender.
  • En febrero cayó 33% la fabricación de textiles y 37% la de tractores.

El Banco Central está envalentonado con la compra de dólares. En los últimos dos días de la semana pasada adquirió US$ 738 millones, una cifra impensada por el propio mercado a fines del año pasado, cuando los reclamos al Gobierno se basaban en la baja acumulación de reservas.

Para 2026 la proyección que hizo el BCRA es comprar US$ 10.000 millones. El plan está encaminado: en lo que va del año y antes de la liquidación de la cosecha gruesa, obtuvo más de US$ 5.000 millones y todavía le restan ocho meses.

Sin embargo, no todo es para festejar. Los analistas comienzan a ver con cierta preocupación el desempeño de algunos factores. Uno de ellos es la tasa de inflación por encima de las expectativas del mercado.

“La inflación de febrero repitió el 2,9% de enero. Son ya nueve los meses que lleva sin descender y, además, la inflación núcleo, que refleja mejor la inercia inflacionaria, llegó al 3,1%. El aumento en los combustibles que disparó el shock externo ya ronda el 20%. La combinación de empuje de costos en energía –y logística– con inercia aún elevada es inconveniente y las expectativas de un retardo en el proceso de desinflación se robustecieron, como lo reconoció Caputo en el Instituto de Ejecutivos de Finanzas (IAEF)”, dice el último informe de la consultora Abeceb.

Con el barril de petróleo en la zona de los 100 dólares, volvieron con fuerza los temores de una estanflación global. Como la calidad y credibilidad de la política monetaria son hoy mucho más sólidas que durante la crisis del petróleo de los años setenta, el impacto inflacionario podría atenuarse. Pero es seguro que, si el conflicto se extiende, la economía global va a pagar un costo no menor en términos de desempleo y recesión. El costo de la energía impacta de lleno en los costos de producción y logísticos, así como en los presupuestos familiares.

“Si el conflicto se extiende, el impacto sobre la inflación en la Argentina va a ser importante porque la credibilidad de nuestra política monetaria es aún frágil y la inercia inflacionaria elevada”, sostiene Abeceb.

La consultora que fundó y dirige el economista y exfuncionario del PRO Dante Sica también habla de los salarios estancados. De hecho, estima que la inflación provocada por el aumento de los costos va a presionar negativamente sobre los ingresos reales de los consumidores, lo que resulta muy poco oportuno.

Según el INDEC, los salarios formales privados cayeron en enero por quinto mes consecutivo sin haber logrado recuperar el nivel que alcanzaron en el último máximo cíclico de la economía, a mediados de 2022. Los salarios formales privados están todavía 4% debajo de aquel máximo y los públicos, un 20%.

También en la economía real surge la preocupación por otro tema: el deterioro del frente fiscal.

La consultora Sur Americana conducida por el exministro de Economía Martín Guzmán sostiene que el frente fiscal muestra que la recaudación está cayendo en un contexto en que baja la actividad de sectores clave para el mercado interno, forzando al Gobierno a una política compensatoria de reducción del gasto real para maximizar el cuidado del ancla fiscal.

Desplome

La industria se desplomó en los dos primeros meses del año con una caída de 6%. A pesar de los números negativos, en Economía están confiados en que el resultado cambiará en los próximos meses.

El gran dilema que tiene el Gobierno en este caso es cómo hacer para dar competitividad a una industria a la que no quiere proteger, que no tiene crédito y sí altos costos y tiene que enfrentar un modelo voraz como el chino, que parece arrasar con todo.

La crisis de la industria, por otro lado, no se da solo en Argentina. Tal vez las medidas tomadas por el Gobierno no ayudan, pero la realidad indica que hay ejemplos en el mundo de una debacle, o al menos, de un cambio de paradigma.

Una y otra vez, desde distintos rincones del espectro político estadounidense, reaparece la promesa de traer de vuelta los empleos fabriles. En discursos que apelan a la nostalgia, se asegura que el futuro del país pasa por recuperar sus plantas industriales, revitalizar ciudades empobrecidas y devolver dignidad laboral a millones de trabajadores. Sin embargo, un artículo publicado por The Economist desmitifica con datos y proyecciones esa visión romántica, revelando que lo que se ha ido no volverá de la misma manera —y quizás ni siquiera deba hacerlo.

Durante el siglo XX, el empleo manufacturero fue sinónimo de movilidad ascendente, especialmente para quienes no contaban con estudios universitarios.

En los años 70, uno de cada cuatro trabajadores estadounidenses estaba empleado en la industria manufacturera. Hoy, esa cifra se ha reducido a menos del 10%, y apenas un 4% de los trabajadores realiza tareas directamente en la línea de producción. Más de la mitad de los empleos catalogados como “industriales” corresponden en realidad a funciones de soporte o profesionales como recursos humanos, marketing, diseño o ingeniería. Incluso países con sólidos superávits industriales como Alemania, Japón y Corea del Sur han visto reducida su proporción de trabajadores fabriles.

La producción en la Argentina marca números de caídas alarmantes. Sólo a modo de ejemplo, bajó en febrero 33% la fabricación de textiles y 37% la de tractores.

El Gobierno promete recuperación, pero a diferencia de Trump, no pone aranceles. “Yo te acomodo la macro, vos fijate cómo acomodás la micro”, repite el Gobierno.

La Argentina de las direcciones opuestas ,,, 10.4.26

Horacio Riggi

La economía argentina no corre en dos velocidades, en realidad transita en dinámicas opuestas. Mientras una parte suma reservas comprando dólares y cumple con los objetivos oficiales, hay otra parte, como la industria, que se desploma.

Ayer el Banco Central anunció la mayor compra de dólares en más de un año, tras adquirir US$ 281 millones. Hay más: desde el primero de enero, la autoridad monetaria sumó cerca de US$ 5.000 millones, una cifra nada despreciable teniendo en cuenta que en menos de cuatro meses y luego de 62 jornadas de compra consecutiva, ya obtuvo el 50% de los dólares que había proyectado comprar para todo el año.

De todos modos, las compras de dólares no se sumaron en su totalidad a las reservas. Si bien el stock de moneda extranjera supera los USD 45.000 millones, el Gobierno tuvo que utilizar buena parte de lo que compró en pagar los compromisos de vencimiento de deuda.

Al mismo tiempo que el Central compra el dólar sigue bajando, o en términos técnicos, el peso se sigue apreciando. En lo que va del año, y con una inflación cercana al 9%, el dólar se compra a un 5% menos. Ayer, por ejemplo, cerró el minorista en $ 1.405.

La industria nacional es la contracara de lo que está pasando en el mundo macro financiero. Ayer se conocieron los datos de febrero y marcaron una caída preocupante: 8,7% y representa una baja de 6% en el primer bimestre si se lo compara con igual período del año pasado.

La caída más pronunciada se dio en el rubro textil que se desplomó 33,2% interanual, seguido por Maquinaria y equipo que bajó 29,4%, con un impacto mayor en las máquinas y tractores (37,7%) y Vehículos automotores con una caída del 24,6%.

Hay otros números preocupantes. Alimentos y bebidas, el de mayor peso relativo en el Índice de Precios del Consumidor (IPC), cayó 6,9% y la producción de heladeras y lavarropas un 38%.

La producción que si subió fue la vinculada al mundo petrolero y químico. De hecho, el gasoil escaló un 23,8% y las naftas un 10,8%, mientras que Sustancias y productos químicos trepó un 3,7%.

En el Gobierno miran con preocupación los números de la micro, porque aunque “se acomode la macro”, el bolsillo sigue sufriendo y se nota en la producción y en el consumo, más allá de los productos importados que se venden en las góndolas argentinas y de las compras también importadas vía internet o directas de turistas en el exterior.

Sin embargo, los datos de la producción industrial y la caída de los empleos en el sector (la Unión Industrial Argentina sostiene que se pierden alrededor de 1.500 puestos de trabajo por mes en el rubro), contrastan con la caída de la pobreza que es uno de los mayores logros que muestra la gestión Milei. El último dato oficial indicó que hay que remontarse a 2018 para encontrar números de pobreza similares a los del período cerrado en diciembre de 2025.

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